Capítulo 8

A la media noche llegó, entró por su ventana. Nadea estaba durmiendo, estaba durmiendo en un profundo sueño. Miró a ella, nunca pudo hacerlo, nunca pudo entregar el collar. Es difícil pasar por esa barrera siendo un vampiro. De pronto comenzó a quejarse. Escupió sangre al suelo. Esto es malo. Intenta no dejar salir su voz, no quiere despertarla, no quiere hacerla preocupar. Su cuerpo está sufriendo, su cuerpo se quebranta al suelo.

Duele terrible bajo su pecho, la maldición no deja de avanzar. Sabe que nunca debió intentarlo, nunca debió haber intentado dar un paso a ese lugar, pero lo hizo. Quería cumplir su palabra, quería demostrarle a Nadea que él podía hacerlo, que él lo iba hacer para nunca dejarla huir de su lado. El collar a un lo trae en las manos, aun lo trae en su bolsillo. Puede ir e intentarlo de nuevo, o sólo mentir que ya lo entregó. Es más fácil mentir...

– ¿Arol?

Despertó. Arol se asustó. Intenta irse.

– ¡Espera!

Tomó alcanzarlo.

–Ve a dormir.

– ¡¿Cómo quieres que me vaya a dormir?! ¡Te fuiste por tres días dejándome encerrada aquí!

–No puede ser...

Se le olvidó darle de comer a Nadea.

–Voy a prepararte algo de comer.

– ¿Eh? Pero yo ya comí.

– ¿Cómo?

–Mis provisiones.

Arol se le había olvidado por completo que Nadea se la trajo con todas sus provisiones, provisiones que iba a utilizar en su viaje. Se da cuenta que es un terrible hombre, casi mata a Nadea al dejarla sin comer.

–Estoy feliz que hayas regresado, pensé que nunca ibas a regresar.

–Fue suerte el regresar aquí. Te extrañé.

–Igual yo.

Arol se refería más a un sentimiento especial hacia Nadea, mientras que ella se refería a una amistad de amigos. Ambos están felices a su manera de pensar.

–Logré entregar el collar.

Sonrió, sonrió ocultando su mentira.

– ¿En serio? ¿Pero cómo? Si dijiste que mi tío caza vampiros.

–Me las arreglé para eso, así ya no es necesario que te vayas, vivirás aquí y seremos felices por siempre.

Está claro que está mintiendo, lo hace para que Nadea borre esa obligación, esa obligación de entregar un collar que no sirve para nada.

–Pero Arol... Yo no puedo vivir por siempre contigo, tengo que seguir con mi vida.

Nadea ya no sabe qué hacer, no sabe cómo hacerlo entender que ella no quiere vivir con él. Siente que si vuelve a decirlo fuerte y claro, puede que lo enfade y vuelva peor la situación.

– ¿Piensas olvidarme?

Arol no quiere dejarla a ir, no quiere que se vaya de su lado. Quiere que lo mire, quiere que le dé un no.

–No, claro que no. Nunca olvidaría a un amigo como tú.

Nadea abrazó con cariño a Arol, lo abrazó con tanta fuerza. Desea poder entenderlo, desea poder curar lo que lo aferra el no dejarla ir. Lástima que no sabe cómo, lástima que los abrazos no solucionan los problemas.

Pasaron los días, sus heridas no parecían sanar, cada vez eran más notorias. La maldición no dejaba de expandirse, crecía cada vez más, no le permitía beber. Cada día era peor, sentía que en pocos segundos deseaba morder a Nadea. La noches oscuras mordían su cuerpo queriéndolo devorar vivo. Siente que se está volviendo loco.

– ¡Maldición!

Comenzó hacer todo un desastre dentro de la habitación. Lanzó todo al caos. No le importa si destruye todo, sólo desea que esto se detenga. Su cabeza quiere explotar, mientras la maldición asfixia su pecho. Siente que no puede respirar. Con las gotas de su propia sangre, un conjuro intenta hacer. Sabe que no es una bruja, una bruja necesita para calmar esto, pero al menos va intentarlo. Nadea está preocupada, se escucha ruidos extraños en la habitación de él. Quiere ir a ver, quiere saber lo que pasa, pero no puede. La habitación de ella la tiene atrapada.

Se escuchan sus gritos...

– ¡Arol por favor déjame libre! ¡Déjame ayudarte!

Nadea está golpeando las puertas, las golpea con fuerza, quiere romperlas. Inténtalo, inténtalo, pero esas puertas jamás se abrirán. Él no te dejará libre, está obsesionado con quitarte tu libertad. Ella está llorando, el dolor de él la hace llorar. No entiende su sufrimiento, pero quiere entenderlo. Sabe que él no es alguien malo, sólo es alguien que ha tenido una vida difícil. Le ha dado un hogar, comida y al mismo tiempo ha sido bueno con ella. Nunca la ha lastimado porque él quiera, siempre lo hace bajo una razón. Se desveló toda la noche, sus gritos no la dejaron dormir.

