CAPITULO 2

CAMILLE.

La noche llega más rápido de lo que imaginé. El día ha transcurrido entre los oficios de la casa y el meticuloso planchado de la ropa de Stiven. Las luces del atardecer se filtran a través de las cortinas, proyectando un tono dorado y cálido en la habitación. He pasado la tarde preparando la cena, asegurándome de que todo esté perfecto: la mesa está elegantemente dispuesta con velas blancas y platos de porcelana que apenas uso, la comida ha sido cuidadosamente preparada y adornada.

Mamá ha llamado un par de veces, pero no he querido contestar. Estoy segura de que va a reprocharme, como lo hace siempre. El teléfono sigue sonando, insistente, hasta que finalmente lo tomo, harta de su persistencia.

📱 Hasta que te dignaste a contestar.

- Hola, mamá.

📱 Piensas seguir peleando con tu esposo? Esta tarde llamé a su oficina y el pobre anda demasiado estresado porque dice que ni siquiera fuiste capaz de preparar un maldito desayuno decente.

- No es como tú piensas, mamá, es que...

📱 Te he dicho que deberías estar agradecida de que un hombre de su clase se fijó en alguien como tú y decidió permanecer a tu lado a pesar de que no pudiste darle hijos.

- Basta con eso, mamá. No quiero tocar ese tema otra vez.

📱 Te molesta que te diga la verdad porque sabes muy bien que tengo razón, Camille. Siempre he querido lo mejor para ti, y la familia Rizzo es una de las más influyentes y prestigiosas de este país. Stiven es un gran esposo. Deja de portarte como una desagradecida.

- ¿Solo a eso llamaste? ¿A reprocharme por cosas que ni siquiera sabes? Hazme un favor y no llames más.

📱 Camille, no te atrevas a dejarme con la palabra en la...

Cuelgo el teléfono, sintiéndome más miserable que antes. Tenía razón en pensar que contestar esa llamada no era una buena idea. Mi madre siempre ha sido esa voz que, en lugar de darme fortaleza para luchar por mis sueños, se ha encargado de pisotearme, haciéndome tambalear, creyendo que jamás podría lograr nada en mi vida.

La puerta se abre al fin y me seco las lágrimas rápidamente. Stiven entra a casa con un semblante sombrío, su chaqueta de traje colgando de un brazo. La luz de la lámpara de la entrada ilumina su figura, y puedo ver el cansancio y la frustración en sus ojos.

- Hola...- saludo, mi voz temblando, pero él me ignora, tirando su maletín sobre el sofá con un golpe seco. Se quita la corbata con un movimiento brusco y deja caer la chaqueta en el respaldo del sofá.

- ¿Vas a comer?

- No tengo hambre - responde secamente, y comienza a subir las escaleras con pasos pesados. Lo sigo de cerca, mi corazón acelerado, intentando descifrar su comportamiento. Cada peldaño que subo resuena en la casa vacía.

- ¿Piensas volverte mi sombra, Camille? - arquea una ceja, mirándome con enojo. Su voz es fría, cortante.

- ¿Hice algo mal?- apenas consigo articular la pregunta, mi voz es un susurro tembloroso.

- Todo... - tira su teléfono sobre la mesa al entra a la habitacion desabrochando la camisa y el pantalón con gestos de irritación. La ropa cae al suelo con un ruido sordo mientras él se dirige al baño, dejando la puerta abierta detrás de él.

Me siento patética. Pongo una piyama de seda en mi cuerpo, el tejido resbalando suavemente sobre mi piel. Me siento sobre la cama, el peso de la angustia haciendo que mi espalda se curve involuntariamente. Su celular ha quedado sobre la mesa de noche, y la tentación es demasiado fuerte para rechazarla. La curiosidad y el miedo se entrelazan en mi mente mientras lo observo.

Tomo el aparato en mis manos, pero está bloqueado, haciéndome sentir inútil. Mi corazón se acelera mientras intento descifrar el patrón del bloqueo. Cuando el sonido del agua en la ducha cesa, el tiempo parece detenerse. Mi mano tiembla mientras dejo el celular sobre la mesa, temiendo el próximo momento.

Stiven aparece en el umbral del baño, envuelto en una toalla, su cuerpo empapado. Sus ojos buscan el mío con una intensidad que me hace sentir pequeña.

- ¿Qué haces? - su pregunta me sorprende y me hace soltar el celular. Él lo toma con un gesto de disgusto, su mirada cargada de furia.

- ¿Qué hacías con mi teléfono?

