El regreso

—Erika, te ves preciosa—halagó una fina voz detrás de ella.

Anne era una diseñadora famosa en Londres. A pesar de ser una mujer que ya pisaba los cuarenta, se conservaba de una manera envidiable. Además, la sofisticada dama no era alguien que desbordara buenos tratos por doquier, sin embargo, con Erika parecía tener cierta preferencia.

—Gracias, señorita Anne—sonrió la pelirroja.

La diseñadora nunca se había casado y mucho menos había tenido hijos. Era partidaria de vivir la vida en libertad sin ningún tipo de compromiso. Pero eso no significaba que no disfrutará del buen sexo o que no le atrajeran los hombres.

—¿Y cómo está tu esposo?—interrogó la refinada dama.

Erika sintió la incomodidad surgir de manera inmediata.

—Está bien, supongo.

—¿Supones?

—Bueno no hemos hablado mucho últimamente.

«O más bien, no hemos hablado en lo absoluto» quiso decir la pelirroja, pero se contuvo.

—Oh, qué pena—Anne hizo con su mano un gesto de pesar exagerado—. Pero las cosas están bien, ¿no?

Había cierto interés denotando de la voz de la mayor.

Erika no era tonta, pudo notar algo extraño al instante. ¿Acaso a esa mujer le gustaba su esposo?

—Muy bien—sonrió con soltura—. Mi esposo es de pocas palabras, pero muy complaciente—insinuó con doble sentido.

—Me alegra, eres bastante afortunada, Erika.

Anne no podía ocultar el hecho de que se sentía atraída por Müller. Meterlo en su cama se había vuelto una de sus fantasías, era por esa razón que no había dudado en cumplir la petición de su asistente.

"Mi jefe quiere que incluya a su esposa, en la próxima pasarela que realice. De preferencia que sea lo antes posible" había indicado el hombrecito y Anne no había dudado en hacerle un lugar a aquella pelirroja.

Pero la mujer quería más. Quería volverse su amiga y de esa manera acercarse a Müller. Pero Erika no parecía ser para nada ingenua.

Anne conocía perfectamente las de su tipo. Eran zorras disfrazadas de dama de sociedad, pero ni con todo el dinero de su marido, Erika podía ocultar sus sucios orígenes.

—Gracias, lo sé—sonrió Erika con suficiencia.

Luego de aquellas palabras, Anne organizó la fila correspondiente para que se diera inicio el desfile. Cuando Erika salió a la pasarela dio todo de sí y le dedicó una amplia sonrisa a la diseñadora, quien la observaba con recelo desde su asiento.

[...]

Dos semanas después, Erika recibió una videollamada de su prima Isa.

—¿Estás hablando en serio?

—L-lo estuve pensando estás últimas semanas—tartamudeó la menor con nerviosismo—. Y la verdad es que quiero ayudarte, prima.

—¿Pero estás segura?

—Completamente segura—mintió Isa.

Erika no pudo ocultar la emoción que la invadió en ese mismo instante, emoción que se vio reflejada en su rostro como una amplia sonrisa.

¿Entonces podría tener un hijo con su marido?

—Creo que regresaré la próxima semana—anunció la pelirroja con júbilo.

—Perfecto, prima. Te estaré esperando—Isa también sonrió, pero de una manera bastante falsa.

Al colgar aquella llamada la castaña se echó a llorar nuevamente sobre su cama, era difícil mentir con aquel descaro. Su corazón le dolía después hablar con su prima.

Por el contrario, Erika se fue a dormir con una ilusión naciendo en su interior. Efectivamente, la pelirroja soñó con un bebé que ella cargaba. Un bebé que era su hijo…

[...]

Un mes fue el tiempo que su prima estuvo fuera de casa. Por lo que le había comentado Erika, las cosas se extendieron más de lo previsto, debido a algunos eventos inesperados que tuvieron locaciones distintas. Había sido una especie de gira, pero bastante extraña para la mayor. Era la primera vez que la solicitaban al mismo tiempo para tantas cosas...

Erika llegó muy cansada una madrugada de jueves. Pasó gran parte del día durmiendo, pero al recuperarse de sus largos viajes, se dirigió a su habitación y le dio un gran abrazo. Isa ya le había dado la noticia de que pensaban aceptar su petición. Aunque aquella aceptación tenía un trasfondo bastante oscuro, que ella preferiría que su prima no conociera.

Ese viernes muy temprano en la mañana, Erika ya tenía acordada una cita en el laboratorio al cual la había llevado la primera vez. Isa intentaba mantenerse serena ante el descarado engaño que le estaba haciendo a su prima, ya que aquello fue la única cosa que le exigió al hombre de cabellera plateada.

