Ebrio en tu magia.

—¿Qué sucedió en el mercado? —Cuestionó Rai con notable molestía, había sido otro atareado día de trabajo y lo primero de lo que se entera fue que la presencia de Lena en el mercado provocó un conflicto.

—Su amante, la esclava Leuce, le hizo un escándalo de celos a la señorita Lena. —Explicó Taiyo con la cabeza baja.

Esas palabras fueron suficientes para comprenderlo todo. Leuce era una mujer hermosa, pero tenía un alma tan podrida que le quitaba todo el encanto de inmediato.

Leuce siempre quiso tener ese control sobre él, y a Rai no le había importado hasta que claro, detecto a Lena como una amenaza.

—Esa estúpida... la pondré en su lugar apenas la vea.

—Le dije que la chica era muy arrogante para ilusionarla de esa forma, amo. —Le reprendió Taiyo.

Rai miró al demonio esquelético de manera asesina.

—Primero lidié con el histérico de mi tío, y ahora tendré que pelear con una amante berrinchuda de celos... Ahórrate tus regaños, Taiyo. —Pronunció Rai con un aura oscura.

—El lado bueno fue que la señorita Lena la puso en su lugar. —Comentó Taiyo.

—¿¡Perdona!? —Exclamó el rey indignado.

—Que la señorita Lena se defendió, dio saberse a respetar...

—¡¿Crees que eso es bueno?! —En el alma de Rai solo se producía ira. —¿No se supone que harías a Lena sumisa?

—Sumisa ante usted. —Aclaró el demonio. —Solo usted será superior a ella...

—Mejor evita las situaciones en las que Lena tenga que "defenderse", eso solo alimento su instinto de guerra. —Exigió Rai, decidido a retirarse. —¿Dónde está ella ahora?

—En su habitación, amo.

El rey no dijo nada más, con su furia encima se dirigió a la puerta.

—Amo. —Lo llamó Taiyo una última vez. —Ya sabe, trátela lo mejor posible, y así se rendirá más rápido ante usted. Ella es solo una niña que busca amor.

...🖤...

En medio de su habitación Lena hacia otra de las cosas que más le gustaba además de sumergirse en las aguas, y eso era pintar.

Los sirvientes le habían proporcionado algo de pintura, y no había mejor lienzo que las paredes opacas de su habitación a las cuales pretendía animar con los dibujos en su mente. Tantas emociones últimamente le habían traído mucha inspiración.

—Vaya, te ves feliz... —Habló Raenix, observando a la Ángel pintar desde la cama. Mosaico jugaba con una araña a sus pies. —Debo suponer que yo también debería estarlo...

—Sé que eso seria un gran sacrificio para ti. —Bromeó Lena en tono burlón.

—Me refiero a que eres feliz, estas cómoda, te defiendes sola... —La voz de Raenix comenzó a entristecerse. —No necesitas de mi.

Lena captó el mensaje, de inmediato dejó las pinturas con el pincel de lado y se enfocó en la espectro.

—Supongo que es así. —La ángel la miró decaída. —No estés triste...

—No lo estoy ¿Por qué lo estaría? No te meterás en problemas por un buen tiempo, o espero que nunca. Y yo podré cuidar a mi hijo Rohis, al que quiero más que a ti. —Evadió Raenix fingiendo soberbia.

Lena rió, Raenix nunca cambiaría.

—Segurooo...

La ángel se había acostumbrado a su compañía, literalmente empezó a ver a Raenix a inicios de su preadolescencia. Era una pena que la misteriosa maldición que las ataba solo podía darse en caso de que Lena estuviese en problemas.

Pero ahora que Lena tenía un hogar y fuera de peligro, Raenix no tenía nada que hacer ahí.

—Adios Mosaico, cuida a Lena o sino te ahogaré en las profundidades de los Dominios Marinos. —Se despidió Raenix del cachorro a su manera.

Mosaico le gruñó enojado, y luego siguió jugando con la araña. Raenix se dirigió a la ventana junto a Lena, y ambas intercambiaron miradas por última vez, antes de que la pelinegra decidiera marcharse.

—Adiós Raenix, gracias por salvarme...

...🖤...

Rai fue a ver a Lena para monitorear como se comportaba, y esperaba que con esas visitas la ángel la tratara con más respeto.

El rey abrió la puerta sin tocar, y no sé imaginó que quedaría cautivado al ver a Lena sentada con semblante pensativo mirando las paredes.

