Capitulo 11

Al abrir la pesada puerta, la señora Martha me recibió con una mirada de asombro y horror, como si un espectro del más allá hubiera aparecido frente a ella. Sus manos se aferraban a las de Erick con desesperación, como si nunca quisiera soltarlo. Sin embargo, algo extraño sucedía, algo había cambiado en Erick. Las ojeras que solían oscurecer sus ojos se habían disipado, como si hubiera ganado peso y, de alguna manera, parecía incómodo estando en esa cama.

-Martha, ¿puedes acompañarme un momento?- preguntó mi tía Beatriz a la señora. Esta la observó durante varios minutos, pero finalmente asintió. Caminó con lentitud hacia la salida, mientras yo entraba en la habitación.

Tomé el lugar que ocupaba la señora Martha y traté de articular alguna palabra, pero mi mirada no era capaz de encontrarse con los ojos de Erick, por lo que ninguna palabra logró salir de mis labios.

Erick extendió su mano derecha y agarró la mía con fuerza, obligándome a enfrentarlo. Cuando finalmente levanté la vista, sus ojos verdes se encontraron con los míos.

-Lamento haberte mentido- dijo él con una sonrisa en el rostro. -No quería que supieras que regresé al pueblo solo para despedirme de ti por última vez-.

-No te preocupes- respondí. -Puedo perdonar una mentira-.

-Mi madre me advirtió que pronto sería tu presentación y que no debía interponerme en los planes de tu tía. Supuestamente encontrarás a algún pretendiente y llevarás una vida cómoda, algo mejor de lo que yo podría ofrecerte-.

Tragué saliva al escuchar esas palabras. No es que anhelara una vida mejor, ni tampoco deseaba estar con él. Ya no podía, pues partiría en unas horas hacia la ciudad de Éter.

-Erick- dije con determinación.

-Lo sé- respondió Erick. -Escuché la conversación entre tu hermano y el exorcista. Me salvaste y debo pagar por ello. Iris, si hubiera una forma de ocupar tu lugar, lo haría-.

-Puedes prometerme algo a cambio- dije, mientras Erick me miraba y luego asentía.

-Sabes que puedes contar conmigo-.

-¿Puedes esperarme?- pregunté. -No sé cuánto tiempo me llevará, ni siquiera si lograré mantenerme con vida, pero si regreso, quiero que me sigas esperando-.

-Te debo mi vida, es lo mínimo que puedo hacer- dijo Erick, tratando de mantener la sonrisa y evitando que las lágrimas en sus ojos se hicieran evidentes.

Nos quedamos mirándonos durante un largo tiempo, sin ser capaces de decir una sola palabra. Era como si pudiera leer su mente y él la mía. En ese momento, sentí una calma que no había experimentado en mucho tiempo, y supe que si las circunstancias hubieran sido diferentes, habría sido feliz junto a él.

La tía Beatriz entró a la habitación junto con la señora Martha, interrumpiendo el momento y separándonos de nuestras manos entrelazadas.

Observé a mi tía Beatriz y ella asintió, como si temiera pronunciar cualquier palabra.

-Nos veremos- dije por última vez.

-Nos veremos- respondió Erick con un corazón roto en sus palabras.

Salí de la habitación, limpiándome las lágrimas, esperando que nadie me viera en ese estado. La tía Beatriz me condujo por los pasillos hacia la salida.

Allí esperaba un carruaje con varias maletas en el portaequipajes. Miré a mi tía Beatriz y ella asintió, señalando que era el momento preciso para partir.

-Esperaremos a tu hermano y a Emma- dijo mi tía Beatriz como si estuviera entregando malas noticias.

-Tía- dije, pero ella negó con la cabeza.

-Tus intenciones son nobles, pero cuanto más tiempo permanezcamos en este lugar, más peligroso será para todos. Un exorcista emana una luz que atrae a los espíritus malignos, por eso debemos movernos antes de que decidan actuar-.

La preocupación se dibujaba en el rostro de mi tía Beatriz. Golpeaba el suelo con impaciencia, marcando el paso del tiempo.

Yo dejé de contar el tiempo cuando salió la tía Emma, seguida por mi hermano Cristol y el exorcista.

Mi hermano me lanzó una última mirada, pero no dijo una palabra. Parecía desconsolado por verme partir.

-Rezaré para que regreses a salvo- dijo mi tía Emma. Asentí en respuesta a sus palabras.

-Volveré- respondí.

Nadie dijo nada más. Parecía como si estuvieran preocupados por las palabras que acababa de pronunciar antes de partir.

Me volteé junto a mi tía Beatriz. Un criado abrió la puerta del carruaje y me ayudó a subir. Luego mi tía ingresó y, por último, el exorcista Eduardo, quien se había comprometido a seguir nuestra ruta para asegurarse de que llegara a salvo a nuestro destino.

Pasaron varias horas mientras nos alejábamos del pueblo, hasta que finalmente llegamos a la ciudad de Altar, una ciudad que serviría como punto de descanso en nuestro largo viaje.

Era una ciudad de aspecto antiguo, con casas construidas con ladrillos de concreto y techos planos con salientes ornamentales. El suelo tenía el mismo tono gris oscuro de las casas, con pequeños ladrillos que marcaban el camino.

Daba la impresión de que esa ciudad había sido erigida sobre los cimientos de un antiguo castillo, aunque no quedaba rastro de su pasado.

-¿Puedo hacerle una pregunta?- le dije al sacerdote Eduardo, una vez que nos encontrábamos en nuestra primera posada y nos disponíamos a cenar.

-Seguro que estás curiosa acerca de la marca- respondió el exorcista. Yo asentí, mientras la tía Beatriz nos observaba con horror en sus ojos.

-Las alas de mariposa en nuestra marca son el símbolo de los exorcistas. Al igual que tú, yo también hice un pacto, aunque el mío fue de manera voluntaria-.

-Existen casos en los que los espíritus buscan a personas con un gran poder espiritual y les ofrecen la oportunidad de formar un pacto para convertirse en exorcistas. Algunos podrían considerarlo injusto, pero yo tengo una visión diferente- explicó el exorcista Eduardo.

-¿Usted cree que las personas con un gran poder espiritual deben ayudar?- pregunté, deseando saber su opinión.

-No- respondió el exorcista Eduardo. -Si bien todos tenemos una responsabilidad en cierta medida, los espíritus hacen un gran esfuerzo para cumplir su parte del trato. Quien encontró a Erick, en este momento, tendrá que recuperarse durante mucho tiempo antes de poder regresar a este mundo-.

-Y ¿qué significan los colores?- pregunté después de asentir.

-Los colores representan el nivel de poder de un exorcista. El morado es el nivel más débil, luego está el verde, el rojo, el blanco y, por último, el negro. La mayoría de los exorcistas tienen marcas de color morado o verde, ya que somos aprendices de las generaciones anteriores y no despertamos con el mismo nivel de poder. Un color rojo indica a alguien poderoso, el blanco a alguien extraordinario, y se considera imposible que alguien posea la marca negra- respondió el exorcista con fascinación al observar mi marca.

Observé a la tía Beatriz, cuyos ojos ya no reflejaban fascinación, sino más bien terror. Me di cuenta de que era hora de detener las preguntas innecesarias y disponernos a cenar.

Los días siguientes serían largos, ya que la ciudad de Éter estaba a una semana de distancia.

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Comments

Rosi Martinez

Rosi Martinez

que emocionante esta eso de los espíritus de la muerte del exorcista que emoción

2023-06-01

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