Cuida bien a mi hija

Aunque él quería arrojarse detrás de Agatha, se quedó paralizado. Una de sus piernas le volvió a doler. A decir verdad, hace mucho tiempo que no le dolía la pierna.  Esta dolencia es una secuela que tuvo después de su accidente automovilístico. Según los médicos, él fue muy afortunado de no perder las extremidades inferiores. Aun así, tuvieron que operarlo de urgencia. A pesar de que le realizaron una exitosa operación, él no pudo despertar durante un año.

—Reacciona —se dijo mientras golpeaba su pierna izquierda. Él respiró profundo, y aun con el dolor recorriendo su pierna, decidió soltar la escalera.

—¿Qué haces? —preguntó el piloto.

El cuerpo de Daniel cayó a toda velocidad como si de un cañón se tratara. Una vez que su cuerpo se sumergió en el agua, una gran cantidad de líquido se levantó. Cualquiera que viera la escena creería que alguien hizo un clavado perfecto. Daniel nadó hasta el cuerpo que flotaba con las manos extendidas hacia él.

—Resiste —se repetía mientras se acercaba a Agatha. Con una mano rodeó la cintura de la detective y con la otra hacía fuerza para subir a la superficie. Una vez que se aferró a un salvavidas, sacó la cabeza y respiró. Agatha seguía inconsciente.

Alex se arrojó de la embarcación y junto con Daniel, subieron a Agatha.

—¡Agatha! ¡Agatha! —habló Alex, mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho de su amiga.

Daniel, que se encontraba acostado en el piso de la embarcación recuperando energía, se incorporó y se acercó a la detective.

—Déjame ver —alejó a Alex.

Daniel comenzó a presionar varias veces el pecho de Agatha y luego le aplicó la técnica de respiración de boca a boca. Una vez que llegaron a tierra firme, la ambulancia llevó con rapidez a la detective.

***

Nora vio salir a un doctor de la habitación

—Doc… ¿Cómo está ella?

—¿Usted es algún familiar de la señorita?

—Soy Nora Stoll, madre de Agatha Rossi.

—Ella está estable.

—¿Puedo entrar a verla?

El doctor miró el reloj de la muñeca y frunció el ceño.

—Solo serán unos segundos.

—Cinco minutos.

—Gracias, doc.

El doctor vio como la señora Stoll entraba a la habitación y luego continuó caminando. Cuando giró en la esquina se chocó con una mujer de cabello largo y oscuro.

—Enfermera Keller, ¿verdad? —detuvo a una mujer.

La mujer miró el identificador del ambo.

—Sí, esa soy yo —contestó con una sonrisa.

—¿Podrías sacar a un familiar dentro de cinco minutos? Es la madre de la señorita Rossi.

—Sí, no se preocupe.

La señora Nora se sentó al lado de su hija y le agarró la mano. Agatha estaba dormida.

—Pequeña, creo que no estás destinada a ser feliz —dijo con melancolía.

Siete años atrás…

Agatha se encontraba sentada en la camilla del hospital, su cuerpo ya no tenía vendas, solo su rostro seguía cubierto.

—Mira, esta es la fiesta de cumpleaños que te hicimos cuando cumpliste los quince años —Nora le enseñaba un álbum de fotos. En una de las fotos se mostraba a una joven Agatha con un vestido azul nocturno. En el tul se podía apreciar el gran trabajo que hicieron a la hora de incrustar las piedras preciosas. La temática del vestido era de una “Noche Estrellada”.

Agatha seguía negando.

—No puedo recordar —su voz quiso quebrarse.

—Hija —Nora se sentó al lado de Agatha—. No te esfuerces, tu memoria ya volverá —la abrazó con mucho cuidado—. Ese día realmente estabas preciosa, parecías una princesa salida de un cuento de hadas —comentó con los ojos brillosos como si tratara de reprimir las lágrimas.

—¿Estás lista? —preguntó Pablo, mientras entraba a la habitación.

Agatha con dudas afirmó.

Nora se apartó para dar paso a su esposo.

Pablo estiró su brazo hacia el rostro de su hija, él vio como Agatha tragaba saliva con dificultad.

—No tengas miedo, esto no va a doler —sonrió.

Agatha asintió.

Pablo con mucho cuidado le quitó la venda a su hija. La señora Nora al ver el rostro de Agatha se llevó las dos manos hasta la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella dejó caer su cuerpo al piso y lloró.

—Mamá, ¿por qué lloras? —se asustó.

Agatha miró su reflejo por el vidrio de la ventana y no vio nada extraño. Ella se levantó para luego acercarse a su madre. Nora abrazó con mucha fuerza a su hija.

...***...

El sonido del teléfono hizo que Nora volviera a su sentido. La persona que le estaba llamando era Alex.

—Tenemos que hablar sobre algo.

—¿Sobre qué?

—Cuando nos reunamos —te lo diré.

—¿En dónde está?

—Te enviaré mi ubicación por mensaje privado

—De acuerdo —contestó a la par que abría la puerta.

La enfermera keller se detuvo frente a Nora, ella estaba por abrir la puerta para sacarla, como le había indicado el doctor.

—Cuida bien a mi hija —dijo Nora, al salir.

La enfermera asintió en silencio.

Nora salió del hospital.

—Claro que la cuidaré —sonrió a la vez que empujaba con el pie la puerta. Ella se acercó al porta suero.

—Tú eres el de aquella vez, ¿verdad? —preguntó Nora, al reconocer al detective.

—¡¿Qué?! —se sorprendió—. La última vez no nos pudimos presentar como es debido. Soy Daniel —extendió su brazo al percatarse que se trataba de la mamá de Agatha—. ¿Cómo ha estado?

—Bien, gracias por preguntar —sonrió—. Eres igual a como mi hija te describió.

—Gracias, supongo —rio algo avergonzado—. ¿Ya has visto a su hija?

Nora asintió.

—Ella está dormida. Me han dicho que cuando acabe el suero podrán darle el alta.

—¡Qué buena noticia!

—Sí, es una muy buena noticia —comentó Nora, y luego agarró la mano del detective—. Escucha, muchacho —estiro de su brazo y lo atrajo hacia ella—. Prométeme que la protegerás —susurró.

—No se preocupe, no permitiré que nadie la lastime.

—Ella es una chica muy especial.

—Lo sé.

—Confiaré en ti.

Daniel asintió

—Bueno, me voy —dijo Nora, mientras abría la puerta de un taxi que había parado.

Daniel caminó hacia el interior del hospital.

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