—Cariño, ahí vienen —dijo Amelie, mientras se alejaba del ventanal de la oficina. Amelie es una bella mujer, ella está casada con Héctor, un hombre unos años mayor que ella. Héctor dejó de escribir y se puso de pie para luego salir de la oficina.
La puerta de la mansión se abrió y dos hombres vestidos de traje entraron. Héctor miró en todas las direcciones y no vio a la persona que debía venir con ellos.
—¿Dónde está?
—Padre… —habló el primer hombre.
—¿Dónde está ella? —volvió a preguntar. Esta vez su tono de voz indicaba enojo.
—Hemos llegado tarde —respondió el otro mientras bajaba la mirada.
—¿A qué te refieres?
—La casa en la que ella estaba viviendo se incendió —siguió el primer hombre.
—Pero… Está bien, ¿verdad?
—Están muertos.
Héctor se acercó a los hombres y con un puñetazo en el rostro los derribó.
—¿cómo es que no pudieron cumplir con algo tan simple como es traerla de vuelta a casa?
—Lo sentimos, señor —ambos se arrodillaron, y suplicaron.
Héctor tomó una pistola de su cintura y apoyó la boca del cañón en la cabeza de uno de ellos.
Amelie observaba desde arriba toda la situación, una vez que vio a su esposo que iba a presionar el gatillo, ella bajó corriendo la escalera.
—Cariño —dijo con dulzura.
Héctor miró a su esposa.
—Cariño, no lo hagas —bajó con suavidad el brazo de su esposo—. Démosle una última oportunidad.
—¿Cómo es que me estás pidiendo que haga eso? Mi hija está muerta. No pudieron hacer una simple tarea como protegerla.
—En el momento en que escapó, ella se volvió una desconocida para ti. Tú mismo dijiste que ya no tenías hija.
—Ya lo sé, pero… ella sigue siendo mi heredera.
—Crees que si ella hubiera vuelto a casa, hubiese aceptado seguir con tu negocio. A ella no le importa nuestra familia. Olvídate de ella, aún tienes dos hijos.
—Señor, por favor, perdónanos —seguían suplicando.
—Haremos lo que sea para ganarnos su confianza nuevamente —continuó el primer hombre.
—No les fallaremos nunca más, seremos los mejores —siguió el segundo
Héctor dio unos pasos hacia atrás.
—Les daré una última oportunidad.
Los hombres se pusieron de pie.
—Haremos lo que sea.
—Agarren sus armas.
Ambos muchachos se miraron el uno al otro mientras obedecían las órdenes de Héctor.
—Ahora, pongan sus armas en sus sienes.
—Señor… —repitieron los dos al mismo tiempo.
—¿Quieren que vuelva a confiar en ustedes?
Los dos muchachos asintieron en silencio y con la mano temblorosa obedecieron.
—Cariño… —volvió a interrumpir Amelie.
—Esto no es asunto tuyo. No te entrometas.
—Señora… no se preocupe, estaremos bien —respondieron los jóvenes. Una vez que tragaron saliva, presionaron el gatillo. El cuerpo de los hombres cayeron sobre sus propias sangres.
El ruido que provocó el proyectil, alertó a varios hombres que se hallaban practicando tiro al blanco con sus armas. Ellos corrieron hasta la entrada de la mansión, y una vez que bajaron la mirada, vieron el cuerpo de los dos hermanos. Ellos eran conocidos por tener una gran sincronización a la hora de disparar, y es por ellos que se escuchó un único disparo.
Héctor se dio media vuelta y subió las escaleras.
—Llévenlo —ordenó Amelie, y luego siguió a su esposo.
—Si —respondieron todos.
—Cariño... —dijo mientras veía a su esposo abrir la puerta de la oficina.
—¡Déjame solo! —cerró la puerta con mucha fuerza en la cara de su esposa.
—No era necesario asesinarlos —entró a la oficina.
—¡Te he dicho que me dejes en paz! —gritó.
—¡No me hables así!, yo no he hecho nada para que descargues tus frustraciones conmigo —respondió mientras salía de la oficina. Detrás de la puerta pudo escuchar como Héctor arrojaba todas las cosas del escritorio al piso. Una vez que todo se tranquilizó, vio cómo su esposo salía de la oficina y bajaba la escalera.
Héctor subió a su auto.
—¿A dónde se estará dirigiendo? —se preguntaba mientras veía a su esposo por el ventanal de la oficina.
Toc toc.
—Adelante.
La puerta de la oficina se abrió.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Amelie al ver a Keri—. ¿Qué te sucedió en el brazo? —se acercó a él.
—No es nada. ¿Está Héctor?
—No, él se acaba de ir.
Keri agarró la cintura de Amelie y la atrajo hacia él. Ella rodeó su brazo en el cuello de él y lo besó. Keri Jonson es la mano derecha de Héctor, ambos se conocen desde hace mucho tiempo, sus padres eran amigos y es así que ambos terminaron involucrándose. Sus padres decían que ellos tenían muchas cosas en común, y eso se reflejó aún más, cuando ambos se enamoraron de una chica que se apellidaba Gannon, pero esta, estaba interesada en Héctor y ambos se terminaron casando. Su matrimonio duró varios años en el que tuvieron dos hijos. Tras dar a luz al segundo hijo, ella perdió la vida. En el transcurso de los años, Héctor se volvió a casar con Amelie, la cual tenía una hija que era casi de la misma edad que su segundo hijo.
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