tarde

Salgo de mi departamento a las corridas. Hoy por primera vez en mi vida llego tarde a mis clases. Nunca en mi historia estudiantil me había ocurrido y siento tanta vergüenza como miedo. Miedo a la reacción de la gente cuando me vea entrar. No acostumbro a ser la última, por ello siempre me presento con anticipación y ver como otros llegan después de mí y no al revés.

Omito mi casillero y paso derecho a la clase que debería haber ingresado hace diez minutos, así de mal comenzó mi día.

Tomo una bocanada de aire y abro la puerta que como si todo estuviera planeado, el aula está en silencio y la puerta hace un chillido, dejándome en evidencia ante todos mis compañeros. Típica escena de película de terror.

—Lo siento —murmuro dando un paso hacia dentro de la clase.

—Tarde Diaz, raro en usted señorita —dice el profesor.

Me disculpo nuevamente y camino a paso apresurado a mi lugar habitual bajo la atenta mirada de todos mis compañeros. Al llegar a mi lugar suspiro y abro mi libro para seguir con la clase ya comenzada.

Maldito fuego interior que me tubo en vela gran parte de la noche. No podía tenerme quieta y tuve que darme un baño a medianoche ya que ese calor que sentía recorría mi piel de manera regular. Era como hormigas que iban y venían por mi torrente sanguíneo.

Al finalizar mi última clase, guardo todo con suma tranquilidad. Tomo mis útiles y salgo del salón para primero pasar por mi casillero y luego dirigirme al comedor diario. Como cada día de mi vida, camino sin ver que tengo adelante, mirando mis pies, es por ello que no me percato de una sutil compañía.

—Veo que hoy estás distraída —escucho esa voz detrás de mí, enseguida mi pulso se acelera.

—Hola —murmuro volteando para encontrármelo muy cerca de mí, con esa seriedad que augurio el deseo que siente.

—No te vi temprano —dice el tomando un cabello que se escapa de mi gorro.

—Me quede dormida —respondo en un murmullo leve.

—¿Vamos a comer juntos? —pregunta.

—Si, solo pasare por mi casillero a dejar mis cosas —digo y volteo para seguir mi camino haciendo a un lado el loco latido de mi corazón—. ¿Leo y Martin?

—Haciendo fila para pedir la comida —responde.

Llego a mi casillero y mientras guardo mis cosas el, espera paciente a que termine de dejar mis cosas. Veo que esta con su teléfono en manos y que no deja de teclear en él, me da una mirada concentrada y vuelve su atención al móvil.

—¿Todo bien? —pregunto cuando finalizo.

—Si, mi hermana me está escribiendo para pedirte que esta noche te quedes con nosotros —dice y me mira expectante a mi respuesta.

—¿Por? —pregunta tonta, lo se.

—¿Hace falta que te esplique? —responde en cambio.

—No —digo haciendo un movimiento de mi cabeza.

—¿Lista? —pregunta.

—Si, hoy tengo apetito —digo ya sintiéndome un poco más confiada de estar cerca suyo, mi corazón esta taquicárdico, pero puedo controlarlo.

Llegamos al comedor y los chicos ya tienen nuestras bandejas con comida en ella, la mía contiene mi almuerzo habitual con un pote de yogurt. Sonrío y agradezco el detalle a mis nuevos hermanos.

—No pasa nada hermanita, te queremos sana —dice Martin, le sonrío y tomo la bandeja para dirigirnos a la azotea.

Comemos todos junto hablando un poco de las clases, trabajos y pendientes con respecto a nuestros estudios. Luego de almorzar me invitan a dar un paseo por el gimnasio y la verdad es que ese es un lugar al que nuca fui y sé que hacer ejercicio nunca esta demás.

—Lo único, hermanita, que con esa ropa no podrás hacer mucho —dicen e inmediatamente me hecho un vistazo.

—Necesitas ropa de deporte —explica Shain.

—Mmm... ok deberé volver a mi departamento para cambiarme entonces.

Eso hacemos, junto con mis tres guardianes caminamos hasta mi departamento mientras Leonardo trata de hacerme reír con sus chistes malos.

—Escucha este, tiene que ver con mi clase de inglés —sigue intentando.

—¿A ver? —lo insto a que siga.

—Pamela and Pamela, are two Pamela —dice y me quedo mirándolo.

—No entiendo —digo solo para ver su cara de frustración, pero sé muy bien lo que quiso decir—. No le veo el chiste, además que yo no hago esas cosas.

Los tres comienzan a reír exageradamente por mi respuesta y yo no puedo evitar reír también. Llegamos a mi departamento y mientras subo a mi dormitorio a cambiarme, mis hermanos mastodontes me esperan en la planta baja.

Deportes, hace tanto que no hago nada parecido que apuesto que moriré en las próximas horas. Tengo que remover mi armario para encontrar algo acorde para usar y lo logro. Muy en el fondo tengo una calza negra que es la que utilizo cuando quiero pasar desapercibida en las fiestas que hace mi hermano.

