sujeto de prueba

Ludmila:

—¡Oh! ¡Por Dios! ¡Pero que bicho te ataco! —grita Ayse apenas me ve.

Inmediatamente llego mis manos a mi cuello para cubrir las marcas, miro a su hermano de forma acusatoria, él se ríe y nos deja solas en la habitación.

—Cuando terminen, bajen a desayunar —escucho que dice mientras se pierde por el pasillo.

—Creo que mi hermano se convirtió en sopapa, o algo así —dice mientras saca de su bolso otro más pequeño, pero repleto de maquillaje—. Bien, creo que luego del desayuno tendremos que ir al centro comercial.

—¿Tendremos? —pregunto, pensaba ponerme a escribir.

—Si, necesitas maquillaje porque mi hermanito te dejara marmolada más de una vez —dice y acerca un pote con crema a mi cara—. Ahora déjame hacer mi magia.

Casi me quedo dormida mientras ella se encargaba de ocultar las marcas en mi rostro, pero el resultado fue mágico. Era como si en mi piel nunca hubiera estado marcada. Increíble.

—¡Oh! ¡Vaya! Quedo increíble —digo sorprendida por mi reflejo, además me delineo los ojos haciendo que el verde resalte más.

—Gracias, eres muy bonita deberías maquillarte más seguido —propone y niego.

—Lo siento, no es lo mío —admito—. Pero el delineado me gusta.

—Por eso le gustas a mi hermano —dice ya terminando de guardar los cosméticos que ha utilizado —. No hay nada falso en ti —explica ante mi cara interrogante.

Salimos de la habitación, por cierto, los mastodontes todavía no han regresado. Llegamos a la sala y el aroma a café llena el lugar, sonrío.

Eso es algo que comparto con mi madre, el amor al café. Entramos a la cocina y como salido de una película de barbie, Shain luce un delantal rosa y tiene en una mano una espátula y en la otra un plato con una pila importante de wafles.

—Mmm... ¡Que rico! ¡Mis favoritos! —exclama su hermana, mientras aplaude.

Levanta la mirada y al verme su gesto sonriente pasa a un serio.

—¿Qué le hiciste? —pregunta a su hermana con un evidente regaño en la voz.

—La maquille —responde levantando sus hombros, restándole importancia.

—Eso veo —dice él y deja el plato en medio de la mesa de la cocina.

Se acerca a mí y no sé cómo sentirme. Toma mi cara y la estudia como si buscara algo que no comprendo.

—¿Me veo mal? —pregunto, por un momento creí verme bien.

—No —dice todavía serio.

—¿Entonces? —pregunto confundida.

—Llamaras mucho la atención, no quiero eso.

—No seas posesivo, hermanito y déjanos desayunar —me toma de un brazo su hermana, alejándome de el para que me siente a su lado.

En ese momento me percato de que lleva la pulsera que elegimos junto a mi hermano.

—No soy posesivo —refunfuña él y se acerca a la cafetera para servirnos humeante café recién hecho.

Me da una taza a rebosar y se queda mirándome un rato más de lo debido.

—La vas a asustar si la sigues mirando asi —murmura Ayse, tiene razón, me está asustando su mirada inquisidora.

—Te ves hermosa —se acerca a mi oído para que solo yo lo escuche y deja un beso en mi cuello, siento mi piel calentarse.

—Bueno dejen los arrumacos que yo estoy aquí y mi novio se quedó en su departamento —nos regaña ella.

—¿Por qué no vino contigo? —pregunto, después de todo estamos en familia.

—¿Como crees que se ponga si llegara a ver semejante marca que te dejo el chupacabras de mi hermano adivinando que estuvieron follando como locos? —dice y me atraganto con mi café.

—¡No follamos! —exclamo como puedo sin dejar de toser.

—Si, seguro. Tu hermanito es muy sobreprotector —me recuerda—. Me encanta eso de él, pero en verdad quiero mucho a mi hermano como para que pierda su bella cabeza y no creo que tú también quieras lo mismo.

—Si, tan sobreprotector que no le importa dejarme fuera —digo con rencor y ahora es ella la que se pone roja.

—Lo siento —dice por primera vez con timidez desde que la conozco.

