Shain:
Mi hermana puede ser muy ocurrente, pero hoy se pasa. ¿Cómo puede preguntarme si lo mío con Ludmila es por la apuesta?
Creo que deje de pensar en eso en el mismo momento en que lo planteo.
Nunca necesite de una apuesta para acercarme a una chica y menos cuando esta chica en cuestión despierta en mi tanta curiosidad como lo es mi Luz.
Lo primero que me llevo a acércame a ella fue la intriga, no saber qué es lo que piensa. Que sea tan tímida, callada y tierna. Que tenga esa inocencia perseverante a pesar de su edad, no es una niña, y a la vez que muestre ese lado ardiente que esconde en el fondo de su ser.
Esas son algunas de las cosas que me hacen querer estar con ella, además de que no puedo pasar un minuto de mi día sin tenerla en mis pensamientos. Se ha vuelto como una adicción, quiero todo de ella y deseo que ella quiera todo de mí.
—¿Cómo se te ocurre pensar que estoy con ella por esa estúpida apuesta que propusiste, Ayse? —le reprocho.
—Te pregunte porque debo admitir que me sorprende lo rápido que van —suspira—. Mira que paso de ser la chica virginal a una gata en celo en cuestión de días, eso solo lo puedes lograr tu.
—No te pases, respeta a mi chica que de gata no tiene nada y para que te quede claro sigue siendo más pura que el pan —señalo ya sintiendo algo de ira por su comentario.
—¡Opa! Pensé que con esas marcas que le dejaste en el cuello ella y tu... —mueve sus manos haciendo gestos obscenos — tú me entiendes ¿Verdad?
—Si, te entiendo, pero te equivocas —señalo—. Parezco cavernícola, pero no lo soy y puedo saber perfectamente cuando una chica esta lista para dar ese paso, aunque me muera de bolas azules —puntualizo.
Ella como siempre, comienza a reírse y a burlarse de mí.
—Quién te viera ahora pensaría que te chupo un alienígena —dice todavía riéndose—, como sea... ¿Qué raro? ¿Cómo se tarda?
—¿Quién? —pregunto negando las ocurrencias de mi hermanita.
—Ludmi, se estaba colocando un bikini que le preste, pero todavía no sale —anuncia volviendo su andar hacia su habitación.
Abre la puerta y entra, me asomo esperando a que vuelva. Saco mi celular y miro algunas de las fotos que tengo con mi chica preciosa. Levanto la mirada y me encuentro con la preocupada de mi hermana.
—¿Qué pasa? —pregunto volviendo a meter mi celular en el bolsillo de mi pantalón.
—Ludmi no esta y la puerta venta de mi habitación está abierta.
Sin esperar más explicaciones me adentro a su cuarto y miro que es cierto, ella no se la ve por ningún lado. En el baño esta la ropa doblada sobre el mármol. Vuelvo a la habitación y me dirijo a la puerta ventana, coro la cortina y nada de ella.
Salgo afuera y miro, la llamo, pero nada. Saco mi celular y decido llamarla, pero el replique de su teléfono suena en el baño de mi hermana, desde el interior de su habitación.
Mierda.
Me adentro de nuevo a la habitación de mi hermana y le anuncio que saldré a buscarla, puede que haya la posibilidad que nos haya escuchado habar y puede que nos haya malinterpretado.
Sin dejar correr más el tiempo, salgo a trote hacia la salida de la casa. Me paro en la acera y miro a ambos lados de la calle. Vivimos alejados de la ciudad, pero para volver solo hay un camino que tomar, hacia allá me dirijo.
La ansiedad corre por mis venas cuando ya van dos cuadras que camino y no la puedo visualizar. Comienzo a correr ansioso hasta que llego a una para de autobuses y puedo ver unos pies descalzos detrás de la mampara que cubre la banca.
Suspiro porque sé que es ella. Paso una mano por mi cabello para tranquilizarme, además de dar una buena bocanada de aire a mis pulmones buscando relajarme, aunque sea un segundo ante de verla, sé que cuando la vea ella no estará bien.
Lo hago, me acerco al lugar donde esta y ahí la veo, sola, sentada mirando la nada con lágrimas cayendo por sus hermosos ojos verdes que parecen transparentes en este mismo momento.
—Luz... —murmuro bajito.
Ella ante mi voz, dirige sus preciosos ojos a mi lugar. Están rojos por el llanto, su nariz igual. Las trenzas que lleva la hacen ver muy aniñada, pero el bikini que luce definitivamente la hace ver como una ninfa, una diosa, la cosa más sexi de este planeta.
No puedo pensar en que su bella piel expuesta puede llegar a llamar la atención de cualquier depravado y me saco la camisa que llevo para colocársela encima. Ella me mira sin articular palabra mientras yo me encargo de cubrir su cuerpo encorvado por la tristeza.
—Lo siento —murmuro—, si escuchaste algo de lo que hablábamos con mi hermana, creo que no escuchaste todo lo que decía —explico mirando sus ojos, me mira sin articular ninguna silaba—. Puedo adivinar que te has ido cuando dije que no sabía que es lo que quería como recompensa, pero lo que dije después es que ella estaba loca al suponer que yo estaba contigo por esas pendejadas que solo a Ayse se le ocurren.
