Capitulo 2

Ese día, mi tía Beatriz aferró mi mano y me condujo hacia mi habitación, ayudándome a vestir el luto apropiado para el funeral. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, y eso hizo que los míos se humedecieran al instante.

-Él dijo que estarías lista, que lo entenderías- susurró con voz entrecortada. Intentaba transmitirme algún tipo de consuelo en medio de su propio dolor.

-Pero si aún podemos verlo, tal vez quiera quedarse un poco más, cruzar el portal no es la única opción- balbuceé, tratando de aferrarme a la esperanza de que mi abuelo permaneciera a nuestro lado. Mi tía me miró con tristeza y negó con la cabeza.

-No, cariño, cuando un alma se resiste a cruzar el portal, se corrompe y se convierte en un espíritu maligno. Sería egoísta pedirle que se quede, son procesos naturales que debemos aceptar- explicó, aunque en su voz había un atisbo de anhelo por un final diferente.

-¿Por qué puedo verlo?- pregunté con curiosidad y asombro.

-Naciste con un don especial, al igual que el resto de nuestra familia. En cada ciudad y pueblo existen personas como nosotros, elegidas por los espíritus de la muerte para llevar a cabo la sagrada tarea de guiar las almas hacia los portales del más allá. No todos pueden verlos y, aunque algunos consideren que es una maldición, nuestro trabajo es sagrado. Nunca olvides eso. Tenemos la bendición de despedirnos de nuestros seres queridos y asegurarnos de que cruzan a salvo hacia el otro mundo- me explicó con ternura, tratando de convencerse a sí misma de sus palabras reconfortantes.

-Entonces, ¿es posible que pueda volver a verlo si decide regresar a este mundo?- pregunté, aferrándome a la posibilidad de un reencuentro.

Mi tía Beatriz suspiró profundamente antes de responder: -¿Por qué querría regresar a este mundo?- preguntó en voz baja, con una expresión en su rostro que insinuaba que había más en la historia de lo que podía revelarme en ese momento.

Después de nuestra breve conversación, ella me acompañó hacia la sala funeraria. Pocos momentos después, un grupo de hombres cargó el ataúd de mi abuelo y comenzamos una procesión hacia el bosque de los muertos, donde le daríamos nuestra última despedida en paz.

El espíritu de mi abuelo caminaba a un lado del ataúd, en silencio, con la cabeza erguida y un aire de orgullo en cada uno de sus pasos. Por otro lado, mi hermano caminaba con la cabeza gacha. Ese día había decidido peinarse de manera distinta, recogiendo su larga cabellera negra hacia atrás, dejando al descubierto sus orejas y su frente, y permitiendo que todos pudieran observar sus cansados ojos azules. En ese momento, él asumiría el papel de líder de la familia, tomando el relevo de nuestro abuelo y llevando a cabo los rituales que le habían sido transmitidos a

lo largo del tiempo.

Caminamos durante aproximadamente media hora, siguiendo un sendero que nos llevaría hacia el portal de Orbel. Aunque había visto ese portal en innumerables ocasiones, parecía que esa era la primera vez que realmente lo observaba. Era un círculo suspendido entre barras de aluminio, y detrás de él se encontraba una cortina blanca que ondeaba en dirección opuesta a las manecillas del reloj. Frente al portal, había una plataforma blanca con dos estatuas de ángeles a cada lado, ambos orando con las manos juntas y sosteniendo rosarios.

El ataúd fue colocado en la plataforma, y luego los cargadores se alejaron sin dejar de mirar al frente. El espíritu de mi abuelo se acercó a la plataforma, dirigiendo una última mirada en nuestra dirección.

-Sé que los Valer estarán en buenas manos. Sé que podré partir en paz- pronunció mi abuelo en voz baja. Esas fueron sus últimas palabras antes de darse la vuelta. Mi tía Beatriz apretó mi mano con más fuerza, buscando consuelo en medio de su dolor.

Luego, presencié el ritual al que estaba acostumbrada a ver, el que mi abuelo solía realizar y que ahora era el turno de mi hermano. Se colocó frente al ataúd sin tocar la plataforma, se arrodilló y comenzó a recitar varias oraciones sin atreverse a mirar hacia el portal. Nadie levantaba la mirada durante esas oraciones, era algo estrictamente prohibido.

Debería haber mantenido la cabeza gacha, después de todo, era una niña obediente y nada podría quebrantarme. Sin embargo, en un acto de rebeldía momentánea, al notar que nadie me observaba, levanté la mirada y presencié algo que no debería haber visto. Cuatro figuras envueltas en túnicas emergieron del portal, cada una cubriendo su rostro. Al final, una quinta figura salió, un hombre alto, posiblemente de dos metros, vestido con un traje negro y llevando un sombrero como el de mi abuelo. Era apuesto y no parecía tener ni una sola arruga en su rostro, aunque irradiaba una sensación de haber vivido miles de años. Mi abuelo se acercó a él y, sintiéndome culpable, desvié la mirada, incapaz de presenciar lo que estaba prohibido.

Cuando finalmente levanté la vista, mi hermano había terminado las oraciones y el ataúd, junto con el espíritu de mi abuelo, habían desaparecido.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play