No tengo claro cómo me vi envuelta en una frenética carrera para pelar las patatas, cortar las cebollas sin derramar lágrimas. Sólo sé que me encontré frente al espejo, arreglándome apresuradamente para la comida, deslizando el cepillo por mi cabello con la esperanza de que quedara impecable.
La perfección era mi único objetivo. Creía que mi mayor motivación era lucir impecable para evitar las burlas de Erick, quien me había visto desaliñada unas horas antes.
Caminé hacia el jardín principal, pasando junto a extrañas estatuas que representaban a seres angelicales de otro mundo. Aunque dudaba de que fueran realmente ángeles, pues no se parecían a ninguna imagen que hubiera visto antes. Estas estatuas tenían alas desmesuradas que sobrepasaban su propio tamaño, cubiertas de túnicas incoloras que ocultaban todo su ser, dejando apenas entrever sus narices y bocas.
Esperé pacientemente hasta que mi hermano, Cristol, se unió a mí. Vestía un impecable traje negro y llevaba el sombrero típico que solía usar nuestro abuelo.
-Deberías estar adentro- se burló, -tía Beatriz espera que la ayudes a preparar la mesa, y lo más importante, el sol quemará tu sensible piel de porcelana-.
-Tú también deberías quedarte adentro- respondí, sin miedo a lanzar mis propias pullas. -Cualquiera que te vea desde lejos se asustará-.
-Eso podría pensar cualquiera que pase por esta casa, pero nosotros tenemos todo que ver- contestó. Cristol soltó una carcajada justo cuando se acercaba el sonido de una bicicleta.
Poco después, Erick apareció, con el mismo traje que llevaba unas horas antes, aunque ahora manchado de polvo levantado por las ruedas de su bicicleta. Sus ojos reflejaron sorpresa al vernos.
-Has llegado- dijo Cristol con una sonrisa culpable.
-Sí, me enviaste una carta diciendo que Iris había elegido un vestido y que viniera a tomar notas- intentó obtener una explicación Erick.
-Usaremos ese vestido verde- mentí, siguiendo el juego de Cristol. -Aprovecha la oportunidad para comer, ya que estás aquí-.
-No creo que a tu tía le parezca- respondió Erick, mirando su ropa sucia.
-Tonterías- desestimó Cristol. -Te prestaré algo de ropa y así mi tía no podrá decir nada. Iris, ¿puedes esperar a Julieta?-.
Asentí. Erick colocó su bicicleta junto a la entrada y se dirigió hacia Cristol, lanzándome una última mirada.
Quedé esperando en la entrada hasta que apareció un carruaje tirado por dos imponentes caballos blancos, sus crines peinadas como si salieran de un cuento de hadas.
El conductor, vestido con un traje rojo bordeado en dorado, descendió del carruaje y abrió la puerta para que Julieta apareciera. Ella me sonrió al verme.
-Hermana- dijo con alegría en su voz, buscando con la mirada a Cristol. -Cristol está adentro. Lamento tener que recibirte yo y, una vez más, lamento que sea mi culpa-.
Julieta, con un tono juguetón, preguntó: -¿Una misión de hermanos? ¿Puedes contarme de qué se trata?-.
Giramos en dirección al comedor mientras le narraba sobre mi antiguo amigo. Julieta asentía a cada palabra, como si estuviera escuchando un relato lleno de pequeñas aventuras.
-Tu tía Emma debe ser muy especial- dijo Julieta, sacándome una sonrisa. -Si llego a casarme con Cristol, creo que será una prueba constante a lo largo de mi vida-.
-¿Estás pensando en matrimonio?- pregunté con temor a su respuesta.
-Apenas nos conocemos, pero él es especial y, para ser sincera, no me gusta perder el tiempo con personas que no lo son- respondió Julieta con seguridad.
-Pero, ¿sabes lo que dicen de nosotros?- pregunté, temiendo su reacción.
-Sé que a los Vedinti se consideran personas malditas, pero eso es pura ignorancia. Sin los Vedinti, este mundo sería un caos. Sería bueno contribuir a la causa- expresó Julieta con convicción.
-Pero dejemos de hablar de mí. Cuéntame sobre este tal Erick. ¿Quién te ha hecho sonrojar y arreglarte de esta manera?- preguntó Julieta con curiosidad.
-Siempre me arreglo- respondí, metiéndome en el papel. En realidad, no siempre me arreglaba, aunque nunca iba mal vestida. Mi rutina diaria consistía en ponerme un vestido recién planchado y apenas peinarme para evitar enredos, recogiendo mi cabello en una coleta con una cinta. Pero ese día me había tomado horas arreglarme, buscando un vestido impecable y dedicando tiempo a peinarme y maquillarme.
-Él es solo un amigo que no veía desde hace mucho tiempo- respondí al final.
Julieta tomó mis manos y me obligó a mirarla. Parecía contenta, pero no entendía por qué. No compartía ese sentimiento.
-Debes ser amable. Parece que no es solo un amigo- dijo después de un momento.
Continuamos caminando hasta llegar a la sala principal, donde nos esperaban mi tía Emma y tía Beatriz en la puerta. Mi tía Emma nos miró de arriba abajo pero no dijo nada. Luego se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el comedor.
