Capítulo 8

...Un día después...

Para sorpresa y suerte de Eijiro, no tuvo problemas legales por golpear a ese grupo de chicos, puesto que éstos habían sido denunciados por el par de omegas que habían estado acosando. Además, la policía agregó a sus fichas el hecho de ser menores, fumando marihuana y vendiéndola a otros menores de edad. Aquello había librado realmente a Eijiro, quien ya se hacía la idea de que iba a tener su ficha manchada por lo que había hecho, pero agradecía que no fuera así y la calma se le notaba en el rostro.

—Tranquilo, aun si los hubieras matado, el viejo te hubiera sacado del apuro sin que se te manchara la ficha —comentó Touya con tranquilidad, sonriendo ladino por la duda en el rostro ajeno. —Si no fuera por él, mi ficha tendría unas cuantas manchas —contó antes de ver hacia su hermanito menor, prosiguiendo a modo de puya. —Así que no tienes que sentirte mal por lo que hiciste, defendiste a mi hermano y si no hubieras ido tú, hubiera ido yo y esos imbéciles estarían en un ataúd y no en un hospital. Mi familia lo sabe. Y Shouto debería estar orgulloso de que lo defendiste aunque no haya sido al momento.

—No me siento culpable —confesó Eijiro mientras observaba a través de la ventana, al otro lado de la oficina del jefe de la policía. —Aunque sí me hubiera gustado que hubiera sucedido de otra manera y no por la pérdida de control de mi alfa interior.

—Mejor vete acostumbrando —comentó Natsuo con un suspiro hondo, ganándose la mirada de los dos menores y el mayor, así que aclaró su comentario. —Eres el destinado de Shou, así que si Shou vuelve a aparecer herido o llegas a ver que alguien lo va a herir, perderás el control muchas veces de tu alfa interior.

—Terminaré preso en un futuro —soltó Eijiro hundiendo los hombros con un suspiro hondo antes de formar una mueca. —Igual no me arrepiento y lo volvería a hacer.

Los dos mayores asintieron levemente, comprendiendo que aunque el menor no se sentía culpable de lo que había hecho, sí se sentía culpable por pensar que no tendría problemas en volverlo a hacer con tal de mantener a salvo a Shouto. El bicolor no sabía realmente cómo sentirse. Había una parte de él completamente encantada de saber que su alfa lo había ido a vengar, pero la otra parte, la más razonable, estaba preocupada por el hecho de que nunca creyó ver a su alfa perderse en su animal de la manera en la que lo había hecho el día anterior. Por ello, tampoco le había dirigido la palabra desde ayer.

—Ya está todo resuelto —comentó Enji al salir de la oficina del jefe de policía. —No irás a prisión y tampoco mancharán tu expediente. La ley te respalda por el hecho de que ellos golpearon a Shouto y, al ser su prometido, es normal que reacciones de esa manera. Así que ese grupo de menores es el único en problemas.

—La señora Rei no estará muy contenta de que me estén ayudando a mantener mi expediente limpio —comentó Eijiro con una mueca. Lo último que quería era molestar también a la mujer.

—Tranquilo, se le explicará todo para que ninguno tengamos problemas —respondió Enji con calma. Él mismo sería quien le explicaría todo a su esposa. —Vamos a hacer las compras para el almuerzo.

—¿Podemos comprar algunas cosas que no están en la lista? —cuestionó Eijiro, comenzando a caminar detrás del mayor. —Necesito unos ingredientes para preparar algo.

—¿Cocinas? —cuestionaron Enji, Touya y Natsuo al mismo tiempo, con una ceja alzada.

—Por supuesto —respondió Eijiro, resoplando indignado por la sorpresa que veía en los otros tres. —Cuando quedé solo con papá, alguno de los dos tenía que cocinar y a él se le quemaba todo, así que me tocó aprender —contó.

