CAPITULO 5

z6

**CAMILLE**

**MESES DESPUÉS.**

Este tiempo ha sido difícil. Tara me ha traído a terapia tres veces por semana desde que me separé de Stiven. Al principio, resistía la idea de sentarme en un círculo con extraños y hablar sobre mis sentimientos más profundos. Sin embargo, cada sesión se ha convertido en un pequeño refugio donde puedo explorar mis emociones. Tara siempre repite que hay muchas cosas que debo sanar antes de poder continuar con mi vida. No puedo negar que, con el tiempo, me he sentido mejor. Este grupo me ha ayudado a comprender el apego poco sano que sentía hacia mi exesposo y las razones detrás de todas las experiencias dolorosas que he vivido.

El terapeuta, un hombre mayor con una voz suave pero firme, dice que tengo una herida por abandono, además de un sinfín de traumas de la infancia causados por mi progenitora, una figura que siempre ha sido complicada en mi vida. A menudo me quedo pensando en cómo sus decisiones y actitudes afectaron mi sentido de valía.

—¿Cómo podemos reconocer a un manipulador? —pregunta el terapeuta, rompiendo el silencio que se ha apoderado de la sala. Solo se escuchan murmullos, como si cada uno de nosotros estuviera procesando la pregunta a su manera.

—Te obliga a actuar como desea —dice una mujer mayor, con una voz que refleja tanto dolor como fortaleza. En una de las sesiones, nos contó que estuvo casada por 30 años y que las palizas eran el pan de cada día, hasta que una vez estuvo a punto de morir. Su historia, aunque difícil de escuchar, nos conecta a todos en la sala de una manera íntima y dolorosa.

—Se victimiza —comenta esta vez un joven que se encuentra sentado en una esquina, su mirada perdida en el suelo. Ambos llegamos el mismo día a la terapia, solo que él venía con la piel marcada por arañazos en su cuello y brazos. Siempre había pensado que el maltrato era algo que solo afectaba a las mujeres, pero la realidad es que muchos hombres lo sufren, aunque les cueste más trabajo reconocerlo. Esa visión errónea ha sido parte de su lucha personal.

—Conoce tus debilidades y las usa a su favor —digo yo, con una voz fuerte, haciendo que todos me miren. El miedo a hablar en público es cosa del ayer; he comenzado a tomar mi lugar, a levantar la cabeza y a no dejar que me vean como una desvalida que necesita ser protegida.

—Muy bien, Camille, eso es exactamente —el terapeuta aclara su garganta antes de continuar, como si estuviera preparando a todos para una verdad fundamental—. Un manipulador se dará el tiempo suficiente para conocer a su víctima, identificará sus puntos débiles. Pueden ser traumas de la infancia, inseguridades o cualquier otra cosa que no dudará en usar para conseguir lo que quiere y ejercer control sobre ti.

**INICIO DEL FLASHBACK**

—¿Me veo bien? —pregunté con un atisbo de nerviosismo, esperando que le agradara mi vestido. El escote se extendía por toda la espalda y las piedras finas que lo cubrían le daban un hermoso brillo, como si estuviera diseñada para un evento especial. Me miré de nuevo en el espejo, deseando ver en su rostro la aprobación que anhelaba.

—Date la vuelta —ordenó, volteándome por el hombro. Su mirada era implacable—. Demasiado provocador. Ve y cámbiate.

—Me gusta, es lindo —susurré esta vez, mirando mi reflejo. A pesar de mis dudas, un destello de confianza surgió en mí. Sin embargo, él se acercó por detrás y puso sus manos en mis hombros, su toque era frío, pero su voz tenía un tono dulce y persuasivo.

—Nena, te vestiste para complacerme a mí, no es cierto? —besó mi hombro, su aliento cálido contrastando con la frialdad de sus palabras—. Ponte el otro vestido, que es más recatado. Ese me gusta mucho más y estaré feliz de que lo lleves puesto —me volteó para tenerme frente a él—. Quieres que tu esposo esté feliz, ¿no es así?

Afirmé con la cabeza, sintiendo cómo la presión en mi pecho aumentaba. Era un juego de control que no entendía del todo en ese momento. Fui al vestidor a cambiarme de ropa, sintiendo que mi autonomía se desvanecía. En ese momento, mi infierno apenas estaba comenzando, pero ignoré todas las señales y me entregué en las manos del demonio al que llamaba esposo.

**FIN DEL FLASHBACK**

—... los manipuladores no tienen escrúpulos, no sienten empatía, solo buscan complacer sus caprichos e intereses. Solo ven a los demás como un objeto que pueden usar a beneficio —continúa el terapeuta, su tono cargado de seriedad mientras observa cada rostro en la sala.