- Nada... yo... solo- mi voz se ahoga en el miedo, incapaz de articular una excusa coherente.

- ¿Estás espiándome? Solo eso faltaba, Camille, que aparte de inútil, te comportes como una perra celosa- su furia es palpable, sus ojos brillan con una ira que nunca antes había visto.

- No... es que...- apenas puedo sostener su mirada, sintiendo el temblor de mi cuerpo. - ¿Hay alguien más, Stiven?- Mi pregunta lo hace rodar los ojos exasperado. - Tu comportamiento es cada vez peor y ya ni siquiera me tocas. ¿Qué puedo pensar de todo esto?

- ¿Ese es todo el problema? ¿Necesitas mi polla entre tus piernas para mantener esa puta boca cerrada y comportarte como debe hacerlo una esposa obediente?- mi corazón late con fuerza mientras veo cómo se quita la toalla y se acerca a mí con una determinación aterradora. Mi cuerpo tiembla de miedo y desesperación.

Me empuja con brusquedad hasta la cama, su peso presionando sobre mí. Toma mi quijada con su mano, obligándome a mirarlo, mientras con la otra me baja la ropa interior de manera violenta. Su toque es cruel, desprovisto de cualquier ternura.

- No, por favor... Stiven...- mi voz se ahoga bajo el peso de su mano, y cuando siento su miembro en mi entrada, comienzo a retorcerme, tratando de liberarme, pero su cuerpo es demasiado pesado, inmovilizándome.

Se adentra en mí, y un grito ahogado emerge de mi garganta, sofocado por su mano. Su rostro es una máscara de ira y desprecio. Sus movimientos son brutales y, en lugar de experimentar placer, solo siento dolor. Su calor se derrama dentro de mí, y es solo entonces cuando retira su mano de mi boca. Mis sollozos son profundos y las lágrimas fluyen incontrolablemente.

- ¿Listo? ¿Eso era lo que esperabas?- se levanta de la cama, su mirada fija en mí, como si examinara un objeto defectuoso. - ¿Sabes por qué no te toco? Eres una maldita perra frígida e insípida. No me inspiras ni un mal pensamiento. Lo único que despiertas en mí es asco.

Vuelve al baño, y el sonido del agua corriendo es lo único que se escucha. Me siento destrozada, el temblor recorre todo mi cuerpo mientras trato de acomodarme la ropa interior. Me siento rota de todas las maneras posibles. En este momento, lo único que deseo es correr. Bajo las escaleras con cuidado, cada peldaño cruje bajo mis pasos. Estoy segura de que si acelero el paso, terminaré cayendo.

- Dios...- es lo único que consigo articular entre sollozos, mi voz quebrada por el dolor.

¿Existe realmente ese ser poderoso? Siempre creí que él me había enviado al mundo para sufrir. Mi niñez no fue la ideal; nunca tuve un padre, me abandonó cuando tenía cinco años. Mamá trabajaba constantemente y tenía que quedarme sola. Muchas personas me maltrataron durante ese tiempo de infancia, al fin y al cabo, no había nadie que me defendiera. Estudié porque era algo que se me daba muy bien, y cuando Stiven apareció en mi vida, estaba empezando mi carrera de gastronomía y alta cocina. Mamá prácticamente me vendió a él como un objeto. "Siempre debes ser una niña obediente y hacer feliz a tu madre", al menos eso era lo que siempre me repetía para que yo la complaciera en todo sin chistar. Vivir esto me hace una niña buena? Soportar esto es suficiente para que mamá no deje de amarme?

- ¡Camille! - su grito llega a mis oídos y mi primer instinto es esconderme en la cocina. La desesperación me empuja a buscar refugio en la oscuridad de ese rincón.

- ¡Camille!

¿Este es realmente el esposo "perfecto" que todo el mundo cree que tengo? Cada palabra y cada acto parecen confirmar lo contrario. La duda y el dolor me ahogan, y la imagen de mi vida ideal se desmorona a mi alrededor.

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Comments

Eleonor Baker

Eleonor Baker

Todavía estás ahí? Uh no reina ya me hubiera ido bye y a lo mejor el es el estéril

2025-01-19

0

audelina barra guzman

audelina barra guzman

está niña está siendo Violada ultrajada y dañadola sicológicamente tanto por el desgraciado como por la madre si es que se le puede llamar Madre .

2024-10-27

1

Arminda Ovelar

Arminda Ovelar

con una madre así para que uno quiere enemigos..santo cristo cuanto dolor

2024-10-09

1

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