Todos comprendieron de inmediato, asintiendo levemente para que el menor viera que le creían. Aunque realmente tenían sus dudas, no dijeron ni cuestionaron nada más para no molestar al joven alfa, quien iba al lado de Shouto, tratando de que éste le dirigiera la palabra o al menos lo dejara tomarle la mano. Pero el bicolor no accedía a ninguna de esas opciones y se alejaba de su novio. Necesitaba dejar de pensar en lo sucedido y dejar también de sentirse como un estúpido por haberse metido a tratar de defender a ese par de chicos que ni siquiera conocía y que lo dejaron en vez de apoyarlo como debían. Eijiro suspiró en silencio y desvió la mirada para observar el camino, llegando al auto del padre de la familia. Todos no tardaron en subirse de la misma forma en la que llegaron.

—¿Y qué vas a cocinar? —cuestionó Touya con curiosidad, sabiendo que el resto tenía la misma duda.

—Algo que solía hacerme mi madre en tiempos como estos —respondió Eijiro casi como un murmullo, observando la ventana mientras su diestra jugaba con el pequeño tiburón tejido que su madre le había regalado.

El silencio se formó después de eso. Nadie preguntó nada más y mucho menos dijo nada. Simplemente dejaron el tema zanjado mientras Enji se dirigía hacia el supermercado. Shouto vio de reojo hacia su alfa y apretó los labios. No sabía qué comida podría ser, pero le molestaba que no le pidiera hacérsela o que lo acompañase. Aunque prontamente se dio cuenta de que era por su propia culpa, por no hablarle. Y tuvo sentido que no le dijera ni le pidiera nada de eso.

Eijiro se mantenía recordando todas aquellas conversaciones que había tenido alguna vez con su madre hace mucho sobre cuando consiguiera a su destinado. Lo que podría hacer en caso de que éste se molestara e incluso los consejos que le había entregado en aquellos tiempos. Aquella comida que solía hacerle y misma que aprendió a hacer para su padre. Su madre se la preparaba cuando lo veía molesto o deprimido. Así que quería preparar eso mismo para su omega y tal vez así podría ganarse su perdón. Además de tener ese detalle con él ya que no quería faltar a su promesa de estar más pendiente de su novio y no sólo centrarse en sus rutinas.

Minutos después, el auto fue estacionado en uno de los puestos del supermercado. Todos se bajaron apenas el motor fue apagado y se dirigieron hacia la entrada del recinto, tomando un carro grande para pasar en grupo. Siendo Natsuo el que llevaba el carrito puesto que Shouto era el que tenía la lista y Enji también tenía su propia lista. Eijiro, por su parte, tomó una cesta aparte para poder colocar las cosas que compraría. Aun así, caminó por los mismos pasillos que el resto ya que tenía curiosidad de lo que había en la lista de su suegro. Touya iba al lado del joven alfa, observándolo de reojo antes de fijar la mirada en los transeúntes que pasaban por su mismo pasillo y terminó riéndose entre dientes cuando un par de omegas lo detuvieron. Así que todos se detuvieron para escuchar lo que el par tenía para decir.

—¿Necesitan algo? —cuestionó Eijiro con una sonrisa afable en sus labios. Solía ser bastante amigable con todas las castas cuando no se encontraba molesto, así que era fácil para él mismo librarse de algunos problemas, casi ileso.

—¡Te hemos visto! —exclamaron los dos omegas al mismo tiempo, llevando sus mejillas sonrojadas. Notaron la confusión en el rostro ajeno, así que el mayor se adelantó a explicar. —Siempre has venido a comprar aquí. Mi primo y yo trabajamos aquí de pasilleros —aclaró, viendo al pelinegro asentir levemente. Así que prosiguió. —Sabemos que no tienes omega y queremos ofrecernos.

—No sabía que Shou estaba pintado en la pared —se burló Touya, ganándose el par de miradas confundidas del par de omegas.

—¿A qué se-?

—No puedo aceptar a ninguno, lo siento —interrumpió Eijiro con tranquilidad, sintiéndose nervioso por el par de ceños fruncidos. —Se equivocan al decir que no tengo omega, tengo. Por supuesto que lo tengo y justo lo tienen detrás de ustedes.

