Capítulo 5

...Primera semana....

Eijiro había comenzado a despertar a las cuatro de la mañana para comenzar a correr los diez kilómetros con su suegro, los primeros tres días le costó bastante el poder mantenerse despierto los primeros diez minutos, pero luego cuando entraba en calor podía seguir corriendo sin problemas, pero el resto de los días ya no se le complicaba tanto el despertarse tan temprano, sabía que su suegro sólo lo estaba ayudando a acostumbrarse al horario que tendría una vez ingresara al campamento donde sería su adiestramiento y también sabía que allí tendría que despertar más temprano, quizás por eso en la segunda rutina que se le había sido entregada, su hora para levantarse a correr era una hora más temprano que la de esa semana.

Acostumbrarse al desayuno también fue una parte complicada considerando que era una comida diferente cada día, la única razón por la cual no la rechazaba ni la dejaba de lado era porque su novio era el encargado de cocinárselas y desde que lo conoce se prometió nunca rechazarle ninguna comida que le hiciera, no se lo perdonaría a sí mismo de entristecerlo por eso, así que aunque no quisiera, todas las comidas se las comía sin rechistar, así como también las bebidas energéticas, pero esas no eran tan malas y le servían bastante después de cada ejercicio en el gimnasio al que seguía yendo cada dos días en la tarde.

Ese día era jueves en la tarde, le tocaba asistir al gimnasio y por ello fue que n bien puso un pie en la casa de sus suegros luego de llegar de la academia, saludó a todos antes de meterse a su habitación para quitarse el uniforme y colocarse su ropa de ejercicio, acomodando la pequeña mochila que solía llevarse desde el primer día, en ella tenía un par de toallas, un cambio de ropa en caso de que terminara muy sudado y quisiera darse un baño antes de volver a la casa, aunque sólo había sucedido una vez y ya luego prefirió darse su ducha en la casa donde sabía que nadie lo acosaría, ni siquiera su propio omega lo hacía y lo agradecía, porque teniendo las hormonas como las tenía, no era buena idea tener esa clase de acercamiento y más siendo jóvenes, y menos estando en casa de sus suegros.

Salió hacia la habitación de su novio con la mochila encima para despedirse como cada tarde hacía, dejó la mochila a un lado de la puerta y tocó esta misma un par de veces antes de entrar, deteniéndose bajo el umbral antes de gruñir con gusto, las feromonas de su omega se sentían demasiado dulces y cuando lo encontró con la mirada, lo vio hecho un ovillo sobre la cama, misma que tenía hecho un desordenado nido con su ropa, no tenía idea de cuándo la había tomado, pero en esos momentos no importaba realmente. Se mordió a sí mismo para evitar perder el control de su animal interno, comenzando a retroceder mientras más se clavaba los dientes en la piel, sin importarle sacarse sangre en el proceso, pero al menos había logrado salir y cerrar la puerta con mucha dificultad, se alejó hacia las escaleras y tomó aire de manera honda luego de soltar el agarre de sus dientes en su brazo, notando a Fuyumi junto a Natsuo, ambos habían visto lo que había estado haciendo y ahora lo veían preocupado.

—Shou tiene su celo —Avisó antes de caer de rodillas cerca de la baranda, ignorando las quejas de su animal que le ordenaba volver con su omega.

—Demonios, se adelantó tres días —Comentó Natsuo quien era el que solía llevar la cuenta de los celos de todos en la familia, incluso el de Eijiro y estaba sorprendido de que el chico no haya entrado en celo también junto a su hermanito. —Fuyumi llévate a Eijiro hacia el laboratorio de mamá y luego vienes a ayudarme con Shou.

