Llego casi corriendo al departamento que comparto con el cochino de mi hermano y antes de entrar doy una plegaria para no encontrarme con una escena como la de ayer por la tarde.
Tomo una bocanada de aire y contengo las respiración cuando abro la puerta y entro mirando todo a mi alrededor, esperando que todo se vea normal. Cosa que si lo es salvo por el hecho de que mi madre me está mirando desde la comodidad del sillón donde ayer por la tarde mi hermano y la hermana de Shain hacían sus cosas pervertidas.
—Tenías preocupado a tu hermano —dice mirando la hora en su reloj pulsera.
—Si, seguro —digo luego de finalmente ingresar y soltar el aire—. ¿En qué momento se preocupó? ¿Después o antes de comerle el coño a su novia justo donde estás sentada?
—¡¿Que?! ¡¡¿qué?! —grita mi madre saltando del sillón donde muy cómodamente estaba de piernas cruzadas.
—Lo que escuchaste —digo para no repetir—. Suerte que me he hecho un amigo de lo contrario habría quedado en la calle la noche anterior.
—¡Pero tu hermano dijo otra cosa! —exclama.
—Es un exagerado —digo pasando rumbo a mi habitación.
—¿Y esa ropa? —escucho que pregunta mientras me sigue a mi habitación en la planta superior del departamento.
—Me la presto mi amigo, prácticamente salí corriendo de aquí en cuanto vi lo que vi —digo sacudiendo ese recuerdo de mi mente.
Asco.
Asco.
—Mmm.. ¿Amigo? ¿Masculino? —pregunta con cierta duda en la voz— ¿será un novio, quizás?
—¿Qué? No —digo volteando para ver la esperanza en su rostro—. Ya deja de alucinar mama.
—Porque no, eres hermosa, además vienes con su ropa puesta —señala—. Eso en mis tiempos solo se debía a una sola cosa.
—¿Y se puede saber a qué? —dramatizo colocando mis manos en mis caderas.
—A que follaste como loca y no te quedo de otra que usar su ropa —para mi sorpresa lo sugiere con esperanza tanto en su vos como en su cara y en todo su cuerpo.
Me quedo boquiabierta mirándola. ¿Por quién me toma?
—Tan poco piensas de mí que pretendes que me acostaría con cualquiera a la primera —digo.
—Bueno hija, estas en la universidad, ese campo ya deberías tenerlo por demás de experimentado —dice como si fuera obvio—. ¿No puedes dejar que tu madre sueñe por un momento con que su hija este viviendo uno de esos romances locos como el que viví con tu padre?
—¡Hay mama no soy como tú! —le grito en la cara ya saliendo de mi estado.
—Lo sé, lo sé, cariño, pero... —suspiro ante sus palabras—. Como sea no te distraigo más, sé que tienes clases y se cómo te pones si no llegas a tiempo.
—En algo coincidimos —digo ya volviendo a lo que estaba, cambiarme de ropa.
—No te enojes —pide y volteo a mirarla, esa cara me da miedo.
—¿Qué?
—Puede que de la emoción por la noticia de que supuestamente estabas con un amigo, bueno yo...
—¡Al grano mama! —ya me mareo.
—Saque turno con la ginecóloga —dice y me quedo de piedra.
—¿Para qué?
—¿Como que para qué? Tonta, para que comiences con tus anticonceptivas, no querrás salir embarazada —finaliza y cuando estoy por quejarme sale de la habitación dejándome con la palabra en la boca— ¡A las cinco de la tarde es el turno!
Escucho que me grita mientras baja las escaleras. Suspiro y dejando ese detalle de lado comienzo a cambiarme para ir a clases de una vez por todas.
Lista ya con mi pantalón ancho de jean azul oscuro y una blusa a juego, coloco el gorro que me regalo Shain, los anteojos y salgo corriendo, literal, hacia la universidad.
Solo me queda quince minutos para llegar y organizarme. Por suerte el área está despejado. Abro mi casillero y busco lo que necesito para mi día, antes de cerrarlo me miro en el pequeño espejo que tengo dentro acomodando mi gorro con orejas de gato y sierro el casillero. Ante mi está él.
Mi corazón salta una octava y tengo que llevar una mano a mi boca para no dar un grito de aquellos que ensordezca a la multitud.