Aparentemente sabe que la vi haciendo esas cosas sucias que hace con mi hermano y que deseo que su hermano me haga a mí.

Mierda.

¿De dónde salió ese pensamiento?

—¿Estás arrepentida de estar aquí? —pregunta el causante de pensamientos pecaminosos.

—No —respondo rapido—, pero me podría haber ahorrado semejante vistas.

—¡Opa! —exclama Ayse colocándose más roja aún.

—Si, opa —digo y me rio.

Nos quedamos mirándonos todos entre sí y rompemos a reír sin más que hacer. Desayunamos mientras Ayse nos cuenta de su noche, está encantada con su pulsera y con el lugar donde la llevo.

—¿Enserio no tienes idea de donde es? —niego— Según Bruno es de tu padre, es un lugar interesante para ir en parejas por lo que no diré más nada del lugar, deben ir juntos.

—Ok —respondo mirando a mi pareja.

Mi pareja, sé que el me trata como si fuéramos novios, pero somos realmente eso. El me mira y me sonríe, luego vuelve su atención a su celular, hace un momento que está mandando mensajes y no sé si sentir celos.

—¿Qué harán ahora? —pregunta Shain, cuando el desayuno ya termino, viendo que su hermana me pasa el gorro que me regalo mi novio.

—Iremos al centro comercial, tu novia necesita maquillaje de emergencia —dice como si nada y me rio restándole importancia, no creo que realmente lo necesito o mejor pensado, no sé cómo lo utilizare.

—¿Irán? Las llevare, necesito cuidarte —propone tomándome con sus brazos de manera protectora.

—No sea exagerado Shain —lo reta su hermana sacando de su bolso un estuche de anteojos para el sol.

No sé cómo logra tener tantas cosas en ese bolso, parece pequeño pero cada vez saca más cosas. Es como si fuera mágico. ¿Será maga?

—No lo soy, no ves lo hermosa que es, me la querrán robar —responde el mientras me acomoda el gorro, bajándolo para que mi rostro quede cubierto completamente.

—Estás loco —murmuro entre risas por sus locuras. Mis anteojos se han movido por el movimiento y cuando los descubra tendré que acomodarlos.

Descubre mis labios y me besa, así como si nada, frente a su hermana.

—¡Hay que tiernos! —gime Ayse con emoción en la voz.

—Mama nos espera para almorzar, así que, no nos demoremos —sentencia tirando de mi mano.

—¿Eh?

—Hoy conocerás a tu suegrita, cariño —dice Ayse aplaudiendo y saca de su mágico bolso su celular, marca y lo coloca en su oído— ¿Amor?

Se aleja un poco de nosotros para hablar con mi hermano, aparentemente.

Salimos del departamento hacia la salida del campus universitario, su mano se mantiene entrelazada con la mía. El camino se ve desolado, al parecer la famosa pijamada debe haber sido un éxito total porque no hay un alma dando vueltas.

Llegamos a la zona donde los estudiantes tienen sus coches y veo como Shain extiende su mano para desbloquear el suyo. Para mi sorpresa es un Ford Mustang color negro. Lo sé porque mi padre tiene uno igual, pero en color rojo.

A decir verdad, creí que tendría uno de esos coches de última generación, pero no, en cambio tiene un clásico. Si soy sincera me gusta mucho este estilo de coche y si vamos a seguridad, creo que este, es un auto duro de romper.

Subimos los tres al coche, arranca y Ayse le pide que pasemos por mi hermano que ya nos está esperando en la acera de nuestro departamento.

Al subir saluda como si nada y se sienta detrás, al lado de su novia. Mientras Shain conduce hacia el centro comercial todos parloteamos como locos.

Es lindo, me siento cómoda con esta nueva etapa de mi vida y sinceramente es algo que necesitaba y que no lo sabía.

Llegamos al centro comercial, Shain coloca una mano en mi cintura para mantenerme pegada a su lado y yo mascullo de la rabia cada vez que alguna babosa le dedica una mirada soñadora sin percatarse que yo estoy junto a él.

Me dan ganas de lamerlo frente a todas, marcarlo como lo hizo el conmigo, ponerle un cartel de neón que diga que ya tiene novia, repartir cachetadas para que dejen de verlo como si fuera carne en matadero.

