Capitulo 15

Reiner miró de un lado a otro, alternando su mirada entre Alexander y el papa, tratando de entender cómo había acabado en esa situación. Finalmente, no pudo evitar preguntar:

—Santidad... Su Majestad... ¿por qué está junto a los participantes del torneo?

—Lo ha querido él mismo.

—¡Pero, Santidad, él está...!

—¿Él está?

—No... no es nada, Santidad. Disculpe.

El papa miró a Reiner con desdén. Reiner había estado a punto de decir que Alexander estaba herido, pero sabía que se suponía que no debía tener ese conocimiento.

Sin más que hacer, Reiner mantuvo su mirada fija en Alexander, nervioso por el combate que se aproximaba.

La presencia del rey entre los participantes del torneo causó un revuelo considerable. Sandor y Jameson se acercaron rápidamente.

—¡Vaya, vaya! No sabía que Su Majestad también participaría.—dijio el joven Jameson.

—Qué extraño... Su Majestad no mencionó nada de esto cuando nos vimos anteriormente.

—Ah... fue una decisión de último momento. Desde el trono, me pareció más interesante participar que solo observar. Después de todo, este torneo lleva mi nombre.— Respondió Alexander a su primo.

—¿Es así? Bueno, espero tener el honor de enfrentarme a Su Majestad. Le deseo suerte.

—Lo esperaré.

La respuesta de Alexander fue fría, y no correspondió los aparentes buenos deseos de su primo Sandor, lo que creó un ambiente tenso entre ambos.

Entre las muchas miradas que se posaban sobre Alexander, estaba la del joven duque Bastián Blanch, quien fingía desinterés y no se acercó a saludarlo. Alexander tampoco pareció notarlo, ya que solo tenía una cosa en mente en ese momento, y Bastián no era parte de ella.

Los combates comenzaron, y el público aplaudía y vitoreaba a los vencedores. Desde una esquina, Alexander observaba atentamente. En ese momento, era el turno de Bastián, quien venció con facilidad a su oponente. Alexander sonrió internamente al ver el potencial de Bastián, reconociendo su futuro valor.

Finalmente, llegó el turno del primer combate de Alexander. Cuando su nombre fue anunciado, hubo sorpresa y confusión entre el público, pero pronto comenzaron a aplaudir con entusiasmo ante el inesperado espectáculo de ver a su joven rey en la arena.

Antes de que Alexander entrara a la arena, Herman se le acercó.

—Majestad... confío plenamente en sus habilidades. Pero, por favor, tenga cuidado.

—Aprendí de ti, Herman. No tienes de qué preocuparte.

Con una voz segura y una postura confiada, Alexander ingresó a la arena. Su primer oponente era Brian De Barazi, el segundo hijo del conde Barazi del sur. Aquel joven, de cabello rojizo y ojos verdes, era mayor y físicamente más imponente que Alexander, lo que hizo que muchos en el público murmuraran entre ellos, esperando una derrota del rey.

Pero, tan pronto como comenzó, el combate terminó. Fue ridículamente fácil para Alexander, dejando a todos en shock. La ovación llegó tarde, mientras algunos comentarios malintencionados surgían entre la multitud:

—Seguro se dejó vencer.

—Es el rey, seguro que le ordenó que se rindiera.

Quienes no comprendían el manejo de la espada hacían esos comentarios, pero los que sabían reconocer una verdadera técnica se quedaron sin palabras ante la perfección de Alexander.

Alexander regresó tranquilo a esperar su siguiente combate, mientras veía cómo Sandor, Bastián y Jameson avanzaban en sus respectivas rondas.

Finalmente, quedaban los cuatro semifinalistas: Alexander, Sandor, Jameson y Bastián. El primer combate sería entre Jameson y Bastián, y del siguiente, entre Alexander y Sandor, saldría el otro finalista.

—Para el joven Blanch, esto es... sencillo.

Tal como había predicho, Bastián derrotó a Jameson con facilidad. Aunque hablaba mucho, Jameson no era rival para la habilidad con la espada de Bastián.

—Es una pena.

El combate más interesante del torneo estaba por comenzar: Alexander contra su primo, Sandor De Braganza. Ambos se colocaron frente a frente en la arena. Sandor saludó a su padre, el marqués de Braganza, quien lo observaba con orgullo. Alexander, alzando la vista, hizo contacto visual con el marqués, quien frunció el ceño de inmediato. Aunque el marqués no podía ver el rostro de Alexander, solo con sus ojos sabía que estaba riendo, lo cual lo irritó.

—Disfrutaré ver cómo mi querido hijo humilla a ese arrogante monstruo... Sí, lo hará...

Alexander apartó su mirada del marqués y la posó en Reiner, quien lo observaba con ansiedad. Sin embargo, Alexander continuó ignorándolo, centrándose en Sandor.