–Te traje esto.

Entró por la ventana de Nadea, lo hace para que no se le ocurra huir por la puerta, y por más estar débil. Si lo descubre, no dudará salir huyendo.

– ¡Arol!

Corrió abrazarlo. Dejó de hacerlo, se detuvo al escuchar un quejido. Miró su rostro.

– ¿Te encuentras bien?

–Estoy bien.

Algo esconde. Está claro que no está bien. Decide mirar todo su cuerpo, se da cuenta de algo, esto la asusta, ve unas extrañas marcas emanar de su cuello. Acercó su mano, no la dejó.

–Mira, te preparé lo que te encanta comer.

Sonríe alegremente, sonríe como si no pasara nada.

– ¿Qué son esas marcas...?

–No es nada. Pruébalos están deliciosos.

–Arol, te pasó algo, ¿cierto?

La miró ocultando algo, se quedó en silencio por varios segundos.

–Me tengo que ir.

–Arol... Por favor, cuídate.

Arol notó el rostro triste de Nadea. Sabe que no ha sido alguien bueno con ella, ha sido una terrible persona el encerrarla aquí. Tal vez deba dejarla salir de la habitación. Lo pensará. Entró a la habitación. Esto es malo, la maldición lo está matando. Las heridas cada vez están peor, huelen terrible, huelen a un cuerpo podrido. Su cuerpo se deshace lentamente. Si no bebe sangre pronto, morirá. Pero sabe que si lo intenta, todos modos morirá. La maldición le impide hacerlo. Si lo hace, un veneno consumirá su cuerpo convirtiéndolo en cenizas. Pero si no lo hace, sus heridas nunca sanaran. Fue herido con herramientas benditas.

Aguantó otros días más. Decidió ya no ir a verla. Si va, sólo la preocupará. Pasaba cercas de su habitación y le dejaba algo de comer. Mantuvo su distancia con ella, la mantuvo hasta que la supuesta magia desapareció, se desvaneció, desapareció de la habitación. Toda la magia desapareció ante un último grito de dolor por él. Por fin libre, por fin pudo salir de ahí. En vez de tomar esta oportunidad para salir huyendo, decidió mejor correr rápidamente a él. Corrió hacia él sin dudar. Al entrar a la habitación se llevó una sorpresa, él estaba tirado al suelo. Se acercó. Tocó su frente. Estaba ardiendo, este vampiro estaba ardiendo en fiebre. En sus manos tenía el collar, tenía el collar que supuestamente había entregado. Le mintió, él le mintió a ella. Esto la enojó. Lentamente le quitó el collar de sus manos. Salió corriendo de ese lugar. Se detuvo.

–Nadea...

Arol susurró su nombre, lo susurró ante el poco aliento que aún le queda. Esto fue extraño, el susurro de él llegó a ella, llego a unos cuántos metros lejos de ella. Al escuchar esas palabras rebotando dentro de su pecho, la dejó intranquila. Regresó. Se acercó a él. Probablemente intentó entrar pero al último fue atacado por ser vampiro. Probablemente no quiso decirle la verdad, tenía miedo de que ella se decepcionara de él. Decide cortarse la mano, se la corta, se hace una profunda herida. Se quedó a su lado, quedó a su lado mientras muerde se cuello sin perdón.

Abrió los ojos.

De una manera a otra, él se siente mejor. No recuerda el cómo llegó aquí y menos entiende el cómo sanaron sus heridas por completo. Estaba seguro que fue maldecido, en cualquier momento iba a morir, pero cómo. Las maldiciones que estaban tatuadas en su piel desaparición, se desvanecieron. Ni un simple mago puede retirarlas una vez ejecutadas. No entiende el por qué sigue vivo. Voltea a ver a un lado.

– ¡Nadea!

No lo entiende, no entiende el cómo Nadea está en su cama. Esto es malo. Se nota que mordió su cuello sin piedad.

– ¡No! ¡No! ¡No! ¡Nadea! ¿Me escuchas? ¡Por favor despierta! ¡Abre los ojos!

Aun siente su calor, aun late su corazón. Tiene que hacerlo, es la única de salvarla.

– ¿Arol? Hola... Veo que tus heridas ya sanaron.

Nadea habla contrabajos, se siente débil, siente mucho sueño. Arol se detuvo, ya no mordió su propia mano.

– ¡No vuelvas hacer eso! ¡Me tenías asustado!

–Al menos ya no estás sangrando. Eso es bueno.

Acarició sus cabellos.

– ¿Nadea?

–Estoy bien...

Se desmayó.

– ¿Ya amaneció? Vaya, me siento mejor de nunca. ¿Arol? No, mejor te voy a dejar dormir. Probablemente debes de estar cansado.

Nadea se levantó, miró a fuera. Hoy parece ser un buen día para salir a cazar. Rápidamente corrió hacia afuera. No había nada que la mantuviera encerrada, la supuesta magia ya no estaba.

