La cueva se despertó, dos ojos se abrieron al color de los ojos de Carlos, son los ojos de él. Está llorando por haberlo despertado de su bello sueño, no deja de llorar, sus lágrimas son lava ardiendo. Sus pies y manos salían de la tierra, eran raíces de veneno eterno. La salida de la cueva, era la boca de algo monstruoso. Es difícil darte palabras. Si tú vieras lo que yo veo, no sabrías cómo nombrar a esto. Oh, madre mía.
Todos sus dientes se ven bastante filosos, más filosos que la espalda del rey Arturo, son enormes agujas que pueden atravesar tu cuerpo sólo si te quedas ahí parado. La lengua son tentáculos viscosos que pueden jalarte a un abismo, a un abismo de muertos vivientes que comerán tu cuerpo lentamente. Nadea abrazó fuerte a su lobo, lo abrazo tanto mientras sale huyendo de ese lugar. Debe huir lo más lejos posible, debe huir donde ese monstruo nunca pueda atrapar. La alcanzó, tomó su pie, la jaló a la boca de él. Esto es malo. No deja de gritar. Siente que va a morir.
– ¡No! ¡Por favor, no! ¡Por favor suéltame! ¡NO QUIERO MORIR!
No la escucha, es inútil gritar. La sigue jalando hacia dentro, su hambre es más feroz que su dolor. Nadea intenta agarrarse de algo, intenta agarrar lo primero que pueda librarla de esto. Lo malo es que no hay nada. Sus uñas se arraigan a la tierra, se arraigan con deseos de sobrevivir. No quiere ser devorada. Aun quiere vivir.
–Nadea...
– ¿Qué?
Escuchó una extraña voz, esa voz resonaba en los oídos de Nadea, como si algo peor fuera a pasar. Es extraño que escuche esa extraña voz. Esa voz le suena conocida. No lo entiende. ¿De dónde proviene esa voz? Puede que haya sido su imaginación. No puede ser, no es él. Está segura de eso.
–Nadea...
No puede ser, lo volví a escuchar. Ya estoy alucinando. ¡Creo que ese es Arol! ¡Ay, por dios! ¡¿Que está pasando aquí?!
– ¡Suéltame, Carlos! ¡Me estás lastimando! ¡No sé qué te pasó! ¡No sé por qué eres así! ¡Por favor reacciona! ¡Deja de hacerme esto! ¡Deja de hacerme ver cosas que no quiero ver! ¡No seas tan cruel conmigo! ¡Valeria no querría verte hacer esto!
– ¿Valeria...? ¡Valeria! ¡VALERIAAAAAA!
De su cabeza en vez de lava ardiendo como sus ojos, fueron rocas explosivas. Esto es peor.
–Se volvió loco...
Del tal caos que ha hecho Carlos, de la cueva fue saliendo un cuerpo, un cuerpo que se arrastra en el suelo, un cuerpo con la apariencia media humana, se acercó a ella.
– ¿Tú eres Valeria? ¿Eres Valeria?
Preguntó él con otro rostro de manera inocente, un rostro más bello del que tenía antes. Parecía un ángel a punto de nacer con el bello atardecer de sus ojos, era hermoso.
–No lo soy. Eso debes saberlo tú, eres el único que sabe dónde está ella.
Nadea no deja de mirarlo, pero no por su belleza, es imposible quitar la mirada a algo tan terroríficamente monstruoso.
– ¿Yo lo sé...?
Se quedó tonteado preguntándose él mismo sobre donde esta Valeria, se quedó estancando intentado encontrar esa respuesta. Es difícil. No sabe que pasó después... Sólo recuerda a la mujer que él amo... Es difícil, es difícil estar aquí, pero ella no lo está. Esto es malo. ¿Dónde está Valeria? ¿Donde está ella?
Una línea de tiempo empieza a surgir en su mente, era la tragedia. Su mente quedó en blanco, reinició.
– ¿Qué haces Carlos?
Apareció una bella mujer enfrente de él, sus cabellos eran largos igual que los de Nadea, su piel era blanca igual que Nadea, sus ojos eran azules que el cielo no igual a Nadea. Esta mujer era hermosa, tiene un gran parecido a Nadea, pero no es ella. Los ojos de Nadea son verdes claros al color de un bello manantial, y no a un cielo azulado, y de paso sus cabellos son pelirrojos,
– ¡¿Qué te pasa?! ¡No tenías que echarme agua! ¡Está fría!
Está furioso que esta mujer se haya atrevido mojarlo como si tuviera el derecho de hacerlo, no son nada, sólo vecinos. Tal vez amigos, pero no significa que deba mojarlo. Destesta a esta tipa que se atreve molestarlo como si fueran algo más, cuando no lo son.