La mayor no tardó en hacer lo que se le fue indicado y corrió escaleras arriba para levantar al menor con un poco de dificultad y hacerlo subir hacia el piso faltante de la gran casa, yendo hacia la única puerta para abrirla sin tocar, entrando rápidamente para dejar a su madre con Eijiro antes de bajar para ayudar a Natsuo con su hermanito. Rei vio todo en silencio y alzó una ceja por la falta de información y la intromisión en su laboratorio, aun así se acercó hacia el menor y no tardó en notar la sangre, alarmándose por ella antes de buscar el botiquín de primeros auxilios para irle a curar la herida.

—Esa es una mordida bastante grave, ¿qué fue lo que sucedió, Eijiro? —Cuestionó mientras veía al menor ido y eso no hizo más que preocuparla.

—Shou entró en celo —Murmuró Eijiro como si fuera un secreto, le estaba costando mantener en silencio al animal que seguía molesto por no estar acompañando a su omega. —Tuve que morderme para no lanzarme encima de él, por eso la herida —Explicó.

—Oh cariño, está bien que te hayas controlado —Halagó Rei con tranquilidad mientras veía al menor y sonrió suavemente. —Pero estoy segura que no es lo que realmente querías ¿Por qué lo hiciste entonces?

—Shou y yo no hemos hablado acerca de eso, de pasar nuestros celos juntos como una pareja normal haría y tampoco podría hacer nada sabiendo que estoy bajo su techo —Respondió Eijiro con sinceridad antes de verse el brazo con un suspiro hondo. —Está bien si lo quieren pasar a mi habitación para que se sienta más cómodo, no me molesta que se mantenga allí, pero debo ir al gimnasio.

—¿Y podrás concentrarte lo suficiente allá mientras tienes a Shou aquí así? —Cuestionó Rei aunque ya sabía la respuesta, casi ningún alfa podía realmente soportar estar lejos de su omega cuando éste tenía su celo y menos estando de la misma edad de Eijiro.

—Debo intentarlo, no haré nada sin su consentimiento —Aseguró Eijiro colocándose de pie para caminar hacia la puerta. —Volveré más tarde, llámenme cualquier cosa.

Rei asintió aunque el menor no la viera y Eijiro no tardó en salir para volver abajo, tomando su mochila y volteó hacia la habitación de Shouto, la puerta estaba abierta, pero ningún aroma fuerte salía de allí, así que supuso que los hermanos lo habrán movido a su habitación, vio de regreso hacia las escaleras y bajó rápidamente para dirigirse hacia la cocina, tomando las bebidas energéticas de la nevera antes de salir de la casa para correr hacia el gimnasio, necesitaba calentar antes de llegar al lugar, además de que necesitaba mantener su mente ocupada para evitar regresarse y terminar haciéndose cargo de su novio como buen alfa, no podía, no mientras su omega no se lo pidiera directamente.

Así que no tardó en bloquear de su mente aquel detalle y centrarse en correr de manera adecuada, cruzando el par de calles que tenía que pasar para llegar al gimnasio, cruzó las puertas de vidrio, saludando a la chica en recepción antes de cruzar hacia donde su entrenador de seguro lo esperaba y una vez que llegó, se detuvo a tomar aire, no estaba cansado, pero aun así se había olvidado de respirar en algún punto desconocido mientras su mente paraba a otro lado. Dejó la mochila a un lado y comenzó su estiramiento de cuerpo completo en lo que su entrenador terminaba de hablar por teléfono y una vez que lo hizo, su rutina de ejercicios comenzó sin más dilataciones e interrupciones de por medio durante las horas que tenía en turno.

...•••••...

...Dos horas y media después....

El cuerpo de Eijiro estaba completamente rendido sobre aquel banco dentro del gimnasio, el ejercicio había sido más potente ese día y sinceramente no tenía ni las ganas de seguirse moviendo, estaba sudado como un puerco, pero aun así no tenía energía para caminar hacia las duchas para darse un baño corto para regresar a casa de sus suegros, sólo tenía la fuerza para mover el brazo derecho donde tenía la última bebida energética que le quedaba y misma que se estaba tomando de a poco para no atragantarse. Sabía que tenía que moverse e irse porque el gimnasio cerraba a las diez de la noche y no podía dormir allí, así que trató de coordinarse para siquiera intentar levantarse del banco.

