biblioteca

Shain:

—Al final no me has dicho si quieres que hagas algo —digo cuando estamos caminando por el campus de la universidad.

—Me dirijo a la biblioteca, si bienes o no me da igual —dice, es como si sus palabras fueran una vil mentira.

—Mmm... —seguimos caminando, ahora dirigiéndonos hacia la biblioteca.

Se que le agrada mi compañía, de lo contrario no se mantendría tan cerca de mí.  a lo lejos veo que mis amigos me hacen un gesto acercándose a nosotros y trato de que me pierdan de vista, pero al parecer no lo logro.

—¡Shain! —gritan en coro Leo y Martin— ¿Dónde te habías metido? —pregunta Leonardo.

Sin esperar a que diga nada, mi Luz sigue su camino hacia la biblioteca. Miro su espalda mientras se aleja de mí. Su cabello sigue como lo deje, se ve mejor así. Creo que necesita un poco más de confianza de sí misma, está claro que no estaba muy cómoda mientras caminábamos hacia aquí revoloteando sus orbes verdes de un lado a otro tratando de encontrar alguien que la mire como si de un bicho raro se tratara.

—¿Qué quieren? —escupo con fastidio, ambos se miran entre ello y luego me miran a mí.

—¿Te arruinamos la cita? —pregunta Martin viendo por donde se fue Ludmila.

—Como sea, no tengo clases hasta mañana —digo tratando de desviar su atención de la chica—. ¿Harán algo esta noche?

—Si, vamos a jugar pley en casa —dice Leo—. ¿Te apuntas?

—Si —respondo y sigo mi camino—. A las ocho estaré allí —grito despidiéndome de ellos.

Ni que crea que esa chiquita se va a deshacer tan fácil de mí, no señor.

Por primera vez desde que estoy en la universidad traspaso las amplias puertas de la biblioteca y me asombro con lo que veo.

Uno al decir biblioteca piensa en libros por doquier, pero no solo hay de eso aquí, hay computadoras, mesas donde muchos estudiantes están trabajando en ellas. Camino unos pasos mirando a mi alrededor y puedo ver que hasta tiene una pequeña cafetería. Genial, hacia allí me dirijo.

—Hola —saludo al chico detrás de la barra y detrás de mí se escucha un chillido de silencio— Ups, lo siento —digo y vuelvo mi mirada al chico y bajando un poco el volumen de mi voz le pido un café expreso sin azúcar.

Espero unos minutos en el que el chico prepara mi cafecito y miro que más hay por aquí. Me distraigo con una ráfaga roja entre los estantes que contiene cientos de libros en la parte alta de la biblioteca, al parecer cuanta con un segundo piso.

El chico me da mi café y pago el pedido. Con el vaso desechable en mano busco el inicio de alguna escalera que me guie hasta donde se encuentra esa llama de Luz. Paseo de una punta a la otra y ni puta idea de donde hay una escalera, capas que me tenga que acercar a algún librero y decir “ábrete sésamo” para encontrar el camino hacia la planta de arriba.

—¿Qué buscas? —preguntan detrás de mí y por un momento casi derramo mi cafecito.

—¡Mierda! ¡Que susto! —expreso no muy silenciosamente ganándome el refunfuño de muchos a mi alrededor—. Lo siento, esta vez sí que fue sin querer —pido disculpas y miro a la chica que está parada en frente de mí.

Rubia, delgada y pechugona. Mmm... debería venir más seguido por aquí.

—¿Y bien? —pregunta ahora con algo de coquetería.

Floja, casi me sale de los labios. Mis amigos estarían encantados con esta imitación de barbi bibliotecaria.

—Si, lo siento —señalo la parte de arriba— ¿Cómo llego hasta allí? —pregunto y la chica lleva su mirada hacia donde indico.

—La escalera está detrás de ese librero —señala un enorme librero al final del pasillo.

—Gracias —digo y me dirijo hacia allí.

—¡Espera! —grita y ahora es ella la que recibe las quejas de los estudiantes— ¿Tienes novia?

—Si —digo y sigo mi camino.

¡Floja, floja! Grita mi mente mientras me dirijo por donde me indico hace un momento.

Es increíble lo bien escondida que esta la dichosa escalera, nadie se hubiera dado cuenta de que esta aquí, casi a plena vista, pero no.

Subo hacia la parte alta encontrándome con muchos más estantes de los que esperaba, repletos de diferentes volúmenes de libros. Busco a mi objetivo encontrándola enseguida arrastrando un carrito con muchos libros mientras los va acomodando en su lugar. Me dedico a observarla de lejos, no sé qué tiene, pero me atrae. Me gusta debo admitir. Es misteriosamente callada y sigilosa como un gatito y solo crea en mi más curiosidad.