El par de chicos voltearon para ver quién era el omega y se tensaron al ver un chico bicolor de brazos cruzados y el ceño fruncido en su dirección. Lo habían visto antes con el joven alfa, sí, pero realmente nunca les pareció que fuesen pareja. Por ello, se aventuraron ese día a ofrecérsele a aquel alfa que les había gustado desde la primera vez que lo vieron comenzar a comprar allí.

—¿De verdad son pareja? —cuestionó el omega menor con una mueca, sintiéndose aún dudoso por las palabras del alfa pelinegro.

—¿Te parece que no? —cuestionó Shouto bastante celoso de que esos dos estén pretendiendo a su alfa y quiso gruñirles para que se alejaran, pero no lo hizo.

—Estoy seguro de que no, no lo parecen —respondió el omega mayor con sinceridad.

Enji, Touya, Natsuo y Eijiro estaban a la expectativa de lo que Shouto haría. El bicolor era el que tenía el carácter más parecido al de sus dos padres y realmente podría llegar a ser una bomba cronometrada en cualquier instante. Los alfas realmente no querían estar cerca para cuando explotara. Quizás por eso fue que tres de ellos dieron un par de pasos hacia atrás. Eijiro ni siquiera pudo moverse, puesto que el aroma a galletas de su novio se sentía casi como si olfateara carbón y le costaba decidir si acercársele para calmarlo o echarse para atrás con el resto.

—Entonces parece que necesitas un par de anteojos nuevos —gruñó Shouto en respuesta mientras apretaba las manos, arrugando la lista en el proceso.

—Shou, cariño —murmuró Eijiro, sobresaltándose al ser el enfoque principal de la mirada molesta del bicolor. —Oigan, en serio déjenlo por la paz, están enfureciendo a mi novio.

—Somos dos contra uno, podemos apelar a la ley y hacer que termines con él para quedarte con nosotros —sentenció el omega menor con total seriedad.

Eijiro alzó las cejas por esa información y volteó a ver a su suegro con curiosidad, ¿aquello era posible?, esperaba que no o se iba a volver loco. Shouto también observó a su padre, calmando su furia para pasar al miedo por la sola idea de perder a su alfa por ese par.

—Esa ley sólo aplica para los destinados —comenzó a explicar Enji con total seriedad al ver el pánico en los dos menores. —Sólo un destinado es el que puede usar esa ley para separar a su pareja de otra, pero aquellos que no son destinados y tratan de separar a aquellos que sí lo son, van presos con pena de muerte.

—¿Y quién dice que no lo somos-?

—¡No lo son! —exclamó Shouto con un gruñido que no pudo seguir reteniendo. —¡No lo son porque soy yo, idiotas!

El par de omegas abrió la boca para defenderse, llevando el ceño fruncido y sin importarles la presencia del adulto, golpearían al bicolor de ser necesario, pero Eijiro terminó gruñendo en alto para detenerlos y les pasó por en medio de ambos para rodear los hombros de su novio, usando sus feromonas para calmarlo y al mismo tiempo marcarlo mientras lo hacía alejarse de aquel par, pero sobretodo, de aquel pasillo, pasando a otro para poder encargarse de su novio sin que éste se preocupara de aquel par de desconocidos.

Los otros tres llegaron poco después a donde ellos se encontraban y sin decir nada, simplemente siguieron con sus compras como en un principio, solamente que esta vez Shouto se mantenía abrazado por Eijiro mientras ambos caminaban. El bicolor le indicaba los ingredientes a Touya y éste los iba metiendo en el carro, Enji y Eijiro tomaban sus cosas aparte sin dejar de recorrer todos los pasillos de la comida y algunos de los productos de limpieza, yendo luego a la caja a pagar por todo, aunque Eijiro y Enji se embarcaron en una discusión sobre quién pagaría los ingredientes del pelinegro, siendo el adulto quien terminó ganando con la ayuda de su hijo menor que entretuvo a Eijiro y éste vio bastante indignado a su novio por tal engaño.

—No me mires así, quiero salir cuanto antes de aquí y ustedes dos están peleando por algo bastante estúpido —comentó Shouto, rodando los ojos mientras tomaba algunas bolsas con un par de dulces que había agarrado fuera de la lista de su madre.

