Ludmila:
No puedo creer lo desvergonzada que me he despertado. Nunca en mi vida me habría imaginado que yo, una chica que suda timidez le pida al chico que le gusta que se desnude frente de mí solo por curiosidad.
Debería pellizcarme, capas que desperté en un universo alterno donde la timidez no existe, pero sé que eso no es cierto porque de lo contrario mi corazón no estaría latiendo tan feroz por cada palabra salida de mi loca boca. Además de que tampoco es un sueño.
Por un lado, me siento bien sabiendo que con el puedo ser libre. Después de todo eso es lo que siento cuando la timidez me invade, es como si fuera presa de mí misma.
Hoy es viernes y estoy sumida en la fica, no tengo ganas de salir de esta cama, pero debo ir a clases. Miro la hora en mi celular notando que todavía tengo toda una hora para prepararme. Lo dejo a un lado y vuelvo a recostarme. En ese momento un chico grande, con un cuerpo esculpido en el infierno sale del baño envuelto con una toalla de la cintura para abajo y con otra secando su cabello, mientras camina distraídamente hacia su armario buscando y sacando ropa de él.
Me quedo quieta apreciando cada movimiento de su maravilloso cuerpo, como sus músculos se contraen y se relajan cuando toma o deja algo. Si fuera una figura de anime estaría chorreando baba seguramente.
La toalla que seca su cabello es arrojada al piso de forma desprolija mientras que la que lleva en la cintura es desatada y cae a sus pies.
Muerdo mis labios, él no quería exponerse ante mí, pero aquí lo tengo desnudo para toda mi curiosidad.
Su trasero merece un premio o reconocimiento mundial, es hermoso. Respingón, bien formado, redondito y firme. Veo que saca de uno de los cajones de su placar un bóxer negro y se lo coloca, desearía que volteara, pero no lo hace.
A esta instancia no se si sabe que lo estoy observando, pero cuando toma un pantalón para colocárselo, voltea y me ve quedando con el movimiento suspendido en el tiempo. Su mirada pasa a ser de asombro mientras que sus movimientos se vuelven tanto torpes como rápidos por terminar de colocar su pantalón.
—Lo siento, no sabía que estabas aquí —se disculpa abrochando su pantalón.
—Todo bien, más que feliz de estar aquí —murmuro con un tono que no reconozco, carraspeo. ¿Qué fue eso?
—Ah... ¿Sí? —pregunta con esa sonrisa que lo hace ver superior. Asiento— ¿Qué tan feliz? —pregunta acercándose a mí.
—Muy, es lindo conocer partes de ti que solo puedes ver en un espejo —debato divertida.
—Tramposa —dice y para mi sorpresa se tira en la cama sobre mí, haciéndome cosquillas —. Te despertaste curiosa hoy ¿Eh?
—Si... —digo entre risas— Tu trasero es lindo —digo y suelto otro hilo de carcajadas por las cosquillas que me hace.
Si sigue haciéndolo temo hacerme pis encima.
—No se vale, me dejas en desventaja —murmura incorporándose, esa mirada ladina me dice que hará algo que me pondrá en un cuadro de competencia por ver quien es más rojo que yo.
—¿Qué harás? —pregunto sintiendo esas enormes manos sobre mis caderas.
No responde, solo me voltea y me da una palmada en mi trasero, un gemido sale de mi boca. No puedo creer que eso me haya gustado.
—¿Así que te gusta esto? —dice acertando otra palmada en mi trasero, para mi vergüenza vuelvo a gemir.
Con otro movimiento rápido, coloca mi trasero en pompas y baja el pantalón que tengo puesto, un grito sale de mi boca cuando también baja mi bombacha.
—¡Shain! —exclamo sorprendida cuando siento como sus manos tocan mi piel mientras su risa resuena en mi espalda.
—Ahora si estamos a mano —dice y vuelve a acomodar mi ropa—. Por cierto, me gusta esa bombacha de abuelita que llevas con sus florecitas y todo.
Escucho su burla cuando abandona la cama, salto de ella para correr donde está el y querer darle su merecido.
—¡Eres un pervertido! —grito mientas que con mis puños pego donde sea que caen, su risa sigue escuchándose —. ¡Cochino! ¡Eso no se hace! ¡yo no te manosee, ni nada!
—Sigue por ahí —dice volteando para que mis puños peguen en su espalda — ¡OH sí que bueno! —el descarado está disfrutando de los golpes que le doy, por lo que me detengo.
—No tiene caso —digo dirigiéndome hacia el baño.
Hago mis necesidades todavía con una sonrisa en mi cara, es divertido despertar así. Vuelvo a la habitación y ahora mi nuevo amigo se está terminando de colocar sus zapatillas. Me dirijo hacia la mochila que traje ayer con algo de mi ropa para ducharme.
—¿Luz? —me detiene su llamada justo cuando estaba por volver al baño.
—¿Sí? —detengo mi andar para verlo. Todavía está sin colocarse su remera.
Se acerca a mí, tiemblo. Es tan grande, me siento pequeña junto a él. A pesar de que mi padre y mi hermano lo son, estar junto a él es diferente. Su tamaño, todo el me hace temblar, pero de anhelo.
