Capitulo 12

Con un brutal empujón, las puertas de la oficina del rey se abrieron de par en par.

Herman, que caminaba detrás de Alexander, se mantuvo alerta como siempre, con la mano sobre la empuñadura de su espada, listo para usarla. Estuvo a punto de desenfundarla, pero la mano de Alexander se levantó frente a él, indicándole que se detuviera.

Aquel que había osado entrar de tal forma era el Papa, con una expresión de enojo evidente. Avanzó hacia Alexander con pasos decididos.

Alexander, sin embargo, lo observaba con calma. Era el primero en hablar:

—Qué agradable es su presencia, Santidad —dijo Alexander con serenidad—. Por favor, siéntase cómodo y tome asiento donde guste.

El rostro del Papa se distorsionó al escuchar esas palabras. Alexander hablaba como si fuera el dueño absoluto de aquel lugar, como si siempre hubiera sido así. Y, en realidad, lo era. Sin embargo, el Papa parecía no haberse dado cuenta de que la situación había cambiado. Hasta hacía solo un día, él había sido quien se sentaba en la silla principal de la oficina del rey, quien firmaba y sellaba los documentos que requerían la aprobación real, quien decidía quién entraba y quién no. Ahora, era otro quien ocupaba ese lugar.

—¡¿Qué significa esto, Majestad?! —exclamó el Papa con furia—. ¡Explíqueme cómo ha llegado el sello real a sus manos!

Alexander dejó la pluma que tenía en sus manos sobre la mesa y, con una expresión de desconcierto, inclinó ligeramente la cabeza mientras respondía:

—Perdón, Santidad, ¿no ha sido usted quien me lo envió como regalo de cumpleaños?

—¿Qué...? —El Papa quedó atónito, su rostro lleno de confusión mientras miles de preguntas revoloteaban en su mente. Intentando recomponerse, volvió a cuestionar a Alexander—. Majestad, ¿cómo es posible? ¡Yo no fui quien le dio el sello! Dígame, ¿quién se lo entregó? ¡Voy a castigar a esa persona inmediatamente!

Alexander lo interrumpió con un tono frío:

—¿Está diciendo, entonces, que el sello fue robado de su poder, Santidad?

El Papa, sorprendido por la acusación, no supo cómo responder de inmediato. Alexander continuó, ahora con un tono más severo:

—Santidad, lo que me está diciendo es muy grave. El sello real apareció de repente en mi sala de estar y, según usted, no fue enviado por sus manos. No he visto a nadie dejarlo, y mucho menos mis empleados o caballeros. ¿Está diciendo que el sello fue robado de su poder y entregado en mi palacio? ¿Se da cuenta de la gravedad de esta situación? ¿Qué hubiera pasado si el sello hubiera caído en otras manos? ¿Sabe el caos que podría haber desatado en la nobleza y la casa real? Y lo peor, usted sería el principal responsable.

El Papa, avergonzado y con la cabeza gacha, no pudo responder. Los roles habían cambiado en un abrir y cerrar de ojos, y ahora era Alexander quien lo cuestionaba.

—¿No puede responderme, Santidad? —prosiguió Alexander, aprovechando la situación—. Asumiré entonces que el sello fue robado de su poder.

La falta de seguridad en la custodia del sello real era, sin duda, un error imperdonable. Alexander dejó que el silencio reinara por un momento antes de continuar, esta vez con un tono más calmado y conciliador:

—Por la razón que sea que el sello haya llegado a mis manos, debe saber, Santidad, que no es posible devolverlo. Sin embargo, podemos ver el lado positivo de esto.

—¿Positivo? —preguntó el Papa, con desconcierto.

—Sí, Santidad. He notado que últimamente ha estado muy sobrecargado con sus deberes. Esto no solo lo ha agotado, sino que ha descuidado las responsabilidades que le competen a la Iglesia. Los fieles comienzan a preguntarse por qué ya no lo ven, por qué usted no está liderando como antes. Es momento de que retome su lugar y no permita que la fe en nuestro Dios decaiga. Yo, por mi parte, estoy listo para asumir con sabiduría las tareas que me corresponden. Así que le agradezco, Santidad, por haber hecho mi trabajo durante tanto tiempo.

Sin darle oportunidad al Papa de responder, Alexander se levantó, hizo una reverencia y se dirigió a la puerta.

El Papa se quedó inmóvil, impactado, mientras intentaba procesar lo que acababa de suceder. Cuando finalmente reaccionó, lanzó una silla al otro lado de la sala, maldiciendo:

—¡Maldición! Lo que dijo ese mocoso es verdad... Ya no puedo recuperar el sello... ¡Y este lugar ya no me pertenece! ¿Cómo pudo suceder esto? ¡Encontraré al responsable del robo y lo mataré!

Mientras tanto, Alexander avanzaba por los largos pasillos que conectaban los distintos espacios del palacio, camino a su habitación. Al desviarse hacia el jardín interno, vio las preciosas glicinas en plena floración. Recogió algunas flores en sus manos, mientras Herman, siempre a su lado, lo observaba en silencio.

De repente, Alexander comenzó a romper las flores, dejando caer los pétalos al suelo.

—Qué gracioso... —murmuró Alexander—. Algunas personas piensan que sentarse en un trono te hace rey. Dime, Herman, ¿qué opinas tú? Qué día tan horrible... Vámonos de aquí.

Mientras caminaban, Herman lo seguía en silencio, inquieto. Las palabras de su señor estaban cargadas de resentimiento, y Alexander había maldecido el propio día de su nacimiento. Esto perturbó profundamente a Herman, quien, observando la espalda del joven rey, pensó para sí:

—Me gustaría saber, al menos una vez, qué hay en sus pensamientos, Majestad... Para poder ayudarlo, para calmar lo que lo inquieta. Solo deseo verlo feliz.

Herman llevaba casi diez años siendo el escolta de Alexander, y desde que fue elegido como su caballero, su vida había cambiado para bien. Alexander era la persona más amable que había conocido, el único que reconoció su talento y lo valoró. Para Herman, no había nadie más importante que su señor.

Aunque conocía bien a Alexander, tras observar sus acciones durante todo el día, Herman llegó a una conclusión: su joven maestro estaba molesto.

Alexander finalmente llegó a su habitación, donde las doncellas lo esperaban para prepararlo para la fiesta de esa noche, en celebración de su decimotercer cumpleaños.

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Comments

Momoko_Kori

Momoko_Kori

jajajaja 🤣 la amo

2024-01-24

0

Momoko_Kori

Momoko_Kori

En tu cara viejo cucaracha

2024-01-24

0

Quica Romero

Quica Romero

Toda esta escena fue fondeada gracias a la cortesía de Miguel Gallardo.
🎤🎵🎶 Es difícil olvidar que ayer te tuve entre mis manos y ahora eres de Alejandro.Por eso ,¡Otro ocupa mi lugar!, él se lleva lo que améééé.🎶🎵😏😄😆😅😂

2023-06-28

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