—¡Pagaré por lo que gastó! —exclamó Eijiro, tratando de que el adulto recibiera el dinero.

—Págame poniéndole esfuerzo a las últimas dos rutinas que te faltan, niño —respondió Enji, tomando el resto de las bolsas antes de que todos salieran del recinto.

—Pero...

—Sin peros, es el único pago que aceptaré —interrumpió Enji con total seriedad mientras se dirigían hacia el auto para subir todas las bolsas al maletero.

—¡Me esforzaré con ellas, entonces! —sentenció Eijiro, aunque no estuviera aún convencido con el método de pago.

Enji asintió en silencio antes de empujar a los cuatro menores hacia el interior del auto, subiéndose luego para salir de allí y volver a la casa. Quería terminar de acomodar un papeleo que tenía pendiente con el abogado familiar, ya que ahora iba a incluir a Eijiro en el testamento, aunque esa decisión no la sabría nadie más que el abogado y él mismo. Su esposa e hijos no tenían por qué saberlo sino hasta después de su muerte.

...•••••...

...Tres días después....

La serie de planchas que tenía a Eijiro contando en voz alta ahora se le era mucho más sencilla que los primeros días de estar asistiendo al gimnasio. Llevaba desde hacía hora y media en el recinto junto a Touya, quien de verdad había comenzado a hacer ejercicio con él, y Shouto, quien solamente se mantenía a un lado observando y escuchando el conteo de su alfa, además de burlarse con Keigo de Touya, quien apenas y si podía respirar mientras hacía su propio conteo. Era realmente divertido.

—Estás sudando como un cerdo, hermano —se burló Shouto mientras observaba del mayor a su alfa, quien ahora había cambiado a otro tipo de planchas que consistía en quedar parado de manos y apoyado en una pared mientras contaba hasta cincuenta. —Qué buena vista —murmuró con el rostro levemente ladeado al ver la camisa de su alfa revelar el abdomen trabajado ajeno y mismo que no veía tan seguido para evitar que sus hormonas se alborotaran.

—¿Verdad que sí? —cuestionó Keigo, bastante entretenido, aunque su mirada estaba fijada en el cuerpo sudado del alfa mayor y no en el menor.

Ambos omegas terminaron desviando la mirada entre ellos con una risa leve para evitar que los alfas vieran que los estaban observando con mucha insistencia y quizás con algo de lujuria. Era bastante bueno que tuvieran parches porque así no serían delatados por sus feromonas. Aunque igual ambos alfas sabían que eran observados, era divertido, aunque no tanto para Touya, quien sabía que estaba quedando como un vago al lado de su cuñado. Eijiro, aun así, no perdió la concentración en el conteo, a pesar de que sus brazos y hombros ya le estaban pidiendo un descanso de tanta plancha. Por eso fue feliz cuando llegó al número cincuenta y pudo volver a sus pies, moviendo suavemente los hombros y brazos mientras volteaba hacia su entrenador.

—Tienes mejor resistencia que la primera semana, tus brazos han tomado los músculos necesarios y, por lo visto, tu abdomen también —comentó el entrenador con mirada profesional, haciendo las anotaciones—. A los almirantes les encanta castigar de esa manera, así que estarás bien mientras no te den una hora con esa posición.

—No pienso mal comportarme, entrenador —respondió Eijiro, caminando hacia su omega para aceptar una de las botellas con su batido y no tardó en tomar de esta a fondo. No estaba tan cansado como las primeras dos semanas, pero aun así seguía siendo humano y necesitaba un descanso—. Aun así, es bueno tener la resistencia para eso también, por si acaso.

—Aunque hay que trabajar en la resistencia de alguien más, al parecer —comentó el entrenador, viendo con desdén al alfa que parecía buscar oxígeno como si fuera lo último que haría en sus últimos minutos de vida—. Qué niñato más dramático —bufó.

