Capítulo 18

Mi plan era simple, si era capaz de invocar a los espíritus con mis pensamientos, tal vez era posible volver a hacerlo si llegaba a concentrarme.

Pasé al baño una vez que mi tía Beatriz dejo de llorar y caminé hacia donde estaba la bañera.

Observé mi reflejo en el agua por varios segundos y después cerré los ojos, tratando de concentrarme a quien quería invocar. Pensé en Garjel, concentrándome en el rostro que alguna vez había visto, manteniéndolo en mi mente hasta que algo diera resultado.

Abrí mis ojos y había dejado de estar observando el agua, me encontré en un tipo de cuarto negro, con algo de bruma que se levantaba de un suelo duro. A lo lejos, a unos metros, estaba Garjel, mirándome como si yo no debiera estar ahí.

-Eso fue rápido- dijo el espíritu Garjel-  pensé que me llamarías después de un largo tiempo-.

-Necesito aprender a exorcizar- dije, el espíritu Garjel alzo una ceja, como si se burlara de mis intenciones.

-No puedo enseñarte a usar tus poderes, tampoco puedo ayudarte en tus problemas, yo ya he cumplido mi parte del trato, el resto depende de ti-.

-¿Qué pasa si muero por no poder exorcizar?- pregunté, Garjel negó con la cabeza.

-Entonces morirás, no hay algo que se pueda hacer, nosotros sabemos las consecuencias cuando formamos un pacto-

-¿Entonces que puedo hacer?- pregunté, Garjel quedó mirándome por un tiempo. Me alegré, estaba considerando mi petición.

-puedes esperar, si algo tenemos es que no sobra tiempo, viviremos aún más que cuando el mundo se haya acabado. Aunque si tu determinación te obliga a actuar en estas circunstancias, puede que haga trampa y pueda ayudarte, aunque tendrás que hacer algo a cambio para que pruebes tu determinación-.

Asentí, abriendo mis ojos, con cierto temor a la prueba que pretendía hacerme.

El espíritu Garjel se acercó en un parpadeo, estando a unos escasos centímetros de mí, que incluso podía sentir su alma, como un muro de concreto que estaba a punto de aplastarme.

Su cabeza se acercó, agachándose para hablar en mi oído.

-Haz una prueba de sangre, entonces te ayudaré- dijo el espíritu Garjel con un susurro, entonces desapareció.

Volví a estar en el baño. Me di la media vuelta, hacia donde estaba el tocador y me miré en el espejo, ¿qué significaba una prueba de sangre? ¿Debía volver a invocarlo para que me explicara? No, no podía explicarme, todo era tan claro, quería mi sangre de alguna manera y me estaba tomando el pelo para mostrar mi valor.

Negué con la cabeza ante la idea de hacerme daño, no era algo que haría, al menos, algo que nunca había pensado.

Tal vez podría seguir la idea de poder ayudar, de mostrar lo que valía y no dejar solo al exorcista Eduardo con una carga que podría costarle la vida, pero para eso, tenía que pasar mi prueba.

Salí del baño y observé a mi tía, había sacado una manta de su equipaje, en la cual bordaba unas flores violetas.

Observé a los alrededor, tratando de encontrar algo filoso, tal alguna espina que tuvieran las flores, o tal vez algo dentro de los cajones, podía romper una de las tazas que habían dejado para servirse el té, pero no quería explicar como una taza se había roto. Cuando observé la mirada frívola de mi tía, me contuve y me puse a pensar, si no encontraba nada, tal vez la mejor forma es que me lo trajeran a mí.

-Te veo inquieta, ¿no te sucede nada extraño?-.

-Por supuesto que nada- dije- solo que llegué con un poco de hambre de mi incursión-.

-He escuchado que los exorcistas usan mucha energía en sus habilidades, por los ángeles, no sé cómo pueden ayunar-.

-Tal vez sea bueno pedir algo para merendar- dije.

-No te preocupes mi niña, iré a la cocina y te traeré algo-.

-No creo que las cosas sean así de fácil, iré afuera a pedirle algo a los guardias- dije, mi tía se me quedó observando, pero asintió.