Noto que mientras va dejando los libros murmura palabras que no alcanzo a escuchar y cuando me acerco un poco más a ella la escucho repetir una palabra lejos de mi vocabulario. ¿Sera que estudia algún idioma distinto?

Todo puede ser, yo ya tengo una especialidad dentro y otra por terminar. La sigo de cerca mientras sigue en su trabajo de acomodar los libros que contiene el carrito. Me acerco a su espalda y estoy por hacerme notar cuando, justo, en ese monto se agacha para dejar un libro en el estante que esta debajo de ella. La acción la llevo a que su trasero perdido en esos pantalones anchos se refriegue en mi paquete. ¡Dios! Por lo que puede sentir, estoy seguro de que es redondito y bien firme. Mi amigo empaquetado toma la indirecta como la invitación a levantarse de su letargo colocándome en una posición incómoda para que no se me note que el simple hecho de su roce, cambio automáticamente la química de mi cuerpo. Me encorvo para no parecer un pervertido, ella voltea lentamente como si nada, sacando uno de sus audífonos y al verme me sonríe.

—¿Qué haces aquí? —pregunta sacando su otro audífono.

—Nada —mi voz suena estrangulada por lo que tengo que carraspear—. Quería asustarte, pero me salió mal la broma —admito, salí perdiendo yo.

Ahora estoy con una erección tremenda que si llega a notarla pensara que soy un pervertido definitivamente.

—No me gusta que me asusten —dice ella volviendo su atención al carrito nuevamente y tomando uno de los libros que tiene allí mira el dorso y luego hacia arriba en los estantes.

Se estira tanto tratando de llegar al sitio donde debe colocar el libro que me da gracia. Como buen samaritano, tomo el libro de sus manos y muy fácilmente lo coloco en su lugar, no sin antes volver a rosar todo su cuerpo.

Tengo que tragar pensando en algo diferente para evitar que mi excitación llegue a niveles dolorosos. Escucho su murmullo de agradecimiento y se aleja con el carrito hacia otra fila de estantes con más libros.

Coloco mis manos en los bolsillos de mi pantalón y disimuladamente acomodo mi compañero para que no se note lo encantado que estaría de salir a saludar y la sigo por la fila de estantes.

—¿Haces esto todas las tardes? —pregunto para desviar mi mente hacia otro lugar.

—No, solo dos veces a la semana, me relaja —dice dejando otro libro en su lugar—, pero no me has dicho que haces aquí.

—Solo no quería dejar de verte, ya te dije me causas intriga.

—Dijiste que te parecía interesante.

—Y nuevamente te digo que es lo mismo —reniego.

Seguimos un rato más caminando por los pasillos mientras ella va dejando libros. El silencio no es molesto, cada tanto me dedica una mirada como si estuviera comprobando que todavía estoy detrás de ella y yo tengo que hacer un esfuerzo enorme para que no note como estoy tratando de descifrar si su trasero es tan redondo como me pareció.

—¿No te has aburrido aun? —pregunta de pronto, luego de dejar el último libro.

—La verdad... —tu trasero me tiene con un nuevo dilema, pero no creo que eso sea lo que quiera escuchar— es que no.

—Me gusta esta parte de la biblioteca —comenta señalando un sitio oscuro. Hacia allí nos dirigimos—. Los libros de esta zona son los más antiguos, algunos de ellos están en otro idioma.

Toma uno para mostrármelo, es increíblemente grande, sus tapas son gruesas y de un color que no llega al rojo ni al bordo. Obviamente que sus páginas están amarillentas y el dialecto no lo entiendo.

—Esta zona es ideal para... —digo con intención obvia, moviendo mis cejas de forma referente.

—Cochino, ¿Quién se atrevería a profanar esta área? —pregunta como si hacer cosas con tu chica, amiga o lo que sea, sea de otro mundo.

—Te falta experiencia, cariño —digo dejando el libro en su sitio, moviéndome con ella, acorralándola entre los estantes—. Apuesto a que los besos aquí deben ser mucho más candentes —miro sus labios mientras suelto las palabras.

—Seguro, si estas con la chica indicada —dice empujándome lejos de ella. Me rio y la sigo hacia la salida.

—¿Quién dice que no eres tú? —digo y tomo un mechón de su cabello para enredarlo en mi dedo.

—Ya deja de bromear —dice negando, sonrío mientras la sigo como cachorro que sigue a su dueño.

Salimos de la biblioteca y puedo sentir la mirada de esa chica que me coqueteo anteriormente. Apuesto a que hecha fuego al verme detrás de mi pelirroja. ¡Floja! Vuelve a gritar mi mente.

—Oye ¿Qué era lo que balbuceabas cuando llegue? —pregunto recordando que anteriormente la vi en ese plan.

—Estoy estudiando coreano con una aplicación, pero me es difícil —dice.

—¿coreano? —no puedo evitar rascar mi nuca, ¿Enserio coreano?

