Shain:
Siempre fui popular entre las mujeres. No voy a mentir, lo disfruto. Es reconfortante ver como se pelean por ver quien llama mi atención, pero si solo supieran que todo lo hago es por tener la atención de ella.
Quien diría que la chica misteriosa, la que no muestra nada, la que se esconde en un gorro ridículo que yo mismo le compre y que al parecer es de su agrado porque no deja de usarlo, la que usa ropa enorme que no sugiere nada, la que utiliza unos lentes enormes que esconde esos ojos bellos que tiene, es bajita y puedo afirmar que sabe mucho pero demuestra poco, es divertida y ocurrente, su cabello de un rojo poco natural es como las llamas de un fuego intenso, quien diría que esa misma chica a la que vi en esa fotografía sin saber que tenía en mano la foto de la dueña de mi corazón me tendría perdido y solo llevo conociéndola poco menos que una semana.
Esa chica misteriosa que se ha llevado todo de mí y si supiera que con solo mover su dedo me tendría tendido a sus pies, haciendo lo que ella me pida; seria su títere encantado. Esa chica misteriosa me tiene enloquecido, queriendo todo de ella. Su boca es otra cosa en la que tengo que contenerme para no devorarla. El deseo que despierta en mí nunca antes lo había vivido con alguien diferente. Y además hay una cosa nueva que nuca antes había sentido. Los famosos celos.
Esa cosa que te hace apretar los dientes, crispar los pelos de la nuca y refunfuñar por lo bajo solo porque le dedico a un idiota una sonrisa. Sus sonrisas solo deben ser mías, para mí.
Por eso casi pierdo los estribos al verla sonreír muy plácidamente, quería gritar, quería tomarla y reclamarla delante de ese para que vea que ya tiene dueño, pero como haría eso si desde que entramos a este gimnasio no le di su lugar.
A veces me comporto como un idiota y más cuando las mujeres se echan a mis pies haciéndome sentir superior cundo solo soy un pelele. Un idiota que no sabe cómo llamar la atención de la chica que le gusta y que solo piensa en darle celos para que ella haga algo.
Lo que no imagine que ese algo seria sonreírle al entrenador del gimnasio. No soy siego sé que es un chico que llama la atención, pero verla a ella regarle algo mío sirvió para sacarme de ese embotellamiento en el que había caído cuando las chicas que siempre están detrás de mi aparecieron, haciéndome recobrar la conciencia y mandarme primero a la ducha para calmar mi estado de ánimo y luego a un curso intensivo de disculpas.
Ya estando con la mente en fría y más relajado fui donde sabría que la encontraría, las duchas.
Verla sudada me daban ganas de lamerla, de probar la sal de su piel para luego encargarme yo mismo de su aseo. Pero no, ella tiene siempre el control y sabe cómo ponerme en mi lugar dejándome solo con mi remordimiento.
Obviamente que la iba a esperar, soy un guerrero que lucha por su princesa y ella es la mía. Por ello la espere, para ponerme de rodillas, arrastrarme si era necesario y suplicarle su perdón.
Estaba decidido a hacerlo, pero me desmorone en el mismo momento en el que ella dijo que esa sonrisa no era para él, sino para mí. Fue como salir a la superficie luego de haber pasado media hora bajo el agua, fue liberador. Y como siempre sentirme nuevamente completo al saberla mía desato el deseo retenido convirtiéndola en el blanco para descargar todo el deseo, la ira, la pasión, el enojo.
Todo lo que estaba reteniendo lo estoy descargando en su boca y ella parece echa a la medida. Es como si su pequeño e inexperto cuerpo fuera hecho para mí, para recibir todo lo que doy.
Siempre responde a mi deseo igual que yo, desaforadamente. Como su boca y ella come la mía, no es una lucha es una entrega mutua. Es divino.
Como con cada beso, el fuego recorre mi cuerpo prendiendo cada partícula, llamando al descontrol, queriendo fundirme y fundirla.
Su fuego arde como el mío, sus manos tocan, aprietan, recorren los mismos senderos que las mías. La levanto y pronto estoy entrando en algún lugar que ruego que sea desierto.
Solo por un momento suelto su boca para ver que la lotería está de mi lado porque parece ser un cuarto donde se guardan utilería y al ver un banco viejo la llevo hacia allí. Acomodándola en él y sigo la línea incendiaria que marca su aliento.
Beso la base de su cuello, mis manos no dejan de apretar su cadera mientras la fricción se encarga de mostrar como seria estar piel a piel, solo un poco.
Sus gemidos comienzan a salir leves de su boca y su agarre se hace más firme, su boca muerde y chupa mi piel ardiente y la fricción se hace más fuerte. Se ahoga con un último gemido, quedando laxa en mis brazos y con mi corazón latiendo a mil además de mi... mierda acabe en mis pantalones como si fuera primerizo.
—Dios, me hiciste acabar —gruño.
—Y... ¿Es bueno o malo? —pregunta toda agitada.
—Ni uno ni otro, solo quisiera que fuera en otro lado —respondo ladino.