Espero a que me diga algo, pero sigue muda, mirándome, esta como apagada. Tomo su cara, no aguanto más necesito hacer contacto con la suavidad de su piel. En el momento en que mis dedos rozan sus mejillas una corriente de agua sale de sus ojos. Ver esa marea hace que mi pecho duela porque sé que es por el dolor que le causaron mis palabras al suponer que no la quiero cuando en realidad la amo.
—Dime algo —no soporto verla sufrir. Me levanto del suelo que el que me encontraba de rodillas y la levanto para sentarla sobre mi regazo, acunando su cabeza en mi pecho—. Quiero que sepas que eres muy importante para mí, y que me pegaría un tiro en las bolas antes de hacerte sufrir —suspiro y continuo con mi declaración—. Te quiero más de lo que imaginas, cariño. Dime algo, dime que no piensas que eres un juego para mi, cuando en realidad lo eres mi todo, eres mi otra mitad y estaría devastado si tu no sientes lo mismo.
—¿Me quieres? —pregunta con la voz ronca por el llanto, saliendo del escondite que se ha convertido mi pecho. Asiento a su pregunta.
—Creo que te amo —le digo mirando esos orbes aguamarina.
Sus labios dibujas una sonrisa que no llega a sus ojos pero que me hace suspirar de alivio. La apretujo un poco más sintiendo que mi corazón quiere estallar. Suelto un poco su cuerpo y miro nuevamente su rostro, tomo su cara y por fin beso sus labios.
Tenerla así, entre mis brazos hace que me olvide de todo, y cuando digo todo, es todo.
En menos de un segundo la tengo sentada a horcajadas sobre mí, mis manos recorriendo toda su figura, mi boca abarcando toda la suya mientras sus caderas danzan alrededor de la mía. La dureza que cargo es tremenda y solo quiero arrancarle esa fina tela que cubre su centro, adentrarme en el fondo de su ser y descargar todo mi amor por ella.
El ruido de un coche al pasar me saca de la burbuja de lujuria en la que fácilmente caemos cuando nuestras bocas se unen. Jadeando apoyo mi frente en la suya y trato de respirar para recuperar el control de mi cuerpo.
—Te deseo tanto que creo que explotaré en cualquier momento —susurro sobre la piel húmeda de su frente.
Se que ella está igual que yo, el deseo corre por nuestros cuerpos y es solo cuestión de tiempo a que sucumba a él.
—Yo también —murmura, me separo de ella para verla.
Esta sonrojada, con sus labios rojos, más de lo normal. Su frente esta perlada por el sudor y sus ojos están levemente serrados mientras que su pecho sube y baja agitado por la euforia del momento.
—¡Chicos! —grita Ayse al frenar de golpe su motocicleta — ¡Ludmi! Lo siento, soy una bocazas, no quería decir lo que dije, lo siento deveras —chilla mi hermana bajando de su moto acercándose donde estamos nosotros —, ¡Opa! Ustedes sí que se reconcilian rápido —dice ella viendo un punto en mí.
Se que tengo una réplica de la Torre Eiffel en mis pantalones por lo que solo le restó importancia, tomo la mano de mi chica para acercarla a mi nuevamente, que se aleje de un salto de mí no es algo que me guste demasiado y más cuando estoy que me riego los pantalones.
—¿Cómo volverán? Solo atine tomar mi moto que es más rápido —dice Ayse.
—Caminaremos, tu ve y dile a su hermano que está bien, supongo que está preocupado —señalo.
—Emm... creo que... le dije que... habían ido a comprar algo, para evitar que se enoje y que esta noche no me dé eso que tanto me gusta —dice en un tono claramente de culpa.
—Eres increíble, solo piensas en ti —le reprocho. Es mi hermanita, pero a veces actúa como una perra sin corazón.
—Ni tanto, me preocupé por ella, pero también me preocupa que Brunito me quiera dejar por ser tan estúpida —solloza teatralmente.
—Si te deja, lo haría porque cuando quieres eres una perra vil —gruñe mi chica hacia mi hermana, que la mira boquiabierta.
No puedo evitar sonreír, porque sé que para ella es todo un logro decir lo que piensa, creo que necesito besarla y eso es lo que hago. Tomo su cara y beso sus labios, solo un poco, pero mi codiciosa novia necesita más.
Por suerte mi hermana comprendió que era el momento de retirada para ella, no necesita embarrar más las cosas. Se que mi ángel la perdonara, no es una persona que ande repartiendo odio por doquier, pero en este momento su rabia la consumo yo con mi boca.
Dulce calor del pecado, creo que me fundiré entre sus labios. Saboreo un poco más su boca antes de soltarla. No es como que quisiera que nos arresten por andar de cachondos en la vía pública.
Acomodándola sobre mi espalda, a coco chito, y volvemos a mi casa mientras ella juega con mi cabello y yo pienso en la manera de dejar de ser un reloj con péndulo.
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Comments
Adry M Aguirre
Ajajajajaja
2024-10-18
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Adry M Aguirre
🥰❤️❤️
2024-10-18
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Adry M Aguirre
Me lo como a besos 🥰🥰😘😘😘
2024-10-18
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