La tomo y le hecho una mirada, espero que este limpia porque no recuerdo si la he lavado. Me muevo para sacar la ropa que tengo y ponerme la calza que para mí sorpresa luce limpia emanando el perfume que utilizo como enjuague, lo único desafortunado es que parece una segunda piel y enseguida siento como si estuviera desnuda. Mierda, así no salgo ni loca.

Miro a mi alrededor y tomo una remera manga corta color gris, no me gusta, pero es larga y cubre mi trasero. Me coloco unas zapatillas que suelo utilizar en casa y ya que no tengo mi gorro puesto, me hago dos trenzas y me coloco el gorro de orejitas que me regalo Shain.

Dejo de lado mis anteojos porque sé que me será difícil hacer ejercicio con ellos y antes de salir tomo una mochila con una muda de ropa para mí, supongo que luego del gimnasio iremos al departamento de los chicos, pues al parecer mi hermanito tiene planeada una noche salvaje.

Antes de abandonar mi habitación me coloco una chaqueta liviana solo por las dudas, no es que haga frio, pero tampoco hace calor.

—¡Al fin! —escucho que dice Leonardo desde la comodidad de mi sillón—. Pensábamos que teníamos que ir a rescatarte.

—Lo siento, tuve que remover mi armario para encontrar que ponerme —admito sintiendo como mis mejillas se colorean.

—Bien, vamos —dice Martin y junto con Leo son los primeros en salir.

Le sonrío a mi fuego interior, que me mira seriamente y juntos salimos de mi departamento.

—Me gustan tus trenzas —dice acercándose a mí.

—Creí que sería más cómodo así para hacer ejercicio —admito levantando una de ellas mientras le sonrío a su cara seria— ¿Todo bien? Estas muy serio.

—Si, todo bien —solo responde y me toma de la mano para juntos ir hasta el gimnasio.

Me toco a mi esperar a que mis amigos se cambiaran para poder hacer gimnasia y cuando ya estaban todos listos entramos al gimnasio todos juntos.

Pocos estudiantes había en las instalaciones, eso fue un alivio para mí. Al ser nueva no quiero pasar un papelón y que todos se burlen de mí.

—Bueno hermanita, deberías comenzar con la cinta para caminar para entrar en calor o la bicicleta —indica Leonardo mientras veo como ellos hacen sus estiramientos.

—Ok... —digo y veo la cinta de caminar.

Me dirijo a ella y la miro con un poco de recelo antes de subir a ella.

—No tengas miedo —escucho que dice a mi espalda Shain.

—La verdad es que no sé cómo utilizarla —digo con cierta vergüenza.

—Ok, solo tienes que subir y caminar —dice y señala —, con esos botones ajustas el nivel para que sea más rápido, pero comienza con tu paso normal si ves que va bien le aumentas el nivel.

—Mmm... ok —digo y tomo una bocanada de aire para subirme al aparato — ¿Cuánto tiempo?

—Diez minutos estará bien, luego vemos que puedes hacer —dice y se aleja junto a sus amigos.

Tomo valor y doy el primer paso, es rápido, pero no tanto. Al poco tiempo ya estoy cómoda en ella, pero no me atrevo a levantar la potencia y sigo caminando el tiempo que me marco Shain.

Bajo ya sintiendo un poco de calor por lo que me saco la chaqueta y busco a mis hermanos amigos que justamente se encuentran rodeados de mujeres. Suspiro y me acerco a ellos.

—¿Y cómo va hermanita? —dice Martin cuando llego junto a ellos.

—Bien —digo disimulando que me arde la piel al ver como esas chicas están intentando toquetear a mi fuego interior.

—Bueno puedes seguir aquí —me señala unas pesas y me enseña cómo utilizarlas.

Mientas hago el ejercicio que me hace sudar como puerco no puedo evitar mirar hacia donde está el. El muy descarado se ha quitado la remera que tiene para que el público femenino que lo idolatra cuente dedo a dedo cada cuadro de sus abdominales. Siento que en cualquier momento me prenderé fuego y saldré escupiendo lava volcánica.

Termino con la rutina y ahora es Leonardo el que me dice con qué continuar, llevándome hacia un banco para hacer abdominales.

En el hago algunas repeticiones y cada vez que levanto la cabeza lo veo, sigue con su juego de coqueteo. Su mirada me dice que disfruta mucho de las atenciones de esas babosas que corren detrás de él como si fuera un Dios y tengan que servirle eternamente.

Cada movimiento en el que lo miro, más aprieto mis dientes y tengo el leve presentimiento que alguno se romperá por como rechinan en mi cabeza.

Termino con mi rutina y creo que hasta acá llego. No doy más, parezco un saco de agua. Me dirijo hacia donde hay un dispensen y me sirvo agua. Bebo rápido y vuelvo a servirme otro vaso para repetir el mismo movimiento.

—Toma más despacio o te hará mal —escucho que dice alguien y cuando volteo me encuentro frente a un chico que no había visto antes — ¿Eres nueva?

—Si —digo perdida en su mirada ámbar.

—Ok... vi que estabas con Leo y Martin —señala y asiento.

