Se dice que el tiempo es un transcurrir constante, un ir y venir en este camino al que solemos llamarle vida. La vida de Isa siempre fue feliz, sus padres Eugenio y Linda fueron complacientes con su unigénita.
Isa era una niña alegre. Una niña que creció en un ambiente saludable, cargado del amor de su familia. Solía visitar a su abuela Sylvia los fines de semana, la mujer mayor la llenaba de afecto y de regalos que más que objetos materiales, parecían tener un peso sentimental bastante grande en su vida.
En su colegio solía ser aquella pequeña que siempre tenía una sonrisa y que no dejaba de colaborarle a sus compañeros. Isa no conocía la palabra egoísmo, su corazón era amplio y su inocencia una fuerte característica.
Cuando sus padres murieron, la niña entró en una fuerte depresión que duró varios años. Un psicólogo atendió su caso y las terapias de reintegración fueron constantes. Pero ella no estuvo sola en ese proceso de duelo, en todo momento aquella mujer canosa la acompañó, su abuela se esmeró en darle amor para que no se sintiera desprotegida.
Sylvia sabía que no podía llenar el vacío que había dejado la muerte de sus padres en el corazón de su nieta, pero aun así, hizo todo su esfuerzo para poder ocupar aquel espacio. Isa se apoyó de su abuela como si fuese su balsa salvavidas, ella la necesitaba, su presencia se volvió esencial en su vida. Y de esa forma se convirtieron en únicamente ellas dos, dos amigas, dos compañeras de vida que se tenían la una a la otra en todo momento.
Isa se mudó con su abuela a la zona montañosa aledaña al lago Lemán. Todos los días por las mañanas podía admirar las tonalidades de verdes que adornaban las montañas y que parecían también reflejarse en el extenso lago. Corriendo entre aquel paisaje, Isa dejó de ser una niña y se convirtió en una joven mujer.
Su vida era pacífica, feliz, hasta que un día, todo terminó. Su abuela enfermó de neumonía y ese fue el inicio de su calvario. El miedo de perder a su abuela atacó a la joven, no quería quedarse sola de nuevo, no quería que la abandonaran otra vez.
Cuando su prima Erika se mudó con ellas, Isa vio en la pelirroja otra compañera, rápidamente se encariñó con su prima, pero un día Erika se marchó sin decir adiós, solamente dejando una nota con un número de contacto de una empresa de modelaje en la que pretendía trabajar en Alemania. De esa manera, Isa supo que su prima se había ido a cumplir su sueño, aquel del que tanto pregonaba en sus años de estancia en la casa de su abuela.
—Me volveré famosa, tendré mucho dinero y las sacaré de aquí a las dos—fueron las palabras de Erika en una tarde lluviosa.
Efectivamente, Erika se volvió reconocida en su profesión como modelo y aunque quiso invitarlas a vivir a Alemania, la abuela siempre se rehusó.
Cuando Isa cumplió sus quince años recibió una llamada inesperada, era su prima felicitándola:
—Ahora eres toda una señorita, Isa—canturreo la pelirroja al teléfono.
Isa sonrió durante todo el día, le emocionaba saber que su prima no la había olvidado, sino que, por el contrario, mantenía en su memoria su fecha de cumpleaños. Y aunque la llamada fue corta, se alegró de saber que Erika seguía triunfando como modelo.
—Deberías venir a vivir conmigo, te iría mejor aquí.
—No puedo dejar a la abuela sola, prima.
—Y no estoy diciendo que lo hagas, tráela contigo, quisiera tenerlas a la dos junto a mí.
La joven le dijo a su abuela lo emocionada que se oía su prima con la idea de volver a vivir todas juntas, sin embargo, Sylvia no reaccionó de la misma manera.
—Ese camino que ha escogido Erika, no es el mejor. La fama, las riquezas, todo no es tan bello como aparenta—había dicho la mujer con resentimiento en su voz—. No pienso permitir que te contamines con toda esa corrupción. Estamos bien aquí, Isa, olvida esas locas ideas.
Con mucho pesar Isa informó a su prima que la abuela había declinado la invitación y desde ese momento la comunicación con su prima se redujo completamente. Erika no volvió a llamar y ella tampoco pudo hacerlo, hasta que su abuela simplemente partió del mundo de los vivos y la dejó inmersa en un profundo dolor.
—Murió, prima—el sollozo que emanó de su garganta fue desgarrador—. Murió la abuela, prima. Ya no está, se ha ido para siempre—recalcó la chica el motivo de su llamada.
De esa manera, Isa y Erika volvieron a mantener contacto. La mayor la había invitado nuevamente a ir con ella y esa vez Isa no tenía nada que lo impidiera, amaba aquel paisaje natural y la pequeña casa de su abuela, pero ya nada sería como antes, su abuela Sylvia no reviviría, y no podía quedarse para siempre sumergida en su recuerdo, necesitaba avanzar y aferrarse a la única familia que le quedaba, su querida prima Erika.
[...]
—Señorita, su identificación, por favor.
Isa sacó aquel manojo de documentos de su cartera. La mujer que la atendía hizo un rápido chequeó antes de indicarle que continuara a la siguiente sala.
Mientras su equipaje era revisado, la joven no pudo evitar sentir una oleada de nervios, estaba a punto de subirse a un avión, de dejar su país, sus orígenes, y embarcarse a una vida desconocida. Tenía miedo de olvidar a su abuela y de olvidar los años felices que vivió a su lado, no quería dejarlo todo atrás, quería mantener la esperanza de que regresaría algún día.
Era por esa razón que Isa se rehusó a vender la casa de su abuela, necesitaba mantener intacto aquel lugar, porque estaba convencida de que volvería y rememoraría los años más felices de su juventud, sin sentir el dolor que le causaba la pérdida de su abuela.
Cuando Isa abordó aquel avión se concentró en mirar por la ventanilla de su asiento, cuando finalmente él mismo despegó, detalló lo majestuoso que se veía el cielo, tan grande que no parecía tener un comienzo ni un final, simplemente era extenso.
Por un momento, la joven pensó en que también quería ser así, conocer la plenitud de una vida sin pesares ni dolor, solamente en libertad. La libertad que otorgaba el saber que podías ser tú mismo sin que nadie controlará tu vida o te redujera a algo en lo que no quieres convertirte. Y tal vez aquello no tenía nada que ver con la blancura de las nubes y lo amplío que el cielo se veía, pero era una idea que llegó a su mente de manera fugaz y que quiso atesorar como una realización en su vida.
Ser libre, desde ese día, Isa lo sería… o al menos, eso creía.
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Comments
Betty Arancibia
hola escritora...cuando busco una novela.. siempre busco un buen contenido .. redacción.. y no tantos errores.. creo que ya la encontré
2023-09-17
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Milagros Suarez
Súper buen comienzo autora 👏👏
Genial los primeros capítulos
Y vamos por mas 💪💪💪💪
Gracias y🙏🙏🙏🙏🙏🙏
2023-02-16
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