Había llegado el medio día y con él, se empezaba el inicio de una larga jornada. Aunque quisiera seguir al lado de Atenea y sus hijos, en la seguridad de su mansión fortificada, debía salir y verificar que su plan había funcionado.
—Todos fuera—dijo al salir del baño.
Todos los sirvientes y asistentes médicos salieron tras dar una reverencia, mientras veía como su esposa estaba comiendo su almuerzo en la cama.
Atenea, al ver como su esposo caminaba con el torso desnudo hacia ella, se quedó pasmada. Si no fuera por la pequeña mesita en sus piernas, ya se había derramado toda la comida.
Aunque tenía ya puestas sus botas y sus pantalones, aun tenía parte de su torso desnudo y con algunas gotas de la ducha que se tomó.
Dante, quien se sentía ansioso, ya que no quería salir de la mansión, se sintió un poco tranquilo al ver como su segunda esposa estaba comiendo.
—¿Qué comes?—preguntó.
Tomó la mesa y la colocó a un lado, para sentarse detrás de Atenea con las piernas abiertas y volver a colocar la mesa.
—Estofado—dijo tímida.
Dante asintió y el mismo, estando detrás de ella, rodeó su cuerpo y con sus manos tomó la cuchara para empezar a alimentarla.
Completamente sonrojada, temblando a más no poder, Atenea no tuvo de otra más que abrir su boca y recibir la comida.
—Atenea puede sola—dijo quitándole la cuchara.
Dante dejó que le quitara la cuchara, no porque quisiera, sino porque deseaba hacer otra cosa. Dejando que Atenea comiera, rodeó su cintura con sus brazos y volvió a colocar su nariz en su cuello.
No solo frotaba su nariz y olía, sino que llegó a lamer un poco, luego morder y finalmente chupar. Dejándole otro chupón en su cuerpo.
Aquella sensación era tan extraña para Atenea, en especial por sentir la lengua del duque, que dejó caer la cuchara salpicando un poco con el estofado.
Era tan raro aquel toque, que sintió como su piel se erizaba y soltaba un gemido muy extraño. No era de dolor o de preocupación, era de un sentimiento más placentero. No sabía que era, pero quería estar así todo el día.
—Debo irme—dijo el duque mordiéndole una oreja—pero volveré en la noche. Hasta entonces cuídate y cuida de nuestros hijos, así como de la casa.
Una emoción extraña hizo que latiera el doble el corazón de Atenea, haciendo que se sonrojara. No solo el duque la estaba reconociendo como la madre de sus hijos, sino también como la señora de la casa.
—Duque—dijo en un susurro borracha por la sensación.
Algo así estaba pasando con Dante, quien tampoco sabía porque estaba haciendo eso con la que antes había sido su cuñada, pero su corazón era invadido por sentimientos que jamás había experimentado.
—Come bien—dijo recostándose con ella contra el espaldar de la cama—se buena y báñate como el médico lo indicó. ¿Lo harás?
Atenea, quien seguía sintiendo como Dante jugaba con su oreja usando su boca, asintió a punto de sufrir un ataque al corazón. Pero fue una extraña dureza en la parte baja del duque que la dejó sin palabras, no entendía que sucedía pero le gustaba.
—Atenea será buena—respondió.
Dante asintió y tomando un último suspiro del aroma de su segunda esposa, se levantó con cuidado para seguir arreglándose.
Una vez terminó su estofado, mientras los sirvientes y médicos ingresaban a atenderla, Atenea estaba observando bastante sonrojada como su esposo se colocaba una camisa con botones tan ajustada, que marcaba sus músculos.
Sentía un poco de pesar, quería ver aquel pecho cubierto de vellos y marcado con algunas cicatrices aunque su ropa lo hacía lucir fresco y elegante.
—¿Ocurre algo? ¿Tan mal me veo?—preguntó con una sonrisa burlona.
Hacía rato que había podido sentir la intensa mirada de Atenea mientras él se terminaba de arreglar frente al espejo, por lo que estaba comenzando a sentirse nervioso de que su imagen se viera rara.
—A Atenea le gusta como el duque se ve—respondió con los cachetes inflados y rojos.
De inmediato Dante pensó en el mayor de sus hijos, el cual hacía la misma cara cuando era captado en infraganti. Con un sonrisa de ternura, caminó hasta donde su segunda esposa, la cual había sido nuevamente canalizada y se sentó al frente suyo.
—Hoy estaré en la ciudad, ¿Te gustaría que te traiga algo?—preguntó acariciando su cabeza.
—No—respondió en un susurro, bastante apenada.
Bastante conmovido por la actitud de Atenea, agarró su mentón y le dio un gentil beso en la frente, dos besos dulces en sus ojos y sus mejillas, para luego terminar con un escueto, pero contundente beso en sus labios. Aquello dejó sorprendida hasta la propia ama de llaves, quien veía por primera vez una muestra de afecto hacia una mujer por parte del duque.
Dejando a una aun más sonrojada Atena, se fue con una cara divertida de la habitación rumbo a su caballo. Era la primera vez que salía de tan buen humor desde que había vuelto del futuro.
—Señora Eliana—llamó al ama de llaves—¿La señora Eliana vio lo que hizo el duque?
—Así es, mi señora—respondió con una sonrisa—el duque está empezando a apreciar a la señora Atenea.
—¿Apreciar?—preguntó mientras se señalaba—¿El duque mira a Atenea como mujer? ¡Pero si Atenea es fea! ¡No solo el cuerpo es horrendo, Atenea le falta muchos dientes!
—Se suponía que no había esperanzas de salvarla del cáncer y las hubo—dijo acariciando su cabeza—recuerde que también está empezando el tratamiento médico en la boca, hoy la magia y la ciencia han avanzado tanto que es cuestión de tiempo para que le puedan regresar su dientes. ¡Confíe en mi palabra! ¡Atenea será la mujer más hermosa de todo el ducado!
Los ojos de Atenea seguían grandes, manteniendo su evidente sonrojo, imaginando como sería ella si fuese una mujer tan bonita como Giselle o la esposa del comandante. Aquello le causaba ansiedad, aunque no creía que el duque pudiera verla con ojos de un hombre atraído hacia otra mujer, al menos quería ser una esposa que no avergonzara con su presencia al duque.
—Aparte, Atenea también tiene la marca del duque—dijo el ama de llaves señalando todo el cuello y pecho de Atenea—¡Ahora la segunda señora es propiedad del corazón del duque!
Aquellas palabras hicieron que Atenea explotara con tanta vergüenza que tuvo que cubrirse enseguida con su sabana para que el ama de llaves no viera su cara hecha un tomate.
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Updated 62 Episodes
Comments
La Comandante
pero ella no quedó ciega por salvar al bebe ?
2024-10-31
0
Lorena Larios
si así le gustas calva, desnutrida y chimuela quédate con ese hombre
2023-12-17
3
Evelyn Leal
Empiezo s creer es una prueba para el Duque, como la princesa y el sapo. en este caso el sapo es ella y el duque el orincipe que rompe un hechizo floreciendo una hermosa mujer que es posible sea la hijs de la luna Selene.
2023-12-12
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