Capítulo 14

La espera en el comedor fue breve pero intensa. Al adentrarnos en el salón, pronto nos dimos cuenta de que los rumores sobre el banquete no eran infundados. Al sentarme a la mesa, los criados no cesaban de traer platos y más platos repletos de manjares exquisitos, desde arroz blanco hasta langostas y pasteles exquisitos.

La conclusión a la que llegué rápidamente fue que habían preparado todo para nuestra llegada, pero desconocía el motivo de semejante celebración.

-Recuerdo al maestro Abel, que en gloria esté en este momento- mencionó el vizconde Javier, al enterarse de nuestro apellido Valer. -Fue un gran compañero en las cartas. Lamenté profundamente su partida hacia el siguiente mundo. Me habría gustado estar a su lado, pero esta ciudad también me necesita-.

-Le agradezco sus palabras, mi señor- respondió agradecida tía Beatriz. -También agradezco que nos haya abierto las puertas de su casa. No podría considerarlo un excelente anfitrión de no haberlo hecho-.

-Siempre es un placer recibir a un exorcista. Sin ellos, esta ciudad no sería lo que es ahora- contestó el vizconde, ocultando algo en su mirada con cautela.

-Hace muchos años, varias generaciones atrás, esta ciudad era considerada maldita. Los demonios habitaban este lugar y sus habitantes se hundieron en los vicios. Era una ciudad condenada, y el rey sentenció su destrucción cuando uno de sus habitantes asesinó al monarca. Nuestros antepasados intervinieron en una guerra que duró tres años para expulsar a los demonios. Luego, se reconstruyó la ciudad, aunque esa tarea no nos correspondió a nosotros, sino a la familia del vizconde, que se estableció aquí tras la guerra- explicó el exorcista.

-Pero hay mucho más detrás de esa historia- intervino el vizconde Javier. -Si bien es cierto que la ciudad estaba maldita, todo se debe a una causa: aquello que corrompe el corazón y usurpa el lugar del verdadero Dios. Ciudad Carmín era conocida por sus minas de oro, la principal fuente de riqueza. Nuestros antepasados fueron claros en eso. La ambición siembra semillas que arraigan demonios. Por eso tratamos a nuestros invitados con cortesía, especialmente si son exorcistas-.

El exorcista Eduardo asintió en agradecimiento. -Es una lástima que haya tan pocos exorcistas en este mundo- dijo la señora del vizconde Javier, la vizcondesa Amarie, sonriendo como si se estuviera sacrificando en ese momento.

-Son pocos los que nacen con poder espiritual y aquellos que asumen ese poder son acosados por los demonios. Solo unos pocos logran convertirse en exorcistas y aún menos sobreviven- respondió el exorcista Eduardo con amargura, como si estuviera insinuando mi futura muerte.

-Maestro Eduardo, sé que este no es el momento adecuado y que hay momentos para todo, pero quisiera aprovechar la oportunidad para pedir su ayuda- interrumpió el vizconde Javier.

-Antes de llegar a su mansión, pude sentir la presencia de los demonios. Supongo que Iris también lo percibió- asentí mientras tenía un trozo de pastel en la boca.

-Aunque no creo que sea el mejor momento para hablar de ello- continuó el exorcista poco después.

-Hablaremos en nuestra oficina- respondió el vizconde Eduardo, y luego me miró desde el otro extremo de la mesa, como si esperara algo de mí. Permanecí en silencio y seguí comiendo.

-Seguramente están agotadas- comentó la vizcondesa Amarie una vez que terminamos la comida. -Las acompañaré a sus habitaciones. Hemos ordenado que les preparen un baño caliente-.

-Agradezco su gesto- contestó tía Beatriz.

El exorcista Eduardo me observó detenidamente, como si estuviera estudiando mi reacción. No necesité decir mucho, pues me mantuve en mi asiento sin levantarme.

-No sería conveniente que Iris nos acompañara, ya que ha establecido un vínculo- dijo el exorcista Eduardo.

-Es solo una niña, puede ser peligroso para ella- añadió la vizcondesa Amarie, esperando la respuesta de su esposo.

-Estoy de acuerdo, pero no creo que haya problema en mantenerla informada. Ella es más vulnerable a los ataques que nosotros. Nos encontraremos en mi oficina después de que tome su baño- decidió el vizconde Eduardo, tratando de complacer a ambos.

-Eso sería bueno- afirmó el exorcista Eduardo. -Si no le importa, aprovecharé un poco de tiempo para visitar a alguien que conozco en la ciudad. ¿Nos encontramos en un par de horas?-

El vizconde asintió, sin muchas opciones.

Por mi parte, seguí a tía Beatriz junto a la vizcondesa y sus hijas. Nos condujeron hacia una habitación amplia. En el fondo, se encontraban dos enormes camas, mientras que en el otro extremo había una pequeña mesa rodeada de sillones de color rosa. La habitación estaba decorada con flores amarillas, desde las ventanas hasta el centro de mesa, los tocadores y los burós. Todo estaba diseñado para que el ambiente se sintiera fresco, como estar junto a un río disfrutando del aroma del bosque.

Al fondo, había un baño enorme con una pequeña piscina llena de agua caliente, lo suficientemente grande como para que cinco personas se bañaran. Además, había varios perfumes dispuestos en un pequeño mueble junto a la entrada.

Mientras tanto, sirvientes se apresuraban de un lado a otro, dispuestos a ayudarnos a vestirnos, pero tía Beatriz los detuvo en seco.

-Deben de sentirse sorprendidas ante semejante bienvenida- comentó la vizcondesa Amarie cuando nos quedamos solas en la habitación. -Quiero que se sientan como en casa-.

-Somos Vedinti, mi señora, no somos de la realeza- respondió tía Beatriz. -De todas formas, agradecemos el gesto-.

-Lo entiendo- asintió la vizcondesa. -Colocaré dos guardias fuera de su habitación. Si necesitan algo, no duden en pedirlo-.

Una vez que la vizcondesa salió de la habitación, tía Beatriz soltó un suspiro de alivio, como si se hubiera librado de una tortura.

-Tía, ¿puedo hacerte una pregunta?- dije, y ella asintió.

-Claro, mi niña- respondió con su característica sonrisa.

-¿Cómo te sientes... respecto a que me haya convertido en exorcista?- pregunté, y ella asintió.

-Al principio, sentí horror, luego tristeza y ahora estoy confundida. Pero no te preocupes, eres fuerte y obstinada. Estoy orgullosa de ti- dijo.

Agradecí sus palabras, aunque sabía que mentía. Podía percibir cuando estaba mintiendo, una sonrisa torcida en su rostro mientras entrecerraba el ojo izquierdo.

Luego nos bañamos y disfrutamos del poco tiempo que teníamos. Poco después, uno de los guardias golpeó la puerta para preguntar mi nombre, y supe que las cosas podrían volverse aún más extrañas de lo que ya eran.

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Comments

Rosi Martinez

Rosi Martinez

preciosa historia me encanta 💖 😍 💕 😊

2023-06-01

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