—Buenos días, tío—saludó Cedrik al hacer su entrada en la mansión Müller.
El viejo Girgma estrechó en sus brazos a su sobrino, siempre era bueno ver a aquel jovencito.
—La señorita Isa debe estar esperándote en la biblioteca—informó el hombre mayor.
Cedrik asintió y se apresuró a llegar a aquel sitio. Sin embargo, algo le pareció extraño en cuanto puso un pie en el lugar, puesto que la atmósfera que percibía estaba cargada de una especie de pesadez.
La joven a quién tenía que dar tutorías se encontraba con su cabeza gacha viendo cómo sus manos se entrelazaban en su regazo, como si aquello se tratase de alguna cosa fascinante.
—Buenos días—carraspeó él, haciendo que notará su presencia.
Isa levantó su cabeza con premura y lo miró con aquellos intensos ojos color miel. Su mirada era bonita, pero, en esa oportunidad parecía estar empañada con algo que no lograba descifrar.
—Buenos días, señor Cedrik—dijo ella con educación, pero se notaba la tristeza en su voz.
—No soy tan viejo como crees—apuntó él ante aquel desborde de formalidad por parte de la joven.
—Oh, lo siento.
—¿Sin formalidades está bien?
Isa asintió.
El tutor se puso manos a la obra, mientras no dejaba de evaluar con ojo crítico aquella anímica actitud por parte de su alumna. Era bastante extraño…
—¿Ocurre algo? Parece que no estuvieses prestando suficiente atención—preguntó Cedrik, porque ya no podía seguir ignorando que algo sucedía.
—¡Lo siento!—se disculpó Isa, apurando el paso en sus apuntes—. Solo me distraje un momento—explicó.
El hombre la miró minuciosamente, notando aflicción en la mirada de la chica. Era evidente que sus ojos habían estado derramando lágrimas y que no se encontraba para nada bien.
—Isa—la llamó un poco más firme, captando su atención de inmediato—. Si no te encuentras bien, podemos dejar la clase para después.
—No, no es eso. Solo…
«Vamos, Isa, piensa en una buena excusa» se animó la chica. Pero no, ella no encontraba alguna mentira para decir. Únicamente bajo la mirada, sintiendo como sus ojos empezaban a picarle nuevamente y las lágrimas se apuraban en salir.
«No llores, no llores» se ordenaba a sí misma, intentando no ponerse en evidencia delante su tutor.
—Perdón...—pronunció limpiándose las lágrimas rebeldes que no le habían obedecido.
Cedrik miró con preocupación como Isa se desplomaba en llanto.
¡Carajo!
¿Qué se suponía que debería hacer?
La situación era demasiado incómoda y no había algo más frustrante que ver llorar a una mujer.
—Isa—habló un poco más pausado y suave, intentando transmitirle confianza a la chica. Con ese objetivo, se acercó a ella—. Dime, ¿qué te ocurre? Puedo ayudarte en lo que necesites...—se ofreció con genuino deseo de evitar que siguiera llorando.
Sea lo que sea, lo que le estuviese ocurriendo. Él era partidario de la idea de que para todo existía una solución. Únicamente necesitaba saber qué era eso que le aquejaba y plantearle una solución para que no siguiera atormentándola.
Isa lo miró fijamente por un momento anonadada y hasta tentada ante la idea de contarle todo. Tal vez, tal vez sí... Pero, únicamente alcanzó a abrir su boca y a cerrarla nuevamente. No, no podía hacerlo.
"Si te quieres dar de lista me enteraré y créeme no te conviene tenerme de enemigo"
Era sorprendente como unas pocas palabras lograban hacerle sentir tanto temor. No tenía escapatoria. Consciente ante ese hecho, Isa suspiró.
—Para todo existe una solución, Isa. No sé que te esté haciendo llorar de esa manera, pero puedo asegurarte que existe una luz al final del túnel. Puedes contar conmigo...—se ofreció Cedrik, sosteniendo su mano en un gesto reconfortante.
—Gracias—fue lo único que pudo responder la chica.
Ambos quedaron sumidos por un rato en un largo silencio. Tiempo que ocupó Isa en intentar detener su llanto. Cedrik quería insistir e indagar más con respecto a lo que le pasaba, pero no podía presionarla a hablar sobre algo que evidentemente ella no quería revelarle.
—Será mejor que continuemos otro día.
—Discúlpeme, no quería hacerle perder su tiempo.
Isa se sentía muy mal, estaba actuando como una tonta. Desperdiciando el tiempo de una persona que no tenía la culpa de nada.
—Mi tiempo es lo último importante ahora—contestó Cedrik un poco enojado por el comportamiento de Isa.
La clase pérdida era lo que menos le interesaba. Solamente necesitaba saber qué le pasaba a Isa y ayudarla para que pudiese sentirse mejor. Pero, ella evadía sus intentos con disculpas absurdas y no aceptaba la mano amiga que le estaba ofreciendo.
—Isa, por favor—dijo serio—. Tenlo presente, puedes contar conmigo para lo que necesites—repitió una vez más con mayor firmeza en sus palabras.
Aquel ofrecimiento logró transmitirle seguridad a Isa de una manera que la hizo sentir mejor, al menos por un momento. Tal vez no estaba tan sola como creía...
La chica sonrió apenas. Era una sonrisa rota, pero a la vez, era un intento de no dejarse derrumbar.
Cedrik se quedó prendado de aquella sonrisa. Observándola con atención, mientras sus ojos seguían brillando por las lágrimas recién derramadas…
[...]
Aquel era el quinto cigarrillo de esa hora. Heinrich estaba teniendo un ataque de ansiedad, mientras su asistente le transmitía los pormenores de la última entrega recién realizada.
—Los rusos quieren hacer trato con usted, señor.
—¿Qué trato?
—Dicen que quieren conocerlo—informó el hombrecito—. Al parecer su fama ha llegado muy lejos.
—Encárgate de averiguar si no se trata de alguna trampa—ordenó el hombre.
Él no creía en las alianzas, era una persona solitaria y bastante egoísta. Así que aquel interés repentino, por parte de los rusos no le daba buena espina.
—Yo creo que…
—¡No me importa lo que tú creas!
Heinrich se levantó de su escritorio con furia contenida. Su cabeza parecía estar a punto de explotar, y eso no tenía nada que ver con el trabajo o los negocios, se trataba de algo más.
«Búscala»
Sin ser consciente de aquello, el hombre ya se hallaba obedeciendo aquella voz. Una voz que parecía haber estado dominando su mente las últimas semanas. Sabía que era mala idea dejar las pastillas, pero no podía permitir que su vida sexual se viese afectada por esos fármacos. Pero ahora, había hecho algo peor, algo que no podía dejar de seguir repitiendo.
Heinrich se encontró nuevamente al frente de la habitación de Isa, miró la puerta por un vago instante, buscando de alguna manera poder retroceder, pero, contrario a lo que quería su mano se movió y giró la perilla…
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Comments
audelina barra guzman
me molesta mucho que las mujeres de algunas novelas que e leído sean objetivos sexuales solo para procrear deje de leer una que solamente era ese tener sexo para tener un hijo ojalá que en la realidad no sea así
2024-04-02
0
Diana Blanco
hay enfermedades mentales y las doble personalidad
2024-02-24
0
Wolfita Albarez
Debe ser un esquizofrenico que escucha voces que le obligan a hacer cosas!!!
2023-10-27
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