mi fuego interior

Siento que mi corazón late desbocado, como si en cualquier momento saltaría de mi pacho y cayera en sus manos. Mi boca arde por sus besos, todavía siento la humedad de su lengua en mi boca y sé que la sentiré por un tiempo prolongado. Da un paso más acercándose a mí, pero se detiene.

—¡Hermanita! ¡Shain! —escuchamos que los chicos nos llaman.

Salgo del estupor en el que caí para moverme y salir de donde me encuentro junto al perpetrador de los latidos descolocados de mi corazón.

—Luz —susurra al pasar junto a él, pero no me detengo, ¿Qué hago si me detengo? Seguro que buscare más de esa boca llamativa.

—¡Aquí! —grito sonando tan rara mi voz que tengo que carraspear.

—Eh... ¿Qué hacían? —pregunta Leonardo cuando nos encuentran.

—Nada —respondo rápidamente—. Lo siento tengo que irme —digo sin esperar que me digan más nada, tomo mi mochila y marco mis pasos hacia la escalera.

—¡Nos vemos esta noche hermanita! —grita detrás de mi Martin.

—¡Claro! —respondo levantando una mano a modo de saludo, sin voltear porque si lo hago no sé cómo responderé al volver a verlo.

A paso apresurado salgo de la biblioteca y pronto ya estoy ingresando al departamento que comparto con mi hermano. El calor surca mi piel, mi corazón no se detiene y mi mente solo grita más.

Nunca pensé que un beso despertara todas esas cosas en mí, es como si necesitara más. No es suficiente, necesito más, quiero más. ¡Dios estoy completamente loca! O capas que me drogaron con ese café, o solo se trata de que es el. Si, supongo que se debe a él. Mi amor platónico, que ahora no puedo catalogarlo como platónico, no puedo creer que me haya besado.

—Lula —escucho la voz de mi hermano justo cuando estoy por subir a mi habitación.

Me detengo y miro que se encuentra con Ayse, recostados en el sofá viendo algo en la televisión.

—Hola —murmuro cayendo en mi timidez recurrente.

—Ven —demanda—. Te quiero presentar a mi novia —dice este colocándose de pie.

Me acerco a la feliz pareja que anoche estaba más que feliz.

—Ludmila —digo extendiendo mi mano para saludar a mi cuñada.

—¡Hay cuñis! ¡Al fin te conozco! —chilla está evadiendo mi mano y tirándose sobre mi para abrazarme como si yo fuera su persona favorita.

Me quedo quieta sin saber cómo actuar, se aparta de mí y me planta dos besos en las mejillas.

—Oh... —solo atino a murmurar por su muestra de cariño.

—¿Estas acalorada? —pregunta extrañada y recuerdo quien es el que me coloco así, la miro como gritando ¡Culpa tuya! Pero ella solo me mira preocupada.

—Si, es que vine corriendo —me justifico con una mentira.

Aunque es verdad que corrí, pero lejos de ese repartidor de besos febriles. ¿será que mañana a la misma hora podre ir a por otro? Mierda ya me volví loca, necesito un baño para despejar mi mente nublada.

—Debes bañarte rápido para no enfermar —aconseja —. Eso siempre dice mi hermano para que no me enferme.

Tenía que nombrarlo, ahora siento que mi corazón quiere volver a esa carrera irracional.

—Si, disculpa —murmuro escapándome de ese lugar.

—¡Lula, espera! —escucho a Bruno nuevamente detenerme.

—Mmm... —murmuro ya con un pie en la escalera.

—¿Dónde estabas anoche? —pregunta e inmediatamente miro a su novia.

—Con un amigo —repito lo que ya le había dicho con anterioridad.

—¿Y cómo se llama ese supuesto amigo? —pregunta como si tuviera cinco años y mi único amigo fueran los imaginarios, aunque no puedo culparlo ya que sabe exactamente como soy.

—Shain, Luciano y Martin —digo entre dientes viendo como mi “cuñada” abre desmesuradamente sus ojos grises.

—Hay cariño, no te preocupes que es mi hermano con sus amigos —dice está colgándose de manera melosa en el brazo de mi hermano.

—¿Tu hermano? —pregunta él y aprovecho para moverme y llegar de una vez a mi cuarto.

Enseguida me deshago de la ropa que cargo y me meto a la ducha. Gimo al sentir el frio del agua chocar con mi piel tibia. Espero un momento hasta que la temperatura de agua se regula para relajarme completamente y olvidarme de lo que sentí cuando sus labios chocaron con los míos.

Inmediatamente mis ojos se cierran y como si estuviera viendo una película en la que soy la protagonista, todo se repite en mi mente. Cara roce, cada gemido, cada sensación. Todo pasa por mi mente nuevamente torturándome, haciendo que mi corazón no frene y lata como loco. A esta altura temo tener que ir también a un cardiólogo.