-Señorita Julieta, debe estar cansada después de todo el viaje hasta aquí. Me disculpo por el comportamiento de mi sobrino y también me disculpo porque nos ha pedido el favor de acompañarlas hasta el comedor. Parece que tomará más tiempo del que pensábamos- dijo tía Beatriz con preocupación.
-No se preocupe, entiendo que está en una importante misión. Sería ideal aprovechar este momento para que me explique la receta del pastel de zanahoria que probé el otro día. Le juro que nunca había probado algo tan delicioso en mi vida- dijo Julieta guiñándome un ojo, calmando los nervios de tía Beatriz.
Tía Beatriz comenzó a recitar la receta del pastel a Julieta, quien prestaba demasiada atención.
Llegamos al comedor y nos sentamos frente a la mesa. Tía Beatriz seguía contándole diversas recetas, revelándole secretos sobre cómo añadir sal y a qué temperatura cocinar. Parecía que era la misión más importante de su vida.
Tía Emma no había dicho ni una palabra. Era como si estuviera esperando el momento perfecto para atacar.
Pasó el tiempo y dos hombres bien vestidos entraron al comedor. Nos pusimos de pie para recibirlos. Cristol se había encargado de preparar a Erick. Su traje manchado de tierra se había transformado en uno negro, que combinaba con una camisa púrpura. Se había lavado la cara, no se veía ninguna mancha en él. Cristol había peinado su cabello hacia un lado, dejando al descubierto su frente y sus grandes orejas. Debería haberme reído al verlo, nunca antes lo había visto tan arreglado en mi vida. Pero no salieron palabras de mi boca, era como si estuviera mirando a alguien completamente nuevo, a alguien a quien no me arrepentiría de ver el resto de mis días.
-Tía Emma- dijo Cristol, -lamento la demora-.
-No te preocupes- respondió ella, dirigiendo su mirada hacia Erick.
La comida fue servida por los sirvientes, creando un ambiente incómodo. Tía Emma observaba a su alrededor, asegurándose de que todo estuviera perfecto, desde la ensalada hasta las copas de vino, pasando por nuestro comportamiento.
-Erick, cuéntanos, ¿qué has estado haciendo en tu vida? ¿Cómo es que has regresado al pueblo después de pasar tanto tiempo en la gran ciudad?- preguntó tía Emma cuando comenzamos a disfrutar del postre.
-Tía- interrumpí, pero ella ni siquiera me prestó atención. Sabía que nadie diría nada, porque ella no permitiría que Erick escapara de sus interrogatorios. Era algo que debía suceder si mi amigo quería acercarse a la familia.
-Después de llegar a la ciudad, mi padre me envió a la escuela comunitaria. Pero en una de mis salidas, llegué a una sastrería de primera categoría y rogué que me tomaran como aprendiz. No quisieron, por supuesto. Solo era un niño de diez años. Así que fui día tras día. A veces sobornaba a mi maestro con comida, otras veces limpiaba sus ventanas sin que me lo pidiera. Después de dos años, finalmente aceptó y me convertí en su aprendiz-.
-Pasaron los años y me convertí en el segundo al mando del negocio. Ayudaba en el diseño y confección de ropa. Nunca hubo quejas, solo una escasa paga, después de todo, aún era un aprendiz. Pero después de un tiempo, me enteré de que mi madre estaba enferma, así que decidí regresar para ayudarla en su trabajo-.
-No sabía que la señora Martha estaba enferma. ¿Hay algo en lo que podamos ayudar?- preguntó Cristol. Erick negó con la cabeza. -Es solo cuestión de edad. Mi madre está cerca de los sesenta años- respondió Cristol con calma.
-Es una historia fascinante, ¿no es así, Emma?- comentó tía Beatriz con cierto entusiasmo.
-Por supuesto, al final uno no se aleja mucho del árbol- agregó tía Emma.
Erick bajó la cabeza, como si esperara que esa fuera toda la conversación. Pero estábamos equivocados, todos nosotros.
-Dime, Erick, ¿tienes algún otro plan además de confeccionar ropa?- preguntó tía Emma.
-Confeccionar ropa es un trabajo honesto- defendió Erick.
-Por supuesto que lo es, pero no se gana mucho dinero- corrigió tía Emma.
-Eso depende del punto de vista. El vestido que llevo puesto costó diez monedas de oro- defendió Julieta. -Me encantaría ver tus diseños algún día-.
-Los prepararé cuando nos volvamos a ver- respondió Erick. Cristol sonrió, era lo que esperaba de su futura esposa. Sin embargo, la tía Emma frunció el ceño. Parecía que estaba a punto de lanzar más comentarios venenosos, pero se contuvo y no dijo nada que empeorara el ambiente.
Durante la siguiente media hora, solo hablamos sobre la importancia de mi presentación y cómo debía prepararme para enviar las invitaciones a las distintas casas. No era un tema del que quisiera hablar en ese momento. No quería que me vieran como si hubiera ganado en exhibición, especialmente no con Erick cerca.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 46 Episodes
Comments