Al momento que salí por la puerta, le pedí a uno de los guardias un trozo de pastel con un cuchillo para poder cortarlo a mis gustos.

No pasaron ni diez minutos cuando el guardia toco la puerta con el pedazo de pastel en su mano.

Lo coloco en el centro de mesa y se llevó el juego de té que había dejado la vizcondesa Amarie. Aunque a mi tía no le pareció que estuviera comiendo pastel, no se atrevió a decir nada, tal vez supuso que de menos estaba comiendo algo.

-No puedo creer que hace días andaba pelando papas y en este momento este comiendo un delicioso pastel de arándanos- dije, mostrándome satisfecha.

-Lo dices como si fuera algo bueno- dijo mi tía.

-TIene que probar este pastel, le aseguro que le gustara- dije, mi tía se quedó observando con incredulidad, pero después acepto el pequeño pedazo de pastel que estaba cortando.

Le pasé el pedazo que había dejado y entonces, como un accidente muy casual, lo deje caer en su vestido.

-Tía, lo siento- dije cuando ella se ponía de pie y se observaba el vestido como si no hubiera pasado algo grave.

-Iré a cambiarme- dijo mi tía mientras se quitaba el pequeño pedazo pastel del vestido- tal vez use el agua de la piscina para quitar esta mancha-.

-En verdad lo siento mucho, tía- dije.

-No te preocupes, debes estar muy distraída por el día de hoy, yo hubiera hecho lo mismo-.

Mi tía Beatriz caminó al baño y se encerró ahí .

Tomé el cuchillo con fuerza, me acerqué al tocador y me miré al espejo como si eso fuera darme valor.

Mire al cuchillo por un tiempo, aunque era pequeño y casi no tenía filo, podría ser algo para pasarlo sobre la palma de mi mano para hacer la prueba de sangre.

Me di la vuelta y caminé hacia donde estaba mi equipaje. Saqué dos pañuelos y volví a caminar al espejo. Me miré otra vez y puse un pañuelo donde caería la sangre, el otro lo puse sobre mi boca, apretaría con fuerzas para tratar de soportar el dolor.

Miré el cuchillo y lo pasé rozando mi piel, tratando de darme valor, la siguiente vez sería la decisiva.

Entonces cerré los ojos, sabía lo que tenía que hacer, solo no quería ver.

Apreté mis dientes con fuerza y moví mi mano con rapidez, sería un corte rápido.

-No- escuché una voz en mi cabeza, era tranquila, como un susurro que llenara mis impulsos.

Abrí mis ojos, aunque no observé a nadie. Pensé que era una trampa, así que quise volver a pasar el cuchillo sobre mi mano. Antes de hacerlo observé a través del espejo al espíritu de Garjel caminado en el reflejo, aunque sabía que no estaba detrás de mí, dado que no sentía su alma.

-Ya has hecho suficiente- dijo- no necesito tu sangre, de nada me serviría-.

Escupí el pañuelo de mi boca y me limpié la saliva de mis labios.

-¿Ya no me ayudarás?- pregunté.

-Has mostrado tu determinación, te ayudaré, pero no lo planeo volver a hacerlo- dijo el espíritu Garjel, aunque en sus labios podía notar que decir algo que no pretendía prometer.

Entonces el espejo empezó a convertirse en un líquido plateado, al poco tiempo había dejado de ver mi reflejo.

De lo que antes era un espejo, salió una criatura peluda, como una ardilla de color amarilla con ojos de color dorado. No sabía lo que significaba, no hasta que el espejo volvió a mostrar mi reflejo y al espíritu Garjel.

-Es un espíritu familiar, su nombre es Pelusa- dijo el espíritu Garjel.

-¿Qué tengo que hacer para que me ayude?-.

-Eso lo descubrirás por tu cuenta- dijo el espíritu, después sonrió y desapareció, dejándome con una ardilla dorada que me miraba con unos enormes ojos saltones.

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Comments

Beatriz Sierra

Beatriz Sierra

esta chica le gusta meterse en camisa de once baras espero y salga ilesa de todos los peligros que la rodean

2024-03-09

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