Mastodontes

Ludmila:

Llegar al departamento que comparto con mi hermano y encontrarlo en una posición en la que no es precisamente comiendo comida me dejo algo... no sé cómo ponerle nombre a eso.

Propiamente que ante semejante escena salí corriendo espavorida. Dejando atrás mi querido gorro, que llevaba en manos, y mi abrigo. Mi intención no es interrumpir sus momentos románticos con su novia, pero si hubiera sabido que me encontraría con semejante situación habría vuelto en otro momento.

Por suerte mi resiente nuevo amigo estaba ahí para sacarme de esa crisis momentánea. Una crisis visual no se obtiene todos los días, y ahora necesito despejar mi mente para no pensar en cómo se comía eso con semejante gusto.

¿Sera que se siente rico para ambas partes? Debe ser así, sino esas cosas no se harían habitualmente.

Como sea, luego de obtener el gorro que muy amablemente mi amigo adquirió para mí, nos encaminamos al encuentro con sus amigos.

No le he dicho nada, pero tener un mellizo masculino y ser prácticamente mi único amigo en la vida, ha logrado que unos de nuestros pasatiempos favoritos sean los juegos tanto virtuales como de consola y puedo decir o mejor afirmar; que soy muy buena en ellos.

Me gustan mucho los de mundo abierto, los mmorpg pero estoy segura de que estos chicos van más para los tiritos que otro tipo de juego.

Como sea no me daré por vencida si me retan a participar ya que es algo que me gusta y me relaja de igual manera.

No sé cómo me sentiré siendo parte de este grupo de amigos, pero trato de no pensar mucho en el tema. Si con el me siento segura no veo la razón de sentirme incomoda con sus amigos.

Llegamos al complejo y mi corazón late desenfrenado, en todo el camino Shain no ha dejado de parlotear, pero sinceramente no tengo la menor idea de lo que a dicho. Soy una desconsiderada.

—Ya verás como te agradaran enseguida, son unos pervertidos cuando se trata de mujeres, pero... —me da una mirada evaluativa— creo que contigo no habrá tanto problema.

—¿Tan fea soy? —pregunto echándome una mirada desde mi posición.

No me considero fea pero tampoco bonita. El que él lo deje claro hace que una pequeña parte de mis esperanzas junto con mi corazón se rompa en fragmentos muy pequeños.

—Eres hermosa, pero al llevar esa ropa que te cubre completa ellos no te prestaran atención —aclara tan cerca de mi rostro que por un momento dejo de respirar.

—¿Te parezco hermosa? —murmuro.

—Si —responde sincero y llanamente. Toma mi mano, tira de mi mientras traspasamos las puertas del departamento y enseguida nos reciben una balacera de tiros virtuales que vienen de una enorme pantalla situada en medio del lugar.

Es increíble como una habitación de tan poca superficie este tan bien conformada para que se vea también como una sala de juegos. Creo que se tomaron muy en serio eso de los juegos de pley.

—Al fin llegas cocinero —dice uno de sus amigos desde un sillón que ocupa casi toda la habitación—. Ya estábamos alucinando con comida y sabes muy bien que comida instantánea no es nuestra preferida.

—Qué lástima, porque traje sopa instantánea —canta el muy feliz.

—¡¿Que?! —gritan al unisonó, como si fuera lo peor del mundo.

La risa de mi nuevo amigo invade el espacio reducido. Sus amigos voltean tirándole con lo que tienen a mano y algo que parece ser un calcetín aterriza en mi cara, colgando de mi cabeza.

—¡Oh! —escucho la sorpresa de uno de ellos que no sé a quién pertenece el sonido de su voz—. Lo siento.

—Y... ¿Esta quién es? —pregunta el otro.

Shain saca el calcetín de mi cara para tirárselo al que está en frente de él.

—Ella es Ludmila y está aquí porque prometió vencernos en todos los juegos que tengan preparado para hoy —dice a modo de presentación.

—¿Enserio? —pregunta achicando sus ojos el chico de cabello rubio.

—¿Eh? —me encuentro algo desorienta, en ningún momento mencionó algo así.

—¿Qué? ¿No te animas? —pregunta con esa mirada retadora que hace sentirme algo extraña.

—¿Una chica que quiera vencer a los mejores? No lo creo nena —dice el castaño.

—Siento diferir con eso, nene —respondo ya aceptando el reto.

—¡Oh! Al parecer acepto el reto —aplaude el rubio ya haciéndome un lugar entre ellos dos, palmeando el sitio para que me acomode—. Tu cocina —ordena a mi amigo— y tu niña muéstranos lo que tienes.

No puedo creer lo que estoy pasando, pero ya me siento cómoda entre medio de estos mastodontes, porque eso es lo que son al lado mío.

Siento como si estuviera en casa con mi padre y mi hermano como compañeros de juego. Son grandes como ellos, pero no tanto.

—¡Si, mi capitán! —responde Shain con acento militar, se voltea para sonreírme y luego marcar sus pasos hacia lo que parece ser una cocina—. ¡Diviértete mientras cocino para todos!

Y eso es precisamente lo que hago mientras un agradable aroma a comida cacera se va sintiendo en todo el pequeño apartamento.

Me siento cómoda entre este par de muchachos divertidos, que al darse cuenta de mi nivel de juego hacen de todo para tratar de superarme, pero no lo logran.

—¿Cómo lo hace? —pregunta Leo. Todavía sigue sorprendido de mi habilidad luego de media hora de juego—. No puedo creer que una chica, toda chiquita me esté ganando —llorisquea.