–Es que estabas durmiendo de día, sabes que los mosquitos te mataran en cualquier momento.
Lo dijo en sarcasmo, burlándose de él.
–No creo que los mosquitos me maten.
Contestó molesto sin encontrar lógica a su teoria. Ya detendría lógica si usara magia negra, para transmutar esos insectos con otra especie, ahí tendría que correr.
–Te pueden ahogar.
Con su dedo señaló a su boca con una sonrisa.
–Sabes que no, así que deja de molestar, dejame dormir otro rato.
Se volvió a costar en el verde pasto de los llanos, para sólo dormir unos minutos más. Espera que no vuelva a molestarlo.
–Carlos.
–Mmm...
Se nota que desea dormir.
– ¡Carlos! ¡Por favor!
–Sólo déjame dormir.
– ¿No tienes miedo que alguien te descubra haciendo magia negra?
Susurró ella. Carlos quedó impactado.
– ¿Cómo es que ella...?
– ¡No le digas a nadie sobre esto!
La empujó al pasto, la empujó quedando sobre ella con un rostro totalmente enojado.
–No te preocupes. No le diré a nadie.
Lo miró con una dulce mirada.
– ¿No le dirás a nadie?
¿Qué planea? ¿Por qué no piensa echarme de cabeza?
–A cambio de algo.
Se nota que debe a odiar alguien, probablemente me pida maldecir a esa persona o puede que desee matarla. No me gusta llegar a ese extremo con la magia negra, pero si es la única forma de evitar mi condena, tendré que hacerlo.
– ¿A quién quieres maldecir?
Preguntó Carlos todo decidido en cumplir el capricho de esta mujer.
–Acércate.
Me das escalofríos las intenciones de esta tipa. ¿Por qué querrá que me acerque?
–Dímelo.
Niega acercarse.
–Si no te acercas, no te diré.
– ¿A quién quieres mal...? ¡¿Hmm?!
En ese momento que lo hizo, sentí como el viento tocó mis labios de una forma desprevenida, de una forma que me hizo sentir un sentimiento incomprensible dentro de mí. Era como si el fondo de mí comenzará a brillar, comenzara a brillar por este viento travieso que acaba de robar mi aliento. No tengo palabras a esto.
– ¿Qué fue eso?
Se alejó de ella con el rostro todo impactado. Esto no le gustó para nada.
–Te quiero a ti.
Lo miró como una serpiente sedienta de amor. Se nota que lo ama.
– ¿Qué?
Da ganas de correr.
–Quiero que seas el padre de mis hijos.
Tomó su mano. La colocó en su vientre.
– ¿Yo? ¿El padre? ¡¿De tus hijos?!
Se levantó, salió corriendo.
–Te amo.
Susurró estas palabras completamente triste. Se detuvo.
–Estás loca.
–Si no quieres, entonces busco a otro brujito. Ja, ja, ja Oooooh.
No hay risa, aunque intente reírse.
–Nunca dije que no quería contigo.
Volteó a mirarla.
– ¿Entonces eso es un sí?
Tiene esperanzas.
–No.
Se las cortó bien gacho.
–Para qué me animas con esperanzas, mejor me voy a buscar a alguien más.
Se levantó. Es mejor irse. Se nota que él no la quiere.
–Dame tiempo.
Se detuvo.
– ¿Qué? ¿Qué acabas de decir?
Volteó a mirarlo.
–No dije nada.
Me arrepiento. Mejor ya no digo nada.
–Te esperaré por un mes.
– ¿Por qué un mes?
–En un mes mis padres se irán a la ciudad.
–Eso es bueno, podrías casarte con un sujeto rico y vivir a tus anchas.
Eso me libra de mucho.
–Pensaba que si te casabas conmigo, podríamos vivir juntos y no tendría que irme a la ciudad.
Lo dijo en forma hiriente, se nota que lo ama.
– ¿Entonces sólo quieres tener una excusa para seguir viviendo aquí?
Pero él no lo nota.
Esto molestó a ella. Las palabras de él son demasiado frías para ella. No esperaba que dijera algo así.
Entonces no soy lo que le interesa, es el lugar este. ¿Por qué le gusta un lugar así? No hay nada, no se puede ganar dinero aquí. Que chica tan extraña.
–Si así piensas, entonces nunca te casaras.
Le contesta enojada.
–No estoy interesado en las mujeres alegres.
La mira como si ella fuera una fea ante sus ojos.
– ¿Qué tipo de mujeres te gusta?
Preguntó enojada, preguntó intentando soportar la ofensa que le acaba de dar. Espera que tenga algo que le guste a él.