Arol abrió los ojos. Algo está mal. Se levanta rápidamente.

Salió a fuera extendiendo sus manos, ante el fresco aire de verano. Siente agradable besar el sol con sus labios.

– ¡Nadea!

– ¿Hmm? Arol.

Sonrió, sonrió en verlo despierto.

– ¡Cúbrete!

– ¿Eh? ¿Qué pasa?

–Vamos adentro.

–Arol, ¿qué haces aquí afuera?

La cubrió con una manta en medio de la luz del sol. Arol se está quemando, está a punto de volverse en cenizas por Nadea.

Entraron.

– ¿Por qué se te ocurrió salir? Sabes que el sol quema tu piel.

–No quería que te quemarás, no quería que murieras.

Arol la checó, parece desesperado y al mismo tiempo preocupado.

– ¿De qué hablas? Yo estoy bien. Tú eres quien se está quemando.

Nadea no entiende su comportamiento extraño hacia ella. Actúa raro.

– ¿Estás bien? Tú piel no parece mostrar daños.

Revisó hasta sus brazos.

–Claro que estoy bien.

–Tienes razón. No pareces estar lastimada.

– ¿Lastimada? ¿De qué debería? Mírate, éstas herido. ¿Por qué estás actuando así?

–Al menos estás bien, estoy feliz que estés viva.

La abrazó.

–Al menos tu piel está sanando muy rápido, pero ya no deberías hacer algo así.

No encuentra explicación a esto. No lo entiende. Nadea debió convertirse, pero no lo hizo. Es un humano.

–Eso parece, ¿Tienes hambre?

–Sí, tengo mucha hambre. Voy a cazar algo.

–Tengo algo de comida. Ven.

¿Por qué se habrá preocupado? Actuó muy extraño al quererme cubrir con la manta en vez de él, cuando es quien la necesitaba.

– ¿Qué tal? ¿Te gusta?

–Está delicioso.

–Eso es bueno...

Sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente ante el tambaleo de sus pies. Nadea corrió hacía él, corrió sin dejarlo caer al suelo. Él se desmayó. Decide abrir cortarse su mano, la acercó a su boca. Reaccionó, reaccionó haciendo aparecer lejos de ella.

– ¡No vuelvas hacerlo! ¡Pienso ir a cazar esta la noche, entonces no intentes darme de tu sangre!

Si lo hace, tal vez ella... No, no voy a dejar que me dé de su sangre. No volveré hacerlo de nuevo. Es raro que nunca se convirtió en vampiro. Debió hacerlo, debió convertirse. ¡Nadea, ¿qué cosa eres?!

–Pero estás cansado.

–Sólo tengo algo de sueño. No te preocupes.

–Arol... ¿Me puedes regresar el collar? Tengo que llevárselo a mi tío.

Nadea caminó hacia él, espera que le regrese su collar.

– ¿Por qué regresaste? Sabías que podía arrebatarte el collar. Sabías que podría encerrarte de nuevo en tu habitación sin dejarte ir. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué regresaste a mí?

–Nunca lo había pensado así.

Agachó su cabeza, está apenada. No quiere decirle que regresó porque escuchó su nombre.

–Podrías haberme dejado morir, podrías haberme hecho pagar por lo que te hice. Pero no lo hiciste, ¿por qué? Nadea en serio eres una...

–Lo ibas a decir ¿cierto?

Se enojó, se enojó porque sabe que lo iba a decir, iba decir que es una tonta. Sabe que es una tonta y sabe que le molesta. Pero aun así acepta que lo es, fue una tonta el haber regresado.

–Sólo dame una explicación el por qué regresaste.

–Ni idea.

–Eso no tiene sentido.

–Tú eres mi amigo.

–Sabes que ya no lo era por haberte hecho eso.

– ¿Ya no eres mi amigo?

Está con ganas de llorar, Arol volteó a mirarla.

–Ten.

–Gracias.

Lo abrazó.

–No es necesario que me abraces.

– ¿No te gusta que te abrace?

–No.

– ¿No?

–No vuelvas abrazarme. Vete, tan sólo vete.

La miró horrible, hizo temblar a Nadea.

–Entiendo.

Lo soltó, lo soltó sin mirar sus ojos.

–Voy a irme de una vez, seguiré mi camino de vuelta a casa.

–Si quieres, descansa hoy y mañana te vas.

Se rascó la cabeza mientras su mirada la pierde en otro lado.

–Pero te molesta que esté aquí.

–Nunca dije que me molestaba tu presencia.

–Pero me dijiste que me fuera.

–Quisiera que regresaras y vivieras aquí, pero sé que no lo harás.

La mirada de Arol está caída al suelo.

–Prometo que vendré a verte seguidamente.

–Mejor no lo hagas.

–Todos modos vendré a verte.

–Descansa.

Nadea decide mejor ya no ser una molestia para él.

–Gracias por la comida.

–No es necesario que me lo agradezcas.

Se fue, Nadea se fue.

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2021-08-19

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