Sospechoso

Agatha dejó el cadáver en el piso y se levantó.

—¿A dónde vas? —preguntó Facundo al ver que Agatha caminaba hacia la habitación.

—¿Por qué lo matariamos? —siguió Leo.

Carlos se interpuso entre la puerta y Agatha.

—Sal de ahí —habló Agatha—. Solo quiero corroborar.

—Si no hicieron nada, dejenle investigar —interrumpió Arturo.

Carlos se hizo a un lado y dejó que Agatha entrara en la habitación.

La detective vio que la habitación se encontraba normal, las camas como era de imaginarse, estaban desordenadas.

La cabaña consta con dos habitaciones, una de ella tenía dos camas cuchetas y es por eso que en el piso se podía observar una cama improvisada. La otra habitación tenía una cama simple.

Arturo se acercó a Agatha y con disimulo señaló la cama del piso.

—¿Quién duerme allí? —preguntó Agatha.

—Yo —contestó el médico.

Agatha se acercó a la cama y comenzó a desordenar.

—¿Qué estás haciendo?

La detective levantó la almohada y vio una jeringa.

—¿Qué es esto?

—Eso no es mío.

—¿Qué hiciste? —preguntó Facundo.

—Dije que eso no es mío.

—¿Así que estabas tratando de asesinarnos? —siguió el supervisor

El médico sacó un arma de su cintura y comenzó a apuntar.

—¿Y ahora quieres que creamos que no intentabas matarnos? —continuo Arturo

—Tu fui…

Arturo se arrojó hacia el hombre con la intención de atraparlo, pero una bala salió del arma. El proyectil se incrustó en el hombro de Arturo. El médico se asustó y salió corriendo.

Leo salió detrás del médico.

Agatha y el ingeniero se acercaron a Arturo y entre los dos llevaron al hombre herido al comedor.

—Ve a buscar el botiquín —ordenó Agatha.

—Si.

—No debiste arriesgar tu vida de esa manera —dijo Agatha mientras rompía la ropa de Arturo. El ingeniero apoyó el botiquín sobre la mesa.

—¿Sabes lo que estás haciendo?

—Gasa.

Facundo le entregaba todas las cosas que Agatha le pedía.

La detective limpió la herida y seguido de ello, con una pinza sacó la bala que no estaba tan profunda. Arturo simulaba que no le dolía.

—Esto nos enseñaron en la escuela de policía —contestó la pregunta de Facundo. Apoyó la bala en la mesa y luego cubrió con una venda la herida—. Estarás bien, solo no muevas mucho ese lado del brazo.

Agatha miró el proyectil.

«Esa bala…»

—Se parece mucho al de los rabbit y el que usaron para asesinar a mi padre. Pero… yo nunca oí hablar que él hubiera estado involucrado con ninguna empresa, como los químicos White Cleaning

...***...

La Gran Capital...

Una mujer de pelos ondulados apoyó el café sobre la mesa y antes de que pudiera sentarse, una piedra traspasó el vidrio y cayó justo cerca suyo. Daniel salió de la casa e hizo que detuvieran al sujeto que acababa de vandalizar la propiedad ajena.

—Espero que mueran de la misma manera que lo hizo mi padre —gritó el adolescente.

La mujer se sentó en el sofá y con la dos manos se tapó la cara. Ella temblaba de impotencia.

—Esa es la tercera vez que ocurre en la semana

—¿Y no has tratado de denunciarlo?

La mujer tragó saliva y negó.

—No puedo hacerlo. Ellos tienen todo el derecho de estar furiosos con nosotros.

—Pero es un delito…

—El padre del muchacho murió por causa de mi esposo.

—¿Su esposo cómo se llama?

—Carlos Lopez. El es un médico de White Cleaning

—¿Te refieres a el químico White Cleaning?

—Si. El diagnosticó mal a uno de los trabajadores de la empresa. Según me contó, la mayoría de los trabajadores comenzaron a contraer algún tipo de enfermedad. Él tenía la sospecha de que uno de los químicos que se estaba manipulando en la fábrica era el causante de esta enfermedad. Él quiso detener todo esto, pero el dueño de la fábrica lo amenazó con demandarlo. Aparentemente él había firmado un contrato de confidencialidad. Si él abría la boca sobre esto, tendría que pagar una suma millonaria. Si bien vivimos bastante bien, sin carencia. No disponemos de un enorme monto.

—Muchas gracias por la información —Daniel se levantó del sofá—. Haremos lo que esté en nuestra mano para encontrarlo.

—Si. encuentralo, por favor.

Ni bien llegó a la oficina de la gran capital, bajó del auto. En frente de la estación se hallaban Elena y Alex.

—¿Es cierto lo que oí? —preguntó Elena mientras se acercaba a Daniel—. ¿Que secuestraron a Agatha?

Daniel asintió con la cabeza .

—¿Por qué le está sucediendo todo esto a mi amiga? Primero asesinaron a su padre y ahora la secuestran. ¿La señora Nora ya lo sabe?

—Ella no debe enterarse —continuó Alex—. Recuerda que ella está en proceso de recuperación. No sabemos si podría salir de esta si es que vuelve a recaer.

—Cierto, se me había olvidado que la señora Nora estaba internada

—¿Sabías que Arturo también fue secuestrado? —preguntó Daniel

—No, desde que terminamos, no he sabido nada de él.

—¿Hablas de aquel sujeto que trabajaba en la cafetería? —preguntó Alex a Elena.

—Si, terminamos hace dos meses. No sabía que él tenía la intención de venir hacia acá.

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