Isabela intenta abrir los ojos, pero lo siente como una tortura. Es como si una brasa ardiendo le atravesara la cabeza, así que deja de insistir y se enfoca en sus otros sentidos para poder entender dónde está. Identifica el olor inconfundible a desinfectante, escucha un pitido constante que proviene de algún aparato y a la distancia puede oír la voz de dos hombres.
Su imaginación de escritora comienza a hacer de las suyas y con cada escenario horrible que se le cruza por la cabeza, su corazón comienza a palpitar más rápido y fuerte, haciendo que el pitido de los aparatos sea ensordecedor.
"Lo último que recuerdo es salir del aeropuerto y luego… todo se vuelve negro", piensa, intentando recobrar la calma. Se esfuerza nuevamente en abrir los ojos y supera el horrible dolor solo para encontrarse con uno peor.
"¡Estoy… ciega!"
Intenta gritar, pero no lo logra; dentro de su garganta hay algo que se lo impide. Llora desesperada, hace un movimiento brusco que le lastima la mano y desde su interior sale un gemido ahogado que llama la atención de las personas a su alrededor.
—¡Llama al médico! —grita uno de los hombres y ella supone que el otro hace lo que piden. Una mano grande y suave toma la suya y al no poder ver al dueño, su angustia crece aún más.
—Isabela, tienes que quedarte quieta o te vas a hacer daño —su voz es fuerte, pero pausada, y por alguna razón, escucharlo le transmite cierta tranquilidad. Ella intenta obedecerlo y no moverse, pero el miedo la supera. No sabe dónde está, no sabe qué le pasó. Según sus últimos recuerdos, hace muy poco estaba emocionada por su nuevo comienzo y ahora se encuentra en lo que parece ser un hospital, sintiéndose como si un tren le hubiera pasado por encima, ciega y con la única compañía de un extraño.
"Por lo menos no estoy sola", piensa para darse consuelo, porque en serio odia estar sola. Es algo raro, ya que la mayor parte del tiempo se la pasa encerrada en su habitación o estudio mientras escribe o pinta, pero la sola idea de que otra persona está cerca, la reconforta. No le queda más remedio que aferrarse a aquel extraño como si de un flotador salvavidas se tratara y mentalmente le ruega a aquel hombre que no la suelte.
—¡Ya está aquí! —dice alguien irrumpiendo en la habitación; ella supone que es el otro hombre. Los aparatos siguen sonando enloquecidos y el ruido solo sirve para ponerlos a todos más nerviosos.
—Necesito revisarla, por favor salgan de la habitación —ordena el médico, pero ella no está dispuesta a soltar la mano de la persona que tiene al lado y ejerce más fuerza mientras suplica con su cabeza que no se vaya.
—Doctor… —dice el hombre que la sostiene.
—Está bien, señor King. Quédese, pero no interfiera con mi trabajo —Isabela logra percibir un tinte de resentimiento en la voz del médico.
Los dedos del hombre, que ahora reconoce como el señor King, acarician los de ella en señal de apoyo y en medio del silencio, se lo agradece con todo el corazón. Es consciente de que él es un completo extraño, pero su instinto le dice que está a salvo. Además, está sola en un país extranjero y no tiene muchas opciones a las que aferrarse. El pitido comienza a tener un ritmo normal y su cuerpo se va relajando lentamente.
—Le proporcioné un calmante, señorita Zuloaga. Ahora voy a quitarle el respirador.
El procedimiento es molesto, pero después de unos minutos, Isabela puede sentir que el aire llena sus pulmones.
—¿Cómo te sientes? —pregunta el hombre a su lado.
—No… —su voz es solo un susurro y le cuesta trabajo formar una palabra, pero se esfuerza porque necesita urgentemente que la ayuden— No puedo ver…
Un silencio sepulcral invade la habitación y es roto por la voz del hombre que la sostiene, aunque esta deja de ser amable y se convierte en un trueno dispuesto a partir por la mitad a todo lo que se atraviese en su camino.
—¡USTED DIJO QUE ESTABA BIEN!
—Señor King, desde el principio le informé que no sabríamos las consecuencias de su golpe en la cabeza hasta que no despertara.
El hombre enojado suelta su mano, dejándole una sensación de vacío. Segundos después escucha cómo el segundo hombre grita desesperado y la impotencia de no poder ver lo que sucede a su alrededor la comienza a volver loca.
—¡Chris, suéltalo! —grita el hombre desconocido.
—¡Arregle esto! ¡Haga que vuelva a ver!
—Señor King, por favor, compórtese. Si no me deja hacer mi trabajo, no podré ayudarla.
—Christopher, salgamos un momento.
Isabela no quiere que a quien ahora reconoce como Christopher King, se vaya y la deje sola, pero supone que su acompañante lo convence y escucha cómo la puerta se cierra, dejándola con el médico.
—No se preocupe, señorita. Sé que debe estar confundida y muy angustiada, pero le prometo que estoy haciendo mi mejor esfuerzo para ayudarla.
—¿Qué?... ¿Qué me pasó?
—Tuvo un accidente al salir del aeropuerto. Sufrió un fuerte golpe en la cabeza, además tiene una costilla y una pierna rota. Las fracturas se están sanando de forma satisfactoria. Ahora que despertó podemos evaluar su estado general.
"¿Un accidente? ¿Cómo? ¿En qué momento?" Isabela intenta recordar, pero no lo logra. El llanto se acumula en su garganta y el esfuerzo por retenerlo le provoca dolor en todo el cuerpo.
—Doctor… —duda un momento en hacer la pregunta porque la posible respuesta le da terror— ¿Voy a quedarme ciega?
—Es muy pronto para decir eso. Tenemos que hacer algunos estudios, pero me atrevería a decir que su ceguera es debido a la hinchazón provocada por el golpe. Debemos esperar a que esta disminuya para saber si las consecuencias son permanentes. —la respuesta del médico le da un poco de esperanza… pero solo un poco—. Ahora descanse. El medicamento que le proporcioné le va a dar algunas horas más de sueño, su cuerpo aún sufre y debe descansar para recuperarse.
"No puede ser que tenga tan mala suerte. Ni siquiera estuve una hora en esta ciudad y ya estoy llena de problemas. ¿Cómo se supone que consiga un empleo con este tipo de fracturas? ¿Y si me quedo ciega? No podré volver a pintar ni escribir…", sus pensamientos detonan la ansiedad de la que ha sido víctima en los últimos años. En su estómago comienza a crecer un agujero al imaginar que su vida está completamente arruinada… pero no alcanza a sentir pena por ella misma porque sus ojos pesan y la oscuridad llega como un remedio temporal.
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Comments
America Lopez
muy interesante la historia
2025-02-20
0
Calo
muy bonita
2023-11-15
0
Luz
Y ahí es donde entra el papel de esposa 🤔🤔🤔, pero pobre chica que mala suerte la suya
2023-10-27
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