Y acá nos encontramos un viernes por la noche hablando de los pro y contra de estas dos temáticas, una más favorable que la otra pero que nada tiene que ver con lo que yo habría estado haciendo.
Si, estoy seguro de que mis amigos no habrían ido solos a esa fiesta y estoy muy seguro de que ya estaría en alguna trivia donde contar los diferentes colores de tangas en mis bolsillos habría sido el tema principal.
No me quejo, aunque si es nuevo para mi estar fascinado por cómo se le colorean las mejillas a mi ángel. Al parecer es todo un descubrimiento haber visto este tipo de películas.
—¿Nunca habías visto este tipo de películas? —pregunto porque al parecer le fascina mucho la temática.
—No, es algo que con mi familia estaría fuera de lugar ver —murmura—. Tu si ¿Verdad?
—Bueno, a mi ex le gustaba ver este tipo de films —admito mirando hacia otro lado porque mencionar a Mariza estando con ella es algo incomodo.
—Mmm... ¿Mariza era su nombre?
—Si —respondo y dirijo mi mirada a ella esperando que me haga alguna escena de celos o algo por el estilo.
—Bueno, en si es una película que yo también vería con mi novio o amigas si la tuviera, pero en definitiva no las vería ni con mi hermano y mucho menos con mis padres —dice desenroscando sus piernas para incorporarse.
Me quede esperando algo que no llega y no sé cómo tomarlo. Anteriormente cuando salía con mi ex, ella hubiera explotado al solo escucharme mencionar a alguna ex.
—¿Volverás a tu departamento? —pregunto queriendo que se quede aquí conmigo toda la noche, toda la vida.
—Si, aunque es tarde —dice luego de darle una mirada al reloj pulsera que lleva en su muñeca.
—¿Quieres quedarte? Los chicos no creo que vuelvan a muy entrada la mañana —informo tratando de llevar mis pensamientos al campo amistoso y no al hecho de que me gustaría enseñarle algunas cosas lujuriosas que podríamos hacer.
—¿Dormirás en alguna de las habitaciones de los chicos? —pregunta y creo ver algo de picardía en su pregunta.
—Cariño, mi cama es lo suficientemente grande para los dos —digo con el mismo tono que ella.
—¿Me obligaras o me harás firmar un contrato? —o mi Dios, creo que la amo.
—¿Tu qué quieres? —pregunto levantándome de mi lugar para colocarme más cerca de ella, haciendo que retroceda y casi tropiece con la mesa que está en frente del gran sillón.
Mecánicamente tomo su cintura para evitar su caída, la pego a mi pecho. Sus manos chocan con mi pecho y su carita esta tan cerca de la mía que puedo ver como su sonrojes se torna más colorida a medida que sus labios forma parte de centro de mi atención.
Es un imán que no puedo resistir, es como si fuera la fruta más exquisita y a la ve la última. Es una pelea entre lo que está bien y lo que no, es inigualable lo que sus labios me hacen sentir. No quiero resistirme, no puedo, pero ella tiene todo el poder. Vuelvo de nuevo mi mirada a sus ojos esperando un indicio que me indique que ella quiere lo mismo que yo y es ahí cuando sus ojos se cierran y se acerca levente más a mí.
Listo, perdí.
Sin esperar más me hago con su boca, su fruta fresca y sabrosa que siempre me responde al igual que yo, con deseo y pasión.
Su boca me sumerge en una nebulosa, me hace caer, literal sobre el sillón detrás de mí. Siento la ausencia que provoca la caída, pero no por mucho. Tan atrevida como pocas veces, se sube sobre mí. Ahora es ella la que posee mi boca, sus manos en mi cara, sus piernas a los costados de mis caderas. Sonrío sin poder evitarlo mientas le sigo el beso.
Mis manos toman el papel de tallado, dibujando sus costados, siguiendo la línea de su cálida piel. De arriba abajo a través de su columna.
Dulces gemidos llenan mis oídos, la fricción se hace presente llevándome a la desesperación. Mis manos sienten la necesidad de quitar. Quitar la tela que separa su tersa piel de la mía. Me deshago de su remera, enseguida reacciona cubriéndose, quedando sobre mí, apartada con sus mejillas rebosantes de carmesí.
—Eres hermosa —digo para infundirle confianza, rosando sus brazos que cubren su pecho.