Y efectivamente, él se había encargado de todo. En el momento en que la especialista la invitó a pasar a una área aislada con la finalidad de examinarla, le dijo:

—Ésto será una simulación... Estoy al tanto de que tú y la pareja de la persona contratante se han decidido por otro método.

Isa sintió como si le hubieran lanzado un balde de agua fría. Escucharlo decir en la boca de otra persona era espantoso. La mirada de la mujer la juzgaba de una manera silente y ella se encontraba tentada ante la idea de gritarle que en realidad no había decidido nada, solo había sido obligada por aquel sujeto.

"Soy una víctima más, no una mujer descarada."

Isa quería decírselo. Pero sabía que no podía hacerlo. Se tragó una vez más sus palabras, aquello se le estaba volviendo una costumbre. El silencio era algo que la estaba consumiendo desde lo más profundo de su ser.

—¿Qué tiempo llevan en sus actividades?—preguntó la ginecóloga con suspicacia.

—¿Eh?

Isa no comprendió al instante el cuestionamiento, pero la ceja arqueada de la mujer le dio una rápida idea de a qué se estaba refiriendo. La muchacha tragó saliva y procedió a responder:

—Alrededor de un mes—dijo en voz muy baja mirando atentamente las manos empuñadas en su regazo. Aquella situación era en extremo muy incómoda...

La doctora asintió y procedió a invitarla a recostarse en la camilla. Una máquina de ecografía estaba muy cerca de la misma. Isa sentía su corazón latir de una forma desesperada. Tenía temor... Temor de descubrir que en efecto estaba embarazada.

En ese tiempo ella no había notado nada extraño. De hecho, todo parecía marchar con normalidad, pero era cierto que su menstruación se había retrasado un poco. En realidad no lo sabía con claridad, nunca había llevado un control sobre eso.

Su cuerpo dio un respingo, cuando aquel gel helado había sido aplicado en su abdomen. La doctora elevó la mirada hacia su cara, extrañada por sus reacciones tan marcadas. Isa no dijo nada... La mujer continuó con su trabajo sosteniendo un aparato extraño en su mano.

Cuando el transductor hizo contacto con su piel, no pudo evitar cerrar sus ojos con fuerzas y contener aún más todo su aliento. El aparato estaba siendo desplazado sobre su vientre en movimientos circulares, realizando una búsqueda incesante...

No sabía con exactitud cuánto tiempo había pasado. Pero tuvo que soltar una fuerte bocanada de aire, porque de lo contrario, posiblemente moriría ahogada.

Luego de varios minutos que parecieron horas, la doctora se reclinó en su silla y devolvió el transductor a su lugar.

Isa esperaba con pánico el veredicto. La mujer la miraba fijamente prolongando su agonía.

«Hablé de una buena vez, por favor»

La ginecóloga parecía un poco contrariada en el momento en que habló:

—No hay nada...—dijo como si no pudiese comprender el resultado del ultrasonido recién realizado.

Isa sintió como si un enorme peso le hubiese sido quitado de encima. No pudo evitar sonreír levemente, al menos una parte de sus súplicas parecían haber sido escuchadas.

—El tiempo de actividad sexual ha sido bastante prolongado, es extraño que no se haya concedido aun un embarazo—continuó hablando la mujer, una vez que la dirigió de nuevo a ocupar un puesto en aquel consultorio—. Esto puede deberse a un factor relacionado con el estrés... Cuando se tiene un alto nivel de estrés o ansiedad se ovula menos y las posibilidades de que los óvulos generados sean fecundados disminuye—explicó la especialista.

Isa suspiró agradecida con su tormentoso estrés. Al menos la ansiedad que la había estado acompañando las últimas semanas, había tenido otra finalidad más allá de hacerla sentir miserable.

—Esto cambia un poco las cosas. ¿Cómo quieres proceder?

Nuevamente, Isa se sintió desubicada. Aquella situación tenía sus pros y sus contras. Si era cierto que se había evitado el embarazo, pero eso no quitaba el hecho de que, indiferentemente, eso tenía que ocurrir en algún momento.

La muchacha no respondió. Aquello la había dejado sin habla.

—Supongo que deberás consultarlo con el señor Heinrich—sugirió la doctora.

Isa se limitó a asentir quedamente.

Al salir del consultorio se encontró con su prima. Erika la esperaba sentada en una banca. La mujer no tardó en ponerse de pie al divisarla e Isa lo único que alcanzó a hacer fue desviar la mirada.

—¿Y? ¿Cuándo te dijo la doctora que podíamos comenzar con la inseminación?—indagó su prima.

Isa abrió levemente su boca, pero de la misma no salió ninguna respuesta... Erika ignoró aquella extraña reacción y tomó la mano de la menor. Ambas se encaminaron de regreso a la oficina de la especialista.

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Comments

Luna

Luna

que lamentable lo que está viviendo Usa, la culpable es su prima

2023-10-13

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