Los dos menores y Keigo terminaron riéndose, mientras Touya gruñía entrecortado. Estaba seguro de que su resistencia solo era buena cuando tenía sexo, pero para hacer ejercicios era algo inexistente y lo confirmaba en esos momentos. Aceptó la asquerosa bebida de diversas frutas y nutrientes que le extendía su hermanito, bebiéndosela con rapidez mientras mantenía una mueca sobre sus labios.

—¿Cómo puedes tomar esta mierda, Eijiro? —Quiso saber realmente.

—No está tan mal, te prometo que es mejor que el que tu papá me preparó la primera semana —Respondió Eijiro mientras dejaba la botella a un lado de Keigo antes de volver a su lugar y seguir con ejercicios de saltos y cuclillas, contando con un poco de dificultad.

—Haré que tu papá te prepare esa bebida, ya no te hago nada —Sentenció Shouto arrebatándole la botella con el ceño fruncido.

—Oye no, dame acá —Pidió Touya viendo con preocupación hacia su hermano menor y se tensó al ver a su padre de pie a un lado del omega que estaba cortejando a escondidas de su familia. —Anciano.

—Touya, no sirves para hacer ejercicios, anda a ducharte y regresa a la casa para que ayudes a tu mamá, que el auto volvió a morírsele —Sentenció Enji con expresión totalmente seria, escuchando al omega mayor reírse y alzó una ceja al ver a su primogénito gruñir, pero no discutir.

—Ven, alfa vago, te ayudo a llegar a las duchas —Comentó Keigo a modo de burla, acercándose para alzarlo y caminar ambos hacia las duchas, discutiendo por lo bajo mientras se alejaban.

—Esos dos tienen algo, definitivamente —Sentenció Shouto, quien había notado claramente el actuar de ambos.

—No quiero a tu hijo cerca del mío —Hablaron Enji y el entrenador de Eijiro al mismo tiempo hacia el otro en completa seriedad.

La pareja rió por lo bajo al ver a los dos adultos discutir entre ellos y Eijiro siguió con su ya conocida rutina, contando en voz alta hasta terminar con el conteo.

—Eijiro, puedes ir a tomar una ducha e irte a descansar, hablaré con tu suegro seriamente —Sentenció el entrenador sin siquiera ver al menor.

—Por favor, no se maten —Pidió Eijiro levantándose de la colchoneta para caminar hacia su novio, aceptando la toalla que le entregaba para limpiarse el sudor y tomó la botella que le quedaba, caminando ambos hacia las duchas. —Espero no encontrar a Touya muerto en las duchas o tendremos que aplazar mi baño.

—Espero que no, no quiero tener que quedarme sin un hermano —comentó Shouto con una mueca en los labios, llevando la mochila de su novio.

Eijiro sonrió por aquella confesión. Sabía que su novio quería a sus hermanos, aunque peleara con ellos veinticuatro siete. Aun así, no dijo nada y simplemente siguieron su camino, entrando como si nada a las duchas. Eijiro no tardó en taparle los ojos a su novio, saliendo prontamente ambos del lugar, llevando las mejillas sonrojadas.

—¡Por todo lo santo, Todoroki Touya y Takami Keigo! ¿Por qué demonios hacen eso aquí? —exigió saber Eijiro completamente avergonzado desde afuera, cerca de la puerta.

—Este par de vírgenes —resopló Keigo en voz alta desde el interior de las duchas, acomodándose la ropa, aunque también estaba avergonzado.

—Acabo de traumar a mi hermanito —comentó Touya entrando a una de las duchas antes de reírse en voz alta. —¡Ya entra a ducharte, Eijiro!

—¡No voy a entrar mientras están teniendo sexo! —exclamó Eijiro sin importarle que haya más personas cerca.

—¡No ventiles eso, niño! —regañó Keigo abriendo la puerta con el ceño fruncido y resopló divertido al ver que Eijiro tenía los ojos cerrados y seguía tapándole los ojos al bicolor. —Ya pueden ver, estoy vestido, en serio.

—No puede ser que haya visto otro omega desnudo antes que el mío —se lamentó Eijiro mientras abrazaba a su novio, habiéndole quitado la mano de los ojos. —Perdón cariño, te juro que no lo hice con intención y no vi más que una vez —lloriqueó mientras dejaba la frente en la nuca ajena.

