15. El cazador que acecha a su presa (3)

Elena, quien estaba en el consultorio de Alfonso desde temprano, sintió que era extraño que él todavía no haya llegado. Tampoco llamó para avisar de su tardanza, así que sintió que algo más había ocurrido. Para que alguien tan responsable y puntual como Alfonso falte al trabajo sin dar explicaciones, debió haber sido algo fuera de lo normal. Tal vez chocó su auto o peor.

Pasó todo un día en el que nadie sabía sobre Alfonso, incluso el director del hospital estaba tan preocupado que llamó a la policía y a otros hospitales cercanos para preguntar si es que habían recibido a algún paciente con sus características físicas, pero nadie daba razón de él. Ya eran las tres de la tarde y Elena decidió volver temprano a su casa hoy, pues no tenía sentido quedarse más tiempo si su jefe no aparecía en el consultorio.

Al regresar a su casa, volvió a tratar de contactarse con Alfonso, pero seguía sin contestar. En ese momento, un pensamiento pasó por la mente de Elena, ella recordó las veces que Alfonso le contó sobre un auto que lo perseguía. Al principio pensó que Alfonso había estado exagerando o malinterpretando los hechos, pero cuando lo empezó a ver muy nervioso y distraído en el consultorio, creyó en sus palabras.

Ahora Elena temía que ese auto tenga algo que ver con su desaparición. Intentó pedir ayuda a la policía, pero debían esperar a que transcurrieran veinticuatro horas después de su desaparición para recién hacer algo. Entonces, lo único que pudo hacer Elena fue calmarse y esperar. Tal vez, estaba preocupándose por nada y, en realidad, Alfonso no estaba en serio peligro.

Ya estaba atardeciendo y los trabajadores de Moda Roble estaban listos para regresar a sus casas. Vanessa era uno de esos empleados que terminaba su turno a las seis de la tarde. Ella estaba saliendo como de costumbre hacia el paradero para ir directamente hacia su casa. En ese momento, sintió que alguien la estaba persiguiendo y cuando volteó se encontró con una mujer mayor que se estaba acercando.

_ Vanessa, ¿cómo estás? _ Dijo aquella mujer.

_ Hola, Karen. _ Saludó alegre Vanessa a su mejor amiga de toda la vida.

Karen y Vanessa conversaron un poco sobre varios temas de sus vidas cotidianas hasta que Karen soltó un tema.

_ Quería compartir contigo una buena noticia. _ Dijo Karen muy emocionada.

_ Ya suéltalo, no soporto la intriga. _ Dijo Vanessa entre risas.

_ Verás, hace unos días gané varios bonos y unos boletos dorados para un nuevo casino que se ha inaugurado y…

_ Karen, ¿cómo puedes volver a ofrecerme algo así? Habíamos acordado que nunca más volveríamos a hablar sobre juegos y casinos. _ Interrumpió Vanessa un poco decepcionada.

_ Lo sé, amiga, pero te necesito. Esos boletos dorados solo funcionan si llevas contigo a un acompañante de tu misma edad. Es una promoción de tiempo limitado y lo único que necesito es que me acompañes y hagas algunas apuestas para hacer válido el boleto. De esa manera, en realidad no estarías apostando tu dinero, solo el mío.

Vanessa no estaba muy convencida del todo y, aunque sonaba tentador poder jugar sin el temor de perder su propio dinero, sabía que, de todas formas, estaría rompiendo la promesa que hizo a sus hijos.

_ Tengo una idea. Como eres como mi propia hermana, te daré la mitad de todo lo que yo gane, ¿qué dices? _ Insistió Karen. _ Vamos, ¿no dijiste que ahora que tu hija ya no trabajaba en la casa de tus jefes millonarios tendrían menos dinero que antes?

Vanessa era consciente de eso, pero no es como si en su casa faltara la comida y otras cosas, pues ahora estaban mejor que hace meses atrás. Sin embargo, Vanessa llevaba varios meses sin poder jugar y ya empezaba a sentirse ansiosa. Esos boletos dorados eran muy tentadores para sus ojos.

En casa de Elena, ella y Gabriel estaban esperando a su madre, pues ya era de noche y no contestaba las llamadas.

_ ¿Dónde estás mamá? _ Preguntó Elena hacia el aire con mucha preocupación.

En ese momento de angustia, la puerta del departamento empezó a abrirse. Era Vanessa entrando con unas bolsas en su mano. Eran compras del supermercado que dentro tenían chocolates, galletas y algunas golosinas.

Elena y Gabriel la recibieron un poco enojados por su tardanza. Vanessa los entendió y sabía que era su culpa por no haber cargado bien la batería de su celular para poder llamarlos. Luego del fugaz enojo, Gabriel preguntó por las bolsas con dulces, a lo que Vanessa respondió muy triste.

_ Es para compensar la culpa que siento. _ Dijo Vanessa,

Ella explicó que tuvo un momento de tentación y que acompañó a su mejor amiga Karen a un casino, pero antes de poder jugar se arrepintió y se marchó. Su amiga Karen se enojó mucho con ella y ambas discutieron, ahora Vanessa no quería volver a ver a Karen por al menos un buen tiempo, pues estaba muy decepcionada de ella.