—No voy a llevar un muerto a la casa —Comentó Touya quien había sido enviado a buscar al menor por su padre quien le dijo que desde ese día le empezaría fuerte el entrenamiento al menor

—Touya, hey, no estoy muerto hermano, casi, pero no —Respondió Eijiro con una sonrisa pequeña mientras se terminaba la bebida.

—No creo que mi hermanito sea necrófilo, así que comienza a revivir completamente —Ordenó Touya con una ceja alzada y negó levemente, tomando la mochila del menor antes de jalarlo de un brazo para levantarlo. —Camina, te llevo a la casa, el viejo dijo que me tocaría venir por ti hasta que te acostumbres al nuevo ejercicio y como me queda de paso del trabajo a la casa, no me quejé demasiado.

—Me hubiera avisado de que los ejercicios subirían de nivel —Se quejó Eijiro mientras avanzaba de manera obligada hacia el auto del mayor, subiéndose al lado del copiloto con ayuda y se colocó el cinturón por su propia cuenta. —Gracias por venir por mí~.

Touya se burló del muerto andante que su cuñado era y negó levemente mientras se subía de igual manera a su auto para arrancar hacia la casa, negando leve ante el agradecimiento, ya sabía que eso sucedería en el momento en el que el joven alfa firmó su sentencia para entrenar con su padre, todos sabían que el menor no sería él mismo al finalizar la segunda semana e iniciar la tercera, tan sólo esperaba que su hermanito mantuviera cuerdo a su alfa porque una vez que perdiera los tornillos, ya no habría nada que juntara sus neuronas y realmente le agradaba el menor, por ello no quería que quedara loco. El viaje fue en silencio e incluso cuando llegaron a la casa, Touya ayudó a Eijiro a bajar y caminar hacia el interior de la casa donde ya Natsuo los esperaba, todos habían sido informados del cambio de rutina de ejercicios del menor, todos excepto Eijiro quien solamente quería un baño y morir en su cama hasta el día siguiente, aunque olvidaba un detalle importante.

—Mi pobre alfa, está al borde de la muerte —Se quejó Shouto desde el sillón donde estaba enrollado como un gusanito, bebiendo chocolate caliente, su celo estaba controlado gracias a los supresores y su mente nublada ya no estaba.

—Shou ¿qué haces levantado cariño? —Cuestionó Eijiro al recordar que su novio estaba en celo y fuera de su cama en esos momentos.

—Luego de que el supresor hiciera su efecto, se negó a quedarse en cama solo —Acusó Natsuo sin importarle la mala mirada que el menor le daba. —¿Vas a cenar, Eijiro?

Eijiro suspiró levemente, tomando su mochila de la mano de Touya, agradeciéndole al mayor la ayuda, sus energías habían vuelto, pero no sería por mucho y lo sabía, negó a la pregunta de Natsuo y se acercó a su omega para quitarle el chocolate que no se estaba tomando y lo cargó en brazos, aún si se sentía cansado, nunca lo estaría para cargar a su omega, se despidió de todos y subió hacia su habitación para meterse a esta, cerrando la puerta con el pie antes de llevar a Shouto a la cama.

—Espérame aquí, tomaré un baño y vendré, vamos a dormir ¿de acuerdo? —Cuestionó mientras dejaba la mochila a un lado para ir por una pijama limpia.

—Eiji, mi celo… —Comenzó a hablar Shouto, viendo al alfa detenerse y apretó los labios momentáneamente mientras sus mejillas se sonrojaban. —¿Me ayudarás cuando regrese o debo seguir tomando supresores?

—Shou-

—Está bien si no quieres, no me molestaré por eso —Interrumpió Shouto rápidamente al ver la mueca en el contrario y lo vio acercarse hasta sentarse frente a él mismo para verlo directamente.