Estando a un palmo de mí, su cara es divertida. No sé por qué, pero me da la sensación de que hará una travesura. Toma mis manos, mi mochila cae al piso, las abre y las lleva a su trasero quedando el en medio. Hace que lo toque con mis manos completamente mientras su mirada divertida se pierde en la mía, me quedo muda, casi sin respirar. Para mi sorpresa mis dedos se contraen para apretar esa carne servida en bandeja. Casi me ahogo por la sensación que recorrido todo mi cuerpo.
Suelta sus manos, las mías caen laxas a cada lado y se aparta nuevamente de mí.
—Estamos a mano —murmura—. Preparare el desayuno, nos vemos abajo.
Murmura tomando una camisa para salir de la habitación dejándome en medio de mis pensamientos alocados, alborotados.
Eso es jugar sucio. Sucio, pero rico. Ahora mis manos pican por querer tocar más. Maldita sea.
Vuelvo al baño y enseguida me quito la ropa, veo mi bombacha favorita y recuerdo sus palabras. Creo que deberé hacerle caso a mi madre y deshacerme de ellas si no quiero morir virgen.
Aunque como viene la cosa creo que necesito comenzar con esas pastillas cuanto antes, porque si el no da el primer paso, definitivamente seré yo la que lo ate a una cama y lo haga.
Lo hare el día que las vacas vuelen, definitivamente. Una cosa es decirle un montón de cosas impensadas y otra muy distinta es andar de incitadora sexual.
Termino mi ducha matutina, me visto y como siempre me coloco mi ropa que ahora que la veo siento las ganas de que sea diferente. Mi deseo es tener su atención y creo que si hago un cambio de armario definitivamente lo tendré.
Ma, que se cague. ¿Quién dijo que tengo que cambiar mi forma de vestir para agradarle al chico que me gusta? No señor, que cambie el; que, al contrario de mí, todas se le tiran encima como si de ofrendas se tratara.
Aunque un par de tangas no creo que me haga mal.
Eso creo.
Llego a la cocina y ya están todos sentados, sus caras adormiladas son una comedia mientras beben de sus tazas de café. Shain al verme de regala una de sus sonrisas y me pasa una taza de café. Toma mi mano y me coloca en una silla vacía junto con un plato repleto de fruta, nueces, una tostada con queso y no hace falta que me diga que coma. El mensaje es implícito.
Parado detrás de mí con el control de mando pasa los canales de la televisión para pararlo en un canal de informativo donde se está informando de un desastre natural.
Al parecer un tornado ha arrasado con un pueblo agrícola en alguna parte de estados unidos y como si fuera poco lo que más destaca de la noticia son las vacas voladoras.
Tengo que evitar escupir mi café cuando me ahogo con él, al leer el cartel de letras rojas como mi cabello en la pantalla que dice “llego el día que las vacas vuelan”.
Gracias a mi ahogo tengo a tres mastodontes dándome manotazos en la espalda para ayudarme a recomponerme, pero creo que antes de lograrlo quedare con una costilla rota.
—¡Ya! —trato de frenar su exhaustivo afán de ayuda, mi voz sale afónica por tanto toser.
Siento que voy a morir de la vergüenza. Mis mejillas arden, mis ojos lagrimean y ver sus caras preocupadas me enternecen.
—¿Paso? —pegunta ese personaje de cuentos eróticos con la preocupación reflejada en su bella cara.
—Si —digo con voz estrangulada.
—Hay, hermanita por poco y pienso que te perdemos —farfulla Leonado y Martin asiente.
—Estoy bien —digo luego de tomar un trago de agua.
Luego de eso terminamos de desayunar y por suerte las noticias pasaron a una mejor vida cuando Martin puso un canal de dibujos animados.
¡Jesús! ¡Casi muero! Y todo por tener pensamientos pecaminosos sin siquiera haber desayunado.
Antes de salir todos junto, tomo mi mochila con mis cosas y tomamos rumbo a la universidad. Lo primero que noto al salir es que la gente que pasa a nuestro lado se nos queda mirando, más bien a mí.
—Espero no arruinarles la popularidad —murmuro.
—¿Qué dices hermanita? Mas bien nos ayudas a ser más populares —dice Martin y se gana una paliza detrás de su nuca por parte de Shain— ¡Hay! ¡Idiota! —grita sobando su nuca maltrecha.
—No digas boludeces entonces —lo regaña el, y no entiendo que tiene de malo lo que dijo.
—¿Qué tiene de malo lo que dijo? —pregunto y el solo cubre mejor mi cara, bajando mi gorro.
—Nada, no quiero que te roben —dice como si eso fuera a pasar de verdad.
—Si claro, ja, ja —ironizo.
—No tienes idea, pero si cambiaras tu vestuario seguro serias la chica más perseguida de la institución —idealiza Leonardo.
—Eso no pasara —sentencia Shain.
Shain toma mi mano y apura el paso dejando a nuestros amigos detrás de nosotros que comienzan a reír por el accionar de él. Se burlan a gritos de este Dios griego que piensa que si me veo diferente alguien podría apartarme de él y yo me pregunto ¿Cómo podría llegar a ocurrir eso?
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 36 Episodes
Comments
Lourdes Mendez
muy buen capitulo felicidades
2024-08-20
2
Anonymous Carmen diaz
Lula eres inseguridad pero tu pelo rojo y demasiada blanca llamas mucho la atención y Shain te quiere solo para el
2024-05-28
2
Tibisay Castillo
Que cómico este capítulo
2024-05-12
2