Espejo

—Primero, baja la voz —le ordena Mark.

—¡No! Ya no puedo seguir haciéndolo. Te lo dije, no tengo más tiempo que perder, no puedo seguir jugando a la enfermera.

—Christopher, cálmate… Si te vas a comportar de esta forma, lo mejor es que mientras ella esté aquí tú no vengas.

—¡Ja! —exclama Chris sorprendido— ¿Ahora me vas a echar de mi propia casa? ¡No seas ridículo!

—Pero hombre, es por tu propio bien. Deja de quejarte tanto. Esto es lo mejor que podemos hacer por ahora.

—No, Mark. No quiero tener a una desconocida en mi casa. No confío en ella. Sé que estoy obligado a ayudarla. Voy a darle lo que pida con tal de que se quede callada y desaparezca de mi vida de una vez. Ya está fuera de peligro, le voy a dar tanto dinero que no va a tener que trabajar, es más, le voy a prestar mi avión para que vuelva a su país y que sea su familia quien se encargue de cuidarla. Ya he hecho todo lo que me has pedido. Me quedé a su lado, la consolé, la apoyé. Ni un esposo enamorado hubiera cuidado mejor a su mujer de lo que yo cuidé a esa chica. Porque si bien es mi culpa que haya terminado en el hospital, con solo haber costeado sus gastos médicos y luego llegar a un acuerdo de compensación, hubiera sido más que suficiente. Fui un idiota por escucharte. ¿Qué necesidad hay de involucrarme personalmente con ella? O ¿acaso…? —Christopher mira a Mark sospechando de él y este por su lado se vale de toda su experiencia como abogado y usa su cara de Poker para ocultar su verdadera intención.

La preocupación por la forma en como Christopher manejó la traición de Jennifer no hizo más que aumentar con el pasar de los meses, porque si bien se esforzó mucho para recuperar lo perdido, la forma en como se comenzó a relacionar con las mujeres no solo lo inquietaba a él sino también a su familia.

Un negocio, un producto, un servicio. En eso se habían convertido todas mujeres para aquel hombre que tiempo atrás soñaba con construir una gran familia, más que con construir un gran imperio.

Ahora que la posibilidad de perder la empresa era cada vez más grande, Mark pensó en devolverle un poco la esperanza a su amigo.

Cuando Isabela abrió los ojos y manifestó su preocupación por el hombre que la había dejado ciega, él supo que no era como la mayoría de las mujeres, esa chica tenía algo especial y pensó que si obligaba a Christopher a pasar tiempo con ella, él también se daría cuenta. Pero obviamente eso no sucedió y su insistencia solo empeoró las cosas.

Christopher intenta seguir con la discusión, pero ambos se percatan de que alguien está afuera y se quedan en silencio.

—¡Señorita, ¿a dónde va?! —escuchan que Sara grita y ambos salen rápido del estudio para encontrarse en la sala con Isabela a punto de salir del apartamento. —No puede irse en ese estado. —le insiste la linda señora y toma la bolsa que tiene en las manos la chica, pero esta la sostiene con fuerza y se le impide quitársela.

—¿Qué haces? —pregunta Christopher con una voz tan fría que hace que todos los presentes se estremezcan de miedo.

Ella se voltea para darle la cara y al verle la nariz roja y los ojos empañados por las lágrimas, Mark deduce lo que está sucediendo. “Ella nos escuchó.”

—Isa, ¿a dónde vas? —le pregunta él en un tono más amable.

—No quiero estar aquí. —responde ella en un susurro.

Mark mira a su amigo esperando a que diga algo para detenerla, pero este se queda en su lugar frunciendo el ceño sin pronunciar una sola palabra.

—Pero ya lo hablamos —dice el abogado acercándose poco a poco— No puedes irte en ese estado.

—Yo asumo las consecuencias.

—Isabela. No tienes a dónde ir…

—Eso es problema mío. Quiero irme ahora.

—Pero…

—Muy bien —habla por fin Christopher y Mark tiembla por dentro—, dejaremos que te vayas. Pero antes debemos asegurarnos que no nos vas a hacer responsables de lo que pueda pasar de ahora en adelante por culpa de tu imprudencia.

—¿…? —Isabela no puede creer lo que escucha, “así que este es el verdadero Christopher King.” —Mi imprudencia…

—Vamos a dejar las cosas claras, señorita Zuloaga…

—Chris no… —Mark intenta detenerlo porque sabe que cualquier cosa que diga va a quebrar a la pobre chica.

—Tú ya no tienes derecho a hablar, porque si llegamos hasta aquí es por tu culpa —responde Christopher, pero sin dejar de mirar a Isabela— Entiendo que al parecer escucho nuestra conversación. Sé que pudo ser incómodo, y por eso ahora actúa como una adolescente desesperada por llamar la atención.

—Yo no…

—Dígame cuánto quiere.

La postura, la voz e incluso el color de ojos de Christopher, cambian de forma drástica y dejan frente a Isabela, a un hombre que desconoce por completo.

“No sé cómo pueda ser posible que la misma persona se vea tan diferente en cuestión de segundos. Eso solo lo logra un gran actor o un gran… Mentiroso.”