—No es que no quiera, cariño, pero estamos bajo el techo de tus padres y eso es lo que me cohíbe —Confesó Eijiro de manera sincera mientras tomaba las manos ajenas y se acercó para dejar un beso sobre sus labios. —Además, no hay condones, bonito —Le murmuró antes de reírse, a pesar de que también tenía un sonrojo en sus mejillas. —Y tu mamá dijo que nada de cachorros hasta que tengamos veintitrés como mínimo ¿lo recuerdas?

—Seguiré usando supresores —Murmuró Shouto con un sonrojo más completo en su rostro y dejó caer la frente en el hombro ajeno antes de quejarse con el alfa. —No me lo recuerdes, no puede ser que mamá haya dicho eso como si nada —Se quejó antes de verlo con un puchero. —Y tú simplemente lo aceptaste, tonto alfa.

Eijiro terminó riéndose en alto mientras veía a su omega avergonzarse, era demasiado lindo para su propio bien y se lo dijo antes de besar su puchero, levantándose para caminar haca el baño, quitándose el camisa en el camino hacia este y aprovechando para estirarse, escuchando un par de huesos tronar y formó una mueca junto a Shouto quien también los escuchó.

—No debería ser normal esa forma de sonar —Comentó Shouto con preocupación mientras se levantaba de la cama para aprovechar que estaba consciente para hacer un mejor nido que el que había hecho a medias en su propia cama al llegar de la academia y decidió salir a su habitación para buscar la ropa de aquel horrible nido. —Uno más bonito, uno más grande —Murmuró mientras salía con la ropa en brazos.

—Shou, tus supresores —Llamó Fuyumi acercándose al menor al verlo más tranquilo que en la tarde.

—Gracias hermana —Respondió Shouto tomándolos como pudo mientras la veía. —¿Sucede algo?

—¿Hablaste con Eijiro? —Cuestionó Fuyumi y lo vio asentir levemente. —¿Qué te dijo?

Shouto le contó lo que Eijiro le había dicho de su conversación, frunciendo el ceño al escuchar a la mayor reírse, a él no le hacía gracia el comentario hecho por su madre y se lo recordó.

—Oh pequeño Shou, está bien que él se sienta cohibido de hacer nada aquí en la casa contigo, vive con tres alfas además de él y, aunque ninguno de ellos marca territorio, aun así tienes que comprenderlo poquito —Comentó Fuyumi sin hacer comentario sobre lo que su madre había dicho. —Aun así todos los cuartos tienen paredes gruesas, recuerda eso. Descansen ambos.

Shouto se despidió de igual forma sin tomar en cuenta el comentario ajeno y simplemente se metió a la habitación, cerrándola con el pie para caminar a la cama y dejar todo sobre la cama, tomando los supresores para dejarlos sobre la mesita de noche para centrarse en hacer el nido y tarareó mientras lo hacía. Eijiro por su parte terminó su baño, salió de la ducha para secarse el cuerpo y colocarse el pijama antes de secarse el cabello, dejando las toallas secar y salió del cuarto de baño para la habitación, deteniéndose al ver lo que había en su cama y sonrió amplio, dejando que su omega terminara con lo que hacía, en completo silencio.

—Listo —Sentenció Shouto una vez que se sintió satisfecho con el resultado y volteó a ver a su novio, cuando lo sintió a su lado.

—Qué bonito —Halagó Eijiro sabiendo que tenía que cuidar sus palabras cuando del nido de un omega se trataba. —¿Me dejarás entrar después de ti?

—No, tú primero —Respondió Shouto viendo al alfa sorprenderse y rió por lo bajo antes de explicarle. —Quiero que llenes el nido de feromonas primero antes de yo entrar.

—¿No es mejor entrar los dos y de una vez marcarte también? —Propuso Eijiro mientras lo veía curioso y sonrió divertido al verlo pensar aquella opción.

