Todos los miembros del consejo de seguridad estaban reunidos en el salón de conferencias del batallón de Leticia, expectantes a la pantalla del dispositivo de comunicación a largo alcance que habían puesto para comunicarse tanto con las torres mágicas como con los demás batallones.
El dia posterior a que la maga lograra materializar el portal y lo espejos, fue un día tan agitado que nadie, ni siquiera el rey, logró dormir un poco. Algo que ya estaba empezando a afectarles incluyendo a Henry, el cual tenía una fuerte migraña producto del trasnocho.
No obstante, cuando la hora cero había llegado, el cansancio pareció irse. El silencio fue abrasador por parte de cada lado, justo cuando el reloj marcó la hora indicada los desgraciados de Azuri habían llegado al espacio aéreo argelino con el fin de destruir todo a su alrededor.
Lo que jamás supieron los soldados azurianos, debido a la rapidez y al camuflaje de cada torre mágica, que fue lo que pasó luego de que arrojaran las bombas de los zeppelins. Ya que una fuerte luz los había enceguecido y con ella una explosión los había borrado del mapa.
—¡Lo hemos logrado! ¡Los azurianos cayeron por su propia bomba!—gritó uno de los tantos capitanes que estaban a cargo de los espejos amplificadores en los batallones.
Los aplausos y los gritos de alegría no se dejaron de escuchar tras un buen tiempo, habían logrado por primera vez hacerle frente en toda su magnitud a un imperio que solo buscaba expandir su terreno a costa de vidas humanas y todo gracias a una maga moribunda.
Poco a poco se comenzaba a escuchar en el reino los rumores de todos los pobladores, quienes estaban dormidos a esa hora de la noche y solo unos cuantos habían visto lo ocurrido.
De entre todas las palabras que decían, aún conmocionados por el estallido que se sintió en todas las ciudades capitales, es que rayos de luz plateada habían aparecido en el cielo para luego suceder una serie de diversas explosiones en el cielo, que se habían logrado ver muy alto en el cielo.
—¡Méndez!—llamó al rey a un joven hombre que hacía parte del consejo de seguridad—activa la red de comunicaciones básica, transmite mi mensaje tanto los heraldos como a los periódicos: Argeli logró contrarrestar un ataque bélico de grandes magnitudes por parte de Azuri. Pronto haré un comunicado público dando más detalles.
El rey solo se limitó a comunicar eso, ya que habían algunos detalles que debían mantenerse clasificados. Nadie más, ni siquiera gente del pueblo de Argeli, podía enterarse del nuevo sistema de defensa que tenía el reino. De modo que si la información fuera filtrada, ya sabía a quienes buscar para descubrir al posible traidor.
—¡Brigadieres y comandantes!—se dirigió a los altos mandos del ejército, tanto del consejo de seguridad como de los demás puestos de mando unificados—tripliquen la seguridad en las fronteras y estén alertas por otro posible ataque. Lo más probable es que el desgraciado del emperador Abelardo I mande más de sus soldados.
—¡Señor, si, señor!—respondieron todos al unísono, por primera vez sentían que podían tener una victoria frente al malvado emperador de Azuri.
Henry salió de la sala para poder respirar un poco de aire fresco, el aire dentro de ese lugar se había vuelto tan pesado debido al estrés y la incertidumbre de lo que parecía en la hora cero, que para nada ayudaba a su migraña.
No podía negar que estaba tranquilo debido a la victoria que habían logrado, pero también estaba muy afectado por todo el esfuerzo acumulado. Se sentía tres veces peor que las expediciones que hacía al campo de batalla y que lo obligaban a volver a su casa luego de meses.
—¡General Henry!—llamó el rey a su querido amigo—regrese a su mansión y agradezcale por mi parte a su maga debido a su idea, muchas personas lograron salvarse hoy gracias a ella—se acercó al cansado general para susurrarle al oído—y tratala bien, no solo es tu esposa, también es tu aliada. Es y será tu mayor apoyo, se merece al menos un trato justo.
Dijo el monarca para luego volver a la sala y seguir conversando con los demás. Henry sabía que con sus palabras, Anatole le había autorizado su regreso a su mansión. Tomó su maleta, la cual lo había ayudado a soportar ese largo día y medio dentro del batallón, para dirigirse a su carruaje y volver a su hogar.
Desde que se había ido no había vuelto a escuchar noticia de la maga, y aunque estaba un poco preocupado respecto a ella, se tranquilizaba saber que si hubiera muerto le hubieran avisado enseguida algún trabajador de la mansión.
Con cada metro que avanzaba el carruaje, no dejaba de pensar en la últimas palabras que le había dicho su gran amigo. Era innegable el hecho de que esa maga moribunda se había vuelto en una de las mayores armas del reino, ya que había logrado acestar un golpe muy duro a Azuri que ni el, con su amplia trayectoria militar, había logrado hacer.
Era innegable el hecho de que aquella chica le hacía recordar mucho a su madre. Por lo que asociaba a eso el sentimiento de querer protegerla y ayudarla. Ni hacía menos de un mes que la había conocido y sumado a eso estaba su juramento a la milicia, por lo que no sentía nada que su pudiera catalogar como amor.
—¡Maestro!—dijo Gabriel, una vez volvió a aparecer en forma de orbe frente a el—mi hermano me acaba de informar que la situación de la maga ha empeorado, ni siquiera ha dado signos de despertar.
Fue lo último lo que lo preocupó más, entendía bien que su estado físico hubiese seguido mal, pero pensaba que había logrado despertar de su sueño profundo después de ese beso que le había dado.
—Comunicate con el Sir de la torre efímera de inmediato—dijo mientras golpeaba el techo del carruaje, indicando al chófer aumentar la velocidad—debo estar a menos de quince minutos de la mansión, así que intentaré estabilizarla. Pero necesito que Sir Arthur venga, él sabrá que hacer para sacarla del sueño profundo.
Gabriel se despidió, para luego desaparecer, con la nueva tarea que su maestro le había dado. De nuevo solo, Henry pensó con sumo desagrado en la posibilidad de que su maga no sobreviviera a aquella noche.
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Comments
Jackeline Gaido
Ay pero q buenos deseos tiene hacia la mujer q le dió una victoria. Es cierto q las malas noticias vuelan, pero q no sea tan mendigo en pensar q ella no tardaría en morir.
2024-09-15
1
Sonia de la Torre
Le importa más de lo que quiere admitir pero es muy cabezón 🙄
2023-09-16
4