Por instinto, me puse de rodillas tratando de sujetar el peso que caía sobre mi cabeza con mis manos. Quise entrecerrar los ojos, pero me sentía mareada, con ganas de vomitar y como si algo quemara mi piel. El exorcista Eduardo tomó mi mano y me ayudó a alejarme del centro de las estatuas. Mi tía Beatriz empezó a acercarse con ojos de horror, pero negué con la cabeza, tratando de mostrar que estaba bien.
-¿Qué fue eso?- pregunté una vez que pude ponerme de pie, mis palabras temblaban ligeramente.
-La purificación del alma- respondió él con una voz profunda y sombría. -Debes conocer el primer capítulo del libro de las letras.-
La curiosidad se mezcló con el miedo dentro de mí. No sabía qué esperar, pero algo en el tono del exorcista me decía que esta experiencia tenía un propósito más profundo.
-La creación del mundo y la entrega de dones- respondí con cautela, recordando la historia que me había contado. El exorcista asintió con seriedad.
-Una vez que el mundo fue creado, hubo ciertas criaturas que emergieron de lo más profundo de la tierra, exigiendo pertenecer a este mundo. Sin embargo, esas criaturas pertenecían a la oscuridad, hijos de aquel que traicionó al Dios de la luz. No tenían el derecho de permanecer aquí- comenzó a explicar el exorcista, sus ojos brillando con un destello de antiguo conocimiento. -Los ángeles entraron en guerra con esas criaturas llamadas Geet, nacidas de la tierra misma. Eran sumamente poderosas y todo lo que tocaban lo convertían en maldiciones. Los Geet se enfrentaron a los ángeles en una sangrienta batalla, pero hubo dos de ellos en especial que destacaron entre los demás, Garrel y Killian, hermanos gemelos considerados los padres exorcistas. Su poder fue tan grande que después de la guerra, se originaron varios santuarios donde su poder entra a través de las estatuas para esparcirse por el mundo. Lo que experimentaste toca tu alma, una conexión con ese antiguo poder-.
No podía apartar la mirada del exorcista mientras hablaba. Cada palabra resonaba en mi ser, despertando una mezcla de asombro y temor. ¿Cómo podía estar conectada con esa antigua batalla entre ángeles y Geet? Y, más importante aún, ¿qué significaba eso para mi propio destino?
-No entiendo cómo eso me ayudará a entrenar- dije, tratando de encontrar respuestas en los ojos del exorcista. Su sonrisa sutil me indicó que había algo más en juego.
-Una vez que el poder no te lastime, llegarás a un estado de purificación en el que podrás extender tu poder alrededor de ti. Podrás formar barreras y expulsar demonios- respondió él, su voz llena de certeza.
La idea de tener ese nivel de control sobre mi poder me resultaba emocionante y a la vez aterradora. Pero estaba dispuesta a enfrentar cualquier desafío.
-¿Tengo que volver?- pregunté con temor, pensando en la intensidad de la experiencia que acababa de vivir.
-No- dijo el exorcista con brusquedad, -Ya hemos cumplido con lo que veníamos a hacer-.
Aunque no entendí completamente su respuesta, no quise cuestionarlo. Acepté su palabra y confié en que él sabía lo que era mejor para mí en ese momento.
Regresamos a la posada donde nos alojábamos y pasamos el resto de la tarde descansando y recuperándonos del impacto de la experiencia. La noche cayó y nos preparamos para dormir. Aunque al principio sentí temor por volver a experimentar las miradas inquietantes, esta vez no llegaron. Pude cerrar los ojos con tranquilidad y abrirlos de nuevo con la llegada del alba, sintiéndome más fuerte y preparada para lo que vendría.
La siguiente mañana, decidí omitir el desayuno para mantener la sensación de purificación en mi interior. Mi estómago gruñía de hambre, pero estaba dispuesta a soportar cualquier incomodidad para fortalecer mi conexión con el poder de los ángeles.
Continuamos nuestro viaje hacia la ciudad de Carmín, un lugar donde las casas estaban construidas con tabiques rojos y techos de color naranja, que combinaban armoniosamente con los enormes ventanales. Los caminos estaban pavimentados con ladrillos grises en forma de hexágono, y a lo largo de ellos se extendía una ruta rodeada de majestuosos árboles que proporcionaban sombra a la ciudad.
Después de un tiempo, comencé a sentir como si alguien me estuviera observando constantemente. La sensación de inquietud se apoderó de mí, y cerré las cortinas del carruaje con dificultad para protegerme de esas miradas invisibles. Mi tía Beatriz se sorprendió por mi acción y me preguntó con preocupación si algo andaba mal. Sin embargo, no respondí, ya que no había nada en lo que pudiera ayudarme. En cambio, me obligó a acostarme en sus piernas para tranquilizarme.
Después de un rato, el carruaje se detuvo frente a la imponente mansión de Cloud, ubicada en un hermoso jardín lleno de flores moradas y rodeada de majestuosos árboles. Dos estatuas de caballos saltando decoraban el gran balcón del segundo piso. Dos guardias nos ayudaron a bajar del carruaje y nos escoltaron hasta la entrada de la mansión, donde fuimos recibidos por el vizconde Javier, un hombre de unos cincuenta años con un gran bigote negro y una cinta roja con varias medallas insertadas en ella. Vestía elegantemente con un traje blanco, y su esposa, ataviada con un hermoso vestido morado, estaba a su lado. Detrás de ellos, se encontraban sus dos hijas, quienes me observaban con curiosidad y expectación.
Mi tía Beatriz hizo una reverencia en señal de respeto, y yo la imité, mostrando mi educación y deferencia hacia nuestros anfitriones.
-Maestro Eduardo, nos honra con su presencia- dijo el vizconde Javier con una sonrisa cálida en su rostro, irradiando hospitalidad y cortesía.
-Aunque hemos venido por poco tiempo, vizconde Javier, llevamos la ruta hacia mi maestra Ana- respondió el exorcista con el mismo respeto y formalidad.
-Eso sería una tontería. Haremos un banquete para celebrar tu visita- exclamó el vizconde entusiasmado. -Y dime, ¿quiénes son tus compañeras?-
-Me acompañan dos Vedintis del pueblo Jazmín, cerca de Ciudad Ayala- respondió el exorcista con orgullo. -Mi compañera más joven ha asumido el pacto como aprendiz de exorcista-.
-¡Maravillosas noticias!- asintió el vizconde, emocionado por la perspectiva de nuevos talentos en el campo de los exorcistas. -Los exorcistas siempre son bienvenidos en nuestro hogar. Por favor, acompáñenos adentro-.
Mientras entrábamos a la mansión, no tenía ni idea de que nuestras vidas tomarían un giro peligroso y desafiante. La ciudad de Carmín albergaba secretos oscuros y misterios que estaban a punto de revelarse.
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