Shouto terminó asintiendo de acuerdo a la opción que su alfa le daba y Eijiro se metió primero, cuidando no desordenar nada para no molestar a su omega y se acomodó en el medio para luego notar la luz apagarse antes de tener a su omega en brazos, lo abrazó contra su cuerpo antes de cumplirle lo que quería, expulsó sus feromonas por toda la habitación, sintiendo el suspiro en el cuerpo ajeno y besó su cabeza antes de desearle buen dormir, cerrando los ojos para perderse en el mundo de Morfeo primero que su omega. Shouto sintió el momento en el que el alfa cayó dormido y suspiró levemente antes de cerrar los ojos, al menos lo tenía consigo y se aseguraría de que descansara de manera adecuada, por suerte no tenían tareas por hacer para las clases, así que no tenían que preocuparse de eso por los momentos. Fue cuestión de segundos para que él mismo también se perdiera en el mundo de Morfeo sin abandonar los brazos de su alfa, dejando sus feromonas mezclarse con las ajenas.

...•••••...

Para parte de la felicidad de Shouto, su celo se marchó al cumplirse el tercer día sin mucho problema, aunque no estaba completamente feliz porque su alfa llegaba completamente noqueado de los entrenamientos con su padre y se estaba saltando la cena a propósito, sabía bien que su novio no disfrutaba de aquella comida, así que con ayuda de su madre, ese día aprovecharían que como era sábado, a Enji le tocaba guardia en la base y no llegaría sino hasta el día siguiente, para darle una cena diferente a Eijiro a escondidas para no seguirse preocupando demasiado por el hecho de que no estaba comiendo.

Ese día Eijiro se encontraba en el gimnasio a una hora diferente a la que tenía los días de semana, el entrenador lo tenía haciendo una serie de cincuenta abdominales en un tiempo que él mismo había decidido romper para tener su propia marca personal al llegar al adiestramiento en el campamento, aún era difícil romperla, pero sabía que estaba cerca y para la siguiente semana lo lograría, tal como se lo había dicho a su suegro el primer día. Una vez que terminó la serie de abdominales, cambió a una serie de cincuenta lagartijas, contándolas en voz alta tal como el entrenador le había pedido desde el primer día, había supuesto que era para que no se distrajera y perdiera, pero no, el hombre se encargó de explicarle que era porque en la milicia tenían costumbre hacer eso y él al escoger la naval, tenía que preparar sus pulmones además de su cuerpo, de buena manera.

La serie de lagartijas fueron cambiadas a pesas al terminar, era su parte medio favorita puesto que podía descansar la espalda por unos minutos, pero no disfrutaba de recibir más peso cada vez que el entrenador suponía que podía cargar más allá del que podía, levantar dicho pecho le mataba los brazos y luego de eso llegaban las sentadillas con peso que mataba sus piernas, ya no tanto como los primeros días, pero aun así seguía siendo difícil y matador.

—¡Concéntrate Kirishima! —Exclamó el entrenador con gesto serio. —¡Perdiste la cuenta, vuelve a empezar!

—¡No la perdí, señor! —Respondió Eijiro bastante seguro del número por el que iba.

—¡He dicho, vuelve a comenzar! —Ordenó el entrenador viéndolo directamente.

Eijiro se quejó por lo bajo antes de tomar aire y volver a comenzar el conteo de las sentadillas, agradecía que al día siguiente no le tocaba visitar el gimnasio y podría descansar, porque estaba seguro que no podría levantarse de la cama ni para ir para el baño, aunque debía porque no se iba a hacer encima. Hizo su conteo en alto sin trabarse en ningún número para evitar volver a comenzar y cuando terminó, se dejó caer en el suelo con las piernas estiradas y una mueca en sus labios.

—¡Es todo por hoy, Kirishima! ¡Nos vemos el lunes! —Exclamó el entrenador con seriedad antes de dejarlo allí para ir con su siguiente cliente.

—Parece amenaza —Comentó Natsuo llegando al lugar y se agachó a un lado del menor. —¿Estás bien, niño?