Rememorar todo eso hace que mi cuerpo necesite, anhele su contacto. Es como si hubiera estado dormida y de pronto despertara de un sueño profundo. Siento que un fuego se apodera de mí, mis entrañas laten, queman.

Salgo de la ducha igual que como entre. Pero esta vez el calor que siento es en mi interior.

Busco la ropa para ir al médico, esa que mi madre insiste que use para parecer más normal. Por lo que saco un jean ajustado al cuerpo una blusa blanca con flores rojas pequeñas y me calzo con una chatitas rojas que combina con mi blusa. A mi pelo lo trenzo y me coloco una boina que no cube todo mi cabello, pero me hace sentir más segura.

Busca un bolso con tiras de cadena en color rojo y guardo mi identificación, tarjetas, mi celular y algo de dinero en efectivo.

Salgo de mi habitación y bajo las escaleras. Mi hermano está todavía en la sala con su novia viendo una película mientras comen snacks y beben gaseosa. Los saludo y salgo del departamento hacia mi sita con mi ginecóloga.

Hace mucho que no voy, antes iba porque mi periodo era irregular, pero eso se debía a que era reciente su llegada, con el correr de los años se regularizo y nunca más fui. Se que la doctora es la misma que atiende a mi mama.

Me subo al Uber que llame con anticipación y le doy la dirección del sanatorio donde atiende la doctora.

Media hora más tarde pago la tarifa al chofer para bajar en mi destino. Entro al sanatorio, me anuncio a su secretaria que chequea mi turno y luego me indica el lugar donde debo de esperar a que me llame.

No pasa mucho cuando veo salir a la doctora que me llama por mi nombre y enseguida me levanto para entrar a la consulta. Consulta que me parece exagerada, pero así es mi madre.

—Ludmila, tanto tiempo —me saluda la doctora Claudia. Tengo entendido que es amiga, también, de mi tía Amanda.

—Si, hola —correspondo a su saludo y tomo asiento en una silla que está en frente de su escritorio.

Una hora más tarde salgo del consultorio cargando en mi cartera condones, pastillas anticonceptivas, lubricantes y miles de consejos para una sexualidad responsable y placentera.

Casi muero de la vergüenza cuando me sugirió el uso de diferentes juguetes sexuales como si estuviéramos hablando de algún postre. No tengo la remota idea de lo que le haya dicho mi madre, pero casi presencio mi funeral ahí dentro.

Al salir del consultorio siento la presión de lo que llevo en mi bolso, es como si llevara un cartel de libertina colgado en mi espalda que anuncia que estoy para una noche loca.

En definitiva, para que yo llegue a tener una noche loca debería estar realmente en un estado de locura nivel Dios.

Llego a mi departamento y antes de abrir ya se escuchan los jadeos de ese par de cochinos depravados que ahora utilizan mi departamento como si fuera un motel. Casi gruño porque quería evitar tener que ir a ese lugar, para encontrarme con ese personaje que no quiero ni recordar su nombre porque si no mi cuerpo reacciona de manera escandalosa.

Retrocedo los pasos que marque y me dirijo a la guarida de mastodontes suplicando que al llegar estén todos.

Atravieso el campus de la universidad hasta donde se encuentran las residencias privadas. Llego al departamento de mis hermanos y golpeo. Espero un momento y escucho la risa de mis hermanos que contagian la mía. Sonrío. La puerta se abre y ante mi esta mi fuego interior.

—Luz —murmura dándome una repasada de arriba abajo, muerde sus labios y sale afuera, cerrando la puerta detrás de sí.

Toma mi cara y sin esperar a que reaccione su boca invade la mía. Ya había previsto que mi cuerpo reaccionaría por sí solo, porque me encuentro respondiéndole al beso, enredando mis manos con su cabello, jalándolo hacia mí.

Sus manos rodean mi cintura, bajan por mi talle y llegan a mi trasero para levantarme. Mis piernas se enredan en su cadera como si de una serpiente se tratara y pronto siento la espereza de la pared en mi espalda.

Su boca suelta la mía, aprovecho para tomar aire mientras el deja un camino de besos húmedos por mi cuello.

—¡Dios! ¿Qué me has hecho? —escucho que murmura antes de volver a atacar mis labios.

Escuchamos un movimiento en el interior del departamento que nos alerta y así como nos pegamos contra la pared nos separamos y cuando la puerta se abre entramos como si nada hubiera ocurrido.

—¡Hui! Hermanita que te ves bien —dice Leo.

—Gracias, tuve que ir al médico —explico.

—¿Todo bien? —enseguida se preocupa mi fuego interior.

