Primero, Alexander salió de la sala de oración. Afuera, Herman lo esperaba con una expresión de impaciencia, pero aún así no se atrevió a recriminar nada al Rey.
—Herman... Hay algo que quiero que hagas para mí —dijo Alexander con una voz que no admitía discusión.
—A sus órdenes, majestad —respondió Herman, con un gesto de respeto.
—Sabes cómo es el día de mi cumpleaños. Quiero hacer algo que realmente he deseado, y eso es salir al pueblo.
—¡Majestad, eso... eso requiere de un preparativo de seguridad!
—No, Herman. Lo que quiero es ir sin que nadie se entere.
—Majestad... Está bien, conozco bien el pueblo. Seré su guía.
—Claro, Herman, eso estaría bien.
Herman pidió a Alexander que lo esperara en su habitación mientras realizaba los preparativos necesarios para la salida. Más tarde, Herman buscó a Alexander y juntos salieron a escondidas del palacio real. Era la primera vez que Alexander ponía un pie en el pueblo que rodeaba el palacio.
Herman le entregó a Alexander una capa discreta para ocultar su vestimenta blanca y, sobre todo, para ocultar la máscara de plata que llevaba. Si lo veían, sería fácil reconocer al Rey.
Alexander caminaba junto a Herman por las bulliciosas calles del pueblo. Sus ojos se movían en todas direcciones, sorprendiéndose por cosas que para los demás eran comunes o insignificantes. Para alguien que había pasado su vida encerrado, viendo una monotonía de paisajes y rostros, todo lo que vio en las calles era sorprendente.
Inicialmente encantado con el sector comercial, Alexander avanzaba sin darse cuenta de lo lejos que estaban del palacio. A medida que se adentraban más, las risas y los colores vibrantes daban paso a un sombrío contraste.
Habían llegado a los llamados barrios bajos. La sonrisa oculta de Alexander se borró, y su expresión se endureció. Herman notó cómo, a través de la máscara, los ojos plateados de Alexander se volvían fríos en un instante. El ambiente que rodeaba al Rey también se volvió gélido.
Herman se mantuvo más alerta debido al peligroso lugar en el que se encontraban, pero Alexander no se detuvo y siguió avanzando por las calles.
Los barrios bajos revelaron la cruda realidad de la pobreza, con personas desfavorecidas mendigando y luchando por sobrevivir. La expresión de enojo se dibujó en el rostro de Alexander, especialmente cuando se encontraron con un lujoso templo rodeado de murallas custodiadas por caballeros templarios.
Observando desde la distancia, vio a sacerdotes salir en lujosos carruajes, sin dirigir una mirada compasiva a aquellos que clamaban por ayuda. La indignación creció en Alexander al ver la disparidad entre la opulencia del templo y la desesperación de las personas en las calles.
—[Ja! Entonces aquí está todo el dinero que entra al templo... El contraste entre este lugar y el barrio que está a unos metros es realmente... realmente repugnante] —murmuró Alexander, con una mezcla de desdén y furia.
En medio de la oscura atmósfera de los barrios bajos, Herman y Alexander sintieron la presencia de alguien siguiéndolos. De repente, un joven con el rostro enmascarado emergió de las sombras, blandiendo una espada y apuntándola al cuello de Alexander. La tensión en el aire se cortó como una daga.
El destello del acero activó los reflejos de Herman, quien se preparaba para actuar, pero la mano de Alexander se alzó en un gesto silencioso. Sus ojos, bajo la máscara plateada, clavaron una mirada firme en el agresor.
—¿Así que este es tu método para probar habilidades, joven Blanch? —dijo Alexander, anticipando la identidad del enmascarado. La sorpresa de Herman fue evidente, pero la reacción de Alexander fue tranquila y calculada, a pesar de la amenaza presente.
—Tengamos un verdadero combate, majestad. ¿O realmente teme perder? —retó Bastián, con un tono desafiante.
Alexander miró al joven Duque de forma amenazante y respondió con un tono hostil.
—Joven Blanch, he soportado sus groserías porque me parecía gracioso ese espíritu de competitividad que parecía tener, pero al parecer me equivoqué y simplemente es un idiota. ¿Realmente entiende lo que dice? Está amenazando al Rey. Aunque lo parezca, no soy alguien que tenga mucha paciencia.
Alexander tomó velozmente la mano con la que Bastián sostenía la espada y continuó.
—Esta mano que estoy sosteniendo es con la que manejas la espada. ¿Qué pasaría si rompo todos tus huesos? La joven promesa del Ducado Blanch se convertiría en un lisiado sin futuro.
Los ojos plateados a través de la máscara se veían tan fríos como las hojas de metal que formaban las espadas. El sonido de huesos tronando podía escucharse claramente. Si Alexander seguía aplicando presión, rompería la muñeca del joven Blanch.
—[Su mano es pequeña... aún así tiene fuerza. ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que sea tan fuerte? Su majestad, quiero saber más sobre usted] —pensó Bastián mientras soportaba el dolor.
A pesar del dolor, la curiosidad de Bastián no disminuyó, y no dijo nada más que soportar el dolor hasta que Alexander logró hacer que la espada cayera de sus manos. Solo entonces lo soltó.
Bastián, con su mano dolorida y un respeto recién forjado, estaba atónito por la fuerza y la frialdad que emanaban de Alexander. A pesar del dolor, una chispa de admiración brillaba en sus ojos mientras veía al Rey, quien ahora le había enseñado una lección de manera contundente.
—Su Majestad, lamento profundamente mi acción impulsiva. Fue una tontería. No medí mis actos —se disculpó Bastián, con sinceridad y asombro ante la potencia que había enfrentado.
La disculpa resonó en el aire, cargada de sinceridad. Sin embargo, en ese momento, todo lo que deseaba era aprender más, acercarse al Rey para equipararse en habilidades.
Alexander, con la máscara plateada reflejando la luz de manera ominosa, observó a Bastián con severidad después de liberar su mano de la presión. La advertencia que siguió resonó con firmeza en las callejuelas sombrías de los barrios bajos.
—Joven Blanch, escucha con atención. No toleraré actitudes impulsivas y peligrosas como la que acabas de demostrar. Amenazar al Rey es algo que no pasará desapercibido ni impune. Aprende esta lección ahora, o enfrentarás consecuencias mucho más graves en el futuro.
La mirada fría de Alexander dejó claro que no estaba dispuesto a pasar por alto la imprudencia de Bastián. Sin más palabras, dio media vuelta y comenzó a retirarse de la escena, dejando atrás al joven duque enmascarado, quien quedó sumido en una mezcla de dolor físico y reflexión sobre la advertencia del Rey.
Herman, que había permanecido en silencio durante la confrontación, siguió los pasos de Alexander mientras se alejaban de los barrios bajos. La tensión en el aire acompañaba sus pasos, marcando el final de la excursión nocturna y dejando a Bastián con una lección aprendida y una decisión crucial sobre su futuro comportamiento.
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Updated 66 Episodes
Comments
Diana A Zevallos Mejia
Muy buena la lección.
2024-11-23
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Quica Romero
¡Claro, cómo todo "niño" malcriado y mimado!.🤔🤨😒 Pero como tal, hay que darle su castigo.🤨 ¡Ésto fue una lección, no un castigo, y esté es para que se le quede bien grabado la lección y no le tengan que repetir la "lección" de nuevo.🙄🤨😒🧐🤔
2023-12-07
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Liseth Cordero
gracias autora
2023-12-06
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