—Al fi llegas —me mira de arriba abajo— ¿Por qué demoraste tanto? —pregunta. Suspiro.
—Mi madre estaba en mi departamento —explico.
—Ah ¿Todo bien? —pregunta, asiento en respuesta.
—Mi hermano exagero un poco y ahora mi madre piensa que al fin estuve de... —no finalizo la palabra ya que me da vergüenza y me siento como mis mejillas arden.
—¿Parranda? —trata de finalizar mi frase.
—Mmm... algo así —murmuro, cuando en realidad quise decir de puta.
—Ok, tienes algo para esta tarde, los chicos quieres que le demos un tur por la biblioteca —dice sacándome de mi momento de timidez.
—¿Un tur? —pregunto.
—Si, al parecer, es un buen lugar para estudiar y tenemos que preparar tarea —explica y no sé porque suena sospechoso. Lo miro entre ojos.
—¿Seguro? —pregunto buscando la verdad en sus palabras.
—Si —afirma dándome una sonrisa de lo más encantadora, esa que me afloja toda—. Además, me quede con ganas de ver cuál de todos esos libros antiguos es el más antiguo.
—Mmm... ok —me parece sospechoso, pero como esos libros son mi fascinación, no pierdo nada en mostrarle—. Solo después del almuerzo, luego tengo cosas que hacer.
—¿Y en la noche? ¿Te unes a otra partida de pley? —pregunta ya mientras caminamos por el pasillo que me conduce a mi primera clase del día.
—Ok, pero solo con la condición de que cocines nuevamente —pido, deveras que cocina esquicito.
—Si, luz lo que pidas —responde con una enorme sonrisa en su bella cara—. Nos vemos a la hora del almuerzo, los chicos están ansiosos por conocer tu escondite.
—¡Shain! —me quejo golpeando su brazo—. Se supone que es mi lugar, eres un metiche.
—Si —dice sin más y nuevamente deja un beso en mi mejilla para luego voltear y salir caminando por donde vinimos.
Antes de entrar veo como otras chicas me quedaron viendo, como si de repente cobrase vida y apareciera.
—¿Eres nueva? —pregunta una chica rubia.
—No ¿Por? —pregunto.
—Es que nunca te había visto —dice ella pasando por mi lado, ingresa al aula y me quedo pensando que comparto esta clase con ella hace dos años.
Suspiro y niego a la vez, vasto hablar un segundo con el chico popular para que los demás me noten.
Para la hora del almuerzo siento que ha pasado como mil horas y no cuatro en realidad. Llego a la fila y enseguida soy secundada por un escuadrón de mastodontes.
—Hola hermanita —saludan a coro Leo y Martin.
—Hola chicos —saludo tomando una bandeja para elegir mi almuerzo habitual.
—Hola Luz —me susurra desde mi espalda Shain, logrando que mi piel se erice.
—Hola... —no sé cómo llamarlo más que por su nombre— Shain.
En mi bandeja coloco una manzana y tomo una botella de agua. Mis nuevos hermanos llenan su bandeja con comida, bebidas y postre. Todo un menú completo y cunado miran mi bandeja, me dedican una mirada desaprobatoria.
—Te vas a enfermas sí solo comes eso —señala Martin y Leonardo coloca un yogurt con cereales en mi bandeja.
—Debes alimentarte, hermanita —se justifica y no tengo corazón para rechazarlo, aunque luego no pueda comerlo.
—No la presionen —interrumpe Shain agarrando el yogurt para dejarlo en su lugar.
—No —freno su movimiento y tomo el yogurt para volver a colocarlo en mi bandeja—. Tratare de comerlo —digo sonriéndole.
—Ok, pero esta noche no te salvas de comer todo lo que meta en tu plato —señala mi nuevo amigo, moviendo uno de sus grandes dedos frente a mí.
Ver su dedo me lleva a ver mejor su mano y de ahí paso a imaginar como seria sentirlo recorrer mi piel. Inevitablemente siento que me sonrojo. Levanto la mirada para encontrarlo mirándome con una sonrisa que me indica que sabe muy bien lo que pasa por mi mente.
Me repongo de mi ensoñación y todos juntos nos dirigimos a la azotea donde por primera vez compartiré mi escondite con otra gente, además de Shain que él se coló por sí solo, mis nuevos hermanos.