—Pero no sexi —murmura tan bajo que por poco no la escucho—. Mi ropa interior no es la adecuada.
Ante sus palabras dirijo mi atención a su sostén, como antes con sus bombachas de viejita, ella lleva uno de esos sostenes que usaba mi hermana cuando apenas era una adolescente, una niña, con florecitas rojas. Tierno.
—Es adorable —balbuceo—, eres adorable —levanto su mentón para que me vea a los ojos—. Toda tu eres sexi, no necesitas de otro tipo de ropa interior para enloquecerme.
—¿Tú dices?
—¿Puedes sentirme? —pregunto en cambio, apretando sus caderas, mostrando la manera en la que me tiene.
—¡Oh! —exclama sorprendida.
—No te sorprendas cariño, que no tienes idea de todo lo que pongo para contenerme —digo mientras acaricio sus brazos.
—¿Y porque te contienes? ¿No quieres estar conmigo? —pregunta bajando la mirada.
—Me contengo porque no quiero asustarte y de veras que me muero por estar contigo, hacerte mía y escucharte pronunciar mi nombre cuando llegues a la cima, pero no creo que sea el momento —callo y espero a que me diga algo.
—¿Cuándo lo será? —murmura con un puchero, es tan tierna que me dan ganas de corromperla en este mismo momento.
—¡Dios! Harás que pierda la cordura —gruño como un animal y nuevamente tomo su boca como el loco que soy.
Muerdo sus labios, succiono su lengua, aprieto su piel acercándola más a mí. Ella hace lo mismo y eso me enloquece más. Su boca se separa de la mía y deja un camino húmedo hasta mi cuello. Lame y se aparta mirándome con la lujuria en sus ojos.
Hambriento me hago de su cuello, lamo y succiono marcando su piel, mis manos inquietas se deshacen de su sostén y mis dientes muerden las protuberancias de sus pechos. Estoy hambriento, el deseo cubre mi cuerpo exigiendo más piel.
Juego con cada uno de sus pechos, aprieto su piel queriendo marcarla como de mi posesión. Me incorporo y caigo nuevamente sobre el sillón con ella debajo, sus piernas se ciernen dándome la bienvenida para fundirme un poco más con su cuerpo. Su ombligo me pierde por un momento mientras que sus jadeos se mezclan con los tirones en mi cabello.
Vuelvo sobre su balle, torturo sus pechos, succionó la piel de su cuello y muerdo sus labios.
Estoy tan duro que en cualquier momento perderé la batalla nuevamente en mis pantalones, pero escuchar sus gemidos son un precio que vale la pena pagar.
Tallo sus caderas con mi insipiente excitación y tomo su boca como si fuera la última cosa del planeta, con desesperación; mientras el latido de mi miembro anuncia que he perdido esta batalla. Ella como poseída se mece sobre mi dureza, cerrando los ojos, aprendo mis brazos, gimiendo mientras su cabeza y su columna se curvan. Tan preciosa.
Me parto para ver como su agitado cuerpo queda perdido en la satisfacción. Sus ojos cerrados, su boca entreabierta, es la cosa más bella que he podido apreciar.
Sin esperar a que se recupere, la tomo en brazos y camino a mi habitación. Al llegar ya está dormida. Luego de recostarla en la cama, me dirijo al baño para una vez más lavar todo lo que ella provoca en mí.
Salgo del baño solo con una toalla en mi cintura, me quedo por un momento mirando su hermoso cuerpo reposando, durmiendo con tal tranquilidad que hace que me sienta en paz.
Vuelvo a la sala para recoger nuestras prendas perdidas por el deseo y nuevamente camino a mi habitación. Cierro la pueta detrás de mí y le doy a seguro por primera vez desde que estoy viviendo aquí con mis amigos. Dejo la ropa a un lado y me dirijo a mi armario para colocarme un bóxer y hacerle compañía mi princesa en llamas.
Es ardiente y presiento que no tendrá ningún problema en seguirme el ritmo, porque una vez que posea su cuerpo no podré detenerme.
Antes de meterme en la cama, a su lado, le quito los borceguís desgatados que siempre calza, sus pantalones amplios que esconden esas bombachas de abuelita que me tiene al bode de la locura, más florecitas rojas. Cubro su desnudez con las sábanas y me acuesto a su lado, paso un brazo por debajo de su nuca para tenerla más cerca. Sus ojos se abren por un momento, me sonríe y se acurruca en mi pecho con un suspiro profundo.