—No, quiero un cambio de piernas, por favor —Pidió Eijiro como deseo mientras se quejaba en el proceso por el dolor de estas.

—No hay de eso, vamos, te arrastro hasta la ducha —Ofreció Natsuo mientras agarraba la mochila y luego los brazos del menor para realmente arrastrarlo hacia las duchas del lugar, vigilando que nadie entrara. —Tómate el tiempo que quieras, no hay apuro, Touya se está ligando a un omega que parece que también entrena aquí.

—Me pregunto quién será —Comentó Eijiro en alto mientras agarraba fuerzas de donde no las tenía para caminar por su propia cuenta hacia una de las duchas, sacándose la ropa para abrir la llave y gruñir por lo fría del agua, aunque pronto sus músculos se relajaron poco a poco. —El jueves olía dulce, pero creí que se había estado comiendo algo con anís antes de encontrarse conmigo.

—El omega traía un parche, así que no sabría decirte si es él o no —Respondió Natsuo de manera pensativa y formó una mueca con lo siguiente que diría. —No me sorprendería que hubiera follado con un omega antes de venir o aquí mismo en las duchas, el muy idiota hacía lo mismo cuando iba por mí a mis clases de natación y Fuyumi contó que hizo lo mismo una vez con ella cuando la fue a buscar a su clase nocturna una vez y terminó ligándose a un compañero de ella de otro curso.

—¿Todavía recuerdan eso? Por favor, han pasado años de eso —Se quejó Touya mientras veía a su hermano con el ceño fruncido.

—No pasará —Aseguró Natsuo negando levemente.

Eijiro rió antes de pedir su mochila, sacando las toallas para secarse el cuerpo y el cabello antes de comenzar a vestirse con el cambio de ropa que tenía, guardando la otra junto a las toallas para cerrar el zipper y colocarse la mochila sobre el hombro, yendo hacia los mayores para empujarlos hacia afuera del recinto, escuchándolos discutir todavía, despidiéndose de las personas que veías desde el primer día y que parecían ir siempre.

—¡Hasta el lunes, Keigo! —Se despidió del omega mayor que solía pelear muy seguido con su entrenador por todo y por nada.

—¡Cuídate pequeño! —Exclamó Keigo con una sonrisa antes de ver seriamente al entrenador del chico, ahora sí lo iba a insultar sin tener que sentirse culpable de que el menor lo escuchara.

Touya alzó las cejas al escuchar el nombre del omega que trató de ligarse, pero que no le prestó atención alguna, ni siquiera su nombre le había dado y su cuñado iba y lo soltaba tan fácilmente estaba indignado, realmente. Por eso en el camino hacia la casa dentro de su auto, iba quejándose con el menor quien no entendía nada de la razón del reclamo y por ello no le prestó atención alguna, haciendo molestar aún más a Touya quien recibió un zape de su hermanito para que ya se calmara y dejara en paz a Eijiro.

Al llegar a la casa los tres se bajaron para ingresar a esta, caminando hacia donde se escuchaba el ruido, Eijiro dejó la mochila en la sala antes de cruzar el comedor con los dos mayores y prontamente se metieron a la cocina para curiosear lo que se estaba realizando, Shouto no tardó en acercarse a su novio para saludarlo, ignorando al fastidioso de Natsuo que seguía sin aceptar que besara a su alfa, no le importaba su queja en absoluto, tomó la mano de Eijiro y lo arrastró hacia donde su madre se encontraba, siendo que en poco tiempo la mujer le estuvo dando a probar todo lo que estaba haciendo de comer, mismas cosas que se salían completamente de la dieta que tenía y se los recordó a todos.

—Despreocúpate Eiji, papá no estará hasta mañana y no te va a pasar nada por salirte de esa dieta en una cena, además, hay ensalada y uno de tus batidos que no sabe tan feo —Comentó Shouto con una sonrisa suave sobre sus labios al ver a su alfa hacer caso y comer de manera más gustosa de lo que había estado haciendo los últimos días.

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