Gabriel y Elena se sintieron muy conmovidos por la valentía de su madre y además estaban felices de que su “amiga” Karen ya no volvería a molestarla. Esa noche, la familia Campos tuvo una feliz cena de hamburguesas acompañada de una película de terror.

A la hora de dormir, Elena no pudo evitar pensar en el doctor Alfonso, pues todavía no le contestaba las llamadas. Al menos esperaba contactarlo al día siguiente, y así fue, pero no de la forma que esperaba. Alfonso llamó a Elena por la mañana.

_ Ya no será necesario que sigas viniendo al hospital, pues siento que tu desempeño no ha sido como yo esperaba. _ Dijo Alfonso sin dudar.

_ No puedes estar hablando en serio… _ Dijo Elena.

_ Por favor, no quiero que me hagas perder el tiempo escuchándote rogar. _ Interrumpió Alfonso a Elena. _ Tengo que irme de viaje en este momento, así que no intentes contactarme. Casi lo olvido, tampoco te daré una carta de recomendación y el director del hospital tampoco te la dará, pues ya le conté sobre lo decepcionante que resultaste ser.

_ Alfonso, ¿qué es toda esta mierda que estás diciendo tan de repente? _ Dijo alterada Elena. _ Mi desempeño siempre fue el mejor, y siempre me lo hiciste saber…

_ En realidad, siempre mentí. Me dabas mucha lástima porque me gustabas, pero ya no más. _ Interrumpió nuevamente Alfonso. _ No puedo perder mi tiempo con una mujer que no aporta nada útil a mi vida y a mi trabajo.

_ ¡¿Estás tratándome como una basura solo porque nunca hice caso a tus coqueteos estúpidos?! _ Gritó enfurecida Elena.

Su grito resonó por todo el pequeño departamento. Su madre y su hermano no pudieron evitar escuchar todo y parecía que entendían lo que estaba sucediendo.

Cuando Elena salió del baño se encontró a su familia esperándola al otro lado de la puerta. Ella corrió a los brazos de su madre destrozada, pues ahora ya no tenía trabajo y, peor aún, no podía volver a la mansión Roble. Podría ir al hospital y solicitar volver a trabajar como enfermera, pero estaba la posibilidad de que la rechazaran, pues no sabía lo que Alfonso le habría dicho al director. Aun así, decidió ir lo más rápido posible al hospital, pero el director se negó a recibirla y le comunicaron que no había puestos de trabajo disponibles por el momento.

Todo el mundo de Elena parecía tambalear, pues se encontraba en un punto de desesperación. Ahora lo único que le quedaba era buscar un nuevo trabajo, pero ningún hospital o clínica la aceptaba, así que lo único que le quedó por hacer era buscar otro tipo de trabajos. Es así como, luego de unos días, terminaría encontrando trabajo como mesera en un bar nocturno. No era el trabajo de sus sueños, pero el pago era parecido a lo que ganaba cuando era enfermera del hospital, eso sin contar las propinas que los clientes le dejaban.

Parecía que las cosas podrían mejorar un poco luego de la traición de Alfonso, pero no sería así. Una tarde, en la puerta del colegio de Gabriel, el hermano de Elena, había unos sujetos muy mal vestidos con gorras, cadenas doradas y unos pantalones desgastados que llevaban muy sueltos y sucios.

_ Señora, el niño ya debe estar por salir. _ Dijo Karen mientras hablaba por teléfono desde una distancia prudente mientras vigilaba a esos sujetos.

Al otro lado de la llamada, la señora Rosa, desde su oficina, sonreía mientras bebía un café muy cargado.

_ Perfecto. Si esta vez sale bien recibirás tu pago, luego de eso no nos volveremos a comunicar nunca más. _ Dijo la señora Rosa antes de terminar la llamada.

Karen estaba satisfecha, ya que, la vez anterior, su plan de endeudar a Vanessa en el casino no había resultado. Ese era el trabajo que la señora Rosa le había encomendado, pues cuando investigó a la familia de Elena, descubrió los vicios de su madre y que tenía una amiga cercana que podría ser útil. Pero al final, todo fue un fracaso, pues Karen no logró que Vanessa endeude a su familia y Elena había encontrado un trabajo en el cual no podría interferir para que la despidieran, pues la familia Roble no tenía influencia en los negocios del bajo mundo nocturno de la ciudad. Ahora lo único que quedaba era usar a un inocente estudiante de secundaria como motivación para que Elena sintiera desesperación y mucha necesidad de dinero. Gabriel era el nuevo objetivo de Rosa Roble.

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Comments

Diana Quintero

Diana Quintero

nooo van a golpear a Gabriel, no es justo, Rosa debe desistir de esa estupidez 😡😡😡 ya se esta volviendo es malvada

2023-07-20

2

Ashanti Shangai

Ashanti Shangai

Pobre Elena. Ella solo quiere superarse profesionalmente. También pobre Alfonso. 😔

2023-06-20

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