El rey Anatole y el general Henry llegaron al jardín principal del batallón, donde había una amplia plataforma que servía para realizar eventos, pero que esta vez haría lugar para un círculo gigante que la maga estaba terminando de dibujar.
Aunque no estaba lloviendo, si hacía brisa y mu helada. Henry alzó su mirada al cielo, donde la barrera formaba un leve brillo verduzco que le daba algunas veces la apariencia de auroras boreales.
Dio un profundo suspiro, pensando en las palabras del rey. Al ver la barrera y el trabajo que Claire estaba haciendo, así como dibujar un círculo mágico estando en su estado enfermizo, lo obligaban a admitir que la maga se había convertido en alguien muy importante en su trabajo.
Tan solo en menos de un mes, ella logró no solo solucionar un problema que lo había aquejado desde hace más de un año, referente a la represa, sino que también había logrado encontrar una posible solución para una amenaza eminente.
No podía amarla como una esposa, le costaba tan siquiera verla como una mujer. Al verla lo único que pensaba era en como no estaba muerta una mujer que estaba vuelta peor que un vagabundo; sin embargo, el rey tenía un buen punto: su esposa sería una aliada. Una vez que la situación terminara, hablaría muy bien con ella para dejar en claro de manera definitiva su relación.
—¡Retrocedan!—gritó Claire, una vez terminó el círculo, para dar lo que quedaba de la tiza con la que había dibujado a un soldado razo.
Si todo salía bien en cada círculo secundario que había dibujado, los cuales eran atravesados por el círculo principal, deberían materializarse los espejos amplificadores. Se dirigió a un tercer círculo que estaba dibujado en el centro y se arrodilló dentro de él.
Cerró los ojos con fuerza, llena de miedo y pánico. Sabía el enorme dolor que le deparaba, toda su energía mágica no solo se consumiría con sus espejos, sino que también con el portal. Sin embargo, cuando pensaba en las personas que se salvarían con eso, todo valdría la pena.
Ya estando arrodillada, dio un fuerte aplauso y llevó sus manos al piso pavimentado de la plataforma. Todos, incluyendo los miembros del consejo de seguridad, estaban expectantes por lo que sucedería.
Cuando pasaron varios segundos después de ese movimiento, algunos comenzaban a creer que realmente era una farsante; no obstante, lo que ocurriría después los dejó sin aliento.
Una fuerte luz violeta comenzó a emanar del cuerpo de la maga, como si esta fuera una lámpara, iluminando todo el jardín. Todo lo que estaba alrededor de la chica comenzó a flotar, hasta las personas levitaron varios centímetros por encima del piso. Si las hojas con los planos de los espejos, así como del portal, no estuvieran ancladas con estacas especiales, estas se hubieran salido de los círculos.
Le estaba costando a Claire todo eso, el nivel de energía que estaba liberando intentaba dejarla inconsciente a momentos. Aquello era un mecanismo de defensa involuntario de todos los magos, ya que la energía mágica estaba muy ligada a la energía vital, si su cuerpo comenzaba a ser amenazado ni siquiera podría sobrevivir con la poca energía vital que tenía como enferma terminal.
—Continúa, no pares—fue lo único que se dijo para darse un poco de fuerzas.
Su cuerpo comenzaba a temblar con mucha fuerza, mientras la capa de su torre mágica también levitaba. El esfuerzo era descomunal, tenía que llevar la suficiente energía mágica tanto a los respectivos círculos como para evitar salir volando del círculo principal. A lo lejos, aun flotando, se encontraba Henry observando la escena con el corazón acelerado. ¿Aquella imagen era un castigo de dios para recordar a su madre fallecida?
Todos los movimientos y gestos, así como las posturas de la maga, todo le hacía recordar a los últimos momentos que su progenitora había pasado con él. En esos momento pudo sentir algo muy diferente por Claire, que se separaba mucho de lo que él antes creía.
No solo la veía como su aliada, como aquella que podía ayudarlo a ganar la guerra, también estaba empezando anhelar poder ayudarla. Sacarla de ese maldito círculo mágico de donde estaba y poder encontrar otra forma para materializar sin que fuera tan dolorosa.
—No...—Henry quiso hablar, gritarle que parara, pero no podía.