—Este lugar sí que se ve bien —Dice Martín mientras nos acomodamos en el suelo donde habitualmente me siento para sentir el calor del sol— ¿Los días de lluvia dónde vas?
—Biblioteca —murmuro luego de tragar un trozo de manzana.
—Nunca fuimos a la biblioteca —murmura Leo sin dejar de masticar un trozo de piza.
—Deberíamos ir, esta bueno el lugar —propone Shain— Además tenemos esa tarea que realizar.
—¿Tarea? ¿Hay chicas lindas? —preguntan Leo y Martin a la vez.
—Si —responde Shain colocando su mirada en mí. Al parecer solo responde a una sola pregunta.
—¡Eh! —Leo me cubre con su gran cuerpo— ¡No mires así a nuestra hermanita pervertido! —escucho que dice y no puedo evitar reírme por su comentario.
—¿Qué tiene? Ella es linda, ¿Acaso no lo ven? —vuelve a marcar Shain.
—Justamente por eso la cuidamos de ti —esta vez el que me cubre es Martin.
—Mas vale que la cuiden bien, pero no de mi —dice él mientras sigue comiendo tranquilamente de su comida—. La puede descubrir algún loco y capas que nos la quiere robar.
—Si, claro —digo entre risas—. Llevo dos años acá y son los primeros en notarme, no creo que alguien más me llegue a notar.
—¡Mierda! —exclama Leo—. De ser así, deberemos de cuidarte hasta de todas las chicas, se pondrán celosas si te ven con nosotros.
—Sobre todo tu —le remarcan con un gesto a Shain. No por nada es muy popular entre las mujeres.
—¿Qué dicen? —se defiende— saben que con la última loca que estuve fue hace seis meses y desde entonces que estoy solo.
—Esa sí que era una loca de verdad —apunta Martin.
—Para ustedes todas somos locas —murmuro.
—No, cariño —dice Leo—. Mariza andaba con ínfulas de prometida.
—¿Qué? —pregunto mirando a todos para que se expliquen.
—Estaba obsesionada y les dijo a todos que estábamos comprometidos y que en breve nos casaríamos —explica Shain.
—¿Por qué no lo recuerdo? —pregunto en un murmullo.
—Porque los abogados de mis padres son muy buenos, aunque si fue un escándalo.
—Bueno en realidad no se mucho de nadie, siempre me mantengo al margen —digo pensativa.
—Pero ahora te sacamos de tu burbuja y serás nuestra pareja de juegos —señala Martin—. Esta noche se viene otra gran partida, pero tenemos que jugar por algo.
—Para mí que hace trampa —dice Shain—, es probable que este usando algún tipo de hechizo.
—Si seguro que soy la versión más joven de Mama Odie —digo con un suspiro.
—¿Mama qué? —preguntan los tres al mismo tiempo.
—¿No saben quién es Mama Odie? —pregunto incrédula, es un clásico de Disney.
—Es obvio que no —responde Martin.
Terminamos de comer y dejamos todo a un lado para recostarnos un momento y disfrutar del sol mientras les explico que es la famosa Mama Odie de la película “La princesa y el sapo”.
—Bueno ya sabemos por lo que jugamos, si gano yo el fin de semana tenemos una cita pendiente con clásicos de Disney —apunto entre risas porque la cara de todos es de terror.
—Si ganamos nosotros te vienes a una fiesta con nosotros y dejas tus libros de lado porque las fiestas son para divertirse no para leer —señala Shain.
—Cada quien se divierte como más le plazca —me defiendo.
—Hay hermanita tu punto de diversión es muy aburrido —remarca Leonardo y todos asienten a su favor.
No me queda otra que aceptar que en parte tienen razón.
—Ok, es un trato, pero que sepan que no me dejare vencer —digo decidida—. Tengo que ver como lloran con esos clásicos.
Como habíamos acordado, vamos hacia la biblioteca. Los chicos enseguida se quedan impresionado de la comodidad y todo lo que hay aquí. La verdad que es un sitio apto para estudiar que solo muy pocos aprovechan.
Luego de pedir un café, nos acomodamos en las mesas y cada quien se pone en sus cosas. Yo tengo mucho para escribir. Tener nuevos amigos me llena de ideas para la historia que estoy escribiendo.
