Quizá fui la única testigo de la verdad. Aquello no era un milagro; había entregado mi palabra al espíritu Garjel y, aunque le estuviera agradecida, sabía que las respuestas no llegarían de manera rápida.
Mi hermano Cristol no dejó de sostenerme, mientras el exorcista Eduardo corrió hacia donde se encontraba Erick, seguido por algunos criados.
El exorcista tocó la frente de Erick y sentí una punzada de náuseas, pero callé, al igual que todos, hasta que el exorcista comenzó a hablar.
-Está vivo- dijo él, buscando con la mirada en todas direcciones.
-¿Qué esperan?- preguntó la tía Emma. -Llévenlo a la habitación de invitados y que alguien avise a la señora Martha-.
Las órdenes de mi tía Emma resonaron en el aire.
Varios criados tomaron a Erick con sumo cuidado, como si cargaran a un recién nacido, mientras otro salió corriendo hacia el pueblo. Mi hermano Cristol me abrazó con más fuerza, como si tratara de darme coraje.
No dije nada. Cuando vi que se llevaban a Erick, intenté separarme de mi hermano, pero él me apretó aún más, como si la idea de dejarme ir fuera insoportable para él.
-Cristol- rogué, pero él negó con la cabeza.
-No sabemos qué ha sucedido. Debemos averiguarlo y asegurarnos de que sea seguro. Lo siento- respondió sin darme más explicaciones.
No necesitaba más explicaciones. Era la única que conocía la verdad y, de alguna manera, sabía que esa verdad debía salir a la luz. Pero, ¿cómo podría revelar que había hecho un pacto con un espíritu? Tal vez si fuera un hombre, las cosas podrían ser diferentes, pero en mi vida, siempre se me reprocharía por no respetar las normas establecidas.
Sentí ganas de llorar de impotencia, pero supuse que todas mis lágrimas se habían agotado en el bosque.
El exorcista, al ver mi semblante abatido, me observó como si estuviera viendo algo que no debía presenciar. Alcé la cabeza, rogando que dijera algo, pero él apartó la mirada.
-Me encargaré del resto, así que pueden descansar por hoy- ordenó, como si hubiera olvidado que el jefe de la casa era mi hermano, Cristol. Pero nadie cuestionó sus palabras.
Mi hermano me condujo hacia la mansión y luego a mi habitación, obligándome a cambiarme y acostarme. Pensé en escaparme esa noche para buscar a Erick, pero cuando vi a mi hermano Cristol extendiendo varias mantas junto a mi cama, supe que no tendría oportunidad.
Negué con la cabeza. No es que odiara que no me dejara sola; en cierta forma, quería estar junto a él. Sin embargo, necesitaba aclarar mi mente.
-Cristol- susurré una vez que me dejé caer en la cama.
-No pensé que te dejaría sola- respondió él sin prestar atención a lo que quería decir.
-No es eso- contesté con amargura.
-¿Qué sucede entonces? Sé que quieres ver a Erick, pero algo fuera de lo común ha ocurrido. Podría ser peligroso- dijo Cristol.
-Si fuera peligroso, no habrías permitido que se quedara en la mansión- repliqué.
-El exorcista Eduardo está aquí. Él se ocupará de todo- respondió mi hermano. -Intenta descansar. Si todo sale bien, podrás verlo mañana-.
Quizás no tendría hasta mañana, y ni siquiera sabía qué pacto había hecho con el espíritu Garjel, pero sabía que mi vida sería diferente a partir de entonces.
-Cristol, ¿aún estás despierto?- pregunté de nuevo tras un rato.
-Sí, ¿qué sucede?- respondió él. Su tono era brusco.
-¿Existen mujeres exorcistas?- pregunté. Cristol tardó en contestar.
-Sí- dijo finalmente, con cierto tono de desagrado. -No es algo que debas buscar. Es una vida peligrosa para ti-.
-No es algo que pueda decidir después de todo- repliqué.
-¿A qué te refieres?- preguntó Cristol. Entonces le conté sobre mi pacto en el bosque. Cristol escuchó cada palabra sin interrumpirme, pero podía percibir su creciente molestia, como si yo hubiera hecho algo estúpido.
-Lo cancelaré- dijo. -Incluso si tengo que tomar tu lugar, no me importa. Te liberaré de ese contrato-.