—¿Qué? Yo no… ¿Qué? — Su cabeza duele al intentar comprender qué carajos es lo que está pasando.

—No es necesaria la falsa modestia. Todo el mundo tiene un precio. Dígame de una vez cuánto quiere por mantener la boca cerrada y desaparecer de mi vida.

A Isabela le duele el pecho, se siente completamente desubicada y no sabe cómo responder.

—No entiendo… Yo no nunca les he pedido nada… ¿Por qué…?

—No es necesario que lo haga de forma literal. Usted es una adulta completamente consciente de la situación en la que está. Sin embargo, se la ha pasado haciendo este tipo de cosas, se pone emocional, llora, y pretende tomar decisiones que sabe que son perjudiciales para usted y de esa forma nos manipula, juega con nuestra culpa y nos acorrala para que hagamos lo que usted más le convenga. La verdad es que lo he estado pensando, sé que el accidente fue mi responsabilidad, pasé por alto una luz roja, pero ¿y usted? ¿Acaso no le enseñaron en su casa a mirar a ambos lados antes de cruzar una calle? —Chris mete las manos al bolsillo y su postura se vuelve rígida, haciéndolo ver más grande e imponente— He leído sobre casos similares a este. De personas desesperadas por el dinero a las que no les importa autoflagelarse con tal de conseguir una compensación. Se exponen al peligro en sus trabajos o en la calle para luego hacer demandas ridículas y enriquecerse de la noche a la mañana. No me malinterprete, no estoy asegurando que usted sea de ese tipo, pero tampoco tengo cómo verificar que ese no sea el caso y yo ya no tengo tiempo ni energía para averiguarlo. —Christopher camina hacia una mesa, toma un sobre y se lo entrega a Isabela. —Es un contrato de confidencialidad. —Mark suspira agotado e Isabela abre los ojos sorprendida por el rumbo que tomaron las cosas en solo unos segundos. —Si lo firma, voy a darle lo que me pida. El dinero suficiente para que realice su vida aquí o en cualquier otro lugar del mundo.

Isabela quiere dejar de llorar, ahora que sabe lo que su verdugo y salvador piensa sobre ella, se siente profundamente avergonzada de no poder controlarse.

Mira por un largo rato el sobre sin saber muy bien qué hacer.

Ella realmente creyó que Christopher era un ángel encarnado, un ángel que había tenido un pequeño descuido, pero que gracias a eso tuvo la suerte de conocerlo y convertirlo en parte de su vida.

No se atrevía a imaginar nada extravagante, porque era consciente que ambos pertenecían a mundos distintos y esa clase de relaciones, estilo Cenicienta, solo pasan en los libros. Sin embargo, sí se atrevió a imaginar que por lo menos él sería alguien con quien pudiera encontrarse para compartir un café o una cena mientras hablan de cómo les va en la vida. Ella siempre le iba a estar agradecida por haberla cuidado en uno de sus peores momentos, pero ahora…

—No tiene que preocuparse, señor King —dice sin mirarlo a los ojos— como bien sabe, soy nueva en este país y lo que menos quiero es involucrarme en un enredo legal. Ya he tenido suficiente de juzgados y abogados por el resto de mi vida. Pero si firmar este papel lo deja más tranquilo, voy a hacerlo. —saca un bolígrafo de su bolso, firma los documentos y se los entrega a Mark.

—¿No lo vas a leer? —le pregunta este preocupado porque la chica se desvanezca en cualquier momento.

—No es necesario. Solo quiero salir de aquí.

—¿Y cuánto dinero quieres a cambio? —pregunta Chris sin descifrar muy bien como sentirse al respecto, por qué no se imaginó que ella accediera tan fácil.

—¡Mierda, Christopher, cállate! —grita Mark.

Isabela, por su parte, lo mira con los ojos inyectados de dolor, pero también de lástima.

“¿Qué clase de vida debe de tener una persona para desconfiar así de todo el mundo?”

—Usted ya lo dijo. Hizo por mí todo lo que debía hacer y puede que le resulte increíble señor King, pero no todas las personas vamos por la vida con intenciones ocultas manipulando a los demás para conseguir algo a cambio. Se escuda bajo la idea de que yo quiero aprovechar mi situación, pero ¿acaso eso no es exactamente lo que usted estuvo haciendo todo este tiempo? Me hizo creer que realmente estaba preocupado por mí, se acercó haciéndose pasar por una buena persona, cuando lo único que quería era protegerse a sí mismo. Ahora puedo ver que si hubiera muerto no se sentiría culpable. Solo lamentaría las consecuencias legales y sociales que tendría que asumir. No se equivoque, Christopher, usted no es mejor persona que aquellos timadores de los que leyó antes, solo los reconoce porque es su propio espejo.

Más populares

Comments

Mirla Loyo

Mirla Loyo

yo demandaría a ése desgraciado y le hago hasta perder su forma de caminar 😡

2024-08-07

1

Veronica Barreras

Veronica Barreras

así defiendete Isabella

2023-12-08

0

Calo

Calo

Así se habla Isabela

2023-11-15

0

Total

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play