Los hombres llegaron hasta el despacho del rey, el cual debido a su ubicación apartada era el lugar perfecto para hablar sin ser espiados. Anatole cerró con seguro la puerta y se sentó en su escritorio, mientras Henry tomó asiento al frente. Ambos hombres duraron varios minutos en silencio, mientras que el rey observaba el rostro de su general.
—Henry, ¿Hace cuantos años nos conocemos?—preguntó sin rodeos.
—Hace treinta cinco años, su majestad...—se detuvo cuando escuchó el carraspeo del rey, el cual solo indicaba que podía hablarle sin protocolo debido a que estaban solos—digo, Anatole.
—Henry, más que mi amigo, eres mi hermano. Si no hubiera sido por tí, yo hubiera muerto hace décadas y si no hubiera sido por el sacrificio de tus padres, mi padre hubiera muerto antes de coronarme como su sucesor—tomó una profunda bocanada de agua—sin embargo, aunque no he querido obligarte a hacer las cosas debido a nuestra relación, no quiero ordenarte tratar bien a esa pobre chica. Te conozco, sé que no duraras haciendo esa tarea.
—Anatole, yo no puedo—respondió cerrando sus ojos—esa chica, me recuerda mucho a mi madre.
Anatole estaba lleno de curiosidad, muy pocas veces su amigo de toda la vida mencionaba a la antigua duquesa de Leticia. Expectante por saber la razón por la cual la maga lo hacía sentirse de esa forma, empujó al general a que siguiera hablando.
El hombre sin poder hacer más nada, le explicó todo lo que había ocurrido con esa chica y el trato que habían hecho. Así mismo, también le describió el hecho de que no pudiera tratarla bien es que lo hacía sentir muchos sentimientos contradictorios. Lo anterior era muy grave para él, ya que por su juramento a la milicia, había encerrado en un pequeño comportamiento de su corazón todos sus sentimientos.
—¡Mis respetos!—el rey intentaba contener la risa ante la revelación que acaba de escuchar—para que una chica moribunda haya tenido las pelotas para dominarte, y eso que fue en un momento de desesperación, y que no le hayas hecho nada, entonces esa chica es capaz de enfrentarse a todo.
Henry miró hacia abajo, por primera vez en su vida se sentía avergonzado.
—¿Y qué le dijiste cuando ella te pidió que durmieras a su lado, cuando entrara en el sueño profundo?—la pregunta de Anatole no fue respondida, lo que terminaba de aclarar sus dudas—¡Por el amor al gran dios Aion!, ¡¿Eres imbécil o que?!
El rey comenzó a caminar de un lado a otro, agarrándose su cabello mientras decía miles de impropios. Si su madre, la reina viuda, lo escuchara en esos momentos, se sorprendería que su dulce y bondadoso hijo fuera capaz de decir semejantes palabras.
—En estos momentos prefiero la compañía de los pendejos del consejo de seguridad, que la tuya—exclamó luego de sentarse—y sabes muy bien que detesto a cada uno de ellos y más al cretino de mi primo.
Se masajeó las sienes en búsqueda de calma, entendía muy bien el nivel de frialdad de su amigo pero hasta llegar al modo de no tenderle la mano a un enfermo, ya le asqueaba; sin embargo, debido a su amistad estaba intentando controlarse.
—¿Qué querías que hiciera, Anatole?—preguntó por primera vez exasperado—sabes que el tema de mi madre no lo toco, por lo delicado que es para mí, y ahora el tener a una mujer moribunda que me recuerda a ella me saca de quicio.
—Una mujer moribunda, que es tu esposa—contraatacó—su unión fue legalizada por la misma bendición del dios Aion, así que intenta primero no referirte de esa manera tan mala de ella.
Ambos se quedaron de nuevo en silencio, mientras que uno estaba mirando el techo, el otro miraba sin punto fijo el piso.
—¿Don Joaquín lo sabe?—preguntó haciendo alusión al chef de su amigo, el cual fue como un segundo padre para ellos desde que los antiguos duques y el rey Carlos fallecieron.
—Solo mi primo, el padre Augusto, y el sir de la torre efímera, Arthur.
Anatole suspiró con pesadez, al menos tenía la esperanza que alguien en la casa de Henry supiera sobre su esposa y con ello tuviera a una persona que tratara bien a Claire.
—Entiendo muy bien que la razón por la que te comportas así es debido a tu juramento —se levantó de la silla y rodeó la mesa, para luego darle un apretón en su hombro—pero, ya que estás tan reacio a abrir tu corazón, entonces míralo por el lado de tu vida militar: una esposa, una aliada.
El rey se acercó a la puerta, luego de escuchar que alguien la tocaba. Mientras Henry estaba reflexionando sobre las palabras que su majestad le había dicho, este último estaba hablando con un soldado razo que estaba de guardia esa noche.
—Su majestad, la señorita Claire me ha pedido que le avisara que ya todo está listo. En cuanto usted de luz verde, ella comenzará con el plan—comentó el soldado para luego marcharse tras hacer una reverencia.
—¿Henry?—fue la única pregunta que hizo Anatole, con el fin de captar la atención de un casi aturdido general.
Los dos salieron con paso firme del despacho, en cuestión de minutos comenzarían todos los preparativos finales para la “hora cero" por lo que debían estar al lado de la maga.
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Comments
Cruz Mejia
pobre maga y tan desgraciado el general es mejor el Rey
2023-05-03
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