Me pierdo entre líneas mientras mis dedos no dejan de teclear, estoy realmente inspirada y se lo debo a estos hermanitos nuevo que he encontrado en las últimas veinticuatro horas.
Si me detengo a pensar un momento es increíble lo cómoda que me siento con ellos. Si hubiera sabido que estar con el sexo opuesto sería más fácil que estar entre mujeres, no hubiera esperado tanto para tener amigos.
Levanto la mirada de la pantalla, me saco los lentes y me estiro. Realmente llevar la misma posición por mucho tiempo hace que me duela el cuerpo. Coloco nuevamente mis anteojos y miro a mis mastodontes que me están viendo muy atentamente.
—¿Tengo algo en la cara? —pregunto.
—No —dice Leo—, pero te ves realmente bonita sin tus lentes.
—Oh, gracias —murmuro, siento mis mejillas arder.
—¿Terminaste con tu tarea? —pregunta con cierta seriedad Shain.
—Si, ¿Por? —pregunto cerrando mi laptop.
—Me gastaría ver eso que habíamos acordado —dice llamando la atención de nuestros hermanos mastodontes.
—¿También podemos ver eso? —preguntan curiosos Leo y Martin.
—¡No! —gruñe Shain.
—Si —digo yo al mismo tiempo que el, ganándome su cara de desaprobación.
—Ok —responden ambos mirándose sin saber realmente que hacer.
—Juntemos y subamos que les muestro —farfullo omitiendo la mala cara de Shain.
Escucho como refunfuña algo a sus amigos, pero no entiendo que. No le hago caso y sigo guardando mis útiles.
Todos juntos subimos las escaleras a la planta alta de la biblioteca y mientras es voy contando todo lo que podemos encontrar en esta área, les señalo las ubicaciones. Shain se mantiene alejado de nosotros, siendo el último de la fila. Al llegar al área preferida por mi parte, nos detenemos un momento para darle una ojeada a los libros que en si llaman la atención de mis hermanos. Shain sigue con su cara de pocos amigos, pero cuando Leo y Martin se entretienen con unos libros el aprovecha para tomarme de un brazo y llevarme a un rincón.
—¿Qué pasa? —pregunto algo desorientada por su reacción.
—Nada —dice y me suelta dejándome apoyada contra uno de los libreros, sus manos se colocan a los lados de mi cabeza acorralándome.
—¿Quieres que te muestre ese libro que habías dicho? —pregunto tratando de saber qué es lo que lo tiene así.
—Las únicas páginas que deseo descubrir son las que escondes tu —susurra acercándose cada vez más a mí, haciendo que me quiera fundir con el librero sin poder buscar una escapatoria a su acercamiento—, pero de momento solo quiero besarte.
Me quedo inerte en mi lugar mientras su boca se hace con la mía. La sorpresa me lleva a no responder a su beso, pero cuando una de sus manos rosa mi cuello delicadamente, mi boca se abre por si sola para responder al beso.
No sé qué hacer, nunca antes había besado a alguien, pero no saber que hacer no quiere decir que mi cuerpo no lo sepa. Es como si mi boca tuviera memoria de alguna vida anterior porque mi lengua sale al encuentro de la suya. Su otra mano abandona el librero ajustándose en mi cintura, clavando sus dedos en mi piel. Ese movimiento hace que mis manos busquen su cabeza y mis dedos jalen sus cabellos, el jadeo que salen de nuestras gargantas es como una melodía que llena el espacio. Su cuerpo se pega más al mío y juro que siento algo duro que choca con mi vientre.
Al ser mucho más alto que yo, y al tenerme acorralada contra el librero hace que este de puntillas. Y si me muevo un poco, esa dureza que choca con mi vientre se roza con todo mi pecho haciendo que le gruña más y sus manos me estrujan más fuerte contra sí.
Siento que la falta el aire invade mi cuerpo, haciendo que tenga que separarme de él. A duras penas lo logro solo para ver su mirada encendida y apuesto que la mía luce igual a la de él.
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Updated 36 Episodes
Comments
Militza Kellys Perozo
Ay mamá parece que viene lo bueno 🤣🤣
2025-04-04
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Adry M Aguirre
Amore mío ❤️
2024-10-17
0
Zero
no mames güey se le fue la virginidad /Grievance/
2024-10-02
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