—Deja de apretar los dientes, te harás daño —murmura en mi oído, sobresaltándome.

 No sabía que estaba haciendo eso.

—Lo siento —me disculpo.

—Me encanta que seas celosa —sigue murmurando.

Se detiene, mi hermano junto con su novia está viendo una máquina de esas que tiene garras y están llenas de muñecos de peluche, toma mi cara y me mira un momento. Sus dedos acarician mis mejillas, el tiempo parece detenerse mientras sus ojos estudian los míos, su lengua humedece sus labios y concentra su mirada mi boca.

Antes de besarme, muerde mis labios, como si con eso estuviera marcando su territorio, justamente lo que yo haría para indicar que es mío. Su lengua se abre paso al interior de mi boca y por un momento dejo de respirar. El beso se vuelve necesitado, arrebatado, sumando manos y aprietes a la situación, pero no dura mucho ya que un carraspeo junto con un gruñido nos separa para encontrarnos con la mirada brillante de Ayse y la furiosa de mi hermanito.

—¡Deja a mi hermana en paz! —chilló Bruno, como si yo fuera una niña pequeña a la que le han arrebatado un dulce.

Bueno en realidad así es, eso es lo que es su boca. Un maravilloso dulce que me encanta saborear.

—No exageres —me quejo.

—Como si no te comieras a mi hermana, literal —indica Shain volviendo su agarre hacia mi brazo para traerme de nuevo junto a él.

Luego de ese pequeño momento de machos alfas, con Ayse nos metimos a un salón donde había tanto maquillaje y accesorios que me sentía perdida entre tanto color.

Esto parece un mundo alterno de ponis y arcoíris.

Ayse tomo un canasto para meter todo lo necesario para una noche de Halloween, yo me estremecía más y más de solo pensar en tener que delinearme un ojo por mí misma y no terminar con el lápiz incrustado en mi retina.

Con suma emoción cargaba cosas que ella pensaba que iba a necesitar, cosa que yo dudo. Con un pomo de revoque que tape las supuestas marcar que Shain podría llegar a hacerme estaría conforme, pero no, ella cree que todo es necesario. Como si mi cara fuera un lienzo para que un artista escupa colorimetría en ella.

La dejo hacer, se la ve tan emocionada con la idea de convertirme en su sujeto de prueba, que me da pena decirle que nada de eso puedo llegar a usar.

Los chicos, siendo más inteligentes, fueron a pasar el rato a una sala de videos juegos. Sinceramente yo estaría con ellos tratando de romper algún nuevo récord y no viendo que es mejor para el maquillaje; si una brocha o una esponja.

Cuando mi nueva amiga y cuñada decide que ya tiene todo lo necesario nos dirigimos a la caja a pagar dicho botín digno de alguna reina pagana.

Salimos y cuando estamos yendo donde se encuentran nuestros suspiros más cachondos, justo pasamos por una tienda de lencería.

Que oportuno, mi nueva amiga, sin siquiera pensarlo dos veces, me tomo de la mano y me arrastro dentro del local para nuevamente someterme a una nueva hora de recorrido por pasillos llenos de encaje.

—Me llevare un conjunto de estos —señala uno que para mi sorpresa me parece bonito.

Es negro con detalles en rojo, sexi como ninguno y delicado a la vez. Me imagino con él, mi cabello suelto y con unos tacones que no poseo parada frente a mi fuego interior esperando que haga de mi todo lo que se le antoje.

—Se ve lindo —murmuro.

—Deberías llevarte uno para ti, apuesto a que verías como una ninfa —sugiere ella.

Mi mano se mueve por si sola y pronto tengo el conjunto en mi mano, no digo nada, solo lo tomo.

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Comments

Bettzi Iseth Nieto Peralta

Bettzi Iseth Nieto Peralta

uy no!! mala señal

2024-12-26

0

Adry M Aguirre

Adry M Aguirre

Ayyyy te amooooo ❤️🥰

2024-10-18

0

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

vas callendo poco a poco cuando menos lo esperes nos encontramos con un luk muyyyyyyy diferente

2024-08-20

1

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