Mientras Henry y Sir Arthur se encontraban conversando en su oficina, Claire seguía acostada en su cama. Con delicadeza dos sirvientas la habían ayudado a bañarse dentro de una tina llena de infusión de plantas medicinales. Luego la secaron y ayudaron a vestirla con una cómoda bata.
La maga se sentía inútil y muy avergonzada por su situación, jamás pensó llegar a un nivel tan bajo en que necesitaría asistencia. Pedía en su interior poder recuperar su energía mágica para reponerse un poco, al menos le ayudaría a soportar su dolor.
Luego de pensarlo desde que se encontró entre los musculosos brazos de Henry, comprendió que la misterioso calidez contrarestaba la maldición en su pierna y aumentaba su poder mágico.
Cuando tuvo todo más claro, sonrió un poco por la ironía. La cálida alma de un hombre frío le había salvado su vida, aún maldita por su puesto.
Por lo que siguiendo su análisis, si quería al menos extender su periodo de vida y evitar morir con dolor, debía seguir unida a su esposo y mantener el contacto físico. Ese último pensamiento provocó que se sonrojara con locura, recordando el beso que le había dado al general o el abrazo de este.
—¡Componte, Claire!—se regaño así misma.
El desgraciado y tirano general le había dado donde más la ponía nerviosa, en la cercanía física. Jamás había dado un abrazo, o tomado de la mano a alguien o besado a un hombre, se daba tanto asco que pensaba que nadie le gustaría su contacto físico.
Sin embargo, el general había hecho eso varias veces, sin importarle su fealdad. Apretó varias veces sus mejillas para calmarse, no podía hacerse falsas ilusiones. Le gustaba la idea de ser la princesa rescatada por un príncipe valiente, pero ese príncipe no era Henry.
Su relación seguía siendo de mago y contratista, de subordinado y jefe. Por lo que había alcanzado a escuchar, los ataque de Azuri habían sido aumentados. Por lo que la guerra con ese imperio seguía, de modo que todas esas demostraciones de “afecto” eran producto de su trato.
Dio un profundo suspiro cuando las mucamas entraron a traerle la comida.
—Señora Claire—ambas hicieron una reverencia sosteniendo varios platos de comida—el señor Henry ha ordenado al chef cocinarle platos para ayudarla en su recuperación.
Observando el cielo azul y despejado, podía adivinar que ya era la hora del almuerzo. La sirvienta más joven colocó una mesa en sus piernas y dejó los plato de comida.
Lo más fuerte era el hígado encebollado que aunque no era el gusto de la maga, tampoco lo rechazaría. Después de haber pasado años muriendo de hambre, ese platillo aborrecido por muchos era un manjar para ella.
Las sirvientas, quienes habían sido las mismas que la acompañaron en su viaje con el general de regreso a la mansión y también la habían ayudado, se alegraron que la chica comía todo con ganas.
—¿Ustedes me han estado cuidando incluso después que estuve en coma?—preguntó luego de tomarse el jugo de mango que le habían dado después de terminar el almuerzo.
—Si, señora. Mi nombre es Charlotte y mi compañera es Emilia—respondió la más joven mientras retiraba la mesa de las piernas de Claire—estaremos a cargo de ayudar en todo lo que usted necesite.
—Gracias a ambas y disculpen la molestia—dijo con un pequeño nudo en la garganta.
—Por el contrario, es un gusto atender a la señora de esta casa—respondió Emilia.
Ambas sirvientas les dolía ver la situación de la maga, entendían que un enfermo tuviera la autoestima tan baja; sin embargo, la esposa de su patrón se creía peor que una basura que no merecía ser tratada.
—Menos mal que la señora Claire es nuestra patrona y no la malvada de la señorita Eloísa—dijo Charlotte luego de salir con su compañera rumbo a la cocina.
—¡Charlotte!—reprendió con fuerza Emilia—recuerda que la señorita Eloísa es la prima de nuestro señor, por lo que debemos tratarla con respeto.
—Por más respeto que tengamos que darle, eso no cambiará mi opinión—detuvo su paso y miró con enojo a su compañera—agradezcamos que el padre Augusto se llevó su hermana par que hiciera voluntariado por bastante tiempo, ¡No me imagino el puesto de la señora ocupado por esa chica con tan fea alma!
—¡Charlotte!—Emilia gritó intentando alcanzar a su compañera.
—¡Charlotte nada!—se giró con brusquedad, haciendo que Emilia diera un pequeño brinco por el susto—ahora démonos prisa, Don Joaquín nos espera.
Mientras tanto, en el despacho del general, Henry y Sir Arthur se encontraban hablando en el balcón mientras tomaban un buen vaso de Whisky.
—Digame ahora, Sir Arthur, ¿Cómo fue que Claire terminó con esa maldición?—cuestionó mirando directo al anciano.
—En realidad no sé como...—respondió con pesar—ella no me ha dicho nada de su vida anterior después que la encontré en la orilla del río Lena.
—¿Y como es posible que no hayan encontrado una forma de quitarle su maldición?
—Lo hemos intentado y lo seguimos haciendo—observó el vaivén de los hielos en su bebida—no hemos logrado encontrar las runas benditas por las cuales crearon las malditas que tatuaron en su pierna. Aunque hicimos varias combinaciones en sus formas, todas fueron inútiles. Lo más cercano a una solución la encontró ella misma, pero...
—¿Cuál fue?—preguntó mientras observaba con el anciano se terminaba el Whisky en un solo trago.
—Intentar amputarse su propia pierna.
Las palabras de Sir Arthur conmocionaron en gran medida al general, ¿Qué tan desesperada tuvo que estar Claire para intentar hacer ella misma tremenda barbaridad con su propia extremidad?
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Comments
Sonia de la Torre
Y eso que sólo sabes del beso que le diste tú, él te dio unos cuanto más 😅
2023-09-16
6
Andre
seria bueno conocer la verdadera historia de Clare para saber el porque de todo su sufrimiento 🤔🤔🥺
2023-05-04
6
Lady-lucyy
esto se pone cada vez mejor.
2023-04-15
8