—Si, mi madre exagera cuando quiere —digo y tengo tres pares de ojos que me miran sin comprender—. Tener amigos en el vocabulario de mi madre es sinónimo de novio.

—Ah... —cantan a coro mis tres mastodontes.

—Como sea, les traje suvenires —digo y abro la cartera para volcar sobre la mesa todos los condones que me dio la doctora junto con lubricantes.

—¿A que doctora fuiste? —pregunta Martin mientras reparte emocionado el regalo de mi ginecóloga.

—Mi ginecóloga —digo sin más y a mi fuego interior le da un ataque de tos.

Me rio por lo bajo mientras que Leo y Martin golpean su espalda como queriendo sacarle los pulmones por la boca.

—Esto amerita una revancha —se queja Martin—. No puede ser que nos hayas ganado nuevamente.

—No seas mal perdedor —digo conteniendo la risa al ver su cara de perro mojado.

—Shain, a ver si controlas a tu chica —dice Leo quejándose.

—Dejen de llorar y vamos a comer que se enfría —dice este dejando una fuente con carne y verduras azadas —. Recuerden que falta que juegue contra mi —dice muy sonriente.

—Pues te ganare —le advierto burlonamente.

—Eso está por verse —dice el acomodándose a mi lado.

—No se pongan melosos —era de suponer que sabrían que algo pasa entre nosotros, aunque no sé exactamente qué es lo que piensan o lo que pasa entre nosotros, de momento solo un par de besos.

Nunca me había reído tanto en mi vida como hasta ahora. Mi barriga me duele y tengo que limpiar lagrimas que caen de mis ojos de tanta risa.

Estos hermanos míos nuevos son más tramposos que cualquier tramposo que haya existido en la historia de la humanidad. No solo trataron de presionar teclas de mi control mientras jugaba contra Shain, sino que me hicieron cosquillas, me taparon los ojos, me daban manotazos para perder el control del juego y nada de eso sirvió para evitar ganarle a mi contrincante.

Por ello ahora me despanso riendo, tienen que cumplir con el reto y ver conmigo este fin de semanas los clásicos de Disney.

—No puede ser, tenemos que jugar otra cosa, algo debe haber en lo que podamos vencerla —plantea Martin sin estar muy conforme con el resultado de nuestro trato.

—No seas llorón —digo ya recogiendo mis cosas para volver a mi departamento—. Si se portan bien capas y dejo que me lleven a alguna fiesta a la que estén inviados, pero luego de nuestra tarde de clásicos —señalo antes de qué se pongan a saltar como locos.

—Trato —dice Leonardo extendiendo su mano y mirando a los otros dos para que hagan lo mismo.

Estrechamos nuestras manos cerrando un acuerdo de diversión garantizada para este fin de semana y ya lista para volver a mi departamento me despido de ellos.

—Nos vemos mañana, a la hora del almuerzo llevo la lista de los clásicos que veremos —anuncio ya con una mano en el picaporte de la puerta de salida.

—Ok —responden a coro los tres. Un coro no muy emocionado.

—¡Espera! —escucho que dice Shain. Miro hacia donde esta y él se acerca a mi—. Te acompaño.

—No hace falta —digo, es tarde y mañana nos toca madrugar a todos.

—Es tarde, no quiero que andes sola por la calle —dice tomando mi mano para salir del departamento.

—Es cerca y tú también estas cansado, ¿Por qué mejor no te vas a dormir? —pregunto.

—Si, estoy cansado, pero no podré dormir tranquilo al saber que te deje ir sola —refunfuña y nuevamente tira de mi mano para ponernos en movimiento hacia mi departamento.

El camino lo hacemos en completo silencio, con nuestras manos unidas. Se siente bien y por suerte puedo manejar los latidos de mi corazón, que, aunque todavía late desbocado, no siento que me vaya a dar un ataque o algo.

Llegamos a mi departamento que por suerte esta silencioso, me paro antes de entrar para saludarlo.

—Hasta mañana —murmuro—, que descanses.

—Hasta mañana —repite mis palabras y se acerca un paso hacia mi—. ¿Puedo besarte? Si no lo hago creo que moriré.

Ante esas palabras no sé qué decir, pero como ya me ocurrió con anterioridad mi cuerpo le da la respuesta.

Nos separamos por la falta de aire y aprovecho para meterme dentro de mi departamento, subir las escaleras hasta mi dormitorio y luego de cambiarme, meterme a mi cálida cama con una sonrisa de oreja a oreja.

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Comments

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

ahora si que el cuerpo manda y toma dus iniciativa

2024-08-19

1

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Shain que caballero con Lula

2024-05-28

4

AMANECER

AMANECER

🙉🙈🙈🤭

2024-05-06

3

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