—Debe estar haciendo trampa —dice Martin.

—¡Eh! —golpeo con mi hombro su costado, quejándome de su insinuación— ¡Yo no hago trampa! Mas bien ustedes que no dejan de meter mano en mi control.

—¿Dónde meten mano? —pregunta Shain y no quiero pensar en que me sonó a celoso.

—Amigo, esta chica tuya es muy buena —dice Leo omitiendo la pregunta—. No se vale traer alguien mejor que tu para que nos supere, ¿eh? —sigue llorisqueando Leonardo.

—Nadie es mejor que yo —espeta muy seguro de sus palabras.

Los tres volteamos para mirarlo y el desafío queda dando vuelta en el aire. Sobre sus encantadoras y grandes manos tiene una bandeja con comida.

Como si de una sincronización se tratara los tres saltamos del sofá y caminamos hacia el dueño de semejante manjar. Parecemos una banda de zombis que chorrea baba por un cerebro tan apetecible, aunque en realidad la única que babea, y no por su cerebro, soy yo.

—¿Qué tienes ahí? —pregunta Martin y apuesto a que sus ojos brillan como diamantes.

—Los niños deberán lavar sus manos si desean probar mi comida —demanda papa oso, todos bufamos y caminamos en fila para lavar nuestras manos.

Ya todos con las manos limpias volvemos a la sala, donde el juego que estábamos jugando quedo pausado y en la mesa que está a los pies del gran sofá, está la enorme bandeja con la comida que ha preparado Shain.

Veo que vuelve de la cocina con una jarra de jugo y me acerco a él para tomarla, el me la pasa y sus amigos ya están encargándose del resto de los platos y utensilios. Sentados en la mesa como hacen en las series coreanas, Leonardo sirve la comida. Llena mi plato con pasta y me lo pasa. Esto es una montaña y no creo poder con ella.

—Estas muy flaca hermanita, por lo que come bien —dice él y sonrío por el pronombre que me ha puesto.

—Te prometo que comeré lo que más pueda —prometo dejando mi planto en su lugar.

Se termina de servir la comida y entre comentarios sobre el juego, chismes de la universidad y tantas cosas; la cena pasa volando. Para mi sorpresa he comido casi todo su contenido sorprendiéndome por ello.

—¿Te ha gustado? —pregunta Shain haciendo referencia a la comida recientemente degustada.

—Si, eres un buen cocinero de veras —afirmo sonriendo, sintiendo como mis mejillas se colorean.

—Chef, un buen chef —presume.

Martin levanta los platos y vuelve a la cocina para dejarlos. Al rato regresa con una bandeja que parece ser algo dulce. Para mi sorpresa solo se trata de fruta.

—En esta casa se come bien, como veras —dice el, dejando la bandeja sobre la mesa.

—Si como algo más, creo que reventare —digo frotando mi barriga.

—¿Eso presumes como barriga? —pregunta el divertido.

Entonces frente a mi tengo un desfile de hermosos torsos musculosos, abdominales definidos y bien torneados para definir el aspecto de abdomen hinchado.

Creo que morí y renací en el cielo de los chicos esculpidos por la madre naturaleza o algún Dios que se apiado de mi vida llena de aburrimiento.

Siento que mi sonrojo esta al mismo nivel de intensidad que mi cabello en este preciso momento.

—Estas son barrigas de verdad —dicen ellos a modo de coro.

—¡Dios! Cúbranse —gimo en suplica, escucho como se ríen a costilla de mi vergüenza.

—Vamos, hermanita —escucho que dice Martin—, este desfile solo lo pueden disfrutar tus ojitos —dice y todos ríen afirmando sus palabras.

—Supongo que sus novias querrán matarme luego, si llegan a descubrir que he estado viendo demás —exclamo sin dejar de cubrir mis ojos.

—No te preocupes, que nosotros te defendemos —dice Shain y me descubro un solo ojo para echarle una mirada de odio.

Todos rompen a reír ante mi mirada y la verdad no entiendo por qué.

—No la pongas celosa, amigo —Dice Leonardo palmeando el hombro de su amigo.

—¿Verdad que no eres celosa? —pregunta el ya con su ropa en su lugar a solo centímetros de mi rostro.

A modo de respuesta solo trato de respirar. Él me sonríe y me pasa una fresa de la bandeja, la muerdo de entre sus dedos sin romper el contacto visual y puedo apreciar el momento justo en el que pasa saliva ante mi coqueteo repentino. Sonrío internamente porque logre ponerlo incomodo, suelta la fresa ofrecida para que yo la tome y se levanta. Mi mirada queda clavada en ese lugar que apuesto lo que sea a que se ve más grande y enseguida se mueve para acomodar todo nuevamente y continuar con los juegos de pley.

—Bueno, hermanita —señala Martin sentado a los pies del sofá, dándome el control para que juegue—. Enséñale a este pervertido como se rompe un trasero.

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Comments

Liliana Barros

Liliana Barros

Es cierto uno se acostumbra a los juegos por los que conviven en casa. Yo por mis 3 hijos, que eran adictos y me hacían apuestas por las labores domésticas 😂

2024-12-18

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Adry M Aguirre

Adry M Aguirre

Ajajajajaja

2024-10-17

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Marlet Ramirez💕

Marlet Ramirez💕

Ay Shain caiste por ayudar a tu hermana,ya estás hasta las manitas y ni cuenta te has dado jejeje /Tongue/

2024-09-25

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