Cuando por las manos de Lena paseaba el agua la calma y la relajación regresaban a ella.
Le habían traído una pequeña tina en la que ni siquiera entraba todo su cuerpo, pero fue suficiente para aliviar su ansiedad.
Lena adoraba el agua, la conocía como el único lugar que la hacía desentenderse de su alrededor, su sitio seguro. Siempre fue así desde que era una infante...
Lena fue criada por su abuela como si fuese una prisionera, en una prisión oscura con dementes psiquiátricos que merodeaban su celda pero que a la vez la cuidaban. ¿Quién buscaría a un ángel en un manicomio abandonado? Su abuela Florence lo pensó bien.
Todo por protegerla.
En su celda había una cama que siempre tenía las sábanas limpias, una mesa con hojas y colores donde pudiese dibujar, juguetes regados por el piso y demás. Pero Lena se entretenía únicamente en su bañera, jugando con el agua y sus juguetes hasta que su piel se arrugaba. Más de una vez se quedaba dormida dentro, era su abuela quien la sacaba de ahí y la acostaba en la cama.
Florence trató de que dejara de refugiarse en la bañera, pero fue imposible. El agua ya se había vuelto parte de la estabilidad de Lena.
A veces Lena odiaba a su abuela, a veces la entendía. Florence solo quería demostrar que las cosas "malas" en realidad tenían su lado bueno, pero murió antes de hacerlo.
Cuando murió Lena fue liberado por caballeros extraños que le enseñaron el mundo exterior, conoció a sus amigos y fueron entrenados para derrotar a una criatura malvada llamada Mistral que afectaba la integridad de la Megapolis.
Aunque Lena quiso hablar con Mistral para saber sus razones, no se le permitió relacionarse con su enemiga.
Sus amigos salvaron la Megapolis, y con su restauración comenzó el caos.
Lena era la reencarnación de un cobarde, debía estar muerta.
La mierda de siempre. Pero no podían hacerle nada, también era una heroína y ellos lo tenían que aceptar.
Cuando les hicieron saber lo de las guardias se emocionó al pensar en que podría ser Guardiana de los Dominios Marinos, o incluso se conformaba con las Montañas Nevadas, pero se les fueron negadas.
Ahora estaba en el Infierno, siendo una prisionera, viendo los muertos por su ventana y refugiándose en una bañera una vez más.
—¿Quién se cree ese maldito para creer que puede encerrarte otra vez?
Una voz intrusa se escuchó en la habitación, Lena observó sus alrededores pero todo estaba vacío.
Sin embargo, Lena conocía esa voz.
—¿Raenix? —Llamó Lena. —¿Estás aquí?
El agua en la tina comenzó a temblar, el Ángel no se inmutó al ver como una segunda persona comenzaba a salir poco a poco del agua, pues ella ya sabía que se trataba del espíritu de una chica fastidiosa.
—En serio, dejo de acosar tu alma por un momento y cuando vuelvo te han sacrificado a la muerte que te ha encerrado en una celda. —Se burló el espectro, amiga del ángel.
—Pensé que nunca volvería a escucharte.
—Aww... Lena, esto solo demuestra que necesitas de mi. —Comentó Raenix con falsa ternura.
Lena descubrió sus habilidades de hablar con los muertos gracias a Raenix, pensaba que era una amiga imaginaria que desarrollo su soledad o un producto de un trastorno mental no identificado.
Pero luego descubrió que Raenix estaba muerta, y que buscaba su ayuda para que pudiese descansar en paz.
Y así fue, Raenix se reencontró con si familia fallecida gracias a Lena, de vez en cuando iba con ellos y otras visitaba a Lena para protegerla también.
Como ahora.
—¿Tú hiciste que me desmayara al venir aquí? ¿No? —Le preguntó Lena, a lo que Raenix sonrió nerviosa.
—Emm... pues si te consuela no te perdiste de mucho. —Evadió el espectro. —Tú no eres prisionera de nadie, Lena. De nadie.
Antes de que Lena pudiese reclamarle Raenix la sumergió en la bañera tratando de ahogarla, Lena desesperada forcejeo para que la dejaran.
Cuando sintió que la soltaron Lena salió a respirar, y para su sorpresa no se encontraba en la misma habitación oscura del infierno.
En vez de eso era una rodeada de plantas hermosas, una gran ventana que daba a la vista a las brillantes estrellas.
Y a su lado, bañándose junto a ella se encontraba un tierno lobo juguetón que Lena conocía a la perfección.
—¿Mosaico? —El Ángel acarició a su animal de compañía, el cual había adaptado la forma de un lobo, su símbolo.
Mosaico se dejó mimar por su dueña, dándole la confianza para que pudiese avanzar.
De fondo se escuchó la risa de Raenix.
—Recuerda que todas las brujas deben ser quemadas. —Habló el espectro de Raenix. —Te espero allá afuera, nos largamos de aquí.
Lena sintió como la jalaron nuevamente dentro de agua, y cuando salió volvió a la habitación infernal, pero esta vez menos sumisa.
Lena salío de la tina, y sin importar mojar el suelo se dirigió a la ventana.
"Mientras tanto tu te quedarás aquí, como niña buena sin causar problemas."
Lena se rió de las palabras de la muerte, la creía ingenua, pero ella no era así.
Lo demostró cuando vio que esa ventana no fue nada para ella, cuando a Lena la alimentaba la furia desprendía una gran cantidad de energía capaz de destruir cualquier cosa. Desahogó su rabia contra la ventana, sus poderes de sombra arrasaron con todo.
Al asomarse y presenciar el cielo rojo del Infierno, Mosaico con forma de pegaso volaba por el Palacio en su búsqueda, hasta que la encontró y la montó en su lomo para llevársela.
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Comments
Vanessa Ibáñez Fernández
y todo eso desnuda? jajajajaja ... me esta encantado esta novela y no puedo parar de leer, quiero ver como se hace fuerte Lena
2024-03-15
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