La puerta de la cabaña se abrió de golpe. Agatha y Arturo miraron directo a la entrada y vieron a varios hombres entrar, todos tenían una expresión de confusión.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó un hombre al otro.
—Ni idea,
—Ustedes nos trajeron hasta aquí —habló Agatha.
—¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando?
—Es la primera vez que estamos en este lugar,
—¿De verdad? —siguió Arturo,
—¿Por qué mentiríamos? —contestó otro.
—Así que ellos también fueron traídos hasta aquí —murmuró Agatha para sí.
Mientras los cuatro hombres se acomodaban en diferentes sitios de la cabaña, Agatha se sentó en el sofá y se mantuvo en silencio por unos minutos. La detective se levantó de golpe y caminó hacia un hombre de traje azul,
—Tú —señaló,
—¿Qué pasa conmigo? —contestó Eduardo,
—¿A qué te dedicas?
—¿Para qué quieres saberlo?
—Solo dímelo —elevó su voz,
—Soy empresario.
Agatha caminó hacia el hombre de camisa blanca,
—¿Y tú?
—Médico —dijo Carlos,
—Empresario y médico —murmuró mientras se imaginaba a los hombres vestidos como su profesión. Agatha abrió los ojos y miró al sujeto que estaba en la cocina —¿Qué hay de ti?
—¿Yo? —preguntó dubitativo,
Agatha asintió.
—Supervisor de maquinaria —siguió Leo,
Agatha miró al último hombre que se hallaba sentado en el sofá
—Ingeniero —habló Facundo,
Agatha se llevó la mano hasta la barbilla y quedó pensativa. En su mente aparecían los cinco hombres que estaban con ella, cada uno vestía la ropa que distinguía sus profesiones.
—Ingeniero, empresario, supervisor, médico y un mozo.
—¿Qué sucede? —preguntó Arturo.
—En qué empresa trabajas —preguntó Agatha al empresario.
—Soy el presidente de la corporación White Cleaning.
—Claro, eres el dueño de los químicos White Cleaning.
El hombre asintió.
—Qué hay de ti —miró al supervisor.
—Yo también trabajo en White Cleaning. Superviso las máquinas que se utilizan para la creación de los químicos.
—Tenemos dos personas que están relacionadas.
—Yo también trabajo en White Cleaning —interrumpió Arturo—. De vez en cuando me contratan para los eventos
—¡Un segundo! Si tú también trabajas allí, eso significa… ustedes dos —miraron al ingeniero y al médico.
Ambos hombres asintieron con la cabeza
—Yo también trabajo allí —dijeron a dúo
Horas antes…
Daniel llegó al restaurante Noodle Tree.
Al ver a los oficiales entrar y salir de aquel lugar, él tomó su teléfono y comenzó a marcar a Agatha. Nadie contestó. El detective entró al restaurante, tenía un mal presentimiento. Él seguía marcando a Agatha.
—Ese sonido —dijo al oír el teléfono de Agatha—. ¿Qué está sucediendo? —preguntó al oficial que tenía el teléfono de la detective.
—Cuatro comensales Vip fueron secuestrados.
—¿Secuestrados?
—Sí, y también dos civiles. Creemos que uno de los civiles es la oficial Rossi y junto a ella un mozo.
—¿Tienen idea en donde los pudieron llevar?
—Aún no. Actualmente, estamos revisando las cámaras de seguridad.
Daniel se alejó del oficial y comenzó a inspeccionar con ojos agudos por todos lados.
—Ese olor… —murmuró—. Se parece a la de aquella vez —pensó. El aroma lo transportó hasta el living. Él recuerda a la perfección que lo había sentido en la casa de Agatha, específicamente en las rosas que adornaban la mesa rectangular. Esa rosa tenía el mismo aroma que ahora estaba sintiendo. Ese aroma es inconfundible, las rosas tienen un suave y dulce perfume, y el olor que ahora y antes olía, era muy extraño, era como embriagador, pero en el mal sentido.
...*** ...
Todos en la cabaña decidieron ir a descansar, después de todo no podía hacer nada, ya que era de noche y estaba lloviendo con mucha intensidad. A la mañana siguiente se unirían para buscar una manera de contactarse con alguien o de salir de ese lugar. Agatha no podía dormir, tenía tantas preguntas en su mente que le era imposible conciliar el sueño. La detective se levantó y salió de la habitación, tenía mucha sed, así que por eso decidió ir a la cocina por un vaso con agua. Cuando encendió la luz se sirvió un poco de agua y antes de volver a apagarlo, vio la pierna de alguien en el living. A la detective le pareció extraño que alguien decidiera ir a dormir en el living, cuando habían decidido que todos los hombres dormirían en una habitación y ella en la otra. Agatha se acercó al sofá y vio a Eduardo tendido en el piso. Agatha se agachó y lo zamarreó.
—¿Quién te hizo esto? —le preguntó.
Los cuatro hombres, al oír la voz de Agatha, salieron corriendo de la habitación
—¿Qué pasó? —preguntaron al mismo tiempo.
—¿La persona que te hizo esto fue uno de ellos?
El hombre moribundo asintió y levantó el brazo para señalar a alguien, seguido a esa acción, su brazo cayó a los costados y cerró los ojos. Agatha miró a los cuatro hombres que fueron señalados
—No pensarás que fuimos nosotros, ¿verdad? —preguntaron los tres hombres.
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