Mientras el duque estaba tomando un baño, así como los demás sirvientes estaban terminando de organizar su habitación, Atenea eran atendidas por los demás miembros del equipo médico y sus doncellas respectivas.
—¿Por qué huele el agua distinto hoy?—preguntó Atenea.
Desde que había comenzado el tratamiento para su piel, el doctor le había recetado bañarse con varias hierbas entre las que estaba la menta; sin embargo, el olor habitual había cambiado un poco.
—El médico en jefe nos permitió bañarla también con agua de rosas—dijo la señora Eliana—¡Hoy será la primera noche de la segunda señora con el duque! ¡Hay que prepararla muy bien!
Atenea no entendía muy bien las palabras del ama de llaves, por lo que terminó ladeando su cabeza en señal de incomprensión. Aquello provocó una leve sonrisa en todos los presentes, hasta en la anciana.
Si bien sabían que era imposible que el duque la forzara a consumar aquella noche su unión, tanto por su salud como por el hecho de que aun no habían tenido una ceremonia de bodas, todos estaban felices de que el duque distante y obsesivo con el trabajo empezara a volverse más humano gracias a la segunda señora.
—El duque solo quiere a Atenea porque lo ayuda a calmarse—dijo un poco triste—el duque no quiere a Atenea como mujer.
Aquello era una verdad muy cruel para ella, lo único que la hacía parecer mujer era su aguda voz; sin embargo, no tenía pechos tan grandes como los de la duquesa, tampoco una retaguardia prominente y ni decir que era calva, con todos sus huesos marcados a más no poder.
Atenea suspiró profundo mientras jugaba con el agua, ¡Sus manos estaban callosas y llenas de rasguños! ¡Sus uñas amarillas y su piel pálida como la nieve! ¡No tenía nada atractivo en realidad!
—Paso a paso, lento, pero seguro—le dijo el ama de llaves mientras ayudaba a lavar su cuero cabelludo—¡Usted es un milagro, señora! ¡No solo le salvó la vida al hijo menor del duque! ¡Pudo vencer contra reloj una enfermedad que hasta la magia le cuesta vencer!
Eliana no podía evitar sonreír, mientras atendía a la señora, imaginando como sería su dulce alma cuando su cuerpo estuviera sano. Según las palabras del médico en jefe, aunque las probabilidades fueran pequeñas, aun podía tener su primera menstruación. Por lo que si aquello ocurría, tanto su cuerpo como su alma se terminarían formando, ¡También tendría la posibilidad de quedar embarazada!
—¡Vamos a cambiarla! ¡El duque debe de estar esperándola!—ordenó una vez la sacaron para secarla.
Una vez el duque estuvo listo con su pijama, ordenó que le trajeran un té para los nervios. Desde que volvió al pasado había adquirido la manía de tener las piernas inquietas, con un fuerte dolor de cabeza y una sudoración en las manos excesivas. Tanta era la presión, que solo podía dormir un poco antes de que su subconsciente le pidiera que siguiera trabajando.
—¿Mi señor, se encuentra bien?—preguntó su mayordomo principal.
El sirviente quería ayudarlo a acostarse, pero el duque se negó. Si bien quería esperar a Atenea, se sentía tan mal que tuvo que irse primero a la cama.
—¿Duque?—preguntó Atenea.
Su segunda esposa pudo llegar puntual a la hora en que había dicho el duque; sin embargo, entró sola luego de que el ama de llaves la animara con una sonrisa antes de cerrar la puerta. Guiándose de la poca luz que había, tomó el apoyo que sostenía la bolsa con el fluido que ingresaba por una jeringa a su cuerpo y caminó hasta la cama.
—¡La casa del oso!—expresó apenas se sentó en el colchón.
La cama de su esposo era tan, pero tan, grande, que su cuerpo casi fue absorbido por el colchón tan grande y suave del duque. Atenea sabía muy bien el tamaño del cuerpo del duque, en comparación a su cuerpo, ella era un conejito, pero aun así era como caminar en una cama para un gigante.
—¿Atenea?—dijo el duque somnoliento.
El hombre al ver como su esposa intentaba acomodarse de manera tonta en la cama, la tomó con suavidad para abrazarla. Quedando él encima de ella, empezó a oler la fragancia particular que había sentido antes de despertarse.
—¿Usaste perfume?—dijo hundiendo aun más su nariz en el cuello de Atenea para oler mejor—¿Rosas?
—No, duque. Atenea la bañaron con agua de rosas—respondió con la respiración agitada.
Dante giró un poco su cabeza para extender su mano hacia donde estaba la de Atenea y luego entrelazar los dedos de ambos. Pudo observar con tristeza la intravenosa de su ahora segunda esposa, sintiéndose enojado aun más con el comandante y muy confundido de la razón del trato hacia esta, por más que fuera una hija ilegítima.
—Les diré que te bañen todos los días con el agua de rosas—dijo volviendo a hundir su nariz en el cuello de Atenea—de ahora en adelante, quiero que todas las noches que duermas conmigo pueda yo sentir este aroma en tu piel.
Aquella fragancia pudo olerla por parte de Giselle muchas veces, en ocasiones en perfumes, por eso sabía reconocerla cuando tenía una potencia tan alta; sin embargo, en aquella ocasión, en la piel de Atenea, aquella fragancia del agua de rosas se hacía más fuerte que el perfume de Giselle.
Hundiendo aun más su nariz en el cuello de su segunda esposa, sin dejar de acariciar su mano conectada a su intravenosa, se quedó por fin dormido extasiado por aquella sensación. Por fin podía dormir sin sentirse mal por el dolor de cabeza o los nervios.
Mientras que Dante se sumergía en el mundo de los sueños, a Atenea le costaba mantenerse despierta. Su pecho subía y bajaba con rapidez, ya que era extraño tener tanta cercanía con el duque. Pero de alguna forma, independiente a su nariz en su cuello o sus manos entrelazadas, se sentía bien ser cobijada por el cuerpo tan grande del duque.
—A Atenea le gusta esto—dijo en un susurro antes de quedarse dormida.
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Updated 62 Episodes
Comments
Lorena Larios
tu aprovecha Atenea
2023-12-17
2
Reyna Duran
si yo fuera ella también me gustaría estar en sus brazos
2023-10-09
15
Anonymous
jajaja y a quien no
2023-08-18
12