Hacía tan solo quince años que toda la paz que había logrado mantener, el reino de Argeli, se había ido a la basura. Luego de que la mitad de la población del vecino país de Karmin se fuera abordo del arca, a un nuevo mundo, el imperio de Azuri se había adueñado de dichas tierras aprovechando el caos que reinaba.
El general Henry llevaba casi la mitad de su vida intentando que las tropas enemigas no cruzaran las fronteras, y aunque Argeli era considerado uno de los reinos más fuertes del hemisferio occidental, estaba comenzando a debilitarse por la enorme fuerza de Azuri.
Por dicha razón, es que había acudido a la torre mágica más lejana del reino, con el fin de encontrar al mejor mago de todos; sin embargo, jamás pensó que el precio de su colaboración fuese desposar a una maga cuya apariencia la hacía ver como una enferma terminal. Aunque tenía sus reservas sobre el trato que había hecho, no daría ningún brazo a torcer. Haría lo que fuera para defender la frontera.
Mientras esperaba a que Claire terminara de entregar sus maletas a sus sirvientes, quienes estaban esperándolos en el carruaje. Observaba bajo la copa de un árbol a la joven maga. Algo seguro sabía, aunque no comprendía la actitud de la chica, y es que no dudaría en matarla si al final representara una amenaza. No le importaría si con ella se quedaba viudo de una mujer a quien no siquiera amaba.
—Claire me comentó cual fue el trato—dijo Sir Arthur, una vez se acercó al general—no se preocupe, solo yo sabré el precio de su acuerdo—queria intentar calmar el rostro fruncido de Henry—pero déjeme decirle la enorme sorpresa que tuve al saber que usted aceptó. Sé que solo hizo porque Argeli se ha quedado sin opciones;no obstante, le juro por mi vida que ha encontrado a la mejor de las compañeras.
Apenas vio que todo estaba listo, se separó del anciano sin siquiera despedirse o dejar que el terminara su explicación. Tomó con fuerza el brazo de la joven regordeta y subió sin mirar atrás. Estaba tan enojado por la situación, por primera vez sentía que algo se le salía de su control.
En el camino, Henry seguía observando la ventana sin punto fijo mientras que Claire estaba recostada contra la ventana del otro lado. El brusco movimiento que había hecho el general para subirla al carruaje la había lastimado demasiado.
Tal vez fuese por su estado de salud tan deteriorado, pero su brazo le dolía con mucha pasión. Sin embargo, no lo admitiría y si algo ocurría, prefería decir que estaba cansada por su partida. Lo único que me interesaba era estar al lado de aquel hombre cuya alma le brindaba calidez a su fría existencia. Por lo que, si podía cumplir todas sus expectativas sin evidenciar su estado, soportaría su mal carácter.
Pasó una hora hasta que llegaron a una capilla fuera de la ciudad. Al bajar pudieron notar como un sacerdote los estaba esperando.
—Bienvenido, primo—saludó a Henry con un escueto abrazo y a Claire con un apretón de mano.
Hizo que la pareja entrara a la capilla y que Henry esperara en el altar, mientras que Claire hablaba con el sacerdote en su despacho.
—Pequeña...—hablo con preocupación—Henry me ha comentado todo, así que no te agobiare con ese punto. Pero, antes de iniciar la ceremonia hay algo que me preocupa—tomó la mano enguantada de la maga—se nota a simple vista que no estás bien. Tus razones tendrás para casarte con Henry, pero yo no soy ciego como el. ¿Estás segura de continuar?
—Si, padre. Lo estoy.
—Entonces que el dios Aion te bendiga, hija mia—dijo mientras le hacía la bendición.
Una vez terminada su conversación, guió a Claire al altar. Cuando ya la ceremonia había terminado, no había pasado ni en segundo para que Henry saliera rumbo al carruaje. La maga hizo una pequeña reverencia en señal de despedida y salió con paso firme.
El era un hombre espiritual, por lo que creía que lo imposible podía ser posible. No obstante, cuando se enteró que iba a casar al amargado de su primo tuvo problemas para creerlo. Le costaba creer que aquella pequeña jovencita, dentro de un simple vestido blanco primaveral y una túnica negra, hubiera sido capaz de convencer a un hombre que había jurado su vida entera solo a la guerra.
—Gran diosa Aletheia, que en paz descanses. Tu que siempre fuiste veladora de la verdad y que luchaste en contra del dios de la mentira hasta tu último aliento, si tu alma está aún en este mundo...brindale tu valentía a esa chica para que soporte lo que se le viene encima—expresó en una pequeña oración.
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Comments
KAMELIA
Que pecado con la pobre, pero de algo estoy segura y es que de todo aprendemos a ser más fuertes 💪
2024-06-10
1
Marina Hinostroza
Qué tipo, ojalá no se arrepienta y llore sangre de tanto pesar por la forma en que la trata ☹️
2023-10-25
1
Sandra Martinez
ja! la actitud del general es la típica de una mente cuadrada que tiene un solo objetivo de vida
2023-07-16
5