El combate comenzó. Sandor atacó con rapidez, pero Alexander esquivó con facilidad. Nuevamente, Sandor intentó otro ataque, con el mismo resultado. Después de varios intentos fallidos, Sandor, humillado, se detuvo. Miró a Alexander, tratando de formular una nueva estrategia, una que quebrara la serenidad del rey.

—¡Ja! Su Majestad... no es generoso. Está jugando conmigo. Bueno, un monstruo que mató a su madre, ¿cómo podría ser generoso?

—Tienes razón.

—¿Qué?

La reacción de Alexander descolocó a Sandor. No solo no había conseguido provocarlo, sino que el rey le daba la razón. Sandor estaba tan confundido que intentaba encontrar nuevas palabras para insultarlo, cuando Alexander lo interrumpió.

—Debo confesarte algo, joven marqués. Entré al torneo solo por este combate. No, no solo por este, también tenía la intención de enfrentarme a Jameson, pero alguien se me adelantó...

—¿De qué habla? De repente...

—Escucha atentamente, joven. Una porquería como tú ha logrado molestarme hoy. Te concedo eso. Ahora, te recomendaría que ataques con todo lo que tienes.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sandor al escuchar esas palabras. La mirada de Alexander, con sus ojos plateados, parecía despojada de todo rastro de empatía. Eran fríos como los vientos de invierno.

—¿Qué está pasando? ¿Por qué de repente mi mano tiembla? ¡No! ¡Debo atacarlo! ¡Debo vencerlo! ¡Puedo hacerlo! ¡Este monstruo debe ser humillado! ¡Mi padre confía en mí!

Armándose de valor, Sandor atacó con furia, pero su espada se detuvo de golpe, como si hubiera quedado atrapada en algo. Miró hacia abajo, y su rostro se llenó de terror al ver la mano de Alexander sujetando la hoja de su espada. La arena se sumió en un silencio sepulcral.

El filo de la espada estaba hundido en la palma de Alexander, y una gruesa gota de sangre comenzó a escurrirse por la hoja, hasta llegar a la mano de Sandor, quien, al sentir la tibieza de la sangre, entendió que era real: el rey había detenido su espada con la mano.

—¡¿Qué... qué hace?! ¡Suéltela!

Alexander no respondió. Sandor intentó liberar la espada, pero con cada tirón, la empuñadura de Alexander se aferraba más. La hoja se clavaba aún más en su carne, haciendo que la sangre corriera con más fuerza. Al ver esto, Sandor, ya temblando, sintió pánico.

Con un movimiento rápido, Alexander tiró de la espada, arrebatándosela a Sandor. El joven marqués, debilitado por el miedo, cayó de rodillas.

El sonido metálico de la espada chocando y rodando por el suelo resonó en toda la arena. La mano de Alexander continuaba sangrando abundantemente, manchando su vestimenta blanca y dejando un rastro de sangre a medida que se acercaba a su oponente.

Sandor, paralizado por el miedo, no pudo moverse. Alexander blandió su espada, acercándola a su cuello, pero se detuvo antes de asestar el golpe final. El miedo hizo que Sandor se orinara encima, completamente derrotado y humillado.

—¿Por qué lloras, joven marqués? En realidad, no me importa. Pero te diré algo: verte así no es suficiente. De ahora en adelante, cada vez que pueda, te haré terminar de esta manera, hasta que te arrastres pidiendo perdón. Y aun así, no me detendré.

—¡¿P-por qué hace esto?!

—Porque soy un monstruo, y no soy generoso. Tú mismo lo dijiste. Pero, sobre todo...

Alexander presionó su espada contra el cuello de Sandor, haciéndole un pequeño corte, y se inclinó hacia él, susurrándole al oído:

—Odio a los que me creen estúpido, y odio a los que me mienten. Tú has hecho ambas cosas. La próxima vez que pienses en ponerle un dedo encima al sucesor recuerda que la sangre que verás correr no será la mía, sino la tuya.

—¡Ma-majestad! ¡Yo...!

—¡Majestad! ¡Majestad!

—¿Eh? ¿Sí?

—Majestad... ya ha ganado el combate...

—Ah... ¿es así?

Alexander no se había dado cuenta de que el juez del combate lo había estado llamando repetidamente. Con un gesto lento, retiró su espada del cuello de Sandor y se volvió hacia el público, que seguía conmocionado por lo que acababan de presenciar. Con la espada aún en mano, saludó, mientras una mezcla de miedo y admiración se reflejaba en los rostros de los espectadores.

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Comments

Momoko_Kori

Momoko_Kori

jajaja y el quería humillarla jajaja

2024-01-24

0

Anonymus

Anonymus

La venganza y el deseo de acabar con tanta basura han hecho de Alendra una máquina peligrosa y poderosa

2023-07-10

0

Laura Aguado

Laura Aguado

WoW!!!!

2023-07-09

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