Estiré mi mano tratando de tomar al familiar en mi mano, si mi tía lo veía, tal vez se volvería loca y no quería dar explicaciones. El familiar vio mi mano como una escalera y se subió hasta mi hombro.
Trate de tomarla de la piel de su cuello, pero al instante que quise acercar mi mano, mi tía abrió la puerta del baño.
Me di media vuelta con rapidez y observé a mi tía, ella me observó, con sus enormes ojos saltones que advertían que diría algo que no sería agradable.
-¿Iris? ¿Qué haces con un animal?- preguntó mi tía, al tiempo que se acercaba con cierta normalidad.
-Su nombre es Pelusa, escuché tía...-.
-¿Lo has invocado?- interrumpió, apreté mis dientes y asentí con cierta vergüenza.
-No pensé que llegaras a tener extremo poder, aunque he de reconocer que desconozco las habilidades de los exorcistas- respondió ella- sé por qué la has invocado, no soy ingenua, tienes prohibido hacer algo que no te pidieron-.
-pero tía...- empecé a insistir, pero al observar como negaba con la cabeza, supe que no escucharía.
-cuando era niña, tenía una pequeña muñeca, a la cual siempre vestía y peinaba, mi padre Abel se esforzaba en encontrar los mejores vestidos. Un día, esa pequeña muñeca que tenía fue poseída, yo no me di cuenta al instante, dado que todavía no me hablaban de los espíritus, pero esa muñeca me susurraba cada vez que estaba sola.
>> Cada día me sentía mas sola y mas débil, con el tiempo empece a escupir sangre cuando nadie me observaba, en serio me esforzaba para mostrarme bien, dado que no quería ser una carga para mis padres o mis hermanos.
>>Un día mi padre descubrió la verdad de la muñeca y quiso apartarme de ella, pero al no ser exorcista, cierta maldición se paso a él.
>>No fue hasta que un día mi madre mando a pedir a un exorcista para purificar la mansión junto con mi muñeca, en ese momento sentí un poder extraordinario, algo que no puedo comparar y que mi imaginación no alcanza a describir. Iris, tu no tienes ese poder y por eso es peligroso que vayas, a pesar de que hayas invocado a un familiar-.
Me rendí ante tales palabras, ni siquiera sabia que podría controlar, tenía que aprender a usar primero al espíritu familiar, pero también era algo que desconocía.
-bien, es hora de sentarte y espero que no vuelvas a intentar otro truco para escapar. Dime, ¿tiene algún nombre?- continuo hablando mi tía, con la alegría que la caracterizaba. Asentí y al poco tiempo pase la tarde con ella.
...
Fue en el momento de la cena que pude salir de la habitación, el exorcista Eduardo había regresado, aunque no dijo palabra que se refiriera al espíritu maligno. Más bien, parecía demasiado concentrado en discutir asuntos que pedía el gremio, como varios costales de grano o algún otro alimento.
-tienen todo mi apoyo, maestro, como ya le he mencionado- dijo el vizconde con cierta sonrisa en su rostro- tal vez sea imprudente mencionar esto a la hora de la cena, pero me gustaría que me acompañara en mi oficina después de cenar-.
-ahí estaré- dijo el exorcista mientras pasaba el cuchillo sobre su coliflor.
Mis ojos se abrieron a la idea de que podría acompañarlo, así se lo hice notar al exorcista cuando mis ojos se cruzaron con los de él. Él no dijo nada, no, hasta que terminó su cena.
-he encontrado algo fuera de lo peculiar- anunció el exorcista- me gustaría contárselo a la señorita Iris para que se mantenga alerta ante cualquier situación que aparezca-.
Nadie dijo nada, nadie podría decir nada, había entendido ese día que, aunque los exorcistas eran pobres y excluidos, tenían la autoridad moral sobre Vedintis y nobles.
Terminé de cenar y me levanté. El exorcista empezó a acompañarme a mi habitación.
-mañana temprano vendrá otro exorcista, él me reemplazará y nosotros seguiremos nuestro camino, así como lo había prometido. Temo que te acompañe a tu cuarto porque espero que no salgas de ahí, quiero verte en un lugar seguro-.
Asentí, aunque de poca gana, quería ayudar, aunque no sabía como.
-pensé que la mansión era segura- repliqué, pero el exorcista no dijo nada.
-no, no lo es. Si un invocador hace temblar la tierra y romper barreras, podría interrumpir en este lugar si es que tiene asuntos aquí; así que pondré una defensa extra en la puerta de tu habitación para ocultar tu presencia, por lo cual debes prometerme que no saldrás si escuchas algo raro-.
No dije nada, solo asentí mientras tragaba saliva en mi garganta.
-bien, confiaré en ti. Dentro de poco llegará tu tía y estará informada de la situación- trató de concluir el exorcista Eduardo.
-¿puedo observar como pones la barrera?- pregunté, el exorcista Eduardo asintió, como si no tuviera importancia.
-no veo problema en ello- respondió.
Caminé con un poco más de energía, dado que podía observar el poder de un exorcista.
Cuando llegamos a la puerta, el exorcista se acercó y empezó a dibujar varios símbolos mientras exclamaba una oración en voz baja. La puerta se iluminó de un color blanco, como si estuviera el sol mismo, pero aquella luz no me lastimaba, ni siquiera me obligaba a cerrar los ojos, era tan hermoso que invitaba a tocarla, pero tan pronto como acerqué mi mano, aquella luz desapareció.
-puedes entrar- dijo el exorcista sin reparar en mi fascinación- los guardias estarán dentro de poco-.
Asentí, al poco tiempo abrí la puerta y el exorcista se marchó.
Observé al espíritu familiar acostado en mi cama, parecía una bola de felpa de color amarillo si no prestaba atención, por lo cual me dio un poco de ternura y quise acariciarla, pero una vez empecé a acercarme, el espíritu familiar pareció notarme y se irguió en sus dos patas, en señal de alerta, como si estuviera estudiando algún olor a lo lejos.
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