—Para ser mi primero se sintió bien —murmura y debo levantar su cara para ver sus ojos y buscar la comprensión de sus palabras.
—¿Qué has dicho?
—Nada —responde rápido sonrojándose.
—O cariño, ve perdiendo la vergüenza porque recuerda que esta noche te quedas conmigo —pido, tirando de su cabello levemente para tener su boca a mi merced.
—¿Y que con eso? —restadora mi diablilla.
—Pues ve contando —solo digo y trato de no pensar en que ese fue su primer orgasmo porque si no ya me coloco de rodillas ofreciéndole miles más.
Salimos del cuarto y nos encaminamos al departamento que comparto con mis amigos. Ella me va contando todo lo que hablo con ese tal “Sebastián” maldito, y yo reprimo las ganas de gritar. Me concentro en otra cosa, pero mucho no puedo. Digamos que no es muy cómodo caminar de un lado para el otro lleno se una sustancia pegajosa que produce tu cuerpo y que salió liberada con solo unos roces encantadores de mi princesa en llamas.
“Mi princesa en llamas” me gusta ese mote.
Llegamos al departamento y mis amigos ya se encuentran ahí. Le había dicho que se adelantaran mientras yo arreglaba la cagada que me había mandado con mi chica misteriosa. Al vernos llegar juntos, la cara de alivio de ambos es sorprendente. La quieren como si fuera su hermana y hace rato me gane un sermón de ambos por haberme hecho el idiota con ella.
Me gusta, sé que puedo confiar en ellos. Mientras me dirijo a mi habitación para cambiarme el enchastre que cargo, ella se queda en la sala con mis amigos.
Al bajar nuevamente puedo escuchar como ella está insistiendo en ver una de esas películas de Disney.
—La princesa y el sapo es linda, sino vemos la bella y la bestia que es mi favorita —escucho que dice y ambos bufan.
—Hermano, puedes convencer a tu novia que Samuray x es mejor que esas babosadas que nos quiere hacer ver —pide Martin.
—Pues les recuerdo que es una apuesta que deben cumplir —marca ella toda autoritaria.
—Para mí lamento es así —finjo una pena que no siento porque la verdad que me gusto eso de “tu novia” y que ella no diga nada al respecto.
—Foo... —chillan como bebes Leonardo y Martín, pero hacen caso.
Tomo la mano de mi chica misteriosa y la guio hasta la cocina.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—Nada, solo quería saber que te gustaría comer —le saco el gorro que tiene y deshago las tensas.
Su cabello cae en cascadas, es hermoso lo rojo que es. Parece pintado, pero sé que es su color natural.
—Mmm... no se —murmura pensativa—. Lo que decidas por mi está bien, me gusta tu comida —dice luego de un silencio corto.
—Y a mí me gusta tu cabello, deberías de usarlo suelto —propongo y veo como se sonroja—. Con respecto a lo que dijo Martin, ¿Estás de acuerdo? —no puedo evitar preguntar.
—¿Qué cosa? —vuelve su mirada inquisidora hacia la mía.
—¿En que seas mi novia? —pregunto, aunque con los besos que nos hemos dado, eso ya está más que claro para mi—. Yo ya lo doy por asumido, pero no sé qué piensas tu al respecto —aclaro.
—Pues... creo que si —responde con timidez.
—Me encanta cuando tus mejillas se ponen rosadas —murmuro y me acerco para darle un beso a cada una—. Ahora si me disculpas, debo cocinar de lo contrario tendremos unos buitres rondando la cocina — ella se ríe de mi ocurrencia.
—¿Te puedo ayudar? —pregunta.
Es tan linda que no tiene idea de lo que esa pregunta despierta en mí, ese lado bestial que mantengo a raya y que me grita que la haga mía, que le arranque toda la ropa y le dé tan duro como pueda sobre la mesa de la cocina, pero sé que este ser ante mí es la personificación de la pureza y mi bestialidad solo la hará sufrir.
Me acerco a ella, que enseguida retrocede quedando entre la pared y mi corpulento cuerpo.
—No tienes idea de lo que esa pregunta le hace a mi mente y cuerpo, por lo que si no quieres averiguarlo te aconsejo que vallas con los chicos y los hagas llorar del aburrimiento —digo tan cerca de sus labios, sin perderme detalle de sus ojos, su respiración, sus movimientos.
—¿Estás seguro de que no quiero averiguarlo? —pregunta la descarada.
El sonrojo de sus mejillas me hace adivinar que ni ella misma sabe de dónde sale ese valor para enfrentarme y decirme sus pensamientos.
—Pues dame el veneficio de la duda —digo y retrocedo para dirigirme hasta la heladera y ver si de este modo puedo llegar a Narnia.
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Comments
Sandra Mora
ajajajaja no que muy experimentado el galán 😎 🤣 /Sweat/
2024-09-23
1
Lourdes Mendez
pensé wue la película wue verían sería narnia
2024-08-19
1
Carmen Moreno
sin comentarios, excelentes el grado de romanticismo que imprimes a la historia 🥰🥳🤩
2024-07-17
2