Su interior era un mar de confusión, por un lado, quería ayudarla, pero por otro no quería. No por el hecho de ser ella, sino porque si mostrara una imagen diferente al hombre frío que había trabajado por décadas en el ejército, muchos de sus enemigos podrían encontrar un punto débil. Por nada del mundo volvería a pasar por el dolor que pasó con su madre, por eso hasta ocultaba su amistad con el rey o su relación con Don Joaquín.
De un momento a otro varios rayos comenzaron a salir de la chica, haciendo que ella empezara a gritar del dolor. Los rayos comenzaron a tomar tanta fuerza que amenazaban con tocar a los que estuvieran fuera del círculo mágico, si no fuera porque este mismo formaba una barrera que impedía que nada saliera.
Un espasmo muy doloroso invadió la espalda de la maga, haciendo que esta se contorsionara hacia atrás y soltara sus manos del piso. Aquello solo hizo que los rayos se descontrolarán aún más.
Mientras sus ojos se iluminaban por completo de luz violeta, se podían empezar a apreciar sus venas. Todos los presentes podían ver lo doloroso que era para Claire, quien tenía lágrimas de sangre recorriendo todo su rostro.
De pronto la luz que emanaba la maga comenzó a intensificarse a tal punto que encegueció por completo a todos los testigos de la materialización.
Lo último que supo Henry fue haber escuchado una fuerte explosión y luego sentir como se golpeaba contra el frío de una forma muy brutal. No supo cuanto tiempo había estado inconsciente, pero cuando comenzaba a recuperar la noción lo primero que sentía era un pitido muy ensordecedor que no le dejaba escuchar nada.
Así mismo, aunque tenía la vista muy nublada, podía observar como algunos estaba intentando levantarse producto del fuerte estallido y otros estaban en el centro del círculo mientras intentaban socorrer a la maga.
—¡No la toquen!—fue lo único que gritó mientras se acercaba al lugar tambaleándose.
Le molestaba sobre manera que otros la tocaran, en su interior sentía que él solo podía acercarse a ella. No obstante, cuando vio mejor la escena pudo comprender porque había varios soldados intentando ayudarla.
Claire se encontraba convulsionando con fuerza, con un pañuelo en su boca para evitar que se mordiera la lengua, mientras no dejaba de expulsar sangre de sus odios, ojos y nariz. Cuatro soldados agarraban su extremidades para evitar que esta se lastimara, mientras que otro sostenía su cabeza. De un momento a otro la maga dejó de convulsionar y cerró sus ojos, preocupando a todos los que estaban a su alrededor.
—¿Está muerta?—preguntó el rey una vez llegó al lado de Henry.
El monarca pudo constatar que la materialización había sido un éxito, pese a estar aún aturdido por el golpe que había recibido al momento de la explosión. Sin embargo, cuando vio el estado de Claire se quedó sin palabras. Tanto, que ignoraba las palabras de soldados que querían socorrerlo debido a que tenía una pequeña cortada en su frente. Todo había salido de acuerdo al plan, pero ¿A qué costo?
Henry al escuchar la pregunta de su majestad, dio un golpe lleno de ira al suelo. Cada segundo era una agonía por todos los sentimientos contradictorios que le producía la maga moribunda, así como los recuerdos de la muerte de su madre.
Dio un grito tan fuerte, que sacó a todos de su desconcierto y los asustó de sobremanera. Levantándose adolorido por el golpe, se llevó a Claire en brazos hasta su carruaje y le ordenó al cochero en turno dirigirse a su mansión.
—Pero señor, si aumento la capacidad de los cristales de velocidad a las ruedas del carruaje, puede que estas exploten por la sobrecarga—respondió el pobre hombre asustado no solo por la orden del general, sino por su semblante oscuro mientras cargaba a la chica maga.
—¡Haz lo que te ordeno!—dijo haciendo que el cochero se palideciera con brusquedad—quiero que este carruaje esté en menos de diez minutos en la mansión.
El cochero cerró la puerta del carruaje y se dirigió al asiento del conductor, ordenó a los caballos empezar a cabalgar y cuando estuvieron en movimiento accionó el mecanismo de los cristales para empezar a acelerar.
Con cada segundo que el carruaje aumentaba su velocidad, el humilde trabajador pedía internamente a los dioses poder sobrevivir a aquella noche.
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Comments
马里克鲁斯
No la quiere,a pero bien q siente celos
2023-06-27
3
Sandra Espinoza Caldas
Que le paso, esta muerta, espero k pueda vivir y encontrar otro cuerpo k le pueda ayudar a calmar su dolor
2023-04-13
6