–Mientras no sean rubias ni alegres, no hay problema.
Lo dijo todo engreído, sin un toque de lastima hacia ella.
– ¿Qué tienes en contra mia? Yo nací rubia, así nací. Es la culpa de mi madre por haberse fijado en mi padre.
Está enojada mientras sonríe. Le da tantas ganas de volverlo a mojar con un balde de agua bien helada.
–Sólo no me gustan, ya es suficiente de ver el sol en el mismo día.
Se burló de ella.
–Eres bien malo conmigo...
La ignoró. Se fue.
– ¿A dónde vas?
–A buscar un buen lugar a donde dormir.
Debo prepararme, debo dormir lo suficiente para poder lograr el hechizo de esta noche de luna roja. Sólo en esta noche, la magia negra es más fuerte que nunca, puede que esta vez lo logre.
– ¡Espero que te diviertas!
Le gritó toda alegre.
Esa mujer la he conocido desde pequeña, es la única que me sigue molestando. ¿En serio estará enamorada de mí? ¿O sólo quiere quedarse porque le encanta vivir aquí? Ni idea. Espero que esta noche salga todo bien.
–Es hora.
Carlos se levantó. Reunió todo, lo reunió ante el velo de la oscuridad. Espera que esta vez funcione, espera que el conjuro funcione como debe ser. De su propia sangre tomará, una puerta a de crear, y así un Oinomed va a capturar. Desea que funcione, desea lograrlo, no le importa dar su alma a cambio. Se cortó. De pronto una llama ardiente teñida con humo negro, salió del conjuro escrito de la sangre de Carlos.
Esto es increíble, está funcionado, ¡Funciona! ¡Funciona! ¡Esto es genial! Podré utilizar mis poderes, para hacer lo que yo quiera.
Parece que Carlos se volvió loco.
– ¿Dime qué es lo deseas?
Se acercó a él de manera tentadora. Nunca esperó esto. Se imaginó otra cosa, algo monstruoso, algo terrorífico, pero no esto. Era una mujer guapísima enfrenté de sus ojos, tenía apariencia humana, pero con una mezcla de rasgos no humanos. La mujer tenía cuernos de venado, piel áspera como las serpientes, ojos de cabra, uñas más filosas que las de un tejón mielero. No traía nada puesto, las mismas plumas negras de sus alas cubrían su cuerpo. Era realmente hermoso ese Oinomed, pero está claro que no es humano después de todo.
–Quiero convertirme en un gran hechicero, quiero tener grandes poderes y grandes riquezas. Es lo único que mas quiero.
– ¿Qué me ofreces a cambio?
–Te daré cualquier cosa que me pidas.
Contestó sin una gota de duda, está dispuesto hacer cualquier cosa a cambio de ser poderoso.
– ¿Cualquier cosa?
Sonrió.
–Sí, cualquier cosa.
–Quiero un cuerpo.
– ¿Qué?
Esto nunca esperó, nunca pensó que el Oinomed iba a pedir algo así. ¿Qué piensa hacer con un cuerpo inútil?
–Afff... Está bien, conseguiré un cuerpo...
Suspiró aceptando su condición.
–Pero no cualquier cuerpo, quiero un cuerpo humano. Ese es el valor al deseo que deseas.
¿Un cuerpo humano? ¿Qué piensa hacer con un cuerpo humano?
–Está bien, te daré un cuerpo humano.
–Ten.
Le entregó una extraña daga en sus manos.
–Entierra esto en su pecho. Una vez que lo hagas, entonces tu deseo se hará realidad.
– ¿Qué le pasará al humano?
Carlos siente que cada vez esto se vuelve más extraño, siente que algo no está bien. Es extraño que un Oinomed pida un cuerpo humano como ofrenda, ¿qué pensará hacer con él?
–No te preocupes, el humano seguirá con su vida normal.
– ¿En serio no le pasará nada?
–No.
Entró a la habitación de ella a escondidas, entró a escondidas, entró sin que sus padres se dieran cuenta. Ella lo ama, dijo que lo ama, entonces no se enojará si le entierra esta daga dentro de su pecho. Tal vez duela, tal vez grite, pero después se sentirá bien. No le pasará nada, el Oinomed me aseguró que seguirá con vida. No creo que le pasé algo. ¿O sí?
No, no puedo, no puedo hacerle esto a ella. Está durmiendo, está durmiendo tranquilamente. Siento que es mala idea. Tengo una idea, ¿qué tal si me la entierro en mi pecho? No creo que me pase algo malo por enterrarme esta daga. Total, una vez que me la entierre, me convertiré en alguien poderoso.
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