—Está bien Eiji, yo también lo vi y a mi hermano. No podré quitarme esa horrible imagen de mi cabeza por un tiempo —respondió Shouto sintiendo un escalofrío por el solo horrible recuerdo.

—Que niños tan dramáticos —resopló Keigo halando a Eijiro hacia el interior junto al bicolor para luego cerrar la puerta y empujar así al pelinegro a una de las duchas libres. —Ya dúchate niño, apestas.

—Eso es mentira, mi alfa no apesta —defendió Shouto, embarcándose en una discusión con el omega mayor. —Touya sí apesta y estabas por tener sexo con él apestando —atacó.

Keigo no tardó en defender al mayor de los Todoroki mientras el menor seguía discutiendo contra él. Eijiro y Touya terminaron riéndose por la situación con sus omegas sin meterse o saldrían con los platos rotos en la cabeza. Eijiro no tardó en quitarse la ropa dentro de la ducha, olvidando que no había puerta en ninguna de las duchas, puesto que se suponía que es una ducha solamente para alfas, así que dejó la ropa a un lado para abrir la canilla del agua y suspirar a gusto por el frío de la misma. Touya, por su parte, salió con una toalla en la cintura al terminar, rodeando al par de omegas para caminar a uno de los vestuarios para secarse y colocarse la ropa limpia.

—No entiendo cómo puedes decir que tu hermano apesta y tu novio no —resopló Keigo con las manos en la cintura, desviando la mirada en el momento en el que rodó los ojos y fijó sin querer la mirada en el menor, silbando sorprendido. —Los alfas de ahora sí que están muy bien desarrollados —resopló divertido antes de ver al bicolor voltear y en poco tiempo volver a darse la vuelta con el rostro pintado de rojo. —Creo que tu hermanito no había visto desnudo a Eijiro nunca, Touya.

—Al menos ya no es virgen visualmente —se burló Touya antes de fruncir el ceño hacia el omega mayor. —¿Y tú qué haces viendo a mi cuñado, eh?

—Fue accidente y luego curiosidad —respondió Keigo con los hombros alzados.

Eijiro estaba completamente cohibido mientras su rostro estaba pintado de carmesí. Por supuesto que estaba escuchando la discusión y conversación del resto, pero lo que lo avergonzó fue el hecho de que su omega lo había visto desnudo y su alfa interior parecía emocionado por saber lo que pensaba su omega sobre su cuerpo ahora que lo había visto.

—Touya, te vas a quedar sin omega —prometió Shouto con total seriedad antes de dejar la mochila de Eijiro a un lado y comenzar a sacar a los otros dos, cerrando la puerta con el ceño fruncido, olvidando que tenía que salir también y cuando fue a abrir la puerta, esta no abría. —¡Touya, no es gracioso!

—¡Son adolescentes, déjense llevar por las hormonas, yo me encargo de las pastillas anticonceptivas! —exclamó Keigo al otro lado, sosteniendo la puerta para que no se abriera.

—Yo en serio lo mato —prometió Shouto, tensándose al escuchar el silencio. El agua ya no caía y realmente quería darse la vuelta, pero no lo hizo y solamente se centró en los pasos de su alfa hacia el vestidor. —¿Eiji?

—Tranquilo, me voy a vestir y ahorita llamo a tu papá para que nos venga a sacar —comentó Eijiro con calma. Sabía bien que no era adecuado que hicieran nada en aquel lugar y menos si era su primera vez.

Shouto asintió en silencio, aunque su novio no pudiera verlo, y apretó los labios con la cabeza gacha, sintiendo su corazón correr en su pecho. Sinceramente, sí había podido quitar la imagen de su hermano y el otro omega desnudos de su cabeza, gracias a su omega interior, quien había cambiado dicha imagen por la de su alfa desnudo. Realmente quería odiarlo por eso, pero no podía. Realmente le gustaba tenerla allí y se sentía avergonzado por eso.

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