“Mi niña, aguanta un poco más. La ayuda va en camino”
Fueron las palabras que escuchó antes de abrir los ojos, despertando así de su sueño. Su cuerpo estaba tan débil y pálido, que si le importara a alguien en realidad, al momento de entrar en su habitación, la hubieran dado por muerta.
—¿Ayuda?—preguntó mientras se levantaba de la cama—las personas enfermas no tenemos derecho a recibir ayuda. Solo somos una carga que debemos ser desechadas.
Queriendo negar las palabras que escuchó mientras dormía, con aquellas que su “padre” le decía siempre, no deseaba vivir más tiempo con una falsa ilusión.
Su cuerpo estaba esquelético, no tenía cabello ni en las cejas, pese a sus veinte años de edad parecía una niña de quince y a dura penas podía dar unos cuantos pasos sin que un mareo la atacara, amenazando con desmayarse.
—¿Que trajeron de comer el día de hoy?—preguntó por lo bajo en un susurro.
Con cuidado, sosteniéndose de la pared, logró salir de su habitación para llegar al área de los cerdos. Ya que desde que tenía uso de razón, esa había sido su habitación.
—Sobras de papa podrida, creo que tuvieron un banquete para ser tan generosos—dijo mientras se agachaba al lado de los cerdos.
Si tenía suerte, los encargados dejaban comida tres veces al día. Por lo que cada cena era importante ser rápido antes de que los cerdos terminaran con todo.
Una vez logró comer un poco, se acercó al depósito de agua y metió su cabeza en este. Por lo que mientras bebía, tomaba cada sorbo que pudiera mientras los cerdos terminaban de devorar todo a su paso.
—¡Qué asco!—dijo dando una orcajada.
No podía negar el hecho de que aquello era como comer basura literalmente. No obstante, para alguien que a duras penas siguió viva gracias al capricho del destino, esa basura se volvía en un manjar cuando su estómago ya no podía más.
Con cuidado caminó hasta la salida y viendo que nadie estaba cerca, caminó un poco más hasta un pequeño estanque que era donde se aseaba y donde cerca había un pequeño monte donde hacer sus necesidades.
—¡Listo!—dijo después de limpiarse un poco—si muero al menos la muerte no tendrá tanto asco de mi existencia.
Desde que hacía unos días había tenido un crisis al punto en que llegó a toser sangre, sentía que pronto moriría. Pero en vez de estar triste, estaba feliz, ¡Podría ir a un mejor lugar que ese infierno en vida que le tocó vivir!
No tenía nombre, no sabía de su madre, no conocía si tenía familia más allá del comandante. Aunque este tampoco se presentó formalmente, supo que en realidad era su “padre” por algunos comentarios indiscretos de los encargados de los cerdos.
¿Qué pecado había cometido para tener tal vida desde que nació? ¡Solo los dioses podían explicarle el corazón tan podrido de un padre al permitir tal cosa!
—En fin, dentro de unos días más moriré—se escabulló de regreso a su cuarto—¡Estoy feliz que dejaré de vivir!
Con una sonrisa que no parecía una sonrisa, se arrastró hasta el catre amarillo por el uso y volvió a acostarse. En medio de la oscuridad, saber que pronto todo acabaría la llenaba de gozo.
—Aunque sería lindo poder comer una comida buena antes de irme—dijo mientras derramaba algunas lágrimas—Me pregunto, ¿Qué se sentirá comer como las demás personas normales?
Mientras tanto, en el castillo del duque, Giselle, su esposa, estaba terminando de almorzar un filete con vino en el comedor principal.
—¿Mi esposo aun no se ha levantado?—preguntó al ama de llaves.
Desde hacia un tiempo para atrás había notado una ausencia significativa en Dante, así como un cansancio bastante evidente en el. Sabía que estaba ocultando algo y haría todo lo posible para descubrir que estaba pasando.
El ama de llaves, quien estaba aguantandose la ira para no regañarla por estar bebiendo alcohol en su embarazo, solo suspiró y se limitó a responder la inquietud de la señora.
—El duque salió desde temprano después de haber dormido casi todo el día y la noche de ayer—respondió la anciana—solo dijo que volvería en la tarde.
Dante en efecto había salido a primera hora de la mañana con el fin de encontrar alguna forma de tener a la hija menor del comandante en su casa, ya que de ella dependía no morir en el futuro.
Una vez llegó a una zona desolada en el bosque, ubicó un buzón escondido entre la maleza. Dicho sobre era utilizado por sus espias para enviarle toda la información posible.
Aquella estrategia la había utilizado en su vida anterior para organizar la revolución; sin embargo, siendo que su esposa se enteró de lo ocurrido, debía encontrar también la fuente por donde se filtraron sus planes.
No obstante, lo primero era rescatar a la chica de las manos del comandante y así obtener el poder de la diosa Eos.
Por eso, ese día, cuando lo vivió por primera vez, recordó una información que le había llegado respecto al comandante y que había ignorado por no serle de utilidad inmediata en ese momento.
—Te tengo—dijo con una sonrisa.
En efecto, el haber recordado aquella carta que recibió en su anterior vida le hizo sacar una sonrisa bien grande. Puesto que aquella información que había dejado de lado hace tiempo, le ayudaría a sacar a su cuñada de la mansión.
Ahora solo era cuestión de llegar de manera inmediata a la casa del comandante. Por lo que apenas guardó la carta, ensillo de nuevo su caballo rumbo a la mansión de su suegro.
—Solo espero poder llegar a tiempo—dijo en un susurro mientras apuraba a su caballo.
Según lo que había visto en el espejo de la diosa, si lo que vio con exactitud era cierto, el nivel de salud de su cuñada era crítico.
Sabiendo que ambos se necesitaban para poder vivir más tiempo, cada segundo era oro en su carrera contrarreloj.
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Comments
KAMELIA
Que porquería de personas tan miserables😠🤬
2024-06-05
0
Marlene Pratto
esta interesante, más adelante diré que me parece ,🌹🌹🌹🌹🌺🌺🌺🌺
2024-02-05
1
Lorena Larios
sigue interesante
2023-12-16
1