Su respiración acompasada me apacigua, mis ojos inmediatamente se cierran y antes de dormirme profundamente dejo un beso en su frente.
Un grito me despierta, miro a mi lado y ella no está. Desesperado salto de la cama, corro hacia el baño que es donde se escuchó aquel grito que me ha despertado.
Desnuda, solo con su bombacha de florecitas, esta mi princesa en llamas mirando su reflejo en el espejo con una cara de espanto que me preocupa, corro a su lado para voltearla y buscar algún indicio de lastimadura.
—¿Qué pasa? ¿Qué tienes? —pregunto buscando algo y ella solo me empuja y señala su cuello.
—¡Eres una vinchuca o una sanguijuela! Mira como dejaste mi cuello —exclama volviendo su cuerpo mirando su reflejo en el espejo, suspiro.
Suelto el aire que estaba conteniendo al percatarme que solo se trata de la marquita que le deje.
—Me asustaste —admito mi debilidad y miro sus ojos a través del espejo—. Es una marquita, no es para tanto.
—¿Una marquita? ¡Parece el continente europeo! —exclama con exageración. Me rio inevitablemente— ¡No te rías! —gime y me empuja con su trasero.
Mis manos se aferran a su cadera, mostrándole su mala acción. Mi erección roza sus nalgas y da un respingo queriendo apartarse de mi roce, no la dejo.
—Mala elección de movimientos, cariño —susurro sobre su oído y muerdo su lóbulo sin apartar la mirada de nuestro reflejo.
Es perfecto.
Coloca sus manos en el mármol para sostenerse y mis manos trepan por su talle hasta llegar a sus pechos en alzas. Beso su hombro mientras presiono sus botones. Sus ojos se cierran mecánicamente mientras que todo su cuerpo se derrite ante mi tacto.
volteándola tomo su cara para fusionar su boca con la mía. La levanto dejándola sobre el mármol, sus piernas se cierran en mi cadera atrapándome en medio. El beso se torna febril, por lo que necesito apartarme antes de que sucumba.
Me aparto y apoyo mi frente en la suya con la respiración agitada, cierro los ojos y espero a que la excitación baje. Sus manitos no dejan de acariciarme mientras su respiración logra calmarme.
Me aparto y abro los ojos, para encontrarme con su mirada verde, liquida. Muerdo mis labios porque junto con la llama de su cabello es la personificación de alguna Diosa.
—Buenos días —murmuro y ella suelta una risita tierna.
—Buenos días —corresponde y por fin puedo apartarme.
—Me encanta el lunar que tienes ahí —indico pasando mi lengua por el balle de sus pechos y ella gime en respuesta.
—Tengo otros —murmura con esa voz que adquiere cuando la excitación invade su cuerpo.
—Poco a poco los iré descubriendo, pero ahora necesito un baño frio —digo apartándome definitivamente.
Me meto a la ducha y ella se queda donde la deje, el agua junto con su vocecita me calman, solo un poco. Es como si mi cuerpo estuviera en combustión constantemente y sé que solo me apaciguaré cuando pueda consumirla.
—No podré salir con semejante marca —escucho que dice.
—¿No tienes maquillaje? —pregunto y obtengo como respuesta su risa— ¿Qué?
—¿Crees que soy de esas que se maquillan? pensé que me conocías —murmura con cierto enojo en su voz.
—Me gusta escucharte enojada, cariño. Lo siento, a veces olvido que eres única —me disculpo—. Le pediré a Ayse que te ayude.
—Ok, ¿Cómo habrá estado la cena con mi hermano? —se pregunta. Termino de bañarme y antes de salir me seco con una toalla y la enrollo en mi cintura.
—Espero que bien, o se ganara un enemigo —murmuro parándome en frente suyo, miro su lunar.
—¿Te gusta? —pregunta adivinando lo que miro.
—Mucho —admito.
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Comments
Era
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 disque el continente Europeo y eso que no te ha enseñado las cuencas hidrograficas 🤣🤣🤣🤣
2024-09-16
3
Lourdes Mendez
excelente trabajo escritora felicidades
2024-08-20
1
Carmen Moreno
demasiado hermoso, se manifiestan su amor de manera limpia con pasión sabiendo el cuando parar. es un bello la trata como princesa.
2024-07-18
1