—Sabemos cómo reconocer a un manipulador, pero ahora lo ideal sería preguntar: ¿qué hacer para no caer en su juego? —esta vez, es Annie, una chica más joven, quien habla. Nunca nos ha dado a conocer su historia, pero imagino que debe ser muy difícil, pues siempre que hay terapia individual, ella sale llorando del consultorio sin consuelo. La veo y siento una profunda empatía hacia su dolor.

—Excelente pregunta —el terapeuta sonríe, como si valorara el interés de todos—. Luego de reconocer que estás cerca de una persona así o que te has convertido en su víctima, el siguiente paso es dejar de culparte. No sientas culpa por no poder complacer a esa persona o a cualquier otra. Establecer límites entre lo que deseas y lo que no deseas hacer es el ideal. No estás obligada a hacer algo que no deseas solo por temor a perder a alguien que supuestamente te ama.

Comienza a caminar a lo largo del salón, intercalando su mirada entre todos nosotros, como un maestro que observa a sus estudiantes.

—Conózcanse sin máscaras, mírense al espejo y reconozcan cuáles son sus falencias, los miedos más profundos. Identifiquen aquello que los hace vulnerables y trabajen en ello. Si se aceptan, tendrán la capacidad de aceptar a los otros; si se aman, podrán reconocer cuando les brindan un amor sano y ofrecer ese amor verdadero a los demás.

La terapia se extiende durante media hora más, y el tiempo vuela mientras absorbemos cada palabra. Al terminar, Tara me lleva en su auto, sonriendo de oreja a oreja, como si la felicidad pudiera curar todas nuestras heridas.

—¿Emocionada? —me observa durante unos segundos, y luego vuelve a fijar su vista en la carretera, como si su concentración fuera vital.

—Estoy nerviosa. Hace mucho que no tengo una entrevista de trabajo —confieso, mordiéndome el labio mientras mis ojos recorren el paisaje. La ansiedad se siente como una mariposa revoloteando en mi estómago.

El sol está en su punto más alto y todas las plantas han florecido. La primavera es la época del año que más disfruto. Me gusta cómo todo cobra vida, como si la naturaleza misma me estuviera animando a dar este nuevo paso.

—Luna logró convencer al dueño de darte una oportunidad. Es un restaurante excelente; sé que no terminaste tu carrera, pero al menos tienes una noción clara de las cosas —Tara sonríe con confianza, y a decir verdad, yo también estoy empezando a sentir esa chispa de entusiasmo.

—Daré lo mejor para...

Mi frase queda en el aire cuando Tara frena en seco para evitar chocar con un Aston Martin negro que se nos atraviesa de la nada. El sonido de los frenos chirriando me hace saltar.

—¡Jodeeeer! —murmura, apretando con fuerza el volante. Al verla descender del auto, mi corazón se dispara. Tara está furiosa, y estoy segura de que se formará una gran pelea si no bajo a persuadirla.

—Eso estuvo cerca —una voz varonil me saca de mis pensamientos y me obliga a mirar al dueño del coche.

El hombre baja de su auto y observa con cara de preocupación. Es alto, fornido, y lleva ropa deportiva tan ceñida al cuerpo que es difícil dejar algo a la imaginación, como si fuera una segunda piel. Tiene una barba que le da un toque de seriedad y madurez. Es bastante atractivo, sería una tonta si no me diera cuenta de ello.

—¡Estuviste a punto de matarnos, idiota! —el grito de Tara me hace brincar en el lugar donde estoy, y no puedo evitar sentir un poco de miedo por lo que ella podría hacer.

El hombre frente a mí se ve incómodo, su expresión cambia a una mezcla de preocupación y confusión.

—Perdona, ha sido un accidente. Perdí el control, tendré que mandar a revisar mi auto —su mirada se desplaza hasta donde estoy, dejándome de piedra—. ¿Estás bien?

Muevo la cabeza varias veces de manera afirmativa, incapaz de articular una palabra.

—¡Te estoy hablando! —Tara se pone en medio de ambos, haciendo que él retroceda un poco, rascándose la nuca con incomodidad. La tensión en el aire es palpable, y el silencio se siente pesado, como si todos esperáramos que algo más sucediera.

—Está bien, Tara —digo, tratando de calmarla, poniendo mi mano en su pecho—. Vamos a casa, estamos creando un caos aquí. No quiero que esto se convierta en una pelea.

Un suspiro se escucha de parte del hombre, y su expresión se suaviza ligeramente, como si apreciara que estoy intentando desescalar la situación.

—Déjenme invitarles un café para disculparme... —su sonrisa es tan dulce y agradable que incluso a Tara le sería imposible negarse. Hay algo en su mirada que me hace sentir una mezcla de curiosidad y cautela.

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Comments

Arminda Ovelar

Arminda Ovelar

será el nuevo amor de Camille???

2024-10-09

1

Irais Lopez Huerta

Irais Lopez Huerta

y ahora si atener camilitas ycamilitos

2024-01-06

3

lili de la cruz 🥰💞

lili de la cruz 🥰💞

ya salió el galán de camille

2023-08-07

1

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