Rai las observó y se sorprendió de ver lo cambiadas que estaban las paredes con colores, dibujos de animales y demás simbolos místicos que le daban vida al ambiente.

—Buenas noches Rai. —Saludó Lena al notar la presencia de Rai en la habitación.

—Buenas noches Lena, Mosaico... —Rai miró detalladamente la habitación. —¿Dónde está tu amiga?

—Se fue.

—¿Se fue? ¿Y cuando volverá?

—Lo esperable es que nunca. —Dijo Lena con tristeza. —Ella me ayudaba a enfrentar los momentos difíciles, pero ahora que estoy bien no tiene sentido que esté conmigo.

Eso reconfortaba a Rai, menos poder y apoyo para Lena la mantenían indefensa.

—¿Quieres salir a pasear? —Ofreció Rai.

Esa invitación no la esperaba de Rai, pero Lena no se molestó en aceptarla.

Ambos salieron a pasear por el Río de las Almas, un riachuelo de aguas tranquilas pero engañosas. Había muertos en sus profundidades pero no precisamente buenos, eran los que menos estabilidad mental tenían para andar por ahí, y si te llegabas a sumergir en sus aguas ellos te arrastraban y te devoraban hasta que no quedara nada de ti.

—¿Has estado a gusto? ¿No has tenido problemas? —Cuestionó Rai hacia la ángel.

—Todo ha estado bien, mejor de lo que podría esperar. —Hizo saber la rubia con una sonrisa. —Muchas gracias por confiar en mi, Rai.

—No me agradezcas. —Impusó él. —Todavía sigues en fase de prueba.

—Lo sé, Taiyo ya me dejó tarea. —Dijo Lena divertida. —Le prestaré atención a cada detalle, así podré ayudarte muy pronto a gobernar el Infierno.

Rai rió ante esa ridiculez.

—Yo no necesito ayuda.

—Y ya volvió el Rai malhumorado que conozco. —Lena rodó los ojos.

—¿Malhumorado, yo? —Preguntó indignado. —No más que tu cuando llegaste.

—Yo lo soy cuando me provocan.

Rai no podía creer como era que Lena se desenvolvía tan confiada con él. Antes del sacrificio solo se habían visto una vez, pero no intercambiaron muchas palabras.

Esa chica era un enigma para él, su manera de actuar no era propia de una persona que apreciará su vida.

—¿Qué se siente ser el rey de los muertos? —Preguntó Lena de forma repentina.

A Rai lo tomó de imprevisto.

—Yo... no sé, sinceramente no sé si tengo que sentir algo particular. —Titubeó La Muerte sin saber que contestar. —Siempre supe que este sería mi destino.

—Vale, me expresé mal, me refiero a que si te agrada hacer lo que haces.

—¿A ti te gusta ser un ángel?

—No lo sé, es lo que siempre he sido. —Cuando Lena respondió eso, cayó en cuenta. —Okey, entendí tu punto.

Rai liberó una pequeña risita.

—Bien, y si hubieses podido elegir... ¿Qué te hubiese gustado ser? —Cuestionó la rubia, dejando a su acompañante pensativo.

—Si lo dices así... me hubiese gustado ser un ángel.

—¿En serio? —Dudó Lena, pensando que era una broma.

—Muy en serio.

Lena empezó a reír con incredulidad.

—No creo, eres todo lo opuesto a un ángel.

—Lo sé, lo digo porque me gustaría que no me relacionaran con la muerte. Ya sabes, ser capaz de darle vida a las cosas. —Contestó Rai sincero.

Reinó el silencio entre ellos, pero sus miradas no se apartaron en ningún momento. De hecho ninguno se dio cuenta de que sus rostros se iban acercando lentamente, y Rai no lo notó hasta que percibió el aroma que emanaba la ángel. Olía a lirios.

—Eres la mujer más hermosa que he visto... —Murmuró Rai por inercia.

—¿Qué dijiste? —Dudó Lena.

—Nada importante.

Lena sin embargo había escuchado lo que dijo La Muerte, solo quería confirmarlo para saber si fue cierto.

La chica quiso separarse de él, pero Rai no quería perder el aroma por lo que la sujetó de la cintura y la jaló hacia él, ocasionando que ella soltara un ligero chillido y que despertara su sonrojo.

Rai debía hacer que Lena cayera a sus pies, pero a este ritmo temía que fuese al revés.

—¿Q-Qué crees que haces? —Preguntó la ángel nerviosa.

—Tu cierra la boca y no le digas nada de esto a nadie. —Amenazó fortaleciendo el contacto entre ambos.

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