Así como Claire le pidió a Henry, apenas llegaron a la ciudad fronteriza de Leticia, el general la llevó de inmediato a la represa. Aunque si bien podía llevarla a descansar una noche a su mansión, la maga seguía insistiendo en ir al sitio, por lo que no intentó convencerla.
Una vez el carruaje se detuvo, los caballos cayeron del cansancio. Cuando el general y la maga bajaron, este le pidió al cochero que enviara un mensaje a las caballerizas para que enviaran otros equinos y se llevaran a los que estaban cansados, para que pudieran recuperarse del largo viaje.
Mientras tanto, Claire observaba la entrada del recinto. Debido al enorme peligro que había de que fuera invadido, Henry había ordenado evacuar el lugar. Solo quedaban unos autónomos mágicos que se encargaban del buen funcionamiento de la presa y así evitar que el pueblo río abajo fuera inundado. Sin embargo, lo que llamó la atención de la maga fue un cartel que había encima de la puerta principal, el cual decía:
"Los humanos podemos sobrevivir sin los dioses"
Aunque era joven, sabía muy bien a lo que se refería. Hasta los niños estaban conscientes de la guerra que le había declarado Azuri a todo el planeta. Que pese a haber sido aliado del gran dios de las mentiras, Ápate, seguirían adelante con sus planes expansionistas aun si la divinidad hubiera muerto.
La gran batalla final entre Ápate y la última paladín, Rebecca, era conocida en cada rincón del planeta. La noche en que la mujer había dado su último respiro para permitir que el arca saliera del planeta y así deshacerse del dios, Claire había tenido una fuerte crisis en esa cruel noche, siendo atacada constantemente por una fiebre infernal, pudo ver en sueños como una serie de visiones se le mostraban de aquella cruda batalla.
—Dígame, general, ¿Usted tuvo la oportunidad de abordar el arca?—preguntó Claire mientras observaba el cartel—yo recibí el mensaje con la invitación de abordarla y escapar de este mundo dominado por los dioses crueles.
—Sí, yo también la recibí—respondió una vez que llegó a su lado. Este también se había quedado observando el cartel de la entrada—por más paradisiaco que parezca el nuevo mundo, libre de los dioses, me niego a dejar este planeta. Lucharé hasta el final por la tierra que me vio nacer, así sea que tenga que usar la fuerza para hacer ver al ejército de Azuri que no todos queremos someternos a la voluntad divina.
—Eso está bien, está muy bien—Claire le dio una sonrisa muy amplia al general—este mundo necesitará personas como usted.
La maga no esperó a que el hombre le respondiera y entró a la presa, siendo guiada por uno de los autónomos. Henry estaba cada vez más confundido, cuando escuchaba hablar o veía caminar a la chica, sentía que en cualquier momento se fuera ir al río del más allá.
—Si te vas a morir, primero sé de utilidad para mí—dijo en voz baja, sin apartar su vista de la espalda de la maga.
La presa de la ciudad de Leticia era una larga estructura más de un kilómetro de longitud y diez de altura, que había sido construida usando magia para contener las enormes cantidades de agua que venían del océano negro. Si bien en un principio aquella frontera había servido para crear un segundo puerto principal para Argeli, y así aumentar su economía, ahora era un peligro debido a que era un punto débil para la seguridad nacional.
Consciente de aquello, Claire pidió que la llevaran a lo alto de la presa. Ya en la cima, tuvo que ser ayudada a sostenerse por uno de los autónomos, ya que al estar a gran altura, las corrientes de brisas eran mucho más fuertes. Con delicadeza, se sentó en el borde y comenzó a garabatear el cuerpo de un hombre con los dos brazos extendidos. Una vez que terminó, arrancó la hoja donde estaba trabajando y la arrojó al agua.
Henry estaba observando todos los movimientos de la maga, ya que se encontraba detrás de ella pendiente de cualquier movimiento sucio que ella hiciera.
Al principio pensó que nada sucedería, porque no ocurrió algo después de que ella arrojara el papel; sin embargo, fue cuestión de unos segundos cuando un brillo violeta saliera del agua y formara un círculo mágico. Del círculo comenzó a materializarse una enorme estructura que triplicaba la altura de la presa, despidiendo una enorme cantidad de luz.
El general estaba sin creerlo, no podía comprender la enorme cantidad de energía mágica que tenía esa maga. Sabía que era poderosa, ya que era capaz de materializar cosas que no existían, pero jamás a ese nivel. Cuando el brillo mermó y pudo recobrar la visión, pudo ver frente suyo una enorme estatua de un hombre que tenía los brazos extendidos. De sus manos dos esferas de luz brillaban con fuerza y desprendían una fuerte cantidad de energía mágica que envolvía a toda la ciudad.
—¿Pero qué?—le preguntó a la maga.
Claire estaba dibujando aún en su diario, sin prestarle atención a la pregunta del general. Sus ojos brillaban violeta y su mano se movía una velocidad sorprendente. Una vez obtuvo lo que estaba imaginando, a su lado se materializó una corona que desprendía un brillo del mismo color que las manos de la gran estatua.
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Comments
Corina Aranguiz
MMM, me tiene intrigada esta novela, siento mucha tristeza por la maga...veamos que sigue...
2023-05-02
8