-Cristol...-
-No entiendes. Los espíritus malignos son capaces de causar la muerte y cientos de desgracias. Que te hayan pedido capturar cien de ellos es como si te estuvieran pidiendo que te suicides. No tienes idea de cuántos exorcistas mueren cada año, y, con suerte, llegan a los treinta años-.
No dije nada. Quería decirle que no me importaba, que si Erick estaba de regreso, sería como si diera mi vida por la suya. Pero mi hermano Cristol sonaba tan enfadado que cualquier palabra que pronunciara sonaría como las tonterías de una niña que no comprende su lugar.
No miento al decir que no pude conciliar el sueño esa noche, y sé que mi hermano tampoco lo hizo.
Intenté levantarme antes que él, pero, en cuanto me puse de pie, él ya estaba al otro lado de la puerta, asegurándola con llave para evitar que hiciera alguna locura.
-Espera aquí, Iris. Confía en mí- dijo mi hermano Cristol al otro lado de la puerta.
Me dejé caer junto a la puerta, tratando de escuchar lo que ocurría afuera de la habitación.
Sabía que mi hermano estaba haciendo todo para protegerme, que no había sido un error haberle revelado mi secreto. Pero lo que me molestaba era que él tuviera que pagar las consecuencias por mí.
Quizá fue la impotencia de no poder hacer nada lo que me hizo caer en un sueño profundo. Cuando volví a abrir los ojos, escuché que la puerta se abría a mis espaldas, al tiempo que la tía Emma y la tía Beatriz gritaban.
Me puse de pie de inmediato, mientras la puerta se abría.
Cuando vi los ojos de Cristol, él apartó la mirada, como si estuviera arrepentido de que yo fuera su hermana. Se apartó a un lado y dejó que el exorcista Eduardo se acercara.
-¿Puedo ver tu mano?- preguntó el exorcista con cautela. Asentí y tragué saliva.
Extendí mi mano derecha y el exorcista Eduardo la tomó, estirando la manga de mi pijama para revelar mi antebrazo. Había un símbolo que nunca antes había visto. Parecía el contorno de unas alas de mariposa de color blanco, adornadas con destellos dorados. El exorcista extendió su camisa para mostrarme el mismo símbolo, pero de color verde.
-¿Qué significa esto?- preguntó la tía Emma. -¿No se puede deshacer? Prometiste que harías algo al respecto-.
-Prometí analizar la situación, pero esto va más allá de mis habilidades. Lo siento- respondió el exorcista.
-No- dijo la tía Emma. -Debe haber una solución. Tal vez simplemente puedes ignorarlo. No tienes por qué cumplir la promesa si no está en tus manos. Fue hecha bajo coacción-.
-Eso es lo más peligroso. Ahora estás marcada como una exorcista, y los espíritus malignos vendrán a ti, estés preparada o no- advirtió el exorcista.
-Yo acepté, tía- intervine, tratando de no mostrar tristeza. -¿Cómo está Erick?-
-Por los espíritus- exclamó la tía Emma.
-Emma, debemos ser responsables y apoyar a Iris- intervino la tía Beatriz, intentando mantener la compostura. -Erick está bien. La señora Martha ha estado con él desde que despertó. Estará feliz de verte-.
Nadie dijo nada más. La tía Beatriz tomó mi mano y me instó a seguirla.
-Fue una decisión difícil- comentó la tía Beatriz mientras caminábamos.
-Tía, ni siquiera lo pensé- respondí sinceramente. La tía Beatriz asintió, como si estuviera tratando de procesarlo.
-El exorcista Eduardo mencionó que, si el pacto se ha llevado a cabo, lo más prudente sería que te prepararas como exorcista. Se ha ofrecido a ayudarte y también mencionó a una excelente exorcista en la ciudad de Éter. Creo que es lo mejor- dijo la tía Beatriz. -Presta atención a mis palabras. Verás a Erick, pero te despedirás de él. Te irás esta misma tarde a la ciudad de Éter-.
-Pero tía...- intenté objetar, pero no pude encontrar más palabras.
-Ellos dos no tomarán ninguna decisión mientras yo esté aquí. Haré todo por ti. Te acompañaré y me aseguraré de que tu viaje sea seguro. ¿Entiendes, Iris?- dijo la tía Beatriz.
-Lo entiendo- respondí, enterándome de que la tía Beatriz también podía mostrarse seria cuando era necesario.
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