—Si, pero al igual que con otros idiomas creo que pasare de largo —dice mostrándome su celular—. Esta es la aplicación, podes aprender varios idiomas, pero soy un queso.

Quiero comer queso.

—¿Quieres que te enseñe árabe? —pregunto, es la lengua de mi padre y es la segunda mía.

—¿árabe? —pregunta sorprendida— ¿Y quién me enseñaría?

—Pues yo, obviamente —digo pegándome en el pecho como si fuera un gorila.

—Tu —señala y suelta una carcajada sorda.

—Eres una niña muy irrespetuosa —todo se lo digo en la lengua de mi padre dejándola con la palabra en la boca y con una mirada que no sé cómo descifrar.

¿Admiración? ¿Sorpresa? ¿gracia? Se está riendo la sin vergüenza.

—Tu voz suena gatuna en ese idioma —dice luego de reírse como nunca vi a nadie en mi vida reírse de mí.

—Qué bueno que te divierto —suspiro y miro que ya son las seis de la tarde— ¿Quieres que vayamos a tomar algo?

—Voy a mi departamento, hoy me toca preparar la cena —dice—, pero ve tú, no tienes que seguirme como cachorro.

—Pues me ofrezco a ser tu cachorro personal.

—No tienes pinta de tirarte al piso y deambular en cuatro patas —divaga con cierto aire divertido.

—¿Tu sí? —pregunto con doble sentido.

—Sinvergüenza —espeta sonrojándose, se ve adorable.

—Te acompaño, no vaya a ser que en el camino salga un alienígena y quiera secuestrarte —dramatizo.

—Que exagerado, ya te pareces a mi hermano —dice ella mientras tomamos camino hacia donde está su departamento.

Casualmente es la misma dirección donde se dio la fiesta la noche anterior. Pasamos por donde fue la fiesta viéndose todo limpio y ordenado, seguimos por la piscina y en el fondo casi cubierto con un matorral de plantas y arbusto se puede visualizar el departamento de dos plantas.

La noche anterior no pude distinguirlo ya que no tenía ninguna iluminación que advirtiera que estaba aquí mismo, pero ahora que el sol todavía está en el cielo se lo puede ver claramente.

—Bueno, pequeña damisela, mañana será otro día —digo ya que estamos parados en la puerta de su departamento.

—Si, gracias por la compañía —dice, me saluda con su mano y cuando abre la puerta se pierde en el interior del departamento.

Suspiro y retomo mi camino nuevamente a la universidad, pasare antes por la tienda de comestibles y veré que puedo llevar para esta noche cenar junto a mis amigos.

Sigo caminando con las manos en mis bolsillos y cuando llego a la vereda escucho unos pasos a mi espalda, unos pasos realmente apresurados. Volteo y veo a mi Luz, sin su gorro corriendo con la piel más pálida de lo habitual. Enseguida me acerco para tomar su cara espantada y ver que no haya pasado nada.

—¿Qué tienes? —pregunto.

—Es... Que... —jadea sin finalizar sus palabras.

—Respira —trato de calmarla—. Con calma dime que paso —miro hacia donde está su departamento y luego la vuelvo a mirar a ella.

—Mi hermano... tu hermana... ¡Dios! ¡Son unos pervertidos! —exclama y respiro tranquilo.

—¿Estaban follando? —no dudo en preguntar.

—Parecían animales, creo que no volveré a ese departamento en mi vida, o hasta mañana —dice pensativa.

—Ok, te vienes conmigo —digo sin tiempo a que piense demás.

 Tomo su mano y la guio fuera del terreno que comparte con su hermano. Antes de volver al complejo estudiantil, pasamos por una tienda y compramos diferentes comidas para compartir con mis amigos, ni crea que me perderé una partida de pley.

—¿Por qué tanta comida? —pregunta cuando ve todo lo que escogí para esta noche.

—Porque iremos a una partida de Pley, si quieres puedes intentar hacer algo —advierto.

—¿Con tus amigos? —pregunta pasando una de sus manos por su largo cabello. Asiento como respuesta.

Verla solo así me tiene algo hechizado.

—¿Quieres que te compre un gorro? —adivino su pensamiento justo en el momento en que su mirada se ilumina al escuchar mi sugerencia—. Pero yo elijo el modelo —sentencio.

Salimos de la tienda de comestibles para meternos en otra y comprar un nuevo gorro para mi chica luminosa.

Más populares

Comments

Zero

Zero

posdata no vivir con tu hermano /Smug/

2024-10-01

0

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

de que manera salio tan desvaloriza las sorpresas de la vida 😥 😥 😥 😥

2024-08-19

1

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Sharon te haz dado cuenta que la sigues no por lo que te pidió tu hermana sino que empiezas a sentir algo por Lula

2024-05-28

4

Total

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play