CAPITULO 8

CAMILLE

Lo dicho, el restaurante está a reventar y me he pasado de plato en plato ayudando en varias cosas a la vez. Toda la cocina es un caos y las órdenes no dejan de llegar, incluso se hacen pedidos desde la zona de el bar. Según supe hay un lobby mucho más discreto en donde suben ciertos clientes a tener celebraciones privadas o reuniones de trabajo.

-Camille los platos!- no imaginé que mi jefe Sarah tuviera tan baja tolerancia al estrés. No ha dejado de gritarme a pesar de que soy muy eficiente.

Corro en seguida a lavar lo que me pidió con sumo cuidado pues la loza es bastante fina, algo me dice que si llego a romper un solo plato de estos me quedaré trabajando gratis por todo un año.

Termino de lavar y secar pasando de inmediato a revolver una salsa napolitana para evitar que se queme.

- Qué? Pero que pasó? - escucho fuera de la cocina. Sarah está demasiado alterada- Cómo se supone que vamos a suplir ese espacio?

-No lo sé. La chica se desmayó de la nada. Se armó un gran alboroto, tuve que enviarla a casa de inmediato - está vez es la voz de un hombre la que interviene.

-Dame un segundo - las puertas de la cocina se abren y ella se acerca a mi con el ceño fruncido- Camille, tienes alguna experiencia en mesas?

- No, señora. Pero si me necesita puedo hacerlo- parece más aliviada por mi respuesta.

-Una de las chicas se enfermó, no se que pasaría pero es un espacio indispensable. La gente se molestará - se soba las cienes con notable frustración.

-Dime que debo hacer y cuenta conmigo - afirma con la cabeza y hace un gesto para que la siga de nuevo a la bodega.

- Que talla eres y que número de zapato?

- Soy 8 y calzo 35- me entrega un uniforme totalmente negro que consta de una camisa manga larga de botones y una falda corta bastante elegante, adicional a eso una moña de maya para que me recoja el cabello y unos zapatos a juego.

-Debes retocar tu maquillaje, haz sudado mucho- no lo discuto me la he pasado de un lado a otro.

Tomo las cosas y camino de nuevo al vestier está vez asegurándome de presionar el bendito botón para que la puerta se asegure.

Me visto rápidamente pues al parecer el trabajo se está acumulando y no puedo perder tiempo. Después de terminar me dirijo hacia el espejo corroborando lo bien que luzco. La ropa me queda ceñida al cuerpo, no parece un uniforme sino un traje de gala. Tomo el maquillaje de mi bolso y me arreglo lo mejor que puedo recogiendo mi cabello en el proceso. Estoy feliz con el resultado, camino a la salida y antes de que llegue a ella, mi jefa ya viene por mi.

- Camille, sal rápido, Owen te explicará a detalle lo que debes hacer y como funciona todo. Trata de estar muy atenta ya que la explicación será breve- me da un empujoncito en la espalda y salgo del lugar algo nerviosa.

Hay demasiada gente, se escuchan murmullos y algunas risas lejanas.

-Camille? - volteo en seguida.

- Ven- me lleva a un espacio pequeño dónde otros meseros entran y salen.

- Soy Owen. Ponme atención porque no explicaré dos veces. Lo más importante y primordial es que verifiques el número de la mesa. Hemos tenido malos entendidos por eso- me observa fijamente. Es uno chico joven no le pongo más de 22 años.

- Lo haré, no te preocupes.

Continúa su explicación detallada durante 15 minutos, gracias a los dioses lo he entendido todo y no me veo en la obligación de preguntar. Comienzo mi trabajo, haciendo caso omiso a ciertas miradas de superioridad.

El dinero te hace mejor persona? Es la pregunta que se me viene a la mente. Stiven y su familia lo tenían por montones, pero él era un demonio vestido en elegantes trajes de marca, creyendo tener el mundo en sus manos y todas las personas a sus pies.

-Lleva este pedido al lobby del bar, Camille- me dice Owen y me limito a asentir con la cabeza tomando la bandeja con fuerza pues viene con tres platos en ella.

Camino con sumo cuidado hasta las puertas de cristal haciéndole una seña al encargado para que me abra. Este lo hace de inmediato y entro al lugar esquivando a uno que otro cliente. Antes de que pueda subir las escaleras siento una mano tomar mi codo con fuerza. Sino llevara la bandeja bien agarrada seguramente hubiera terminado en el suelo.

-Ahora te rebajaste a ser una maldita mesera?- su voz, todo en él hace que el cuerpo comience a temblarme, es una reacción involuntaria.

-Stiven- murmuro cuando doy la vuelta para encararlo. Tiene el ceño fruncido y se nota que ha bebido más de la cuenta- Que haces aquí?

Hago todo lo posible porque el temblor de mi cuerpo no se refleje en mi voz.

-Es un bar muy bueno que suelo frecuentar- peina su cabello hacia atrás y endereza la espalda para verse más intimidante- Qué se supone que haces aquí?

Su mano continúa apretando mi codo con mucha fuerza que incluso comienza a ser doloroso.

-Estoy trabajando. No ves?- trato de soltarme pero es complicado porque tengo ambas manos en la bandeja.

-MALDITASEA! Quien te crees para hablarme así perra bocona?- toda la comida que traigo junto con la bandeja terminan esparcidas por es suelo cuando él la golpea con ira.

Brinco en el lugar dónde estoy a causa del estruendo, la gente parece demasiado ensimismada en la música pues ni siquiera lo notan.

- Tienes alguna idea de la vergüenza que me estás haciendo pasar, Camille?- sus fosas nasales se abren y se cierran cuando se acerca de manera intimidante- Cualquier persona de mi círculo social podría reconocer a mi esposa, siendo la maldita mesera de este sitio.

Su aliento alcoholizado inunda mis fosas nasales cuando acerca a su cara a la mía. Estoy a punto de bajar la mirada pero es entonces que recuerdo todas las mierdas que me hizo pasar por tantos años. Aprieto los puños con fuerza y afilo mi mirada.

- Yo ya no soy tu esposa, Stiven. Y si estoy trabajando, lo hago porque fuiste tan miserable de falsificar mi firma en un acuerdo prenupcial del que jamás hablamos- sus ojos se abren como platos al verme tan decidida- Pero no te preocupes, no necesito tu maldito dinero! Lo único que quiero es que tú, asqueroso abusador, des la vuelta y me dejes en paz!

Su mano se levanta para darme un bofetón pero un brazo masculino se lo impide. Observo con el corazón a mil a la persona que acaba de evitar que Stiven me golpee.

Es él, el león imponente y musculoso de la cafetería.

¿Qué está haciendo Dylan aquí?

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Comments

Jhohanna Perez

Jhohanna Perez

siiiiii

2024-10-08

2

Leydi Aguilera

Leydi Aguilera

Siiiii el león llego a socorrer a su leona aja que le de duro al abusador

2023-04-25

4

Wendy López

Wendy López

Y hombres como esos hay muchos, y no importa el estatus económico.

2023-04-25

1

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