Apenas si los caballos pudieron llegar con éxito a la mansión del general; sin embargo, estos cayeron del cansancio producido por la carrera. Las ruedas estaban tan dañadas que el cochero tenía el corazón a mil de tan solo preguntarse como estas no salieron volando en el camino.
Los que si estaban en estado crítico eran los cristales de velocidad integrados a estas, soltaban tanto humo que parecían calderas de sopa. Con rapidez se bajó para abrir la puerta, pero se dio cuenta de que Henry ya se había bajado del carruaje y se estaba dirigiendo a la entrada principal de la mansión.
Israel y Julieta se encontraban en shock tras el estado demacrado que tenía Claire, cuando intentaron acercarse para ayudar Henry no los dejó. Subió de inmediato las escaleras principales rumbo a las habitaciones. Cuando los empleados del turno nocturno pensaron que se dirigía al ala de invitados, se sorprendieron aún más cuando no solo cambió el rumbo al ala de habitaciones principal, sino que la llevo a su propia habitación. Querían ayudar a la pobre chica, pero no podían entrar a la habitación del general sin su autorización.
Henry cerró con brusquedad la puerta de su habitación, la ventaja de su cuarto era que había dado la orden expresa de que solo Don Joaquín entrara en él y le prepara la chimenea para siempre encontrarla caliente. En ese lugar tendría la mayor privacidad posible para lo que se disponía a hacer.
—¡Uriel!—llamó mientras acostaba a Claire en su cama.
Su espíritu guardián salió del rincón más oscuro, quedándose también anonadado por el estado de su maestro. Su cabello rubio que lo llevaba siempre pulcro, ahora estaba desordenado como si recién se hubiera levantado.
—Dirígete al batallón y comunícale al rey que apenas estabilice a Claire me dirigiré enseguida a su lado—ordenó sin apartar la vista de la maga, la cual estaba cada vez más pálida—recuerda que nadie puede verte, solo su majestad.
Una vez que el guardián se fue de su habitación, comenzó a desvestir a Claire sin miradas indiscretas. Aunque no la dejaría completamente desnuda, solo hasta la parte de la ropa interior de su vestido, si necesitaba revisar si tenía alguna otra herida en su rostro. Lo que vio después de eso lo dejó sin habla.
No solo podía observar todas sus cicatrices sino las prótesis que tenía, así mismo las quemaduras y las runas malditas que tenía tatuadas en su pierna, que habían dejado su color negro normal de la tinta, para resplandecer con un brillo rojizo. Claire no solo estaba agonizando físicamente producto de la materialización, sino que una maldición la estaba queriendo llevar a la muerte.
—¿Cómo es que sigues viva?—preguntó sin respuesta alguna, pero lleno de respeto hacia ella. Muy pocos son los que pueden trabajar y dar todo por los demás, estando al borde del colapso.
Tomó en brazos a la maga para dejarla sentada en el colchón, sacó el pañuelo de su boca, el cual había dejado allí por si volvía a convulsionar no se mordiera la lengua, y la besó de la misma manera que había hecho ella en el carruaje. Solo fue cuestión de unos segundo para que la corriente calidad de su interior comenzara a buscar el cuerpo de Claire e ingresara a este. Pensaba con cada minuto que pasaba dándole esa extraña calidez de su alma, que esperaba que la chica sobreviviera. Estaba decidido, la apoyaría de manera incondicional como ella lo había estado apoyando.
Los trabajadores seguían preocupados por la situación, ni siquiera se separaban del pasillo fuera del cuarto de su patrón, aun cuando el brillo comenzaba a ser tan fuerte que comenzaron a creer algunos que se había incendiado el lugar.
Joaquín se había levantado bastante exaltado por las voces de algunas mucamas fuera de su habitación, aún somnoliento debido a la hora, corrió sin titubear hasta la habitación del niño Henry, que era el apodo que le daba de cariño a su patrón. Justo cuando iba a abrir la puerta del cuarto, esta se abrió dejando ver a un muy cansado general. Este ordeno que absolutamente todos los trabajadores de la mansión, hasta los encargados de las caballerizas, se dirigieran al vestíbulo principal debido a que tenía que dar un anuncio urgente.
Luego de que todos se dirigieran a avisar a los demás de la orden de su patrón, Henry hizo que Don Joaquín entrara a su habitación.
—Joaco, ayúdame con mi ropa. En el armario hay una pequeña maleta, guarda algunas mudas para estar fuera de la mansión por dos días y algunos implementos de aseo—Joaquín asintió y comenzó a hacer lo que su patrón decía, sin apartar su mirada en lo posible de la cama de este donde se encontraba durmiendo la maga cubierta hasta el cuello de una gruesa manta.
Joaquín bajó las escaleras intentando seguir el ritmo de su patrón, el cual se dirigía sin tregua al vestíbulo principal. Allí pudo observar como los más de cien trabajadores se encontraban reunidos en dos largas filas ubicadas a cada costado.
—Escúchenme muy bien lo que voy a decir, ya que no lo volveré a repetir—habló sin apartar su mirada un segundo de la puerta principal—estaré unos días fuera, resolviendo unos asuntos con su majestad en el batallón. Hasta que vuelva, la señora Julieta, el mayordomo Israel y Don Joaquín estarán a cargo del lugar. Cuando vuelva quiero ver todo en orden, así mismo ¡Les ordeno cuidar a mi esposa en mi ausencia!
Todos se enmudecieron ante tal revelación, no comprendían cuando su patrón había contraído nupcias con la maga. Inclusive Joaco, quien era el más cercano a él, tembló de la sorpresa a tal punto que casi dejó caer la maleta de Henry. El general al ver la reacción del cocinero, tomó la pesada valija y se dirigió con paso firme al carruaje. Ya después, cuando tuviera tiempo, le explicaría todo a Joaco. Ahora debía volver lo más pronto posible al batallón, la amenaza del ataque seguía adelante.
—¡Gabriel!—Henry llamó al segundo de sus espíritus guardianes, quien se materializó en un pequeño orbe de luz una vez el carruaje comenzó su camino al batallón—¿Guardaste muy bien la corona?
—Sí, señor—respondió un tanto preocupado, su maestro solo lo llamaba cuando el asunto era muy grave. Por lo general le delegaba las tareas a su hermano Uriel antes de recurrir a él—¿Ocurre algo?
—Una vez que te avise, te comunicarás de inmediato con Sir Arthur para que se dirija a mi mansión sin demora alguna—ordenó mientras intentaba acomodar un poco su cabello despeinado—estate pendiente cuando te dé la orden.
Gabriel afirmó ante las palabras de su maestro y desapareció del interior del carruaje, dejando al general solo. Este recostó un momento su cabeza en la ventana, el nivel de estrés que tenía era insoportable. No obstante, debía mantenerse enfocado en las dos tareas más importantes. Una vez Argeli estuviera a salvo de la amenaza de los bastardos de Azuri, hablaría muy seriamente con el jefe de la torre efímera para abordar la situación de su esposa.
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Updated 55 Episodes
Comments
Marina Hinostroza
Henry está empezando a tener sentimientos , no de amor, sino de respeto y admiración por su esposa.
2023-10-25
3
sotlas
pienso que su cuerpo se sanar a cuando se una al general
2023-06-18
2
Andre
mmmm bueno por lo menos algo bueno hizo, al darle la calidez de su alma 🤔🤔🤔
2023-05-04
3