—Son mis hermanos —digo y el me mira extrañado—. Bueno, son mis amigos, pero nos tratamos como si fuéramos hermanos —explico y ahora es él, el que asiente.

—Bien, debes anotarte en esta planilla —dice y me tiende una hoja—. Si quieres puedo prepararte una rutina diaria, pero eso tiene un costo.

—Ok, no tengo problema con ello —digo y le sonrío mientras tomo una lapicera para completar la planilla —. Tengo que admitir que es la primera vez que hago este tipo de cosas.

—Si, lo he notado —dice mientras toma la hoja completa con mis datos— Ludmila.

—Si... ¿y tu nombre es? —pregunto y no puedo creer que le esté coqueteando.

Siento una corriente en mi espalda, como si alguien me estuviera viendo. Volteo y me encuentro con don atención femenina que se acerca a mí con su club de fans.

—Sebastián —dice el chico y asiento mirándolo nuevamente.

—Bueno Sebastián, puedes explicarme más sobre todo esto, porque la verdad es que estoy algo perdida y mis hermanos no me han explicado mucho —digo.

—Si, ven te daré un recorrido mientras te explicó todo lo que puedes hacer y después armamos una rutina acorde para ti —dice justo cuando el Don Dios de toda la humanidad se acerca.

Paso de él junto al entrenador que comienza a explicarme todo lo que necesito saber. Miro sobre mi hombro como me mira enfadado y sonrío feliz de colocarlo así.

Un rato más tarde, luego de haber recorrido todo, ya mi nuevo entrenador tiene una leve idea de que prepararme para comenzar con mis rutinas. Por lo que acordamos hacerlas en el mismo horario que mis hermanos para no sentirme incomoda y tener una ayuda conocida a parte de la de él.

Le agradezco y me dirijo hacia los baños, debería haberme bañado apenas termine. Estoy toda pegajosa por el ejercicio dado. Mi padre estaría feliz de verme hacer algo que él nunca pudo lograr y creo que será lo primero que haga cuando salga de esa ducha.

Estoy distraída mientras camino que cuando llego a los baños no me doy cuenta de cierto personaje con ínfulas de Dios, me está esperando justo al lado de la puerta y me detiene antes de entrar.

—¿Qué haces? —pregunto mirando su agarre.

—Lo siento —dice y sé muy bien a que se refiere, pero deseo hacerme la loca.

—¿A qué te refieres? —murmuro y lo miro— ¿A cómo me déjate tirada para hacerle un espectáculo a tu club de fans? No te preocupes que ahora Sebastián se encargara de mi entrenamiento así no interrumpo tu hora de alabanza —para mi pena el solo me ve divertido.

—¿Celosa? —pregunta acercándose a mí, colocando una mano en la pared para tenerme atrapada entre esta y su pecho.

Huele a jabón y cítrico, su cabello está húmedo. Eso me indica que ya se bañó y ya acá oliendo a chiquero.

—Ya quisieras —digo—, pero con respecto al entrenamiento ahora tengo la atención que necesito del entrenador, no te preocupes —digo y paso por debajo de su brazo para meterme al baño.

Me meto a las duchas insultando al universo, si fuera diferente le hubiera planteado un montón de cosas, pero no, en cambio dejo las cosas pasar como si nada.

Soy una tonta, como puedo pensar que un par de besos aquí y allá signifiquen algo. Debo verlo más como algo pasajero, algo que me dará experiencia y me sacará de este letargo en el que me he sumergido con los años.

Con esa idea en mente salgo de la ducha, me cambio y guardo toda mi ropa sudada en una bolsa dentro de mi mochila para mañana lavarla.

Salgo decidida a ser la chica que no soy, pero cuando me encuentro con esa mirada llena de no sé qué me detengo de lleno.

—¿Me perdonas? —murmura dejándome descolocada y boquiabierta.

—¿Qué quieres que te perdone? —pregunto, después de todo que yo sepa no somos novios, solo amigos con un par de besos en el inventario.

—El haber tratado de darte celos —dice y si, más perdida me siento.

—¿Querías darme celos? —no puedo creerlo.

—Si, pero ver cómo le sonreías a ese —dice apretando los dientes—, hizo que se vuelva en mi contra.

—Yo no le sonreí a nadie —digo. Enseguida lo tengo sobre mí.

—Yo vi cómo le sonreías, no digas que no —dice colocando su mano en mi mejilla, fijando su mirada azul en la mía.

—En realidad sonreía por ti —admito descolocándolo a él.

—¿Qué? —suelta mi mejilla y se aleja solo un centímetro para verme mejor.

—Sabía que estabas ahí —admito y lo veo suspirar, cierra sus ojos y antes de volverlos a abrir ya tengo su lengua casi tocando mi garganta.

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Comments

Marlet Ramirez💕

Marlet Ramirez💕

Le salió el tiro por la culata a Shain./Grin/

2024-09-25

1

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

wow wow wow wow wow ahora di Shaid como te quefo la cara se te voltio

2024-08-19

1

Kyana Goyo

Kyana Goyo

Jajaja 😂

2024-06-23

2

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